31 de enero de 2009
Por mas que lo neguemos a medida que pasa el tiempo en lugar de parecernos a Indiana Jones nos vamos acercando más u más a George Constanza

Love lockdown
I'm not lovin you, way I wanted to
What I had to do, had to run from you
I'm in love with you, but the vibe is wrong
And that haunted me, all the way home
So ya never know, never, never know
Never know enough, til it's over love
Til we lose control, system overload
Screamin no, no, no, no, no
I'm not lovin you, way I wanted to
See I wanna move, but can't escape from you
So I keep it low, keep a secret code
So everybody else don't have to know
So keep ya love locked down, ya love locked down
Now keep ya love locked down, ya love locked down
Now keep ya love locked down, ya love locked down
Now You keep ya love locked down, you lose
I'm not lovin you, the way I wanted to
I can't keep my cool, so I keep it true
I got somethin' to lose, so I gotta move
I can't keep myself, and still keep you too
So I keep in mind, when I'm on my own
Somewhere far from home, In the danger zone
How many times did I take fo' it finally got through
you lose, you lose
I'm not lovin you, way I wanted to
See I had to go, see I had to move
No more wastin' time, you can't wait for life
We're just racin' time, where's the finish line
So keep ya love locked down, ya love locked down
Keepin ya love locked down, ya love locked down
Now keep ya love locked down, ya love locked down
Now You keep ya love locked down, you lose
I'm not lovin you, the way I wanted to
I met no one new, I got no one new
I know I said I'm through, but got love for you
But I'm not lovin you, the way I wanted to
Gotta keep it goin, keep the lovin gone
Keep it on a roll, only god knows
If I be with you, baby I'm confused
You choose, you choose
I'm not lovin you, way I wanted to
When I wanna go, I dont need you
I been down this road, too many times before
I'm not lovin you, way I wanted to
So keep ya love locked down, ya love locked down
Keepin ya love locked down, ya love locked down
Now keep ya love locked down, ya love locked down
Now keep ya love locked down, you lose, you lose, you lose
Kanye west
De todas las notas de Soriano para La opinión ésta es quizás la mejor.
El caso Robledo Puch
(27 de febrero de 1972)
A Oscar Finkelberg
Conocí a Jacobo Timerman el día en que me pidió que escribiera "la mejor nota de Buenos Aires sobre el caso Robledo Puch". La Opinión, que exageraba su sobriedad al extremo de no publicar noticias "policiales", se encontraba en un aprieto: el joven Carlos Eduardo Robledo Puch había asesinado a por lo menos once personas y había cometido una treintena de atracos. Su notoriedad ocupaba la primera página de todos los diarios y el matutino de Timerman seguía ignorándolo.
Era imposible, a esa altura, publicar una noticia y el diario abominaba de la perorata moralizadora. Opté, pues, por la reconstrucción de los hechos según todos los testimonios existentes hasta entonces. El artículo apareció en el suplemento cultural y me valió un cuantioso aumento de sueldo que el director me anunció personalmente. Ese día empezaron mis desventuras.
Hasta entonces yo estaba a cargo de la sección deportes, ganaba muy bien y había ideado, con Eduardo Rafael, un excelente método para trabajar poco y salteado. Pero según Timerman ese era un sector sin interés. "Usted está desperdiciado allí" me dijo, y me confió una tarea mayor: "Vaya, siéntese y piense", ordenó. Mi destino fue un escritorio estratégicamente situado frente a su despacho. Una secretaria esbelta y casi adolescente debía atender y discar mis llamadas telefónicas para que nadie me molestara y cuidar que no me faltaran los diarios y revistas del día, incluidos los del extranjero (por entonces yo era incapaz de descifrar otro idioma que el castellano pero el patrón no lo sabía aún).
Timerman no me dijo en qué debía pensar ni para qué. Nunca se me había confiado misión más difícil y menos envidiable: todos los días mis mejores amigos de la redacción se acercaban solidarios para saber si ya se me había ocurrido algo.
Un mes más tarde, cuando advirtió que mi cabeza seguía vacía como una pelota de tenis, Timerman me llamó y me dijo, solemne, que uno de los dos debía psicoanalizare. Luego me hizo saber que su decepción era profunda y me avisó que mis privilegios se terminaban ese mismo día.
Desde entonces deambulé por la redacción: el director había olvidado asignarme un nuevo puesto y me dediqué a hacer lo que más me gustaba. Es decir, nada.
El caso Robledo Puch
Iluminados por el soplete, Robledo y Somoza trabajan callados y serios. Robledo sostiene el aparato que perfora el material mientras su amigo sigue sus movimientos con atención. El trozo de acero está por caer y Robledo lo ayuda con un golpe. Ninguno dice nada. A Somoza acaba de ocurrírsele una broma acorde con la circunstancia. Pasa un brazo alrededor del cuello de su compañero y aprieta con suavidad, cada vez más. Robledo le da un codazo y lo lanza hacia atrás. Manotea el revólver que tiene en el cinturón y dispara. Asombrado, quizá sin entender lo que ocurre Somoza cae y articula una explicación que es apenas un gemido. Robledo lo observa unos instantes, levanta su brazo derecho y dispara otra vez. "No podía dejarlo sufrir. Era mi amigo", explicará después. Se ha quedado solo, con dos cadáveres junto a él --antes ha matado al sereno Manuel Acevedo--, pero eso no le preocupa. Sale.
Una moto primero, un camión más tarde, le sirven para alejarse del lugar. El círculo se ha cerrado. Al matar a Somoza, Robledo se ha aniquilado a sí mismo. Unas horas más tarde, la policía lo arresta frente a su casa.
Los primeros pasos
Carlos Eduardo estudia piano; la maestra dice que tiene gran facilidad y que es un chico respetuoso. Ejercita con Hannon y la abuela está contenta con él porque aprendió muy bien a hablar alemán y también puede conversar en inglés. Claro que no es un chico afeminado, como esos que tocan en las fiestas familiares para ganar el aplauso de los parientes y amigos. El sale a jugar a los cowboys con los chicos del barrio y juega al fútbol. Se cree Sanfilippo y cuando le quitan la pelota protesta, dice que fue foul. Pero no le hacen caso porque es un poco antipático, casi agresivo cuando discute. Por eso, le dicen Leche hervida.
