Cambia todo cambia y como este blog no tiene suficiente cultura y era necesario poner un freno a tanto culo tinelístico puesto al tun tun se suma una colaboradora. Una colaboradora que va a escribir sobre literatura o algo así y que aspira a ser sexy e inteligente.
Para que vean que este no es un blog misógino se suma una colaboradora que no solo es sexy sino que escribe bien y hace un café riquísimo.
Suplementos culturales animados presentan...
¡Sábado de súper acción!
Desde la terraza de mi departamento, a juzgar por el cielo se anuncia el fin del mundo. Siempre le puse el cuerpo a la adversidad, así que igual me baño, me arreglo un poco y me voy a tomar un desayuno casi almuerzo tardío con una amiga a Palermo. Antes, en la Ñ, Gonzalo Garcés (el más bonito después de Bioy pero con menos morbo que Pauls, Alan) se relame mientras comenta un cuento de Fabián Casas (morocho más sólido que Cucurto, muuuuuucho más) que pertenece a Los Lemmings. Recuerdo una conversación de mi vida en pareja (deshecha contra mi voluntad hace pocos meses). Che, vos me podés conseguir Los Lemmings. Yo a él. El: bueno. Yo venía de leer Ocio y algunos poemas sueltos de Casas y estaba realmente involucrada con la escritura de este chico. El lugar de Los Lemmings quedó vacío en mi biblioteca, y Garcés pudo más que el amor. ¿O como sugiere Gabriela Massuh en La Intemperie, aquel olvido habrá sido la primera señal de desinterés?). Anyway. Mientras me siento pésima porque por veinte minutos de tardanza se niegan a servirme un desayuno americano en el Bar 6 de Palermo –y esto, Samurai, en Nueva York no te pasa- y decido irme a otra parte a gastar mi dinero, entro a una librería y me sacudo con dos títulos de Casas: el tan esperado de cuentos y El Salmón, con sus poemas. Garcés elogiaba casi hasta la desmesura El Bosque Pulenta, elogios recontramerecidos. Tanto, creo, como Asterix, el encargado y El relator, este último un cuentazo conmovedor, de esos que dejan una vibra en el lector (lectora, che, y fijate que puedo apreciar un cuento futbolero) parecida a la turbulencia sonora de una cancha. Casas ancla buena parte de su literatura en ese momento de la vida donde las revelaciones empiezan a constituirnos como personas. El barrio y los amigos son fundantes, les ponen nombres a las cosas y trazan un mapa que será la guía peuser del mundo, después. En El relator, hay un padre que se vuelve chico y un hijo que lo lleva a la cancha. Y aunque la anécdota en éste, y otros cuentos, es primordial, en Casas no pesa sólo lo que cuenta, que es mucho, parece un hombre que ha vivido su vida y las de los demás, sino ese tono de dicho al pasar, de encadenamiento casi casual, asociativo, como si en el relato cronógico de un día de aventuras, anotara al margen algunos hechos subsidiarios y distractivos, que no tienen nada de eso, of course. Casas me recuerda a Bioy y a Cheever, los leés y creés que escribir es fácil. Pero en los tres hay un laburo tan bien hecho, ese zurcido invisible, esas vigas de hierro capaces de sostener textos involvidables. Casas no es una moda pasajera, aunque parezca lo contrario, va a durar más de una temporada. Es el vestidito negro.
Una solita cosa más y me retiro: celebro a quienes despiertan un apetito tal en un lector que al mencionar un texto, no queda más remedio que salir a buscarlo. Merci, Garcés.
Alucinita
Para que vean que este no es un blog misógino se suma una colaboradora que no solo es sexy sino que escribe bien y hace un café riquísimo.
Suplementos culturales animados presentan...
¡Sábado de súper acción!
