Resulta que la señora o señorita Ursula Benavides de Colombo me acercó este escrito de Guillermo Piro sobre la película de Eduardo Montes Bradley (de quien como notarán he tomado una frase para encabezar este blog por unos días).
Lo de Piro es una nota sobre ese documental desacatao que filmo Montes Bradley.
Hasta que lo vea con mis propios ojos me juego a lo escrito por Piro. Sólo agrego que hay una posibilidad de que se vea pero no adelantemos nada, que sea sorpresa
Montes-Bradley no es un fantasma recorriendo Occidente, pero tanta es la estupidez y la ceguera reinante, tanta la intolerancia a que a nuestras causas justas aparezca alguien que se oponga, que desde el vamos, sin que nadie sepa de qué habla, se convirtió, de un día para otro, en objeto de escarnio público por parte de los asambleístas de Gualeguaychú, poniendo en evidencia la estupidez que el mismo Montes-Bradley denuncia en su documental. Un documental que no es tal, porque no deja que la realidad hable por sí sola. Montes-Bradley es alguien que tiene algo que decir, y lo que dice no es estúpido.
El film No a los Papelones tiene escasas —debería decir escasísimas— probabilidades de ser visto en la Argentina. Los exhibidores, ante la sola idea, recuerdan el efecto ochentista de pretender exhibir en una sala comercial Yo te Saludo, María, de Godard, y las hordas de fascistas queriendo tirar abajo el cine, o mejor, quemarlo. Y los asambleístas de Gualeguaychú —nadie lo dice, Montes-Bradley sí— son protofacistas de la primera o la última hora, mitómanos ignorantes, xenófobos y nacionalistas, como todo buen fascista debe ser. Nadie va a exhibirla, y lo que queda es darse un salto a Uruguay —si los asambleístas lo permiten, si antes no nos ganan de mano e invaden Uruguay para evitar que se exhiba: son cosas que sólo un fascista de capaz de hacer— y verla. Bien, pero ¿ver qué? Una película de tesis, un ensayo en donde en off el realizador, con prosa humorística e injuriosa, saca a relucir un florilegio de frases célebres, del estilo: "Gualeguaychú es una bosta", "Si se llegara a inaugurar un natatorio en Gualeguaychú, perdemos a loas asambleístas por la causa del waterpolo", "¡Salte la soga, remonte el barrilete, cébese un mate y haga un piquete!" (esto último dicho mientras en la pantalla desfila una nueva generación de asambleístas, adaptando el escenario piquetero a sus juegos infantiles, porque tampoco es cuestión de aburrirse), "Un promedio de 10.000 argentinos mueren al año en accidentes de tránsito. La cifra es superior a las víctimas civiles en la guerra de Irak. ¿Por qué preocuparse de que los uruguayos nos quieran matar si nosotros estamos haciendo un buen laburo?".
Para Montes-Bradley, la culpa del conflicto de Gualeguaychú la tiene el aburrimiento, el principal generador de las causas nacionales. En este caso, una disputa regional de menor calibre fue llevado al estrado "poniendo definitivamente a Gualeguaychú en el mapa de los conflictos irracionales, internacionales". Todo no es más que una batalla falaz, porque, como dice Montes-Bradley en su película, mientras se ve al Secretario de Cultura de Gualeguaychú fumando: "Antes de que nos destruya la lluvia ácida, nos va a liquidar el pucho".
Por Guillermo Piro
Lo de Piro es una nota sobre ese documental desacatao que filmo Montes Bradley.
Hasta que lo vea con mis propios ojos me juego a lo escrito por Piro. Sólo agrego que hay una posibilidad de que se vea pero no adelantemos nada, que sea sorpresa
Montes-Bradley no es un fantasma recorriendo Occidente, pero tanta es la estupidez y la ceguera reinante, tanta la intolerancia a que a nuestras causas justas aparezca alguien que se oponga, que desde el vamos, sin que nadie sepa de qué habla, se convirtió, de un día para otro, en objeto de escarnio público por parte de los asambleístas de Gualeguaychú, poniendo en evidencia la estupidez que el mismo Montes-Bradley denuncia en su documental. Un documental que no es tal, porque no deja que la realidad hable por sí sola. Montes-Bradley es alguien que tiene algo que decir, y lo que dice no es estúpido.
El film No a los Papelones tiene escasas —debería decir escasísimas— probabilidades de ser visto en la Argentina. Los exhibidores, ante la sola idea, recuerdan el efecto ochentista de pretender exhibir en una sala comercial Yo te Saludo, María, de Godard, y las hordas de fascistas queriendo tirar abajo el cine, o mejor, quemarlo. Y los asambleístas de Gualeguaychú —nadie lo dice, Montes-Bradley sí— son protofacistas de la primera o la última hora, mitómanos ignorantes, xenófobos y nacionalistas, como todo buen fascista debe ser. Nadie va a exhibirla, y lo que queda es darse un salto a Uruguay —si los asambleístas lo permiten, si antes no nos ganan de mano e invaden Uruguay para evitar que se exhiba: son cosas que sólo un fascista de capaz de hacer— y verla. Bien, pero ¿ver qué? Una película de tesis, un ensayo en donde en off el realizador, con prosa humorística e injuriosa, saca a relucir un florilegio de frases célebres, del estilo: "Gualeguaychú es una bosta", "Si se llegara a inaugurar un natatorio en Gualeguaychú, perdemos a loas asambleístas por la causa del waterpolo", "¡Salte la soga, remonte el barrilete, cébese un mate y haga un piquete!" (esto último dicho mientras en la pantalla desfila una nueva generación de asambleístas, adaptando el escenario piquetero a sus juegos infantiles, porque tampoco es cuestión de aburrirse), "Un promedio de 10.000 argentinos mueren al año en accidentes de tránsito. La cifra es superior a las víctimas civiles en la guerra de Irak. ¿Por qué preocuparse de que los uruguayos nos quieran matar si nosotros estamos haciendo un buen laburo?".