Los domingos acompaña a su madre a la iglesia de Olivos. Algo a regañadientes, es cierto, pero va y se porta bien. En el colegio Cervantes es un poco indisciplinado, pero no llama demasiado la atención. De vez en cuando pide libros a la biblioteca y los devuelve rápidamente, lo que hace pensar que lee mucho. Una contestación irrespetuosa para su maestra lo lleva un día frente a la directora. Ella lo reta, le levanta la voz. El suda muy frío, como le pasa siempre que alguien le impone una orden. De pronto siente que no puede más, que esa mujer le molesta. Toma una silla y la destroza contra la pared. La llegada de los celadores pone a la mujer ante una situación difícil. Llama a los padres y les pide que lo retiren del colegio si quieren evitar la expulsión.
La infancia de Carlos no está grabada en muchas memorias. Su padre --inspector de interior en General Motors--, dice que él no es culpable de lo que pasa, aunque no sabe explicar bien por qué ocurre esta odisea que no cabe dentro de su vida pequeña. Los amigos de Carlos recuerdan poco, pero frente al periodismo imaginan, quieren participar, acercarse a la tragedia. La infancia de Carlos Eduardo se confunde en unos pocos años, como si los hechos se cruzaran entre sí. Pero no hay nada extraordinario más allá de la historia que algunos narran: apenas los días apacibles del hijo único, mimado por la abuela y la madre.
El padre quiere que Carlos sea ingeniero y lo manda al colegio industrial a los 14 años. A esa edad tiene su primer contacto con la muerte. Su padre lo lleva al velatorio del abuelo y también a la ceremonia de cremación del cuerpo. Carlos permanece silencioso todo el tiempo. Ve como las llamas consumen el cuerpo agotado de ese alemán cariñoso con el que había pasado algunos buenos momentos. Al volver a casa, el padre recuerda que su abuelo también quería verlo convertido en ingeniero.
Carlos Eduardo ingresa al industrial. No sabe si quiere ser ingeniero, pero le gustan las máquinas. Le gusta el ruido infernal de los motores, ese rugido que se mete en la sangre. Empieza a aprender el oficio, pero no dispone de mucha paciencia.
En la escuela conoce a Jorge Antonio Ibáñez, un muchacho rápido e inteligente. Ibáñez esquiva los compromisos, resuelve cada situación en su favor. Ese hombre le gusta. Tiene 15 años pero desafía a sus maestros, a los compañeros. Es un tipo libre, cree Carlos Eduardo. Comienza a seguirlo, a cambiar palabras con él, a imitar algunos de sus gestos. Quiere ser simpático y para eso se endurece.
Jorge Antonio dispone de tiempo, no tiene que volver a su casa a una hora determinada, no tiene que pedir permiso para ir al cine. Le cuenta a Carlos que su viejo es un tipo macanudo, un tipo de hoy.
No está clara a través del tiempo la cronología de los hechos: se conjetura que Carlos es acusado de robar 1.500 pesos y tiene que dejar la escuela. Su padre lo incorpora a un colegio particular, pero poco tiempo más tarde, el joven abandona el estudio. Habla con su padre. Le dice que ya sabe el oficio. No quiere ser ingeniero, se conforma con poner un taller de motos.
Así se reencuentra con Ibáñez, que ha dejado también el colegio. Se hacen amigos. En "El Ancla" conversan largas horas frente a un café. No tienen plata para más. Algunos domingos van a la cancha porque Carlos Eduardo sigue a San Lorenzo. Un día, Robledo confiesa a su amigo que ha robado una radio en un negocio del centro. Todo ha sido fácil. La gente es demasiado confiada. Ibáñez sonríe y tal vez le estrecha la mano. No vuelven a verse por un tiempo.
Para no disgustar a su madre, Carlos acepta trabajar de cadete en la Farmacia de Sebastián Samban, a una cuadra y media de su casa de la calle Borges al 1800, en Vicente López. Un día le lleva la radio al farmacéutico. "Se la vendo en dos mil pesos", le dice. El hombre no confía demasiado y habla con su madre. "Cómpresela --le dice ella--, es de él". Don Samban le da los dos mil pesos y Carlos se compra una bicicleta. Samban se queda sin cadete.
Unos meses más tarde, Robledo camina solo por la ciudad cuando ve una hermosa moto. La mira un rato, deslumbrado. Por el caño de escape que le han agregado le parece que está pichicateada. Recuerda la radio y sube. Ese día ruge por las calles sin parar. Va de aquí para allá sintiendo el aire fresco en el pecho, en el pelo rojizo que le cubre la cara. Se siente libre. Por fin, choca contra un auto detenido y deja la moto, que tiene una rueda torcida.
En el bar se encuentra otra vez con Ibáñez. Se saludan y Carlos lo invita a tomar un café. Le cuenta lo de la moto. Ibáñez lo mira en silencio, aprueba con movimientos de cabeza. Por fin, una confesión de Jorge Antonio estrecha la amistad. Le cuenta que él también ha robado algunas cosas y que pasó varias noches preso; nada de importancia.
Presuntamente violento
Robledo está impaciente. Ibáñez lo calma. No todo es tan fácil como parece. Hay que entrenarse, como en el fútbol, para no fallar nunca. Ibáñez es inteligente y se las arregla para tener muchas mujeres que lo buscan en el bar, le dejan mensajes. Robledo está solo, pero no lo lamenta. Se siente más fuerte que Ibáñez.
Entre tanto, sus padres se preocupan por la suerte del joven. Le prohíben salir de noche, le piden cuentas de su vida. Otra vez Carlos necesita conformarlos. Toma un curso de radio y televisión y frecuenta la antigua barra del bar "La Perla", pero no tiene mucho que decir. Ellos le parecen tontos y lo grita: "Ustedes son unos giles". Para vengarse, sus amigos lo llaman Colorado, un apodo que en la infancia lo enfurecía.
Sólo frente a Ibáñez se siente bien. Ibáñez no es un mequetrefe, piensa Robledo. En el reencuentro, Jorge Antonio lo invita a su casa: "Ya te dije que mi viejo es macanudo. En casa tengo un par de revólveres. Podemos practicar tiro al blanco". Eso lo fascina. Destrozar esos cartones inmóviles le recordará los años del potrero, cuando jugaba a los cow-boys. "¡Muerto!", gritaba él y el otro caía al suelo. Lo que más furia le daba era que le gritaran " ¡El Colorado está muerto!". Eso lo ponía furioso.