Desde la terraza de mi departamento, a juzgar por el cielo se anuncia el fin del mundo. Siempre le puse el cuerpo a la adversidad, así que igual me baño, me arreglo un poco y me voy a tomar un desayuno casi almuerzo tardío con una amiga a Palermo. Antes, en la Ñ, Gonzalo Garcés (el más bonito después de Bioy pero con menos morbo que Pauls, Alan) se relame mientras comenta un cuento de Fabián Casas (morocho más sólido que Cucurto, muuuuuucho más) que pertenece a Los Lemmings. Recuerdo una conversación de mi vida en pareja (deshecha contra mi voluntad hace pocos meses). Che, vos me podés conseguir Los Lemmings. Yo a él. El: bueno. Yo venía de leer Ocio y algunos poemas sueltos de Casas y estaba realmente involucrada con la escritura de este chico. El lugar de Los Lemmings quedó vacío en mi biblioteca, y Garcés pudo más que el amor. ¿O como sugiere Gabriela Massuh en La Intemperie, aquel olvido habrá sido la primera señal de desinterés?). Anyway. Mientras me siento pésima porque por veinte minutos de tardanza se niegan a servirme un desayuno americano en el Bar 6 de Palermo –y esto, Samurai, en Nueva York no te pasa- y decido irme a otra parte a gastar mi dinero, entro a una librería y me sacudo con dos títulos de Casas: el tan esperado de cuentos y El Salmón, con sus poemas. Garcés elogiaba casi hasta la desmesura El Bosque Pulenta, elogios recontramerecidos. Tanto, creo, como Asterix, el encargado y El relator, este último un cuentazo conmovedor, de esos que dejan una vibra en el lector (lectora, che, y fijate que puedo apreciar un cuento futbolero) parecida a la turbulencia sonora de una cancha. Casas ancla buena parte de su literatura en ese momento de la vida donde las revelaciones empiezan a constituirnos como personas. El barrio y los amigos son fundantes, les ponen nombres a las cosas y trazan un mapa que será la guía peuser del mundo, después. En El relator, hay un padre que se vuelve chico y un hijo que lo lleva a la cancha. Y aunque la anécdota en éste, y otros cuentos, es primordial, en Casas no pesa sólo lo que cuenta, que es mucho, parece un hombre que ha vivido su vida y las de los demás, sino ese tono de dicho al pasar, de encadenamiento casi casual, asociativo, como si en el relato cronógico de un día de aventuras, anotara al margen algunos hechos subsidiarios y distractivos, que no tienen nada de eso, of course. Casas me recuerda a Bioy y a Cheever, los leés y creés que escribir es fácil. Pero en los tres hay un laburo tan bien hecho, ese zurcido invisible, esas vigas de hierro capaces de sostener textos involvidables. Casas no es una moda pasajera, aunque parezca lo contrario, va a durar más de una temporada. Es el vestidito negro.
Una solita cosa más y me retiro: celebro a quienes despiertan un apetito tal en un lector que al mencionar un texto, no queda más remedio que salir a buscarlo. Merci, Garcés.
Alucinita


15 Comments:
Te felicitamos Samurai por la apertura, y le damos la mas calurosa de las acogidas a Alucinita.
No vamos a ponernos exquisitos e interrogar sobre curriculums, pero no se por qué intuimos que debe tener buenas tetas.
Hablás como si me conocieras.
Alucinita
eso del curriculum es para Los trabajos prácticos o para la Lectora provisoria.
Acá mando yo y si escribe es porque me gusta y listo, así no se hacen tanto lío ustedes
A pesar de la letra chica que me da tanto trabajo a esta hora de la noche, leé con entusiasmo, de principio a fin, la nota de ¿Alucinita? Muy buena. Lo mismo me pasó cuando leí el artículo de Garcés en la Ñ, aunque ya habia leído el cuento pero lo había olvidado. Rescaté el libro y lo releí.
"Casas me recuerda a Bioy y a Cheever, los leés y creés que escribir es fácil": perfecto para mí, no sólo porque Boioy y Cheever son dos de los autores que más quiero, sino porque nunca se me habia ocurrido pensarlo de esa manera, así, tan simple.
Los Lemming es un gran libro, El Bosque Pulenta es un viaje al pasado un algunas decenas de páginas. Lo que no sabía era que quedara gente que leyera Ñ.
Sobre Casas y sus viajes:
http://elconjuro.blogspot.com/2008/01/adnde-quiera-que-vayas.html
Excelente. Solo una chica puede escribir de literatura mezclandolo con desventuras amorosas y moda.
sólo un hombre puede hacer un comentario tan boludo como el anterior...
y quien les dijo q es una chica la que escribe?, uds le creen a SJ?
Las mayores de 40 computan como mujeres? Porque es el target que se cepilla el querido SJ.
uuu que fulera la primera respuesta a un comment de Alucinita
No le veo futuro
Estoy de acuerdo con el Anónimo de las 2:15.
No creo que Alucinita sea mujer. Si lo fuera, Bandancha no hablaría de sus tetas ni Aguilucho diría que "Solo una chica puede escribir de literatura mezclandolo con desventuras amorosas y moda". Por otro lado, Alucinita se detiene en aclarar que es
(lectora, che, y fijate que puedo apreciar un cuento futbolero)
Hay demasiada intención de demostrar que quien escribe es mujer, frases o expresiones "muy de minita" colocadas a presión, nick de adolescente flogger, diminutivos ridículos, vestiditos negros...
No sé, sigue pareciéndome una joda entre amigos que se conocen.
Enjoy
condesa, vos decís entonces que samurai cayó en algo así como Ortega con Lalola?
Ahora piensan que soy Proust?
No, Anónimo. Digo que Samurai está aburrido y se divierte con los comentaristas.
Sam: ud. no es Proust pero en su tiempo perdido hace travesuras y tal vez tiene la fortuna de comerse alguna Magdalena.
albricias!, por una vez coincidimos con la condesa!
samurai somos demasiado listos para q usted nos enga�e como a una sirvienta paraguaya...
Post a Comment
Subscribe to Post Comments [Atom]
Links to this post:
Create a Link
<< Home