Para Montes-Bradley, la culpa del conflicto de Gualeguaychú la tiene el aburrimiento, el principal generador de las causas nacionales. En este caso, una disputa regional de menor calibre fue llevado al estrado "poniendo definitivamente a Gualeguaychú en el mapa de los conflictos irracionales, internacionales". Todo no es más que una batalla falaz, porque, como dice Montes-Bradley en su película, mientras se ve al Secretario de Cultura de Gualeguaychú fumando: "Antes de que nos destruya la lluvia ácida, nos va a liquidar el pucho".
Por Guillermo Piro


5 Comments:
Si mueren los bloggers te quedan los floggers...
Ver:
http://www.lanacion.com.ar/tecnologia/nota.asp?nota_id=869767
Está muy bueno el artículo, muy bueno. La peli la van a pasar. La orga de Gualeguaychú no sale de la ruta, ya intentaron hacer galas en Buenos Aires y no les fue como esperaban. Evangelina los abandonó y el pingüino está ocupado haciendo aparecer gente. Que pasen la película, por favor, necesitamos un poco de espejos para vernos que tan bardeados estamos todos.
Que terminen bien el año, y que comiencen el siguiente mejor.
Felicidades.
Chancho Rengo
Sigo siendo anónimo, porque soy de Gualegauychú y no quiero kilombos (los heróes no pasan las fiestas con su familia por ejemplo).
Piro tiene razón en todo. Particularmente la relación protofacismo-abrurrimiento, empujada por el protagonismo internacional, que los anteriores conflictos que vivió la sociedad gualeguaychuense no tenían.
Porque hubo dos conflictos en los últimos 5 años que sirvieron de semillero y entrenamiento. Por un lado el problema del supuesto intento de retiro del casino en 2001; y por el otro, la profunda disputa sobre el diseño del distribuidor vial de ingreso a la ciudad.
Todo esto es verdad. Pero faltan unas patas. Los políticos (locales, provinciales y nacionales) y los periodistas y comunicadores.
Particularmente un periodismo senciblero que siempre está al servicio de cierto patrioterismo religioso redimidor, tan afin con ese protofacismo del que habla Piro.
Me descargue!..... Chánnnnnnn!!!!!.
¡Señorita!
“Un hartazgo exasperado, liberador, que permite decir exactamente lo que se piensa, sin las intermediaciones represivas de la conveniencia o de la sociabilidad. El gran simulador es una enorme, ruidosísima puteada contra la estupidez. En la previsible oleada de críticas que se desató cuando se supo (o se imaginó) el contenido de la película, muchos calificaron a Montes-Bradley como un mero provocador. Y eso es justamente lo que es: el provocador que necesitábamos, el que nos dijera lo que a veces pensamos y nadie se atreve a decir.” Gustavo Noriega, El Amante, Buenos Aires
La película es un gran teatro del ansurdo llevado por un personaje volcado al dadaísmo que obliga a reflexionar sobre nuestras propias lenguas culturales. La irreverenccia de Montes-Bradley es un llamado a la discusión donde haya menos enojos y más reflexión. Horacio González, Director de la Biblioteca Nacional. Buenos Aires.
“El filme de Montes Bradley es una sátira, una humorada a risa franca; una farsa hecha y derecha; una comedia cinematográfica concebida como una oposición dialéctica; una mirada lúdica, impiadosa, arrojada, quizás valiente, quizás frívola, o al menos despreocupada pero siempre divertida o más bien festejante, a una intransigencia colectiva que la puesta en escena transforma en estupidez consuetudinaria. Un desenmascaramiento del peronismo rural y urbano desde la vereda de enfrente, que no queda en la orilla oriental del río Uruguay. Un arrojo humorístico políticamente más cercano a una rediviva y antipopulista revisión del Cándido de Voltaire que a cualquier tratado (anti)marxista.” Ronald Melzer, Brecha, Montevideo.
“El espectador sale remachadamente convencido de que los perseverantes ecologistas piqueteros sufren de algo parecido a un retraso mental que les impide disceir claramente entre un poquito de olor a huevo podrido y una hecatombe ambiental. Véala y comprobará que identificar a los estúpidos en la película de Montes-Bradley es mucho más fácil que en la vida real.” Natalia Uval, La diaria, Montevideo.
Montes-Bradley no es un fantasma recorriendo Occidente, pero tanta es la estupidez y la ceguera reinante, tanta la intolerancia a que a nuestras causas justas aparezca alguien que se oponga, que desde el vamos, sin que nadie sepa de qué habla, se convirtió, de un día para otro, en objeto de escaio público por parte de los asambleístas de Gualeguaychú, poniendo en evidencia la estupidez que el mismo Montes-Bradley denuncia en su documental. Guliiermo Piro. Perfil. Buenos Aires.
En la tradición de las Vidas de muertos de Ignacio B. Anzoátegui, Montes-Bradley es abiertamente escandalizador y recorre ese género infrecuente que podría clasificarse en una acción única: patear el tablero Julián Gorodicher. Página/12. Buenos Aires.
Con toques de humor e ironía, la película aporta una lectura distendida y enérgica del conflicto, que no se ha visto en los medios de cominicación Laura Gandolfo. Búsqueda. Montevideo.
Se carga de ironías y plantea hipótesis que son de absurdo puro, pero que en su devenir se convierten en materia de choque para obligar a repensar una situación que nadie puede aceptar por racional. La película ha sacado su mejor partido a un proceso presente para convertirse en un valioso ensayo Henry Segura. El País. Montevideo.
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