Empiezan a tirar. Robledo tiene en las manos la misma seguridad para el revólver que para el piano. Agilidad, dice Ibáñez, que no sabe lo del piano.
Un día trazan el primer plan. Se trata de una joyería de menor importancia. Como para probar. Todo va bien y reparten las joyas y los relojes. No entienden demasiado y sacan cosas de poco valor. Detalles para corregir, piensa Robledo.
Carlos ha cumplido los 17 años y roba una moto. Con ella alborota a todo el barrio, ya que la arregla en la vereda de su casa y pone el acelerador a fondo para irritar a los vecinos que protestan. E14 de febrero de 1969 ingresa en la Escuela de Artes y Oficios José Manuel Estrada, ubicada en la zona de Los Hornos, partido de La Plata. Ha sido acusado por el robo de la moto. Allí permanece 20 días y en un par de charlas con el director, Eloy Malaundes, le confiesa que no se entiende con su padre.
Cuando sale, Robledo Puch vuelve al piano. Estudia con la profesora Virgilia Dávalos, quien lo recuerda como un chico "tímido y correcto".
Otra vez Ibáñez. Con él empieza a visitar los boliches de la avenida del Libertador. Conoce a mucha gente y aunque su cara aniñada--los ojos azules y grandes, los labios carnosos y el pelo que le achica la frente--no lo hace muy atractivo, consigue algunas mujeres.
Los dos amigos se tienen cada vez más confianza.
Concretan varios golpes, casi todos en la calle, Robledo no sabe todavía que Ibáñez actúa por su cuenta, como un experimentado profesional; roba coches (prefiere los Torino, por los que le pagan 400 mil pesos) y su familia parece conocer sus andanzas.
Robledo, que era un chico callado, se está envalentonando. Se jacta de su audacia y dice que espera un gran futuro. Ibañez asiente. Brindan y pagan copas. Las mujeres empiezan a preferir su compañía.
Carlos Eduardo quiere irse de su casa. Un día lo intenta, pero no llega lejos. Su padre lo alcanza a las pocas cuadras, baja del auto y lo abofetea como a un chico. Un rayo de rencor habrá atravesado los ojos del muchacho.
Aída, la madre de Carlos, está agotada. Decide hacer un viaje a Europa. Visitará Alemania, donde vivió la guerra. Viaja en barco porque quiere descanso. José, el padre, sale al interior para cumplir con su trabajo. E1 10 de enero de 1970 Carlos Eduardo abandona la vacía casa de sus padres. Dentro de nueve días cumplirá 19 años y quiere festejarlo.
El enemigo insólito
"A los veinte años no se puede andar sin coche y sin plata", suele decir Carlos Eduardo. Para él, la vida es simple. A medias con Ibáñez compran un Fiat 600 que generalmente conduce Robledo. Carlos Eduardo maneja a toda velocidad e interviene en picadas en las que se muerde de rabia por no tener un coche más potente.
Una noche, mientras toman una copa, se ponen de acuerdo. Ibáñez sabe que habrá peligro: se juramentan y Robledo será el ejecutor de quien se cruce en el camino.
Por fin, la noche del 9 de mayo llegan a la calle Ricardo Gutiérrez al 1500, en Olivos. Por la pared de una estación de servicio saltan al techo del baño de una casa de venta de respuestos para autos. Entran por una claraboya. El encargado y su mujer duermen en camas separadas. A un lado descansa una hija del joven matrimonio. No se despiertan. Bianchi no despertará jamás: Robledo le pega dos balazos. La mujer se sobresalta y Robledo gatilla dos veces más. Una bala da en el pecho de la mujer que cae hacia atrás. Carlos Eduardo se lanza sobre el placard y comienza a buscar. A su espalda oye gemidos débiles. La mujer se desangra pero no puede moverse porque Ibáñez ha caído sobre ella. Robledo los mira; no abarca la tragedia en su totalidad. Hay un muerto y una violación, pero para él los hechos no tienen dimensión ni nombres comunes. "Había que sobrevivir"', diría más tarde. Cuando salen, lbáñez está manchado de sangre pero no cambian una palabra. Robledo se detiene un momento y sonríe. Ha visto la vidriera de los accesorios. Recoge una palanca de cambios y dos instrumentos de medición "Son para el 600", dice, y los mete junto a los 350 mil pesos que halló en el placard.
El sueño eterno
Robledo aparece en los mismos lugares de siempre. Se nota un cambio en él. Está exultante, se convierte en el centro de las reuniones. Habla de autos y de carreras. Anda solo. Ibáñez ha creído mejor separarse. Nadie debe sospechar y los muertos no hablan. Pero la mujer de Bianchi no murió la noche del 3 de mayo. Cuando los dos hombres salieron, ella fue arrastrándose hasta la estación de servicio de la esquina para pedir auxilio. Estaba bañada en sangre y hablaba de un hombre de pelo largo.
El 15 de mayo --doce días después del primer golpe importante--, Ibáñez y Robledo visitan "Enamour", una boite de Olivos.
En el fondo hay un jardín que da al río. La noche es fresca cuando los dos hombres fuerzan una ventana y entran. Revisan minuciosamente y reúnen casi dos millones de pesos. Cuando se retiran, Robledo ve una puerta cerrada y la entorna para mirar adentro. Dos hombres --Pedro Mastronardi y Manuel Godoy--duermen el último sueño. Carlos Eduardo dispara varias veces sobre esos cuerpos. No hay un gemido. Cuando le preguntaron por qué los había matado, respondió: "Qué quería ¿que los despertara?"
Desde entonces los amigos entran definitivamente en el vértigo. El dinero vuela de sus bolsillos en un desenfreno baladí. No quieren ser hombres distinguidos, como los criminales de guante blanco. Están matando y lo saben. Tal vez intuyen que ese vértigo los aniquilará. Han escapado siempre, pero una simple circunstancia, un error mínimo puede perderlos. Deciden apostarlo todo; también la vida de quienes se crucen a su paso. Robledo e Ibáñez gastan horas y horas frente a las barras de los boliches, también gastan todo el dinero.
Un día, ambos conocen a Héctor Somoza, un chico de 17 años que trabaja en la panadería de su madre. Robledo lo ha visto antes, han conversado, han ido juntos a los balnearios el verano anterior. Inician a Somoza. De la misma manera que Ibáñez inició antes a Robledo. Roban algunas motos y Somoza, un día, aparece con un revólver.
Pero Ibáñez no simpatiza demasiado con el nuevo socio. No le tiene confianza. Somoza vive con su madre y una hermana en Olivos. Trabaja todo el día en la panaderia, es un chico formal que está cansado. Hay discusiones; Ibáñez sale con la suya en poco tiempo. La visita del 24 de mayo al supermercado "Tanty" no tendrá como huésped a Somoza. Sin embargo, éste presta su revólver a Robledo.
No están seguros de que el techo se abra con facilidad. Robledo lleva una barreta y cuerda de nylon para descender. Jorge se queda de campana y Carlos trabaja. Siempre es así. Por fin, el material cede. Dos chicos sin experiencia profesional han destrozado otra vez la seguridad de un comercio. Entran. En plena oscuridad tratan de no derribar las montañas de latas de conserva para no despertar al sereno Juan Scattone. Pero éste se despierta y avanza. Robledo se agazapa y gatilla dos veces. Scattone se derrumba. En las cajas hay cinco millones de pesos. Destapan una botella de whisky y brindan en la oscuridad. Revisan al muerto y encuentran la llave de la puerta del personal. Salen repletos de billetes y montan en la motocicleta que habían dejado muy cerca. Les esperan 20 días de pacífica juerga. A una mujer le quedan 20 días de vida.
Damas peligrosas
Ibáñez quiere probar a Virginia Rodríguez, una adolescente de 16 años que frecuenta las boites de Olivos. Robledo para en un hotel de Constitución y no tiene tanto interés por las mujeres. A Ibáñez se le antojaban seguido, como ahora la Rodríguez.
La noche del 13 de junio. Ibáñez va a buscarlo al hotel para dar un paseo. No tienen coche y eso deprime a Robledo Puch, Ibáñez le pide que lo espere en una pizzería. Minutos más tarde vuelve con un Dodge Polara. Lo estaciona y entra en la pizzería; en voz baja le dice a Robledo: "Metele que le tuve que hacer la boleta al sereno". Es la única vez que Ibáñez dispara por su cuenta. Espera un premio: Virginia Rodríguez. Se lo dice a Robledo, le pide que se la consiga.
Esa noche la encuentran y Carlos baja con el revólver. Virginia sube. Toman la ruta Panamericana. Ibañez, que maneja el auto estaciona a un.costado del camino. Pasa al asiento trasero y desnuda a la muchacha que se resiste. Robledo mira, pero su compañero lo echa. Se sienta en un costado y espera. Cuando los ve bajar del auto se acerca. "Andate", dice Ibáñez a la chica. Ella corre. "Tirale", ordena a Robledo. Este dispara cinco veces. Más de lo necesario. Carlos se acerca y la revisa. Encuentra mil doscientos pesos en la cartera de la muchacha. Se van, pero apenas han recorrido un par de kilómetros a toda velocidad cuando chocan contra un cartel indicador. El auto no funciona y lo dejan abandonado. La policía no hallará nunca ese Dodge Polara amarillo. Ibáñez y Robledo toman el ómnibus 215.
Robledo está cansado de andar en ómnibus. Ha chocado el 600 y lo ha tenido que vender por la mitad de lo que costó. Reúne el dinero y compra un Dodge GTX. Está feliz con esa máquina arrolladora. Se siente invencible en los semáforos. Pero a Ibáñez se le siguen antojando mujeres. Es como un juego. Eligen y toman lo que está al alcance de la mano. Cada vez es más fácil. El 24 de junio esperan a Ana María Dinardo, una aspirante a modelo de 23 años, que ha ido a visitar a su novio que trabaja en la boite "Katoa". Cuando sale, la encaran. Según cuenta Robledo, bastó que le mostraran una billetera con 250 mil pesos para que ella subiera al auto. Toman por la Panamericana, hasta el mismo lugar donde once días antes dejaron el cadáver de Virginia.
Ibáñez pasa al asiento trasero, pero la muchacha le cuenta que está indispuesta. Sugiere una cita. Ibáñez vive sus cosas muy rápido y la desviste. Ella --que al parecer practicaba Karate--, se defiende. Jorge Antonio se cansa y la deja vestirse, pero se queda con la ropa interior de la chica. Le dice que se vaya. Ella alcanza a caminar unos pasos y Robledo le mete siete balazos en la espalda. Luego se acerca y le saca cinco mil pesos y un encendedor. Antes de subir al auto Robledo se detiene, mira el cadáver, toma puntería y le destroza una mano de un balazo. Ibáñez observa a su amigo, quizá con un estremecimiento de temor. Vuelven. Para Ibáñez sería la última aventura.
Adiós al amigo
Los trascendidos de la investigación no aclaran el destino de Jorge Antonio Ibáñez, muerto el 5 de agosto en un accidente de auto. Viaja junto a Robledo y se estrellan. Ibáñez muere, pero surge la sospecha de que Robledo haya ultimado a su amigo y simulado el accidente. Este es el caso del que menos noticias han trascendido. Héctor Somoza tendría su oportunidad.
Somoza consigue dos revólveres y el 15 de noviembre ambos se introducen en el supermercado "Rolón", de Boulogne. El método clásico: Robledo abre el techo y bajan con la ayuda de una manguera de plástico. En medio de la oscuridad comienzan a buscar el dinero. El tiempo pasa y no hay rastros de la recaudación. Furioso, Robledo abre una y otra puerta en busca de las cajas dc seguridad. Es inútil; al único que encuentra es al sereno Raúl Delbene, que duerme en una pieza. Este se levanta cuando escucha que alguien abre la puerta. No alcanza a preguntar nada: Robledo lo mata de un balazo. Siguen revisando pero no hay dinero. Indignado, Somoza patea cuanto halla a su paso. Robledo toma un teléfono y le dice a su cómplice: "Se lo regalo a tu vieja". Al día siguiente, la madre de Héctor recibe el insólito obsequio. "Deberías ser tan bueno como Carlos", le dice a su hijo.
Somoza está apurado por hacerse de unos pesos. Su incorporación a los "negocios graneles" ha resultado un fracaso. En una rápida inspección del lugar, deciden dar el próximo golpe dos días más tarde, el 17 de noviembre, en la agencia de automotores Pasquet, de Libertador al 1900, Carlos y Héctor encuentran sólo 90 mil pesos. Robledo empieza a sospechar que su nuevo compañero le trae mala suerte. Esa noche, el sereno Juan Carlos Rosas dormía junto a una fosa del taller. Robledo se acercó a él por detrás de un coche. Tomó puntería y sostuvo su brazo derecho con la otra mano: Rosas no alcanzó a despertar.
Una semana más tarde, el 25 de noviembre, Robledo y Somoza entran en la concesionaria de automotores Puigmarti y Cía. de Santa Fe 999, en Martínez. Allí, Carlos Eduardo había ido tiempo atrás con su madre a comprar un coche. Lo pagó al contado y vio el lugar donde estaba empotrada la caja de caudales. Nunca lo olvidó. Ahora armados de sendos revólveres, los dos jóvenes entran al salón y sorprenden al sereno, Bienvenido Serapio Ferrini. Somoza lo golpea con su arma y lo llevan al primer piso. Allí Robledo le pega dos balazos. Más tarde, al ser reconstruidos los hechos, intentó atribuir este asesinato a su compañero, pero luego confesó su culpabilidad.
Este es el golpe más arduo de cuantos ha practicado Somoza. Están cinco horas en el lugar. Con un soplete, abren la caja y encuentran un millón de pesos. Escapan en un Chevy que luego abandonan. Había sido el primer éxito de Héctor Somoza. Era también el último.
La caída de un canalla
Manuel Acevedo es un trabajador sacrificado. Tiene varias casas alquiladas que le dan una buena renta, de la que podría disfrutar a los 58 años. Pero él prefiere trabajar. Se emplea de sereno en la ferretería Masseiro Hnos., de Carupá. No pasa la Nochebuena ni la Navidad con su esposa, sus tres hijas y sus yernos, por cuidarle los intereses al patrón. Para eso le pagan, dice, y espera a jubilarse para dejar su sueldo de 53 mil pesos por mes. Lo iba a dejar mucho antes. La noche del 3 de febrero de 1972. Cuando Robledo y Somoza entran al negocio, Acevedo podría estar pensando en la renta de sus casas, edificadas a lo largo de casi una cuadra en la calle Castiglione, de Tigre. Le sorprendió recibir dos balazos, pero no alcanzó a pensar mucho. Robledo no lo dejó. Había llegado con Somoza en una moto, que estacionaron en el lugar. Ahora se dedican a trabajar en la caja fuerte. Un rato cada uno, quemándose las manos con el soplete.
Hasta que a Somoza se le ocurre hacer la broma. Justo cuando la caja iba a saltar. Héctor no comprende por qué su compañero le dispara. Muere enseguida. Robledo utiliza el soplete para quemarle la cara y las manos para que no queden huellas. Un error lo perderá: olvida quitar la cédula que Somoza guardaba en un bolsillo. Apurado, huye en la moto. Era su último escape. Ese día, el subcomisario Felipe Antonio D'Adamo lo detiene frente a su casa y le pone las esposas.
"El chacal"
Cinco días más tarde, el 8 de febrero, los diarios informan la detención de uno de los mayores criminales de la historia. En adelante, el caso de este hombre que asesinó a once personas y del que se sospecha haya aniquilado por lo menos a tres más, ocuparía dos páginas por día en Crónica y una página en La Razón. Los canales de televisión se lanzan a la caza de parientes y amigos. La revista Así agota varias ediciones.
Los redactores de la sección policial de Crónica exprimen su imaginación bautizando a Carlos Eduardo Robledo Puch: Bestia humana (el día 8); Fiera humana (al día siguiente), Muñeco maldito, El verdugo de los serenos, El Unisex, El gato rojo, El tuerca maldito (el 10), Carita de Angel, El Chacal (el 11). Ese día, el diario de Héctor Ricardo García sugiere que Robledo es homosexual, por lo que "sumaría a sus tareas criminales otra no menos deleznable", escribe el redactor.
Crónica improvisa, conjetura relaciones entre el acusado y la familia Ibáñez, se queja del silencio de los testigos, del mutismo del juez Sasson. Durante las primeras reconstrucciones, el público pide la muerte de Robledo, intenta lincharlo. Crónica sublima el hecho y titula: "El pueblo intentó linchar al monstruo". La Razón compite con su colega buscando reportajes, opiniones, otros impactos.
Se crea tal confusión que a cinco días de detenido Robledo, es difícil averiguar cuántos son, realmente, los crímenes que ha cometido.
Los médicos policiales revisan al acusado y existe la impresión de que su desequilibrio no le servirá para eludir la condena a cadena perpetua. Los especialistas esbozan explicaciones contradictorias. Ninguna de ellas sirve para determinar las causas que llevaron a un joven de 20 años a aniquilar por la espalda a quienes se cruzaban en su ansioso camino hacia el éxito.
No sirven porque Robledo Puch no es un objeto sobre el que los profesionales de la medicina puedan improvisar teorías tejidas a la distancia. El es un ser humano, y no es posible diagnosticar desde un consultorio la enfermedad de un hombre que espera sentencia en un calabozo.
Para elucubrar un psicodiagnóstico aceptable, es necesario convivir con el paciente. Practicar, por ejemplo, los test de Rorschach, de Murray, de Bender, de Phillipson o de Weiss. Eso lo ordenará seguramente el juez Víctor Sasson mientras algunos profesionales siguen desmenuzando las lacras de Robledo, de toda la sociedad. Este criminal ha pasado a ser un apetitoso elemento de consumo. ¿Cuál es la enfermedad de Robledo? ¿Cuál la de quienes lo rodean? ¿Qué sentido tendría aplicar la pena de muerte a un enfermo?
Nunca un caso criminal conmovió tanto a la sociedad argentina. Durante varios días toda actividad política, deportiva, artístíca, pasó a segundo plano ante una evidencia: en Buenos Aires, un muchacho puede por si solo quebrar todas las barreras de seguridad, matar y robar sin que la justicia lo alcance hasta que la tragedia haya abrazado a muchos.
La sociedad argentina no acepta la pena capital. Lo que parecería común en Estados Unidos, causa sorpresa y estupor aquí. La policía, que ha dedicado sus mayores esfuerzos a la detención de guerrilleros, a los que denomina "delincuentes políticos", da la impresión de ser vulnerable frente a quien ni siquiera es un profesional, sino un psicópata.
Muchos han querido cuestionar, a través de Robledo Puch, a toda una sociedad. Otros piensan que se trata de un caso aislado, de un hombre desesperado.
Sea como fuere, Robledo Puch desnuda la apetencia arribista de algunos jóvenes cuyos únicos valores son los símbolos del éxito: "Un joven de 20 años no puede vivir sin plata y sin coche", ha dicho el acusado. El tuvo lo que buscaba: dinero, autos, vértigo; para ello tuvo que matar una y otra vez, entrar en un torbellino que lo envolvió hasta devorarlo. Cuando mató al primer hombre, Robledo Puch ya se había aniquilado a sí mismo.
El caso Robledo Puch
(27 de febrero de 1972)
A Oscar Finkelberg
Conocí a Jacobo Timerman el día en que me pidió que escribiera "la mejor nota de Buenos Aires sobre el caso Robledo Puch". La Opinión, que exageraba su sobriedad al extremo de no publicar noticias "policiales", se encontraba en un aprieto: el joven Carlos Eduardo Robledo Puch había asesinado a por lo menos once personas y había cometido una treintena de atracos. Su notoriedad ocupaba la primera página de todos los diarios y el matutino de Timerman seguía ignorándolo.
Era imposible, a esa altura, publicar una noticia y el diario abominaba de la perorata moralizadora. Opté, pues, por la reconstrucción de los hechos según todos los testimonios existentes hasta entonces. El artículo apareció en el suplemento cultural y me valió un cuantioso aumento de sueldo que el director me anunció personalmente. Ese día empezaron mis desventuras.
Hasta entonces yo estaba a cargo de la sección deportes, ganaba muy bien y había ideado, con Eduardo Rafael, un excelente método para trabajar poco y salteado. Pero según Timerman ese era un sector sin interés. "Usted está desperdiciado allí" me dijo, y me confió una tarea mayor: "Vaya, siéntese y piense", ordenó. Mi destino fue un escritorio estratégicamente situado frente a su despacho. Una secretaria esbelta y casi adolescente debía atender y discar mis llamadas telefónicas para que nadie me molestara y cuidar que no me faltaran los diarios y revistas del día, incluidos los del extranjero (por entonces yo era incapaz de descifrar otro idioma que el castellano pero el patrón no lo sabía aún).
Timerman no me dijo en qué debía pensar ni para qué. Nunca se me había confiado misión más difícil y menos envidiable: todos los días mis mejores amigos de la redacción se acercaban solidarios para saber si ya se me había ocurrido algo.
Un mes más tarde, cuando advirtió que mi cabeza seguía vacía como una pelota de tenis, Timerman me llamó y me dijo, solemne, que uno de los dos debía psicoanalizare. Luego me hizo saber que su decepción era profunda y me avisó que mis privilegios se terminaban ese mismo día.
Desde entonces deambulé por la redacción: el director había olvidado asignarme un nuevo puesto y me dediqué a hacer lo que más me gustaba. Es decir, nada.
El caso Robledo Puch
Iluminados por el soplete, Robledo y Somoza trabajan callados y serios. Robledo sostiene el aparato que perfora el material mientras su amigo sigue sus movimientos con atención. El trozo de acero está por caer y Robledo lo ayuda con un golpe. Ninguno dice nada. A Somoza acaba de ocurrírsele una broma acorde con la circunstancia. Pasa un brazo alrededor del cuello de su compañero y aprieta con suavidad, cada vez más. Robledo le da un codazo y lo lanza hacia atrás. Manotea el revólver que tiene en el cinturón y dispara. Asombrado, quizá sin entender lo que ocurre Somoza cae y articula una explicación que es apenas un gemido. Robledo lo observa unos instantes, levanta su brazo derecho y dispara otra vez. "No podía dejarlo sufrir. Era mi amigo", explicará después. Se ha quedado solo, con dos cadáveres junto a él --antes ha matado al sereno Manuel Acevedo--, pero eso no le preocupa. Sale.
Una moto primero, un camión más tarde, le sirven para alejarse del lugar. El círculo se ha cerrado. Al matar a Somoza, Robledo se ha aniquilado a sí mismo. Unas horas más tarde, la policía lo arresta frente a su casa.
Los primeros pasos
Carlos Eduardo estudia piano; la maestra dice que tiene gran facilidad y que es un chico respetuoso. Ejercita con Hannon y la abuela está contenta con él porque aprendió muy bien a hablar alemán y también puede conversar en inglés. Claro que no es un chico afeminado, como esos que tocan en las fiestas familiares para ganar el aplauso de los parientes y amigos. El sale a jugar a los cowboys con los chicos del barrio y juega al fútbol. Se cree Sanfilippo y cuando le quitan la pelota protesta, dice que fue foul. Pero no le hacen caso porque es un poco antipático, casi agresivo cuando discute. Por eso, le dicen Leche hervida.
Los domingos acompaña a su madre a la iglesia de Olivos. Algo a regañadientes, es cierto, pero va y se porta bien. En el colegio Cervantes es un poco indisciplinado, pero no llama demasiado la atención. De vez en cuando pide libros a la biblioteca y los devuelve rápidamente, lo que hace pensar que lee mucho. Una contestación irrespetuosa para su maestra lo lleva un día frente a la directora. Ella lo reta, le levanta la voz. El suda muy frío, como le pasa siempre que alguien le impone una orden. De pronto siente que no puede más, que esa mujer le molesta. Toma una silla y la destroza contra la pared. La llegada de los celadores pone a la mujer ante una situación difícil. Llama a los padres y les pide que lo retiren del colegio si quieren evitar la expulsión.
La infancia de Carlos no está grabada en muchas memorias. Su padre --inspector de interior en General Motors--, dice que él no es culpable de lo que pasa, aunque no sabe explicar bien por qué ocurre esta odisea que no cabe dentro de su vida pequeña. Los amigos de Carlos recuerdan poco, pero frente al periodismo imaginan, quieren participar, acercarse a la tragedia. La infancia de Carlos Eduardo se confunde en unos pocos años, como si los hechos se cruzaran entre sí. Pero no hay nada extraordinario más allá de la historia que algunos narran: apenas los días apacibles del hijo único, mimado por la abuela y la madre.
El padre quiere que Carlos sea ingeniero y lo manda al colegio industrial a los 14 años. A esa edad tiene su primer contacto con la muerte. Su padre lo lleva al velatorio del abuelo y también a la ceremonia de cremación del cuerpo. Carlos permanece silencioso todo el tiempo. Ve como las llamas consumen el cuerpo agotado de ese alemán cariñoso con el que había pasado algunos buenos momentos. Al volver a casa, el padre recuerda que su abuelo también quería verlo convertido en ingeniero.
Carlos Eduardo ingresa al industrial. No sabe si quiere ser ingeniero, pero le gustan las máquinas. Le gusta el ruido infernal de los motores, ese rugido que se mete en la sangre. Empieza a aprender el oficio, pero no dispone de mucha paciencia.
En la escuela conoce a Jorge Antonio Ibáñez, un muchacho rápido e inteligente. Ibáñez esquiva los compromisos, resuelve cada situación en su favor. Ese hombre le gusta. Tiene 15 años pero desafía a sus maestros, a los compañeros. Es un tipo libre, cree Carlos Eduardo. Comienza a seguirlo, a cambiar palabras con él, a imitar algunos de sus gestos. Quiere ser simpático y para eso se endurece.
Jorge Antonio dispone de tiempo, no tiene que volver a su casa a una hora determinada, no tiene que pedir permiso para ir al cine. Le cuenta a Carlos que su viejo es un tipo macanudo, un tipo de hoy.
No está clara a través del tiempo la cronología de los hechos: se conjetura que Carlos es acusado de robar 1.500 pesos y tiene que dejar la escuela. Su padre lo incorpora a un colegio particular, pero poco tiempo más tarde, el joven abandona el estudio. Habla con su padre. Le dice que ya sabe el oficio. No quiere ser ingeniero, se conforma con poner un taller de motos.
Así se reencuentra con Ibáñez, que ha dejado también el colegio. Se hacen amigos. En "El Ancla" conversan largas horas frente a un café. No tienen plata para más. Algunos domingos van a la cancha porque Carlos Eduardo sigue a San Lorenzo. Un día, Robledo confiesa a su amigo que ha robado una radio en un negocio del centro. Todo ha sido fácil. La gente es demasiado confiada. Ibáñez sonríe y tal vez le estrecha la mano. No vuelven a verse por un tiempo.
Para no disgustar a su madre, Carlos acepta trabajar de cadete en la Farmacia de Sebastián Samban, a una cuadra y media de su casa de la calle Borges al 1800, en Vicente López. Un día le lleva la radio al farmacéutico. "Se la vendo en dos mil pesos", le dice. El hombre no confía demasiado y habla con su madre. "Cómpresela --le dice ella--, es de él". Don Samban le da los dos mil pesos y Carlos se compra una bicicleta. Samban se queda sin cadete.
Unos meses más tarde, Robledo camina solo por la ciudad cuando ve una hermosa moto. La mira un rato, deslumbrado. Por el caño de escape que le han agregado le parece que está pichicateada. Recuerda la radio y sube. Ese día ruge por las calles sin parar. Va de aquí para allá sintiendo el aire fresco en el pecho, en el pelo rojizo que le cubre la cara. Se siente libre. Por fin, choca contra un auto detenido y deja la moto, que tiene una rueda torcida.
En el bar se encuentra otra vez con Ibáñez. Se saludan y Carlos lo invita a tomar un café. Le cuenta lo de la moto. Ibáñez lo mira en silencio, aprueba con movimientos de cabeza. Por fin, una confesión de Jorge Antonio estrecha la amistad. Le cuenta que él también ha robado algunas cosas y que pasó varias noches preso; nada de importancia.
Presuntamente violento
Robledo está impaciente. Ibáñez lo calma. No todo es tan fácil como parece. Hay que entrenarse, como en el fútbol, para no fallar nunca. Ibáñez es inteligente y se las arregla para tener muchas mujeres que lo buscan en el bar, le dejan mensajes. Robledo está solo, pero no lo lamenta. Se siente más fuerte que Ibáñez.
Entre tanto, sus padres se preocupan por la suerte del joven. Le prohíben salir de noche, le piden cuentas de su vida. Otra vez Carlos necesita conformarlos. Toma un curso de radio y televisión y frecuenta la antigua barra del bar "La Perla", pero no tiene mucho que decir. Ellos le parecen tontos y lo grita: "Ustedes son unos giles". Para vengarse, sus amigos lo llaman Colorado, un apodo que en la infancia lo enfurecía.
Sólo frente a Ibáñez se siente bien. Ibáñez no es un mequetrefe, piensa Robledo. En el reencuentro, Jorge Antonio lo invita a su casa: "Ya te dije que mi viejo es macanudo. En casa tengo un par de revólveres. Podemos practicar tiro al blanco". Eso lo fascina. Destrozar esos cartones inmóviles le recordará los años del potrero, cuando jugaba a los cow-boys. "¡Muerto!", gritaba él y el otro caía al suelo. Lo que más furia le daba era que le gritaran " ¡El Colorado está muerto!". Eso lo ponía furioso.
Empiezan a tirar. Robledo tiene en las manos la misma seguridad para el revólver que para el piano. Agilidad, dice Ibáñez, que no sabe lo del piano.
Un día trazan el primer plan. Se trata de una joyería de menor importancia. Como para probar. Todo va bien y reparten las joyas y los relojes. No entienden demasiado y sacan cosas de poco valor. Detalles para corregir, piensa Robledo.
Carlos ha cumplido los 17 años y roba una moto. Con ella alborota a todo el barrio, ya que la arregla en la vereda de su casa y pone el acelerador a fondo para irritar a los vecinos que protestan. E14 de febrero de 1969 ingresa en la Escuela de Artes y Oficios José Manuel Estrada, ubicada en la zona de Los Hornos, partido de La Plata. Ha sido acusado por el robo de la moto. Allí permanece 20 días y en un par de charlas con el director, Eloy Malaundes, le confiesa que no se entiende con su padre.
Cuando sale, Robledo Puch vuelve al piano. Estudia con la profesora Virgilia Dávalos, quien lo recuerda como un chico "tímido y correcto".
Otra vez Ibáñez. Con él empieza a visitar los boliches de la avenida del Libertador. Conoce a mucha gente y aunque su cara aniñada--los ojos azules y grandes, los labios carnosos y el pelo que le achica la frente--no lo hace muy atractivo, consigue algunas mujeres.
Los dos amigos se tienen cada vez más confianza.
Concretan varios golpes, casi todos en la calle, Robledo no sabe todavía que Ibáñez actúa por su cuenta, como un experimentado profesional; roba coches (prefiere los Torino, por los que le pagan 400 mil pesos) y su familia parece conocer sus andanzas.
Robledo, que era un chico callado, se está envalentonando. Se jacta de su audacia y dice que espera un gran futuro. Ibañez asiente. Brindan y pagan copas. Las mujeres empiezan a preferir su compañía.
Carlos Eduardo quiere irse de su casa. Un día lo intenta, pero no llega lejos. Su padre lo alcanza a las pocas cuadras, baja del auto y lo abofetea como a un chico. Un rayo de rencor habrá atravesado los ojos del muchacho.
Aída, la madre de Carlos, está agotada. Decide hacer un viaje a Europa. Visitará Alemania, donde vivió la guerra. Viaja en barco porque quiere descanso. José, el padre, sale al interior para cumplir con su trabajo. E1 10 de enero de 1970 Carlos Eduardo abandona la vacía casa de sus padres. Dentro de nueve días cumplirá 19 años y quiere festejarlo.
El enemigo insólito
"A los veinte años no se puede andar sin coche y sin plata", suele decir Carlos Eduardo. Para él, la vida es simple. A medias con Ibáñez compran un Fiat 600 que generalmente conduce Robledo. Carlos Eduardo maneja a toda velocidad e interviene en picadas en las que se muerde de rabia por no tener un coche más potente.
Una noche, mientras toman una copa, se ponen de acuerdo. Ibáñez sabe que habrá peligro: se juramentan y Robledo será el ejecutor de quien se cruce en el camino.
Por fin, la noche del 9 de mayo llegan a la calle Ricardo Gutiérrez al 1500, en Olivos. Por la pared de una estación de servicio saltan al techo del baño de una casa de venta de respuestos para autos. Entran por una claraboya. El encargado y su mujer duermen en camas separadas. A un lado descansa una hija del joven matrimonio. No se despiertan. Bianchi no despertará jamás: Robledo le pega dos balazos. La mujer se sobresalta y Robledo gatilla dos veces más. Una bala da en el pecho de la mujer que cae hacia atrás. Carlos Eduardo se lanza sobre el placard y comienza a buscar. A su espalda oye gemidos débiles. La mujer se desangra pero no puede moverse porque Ibáñez ha caído sobre ella. Robledo los mira; no abarca la tragedia en su totalidad. Hay un muerto y una violación, pero para él los hechos no tienen dimensión ni nombres comunes. "Había que sobrevivir"', diría más tarde. Cuando salen, lbáñez está manchado de sangre pero no cambian una palabra. Robledo se detiene un momento y sonríe. Ha visto la vidriera de los accesorios. Recoge una palanca de cambios y dos instrumentos de medición "Son para el 600", dice, y los mete junto a los 350 mil pesos que halló en el placard.
El sueño eterno
Robledo aparece en los mismos lugares de siempre. Se nota un cambio en él. Está exultante, se convierte en el centro de las reuniones. Habla de autos y de carreras. Anda solo. Ibáñez ha creído mejor separarse. Nadie debe sospechar y los muertos no hablan. Pero la mujer de Bianchi no murió la noche del 3 de mayo. Cuando los dos hombres salieron, ella fue arrastrándose hasta la estación de servicio de la esquina para pedir auxilio. Estaba bañada en sangre y hablaba de un hombre de pelo largo.
El 15 de mayo --doce días después del primer golpe importante--, Ibáñez y Robledo visitan "Enamour", una boite de Olivos.
En el fondo hay un jardín que da al río. La noche es fresca cuando los dos hombres fuerzan una ventana y entran. Revisan minuciosamente y reúnen casi dos millones de pesos. Cuando se retiran, Robledo ve una puerta cerrada y la entorna para mirar adentro. Dos hombres --Pedro Mastronardi y Manuel Godoy--duermen el último sueño. Carlos Eduardo dispara varias veces sobre esos cuerpos. No hay un gemido. Cuando le preguntaron por qué los había matado, respondió: "Qué quería ¿que los despertara?"
Desde entonces los amigos entran definitivamente en el vértigo. El dinero vuela de sus bolsillos en un desenfreno baladí. No quieren ser hombres distinguidos, como los criminales de guante blanco. Están matando y lo saben. Tal vez intuyen que ese vértigo los aniquilará. Han escapado siempre, pero una simple circunstancia, un error mínimo puede perderlos. Deciden apostarlo todo; también la vida de quienes se crucen a su paso. Robledo e Ibáñez gastan horas y horas frente a las barras de los boliches, también gastan todo el dinero.
Un día, ambos conocen a Héctor Somoza, un chico de 17 años que trabaja en la panadería de su madre. Robledo lo ha visto antes, han conversado, han ido juntos a los balnearios el verano anterior. Inician a Somoza. De la misma manera que Ibáñez inició antes a Robledo. Roban algunas motos y Somoza, un día, aparece con un revólver.
Pero Ibáñez no simpatiza demasiado con el nuevo socio. No le tiene confianza. Somoza vive con su madre y una hermana en Olivos. Trabaja todo el día en la panaderia, es un chico formal que está cansado. Hay discusiones; Ibáñez sale con la suya en poco tiempo. La visita del 24 de mayo al supermercado "Tanty" no tendrá como huésped a Somoza. Sin embargo, éste presta su revólver a Robledo.
No están seguros de que el techo se abra con facilidad. Robledo lleva una barreta y cuerda de nylon para descender. Jorge se queda de campana y Carlos trabaja. Siempre es así. Por fin, el material cede. Dos chicos sin experiencia profesional han destrozado otra vez la seguridad de un comercio. Entran. En plena oscuridad tratan de no derribar las montañas de latas de conserva para no despertar al sereno Juan Scattone. Pero éste se despierta y avanza. Robledo se agazapa y gatilla dos veces. Scattone se derrumba. En las cajas hay cinco millones de pesos. Destapan una botella de whisky y brindan en la oscuridad. Revisan al muerto y encuentran la llave de la puerta del personal. Salen repletos de billetes y montan en la motocicleta que habían dejado muy cerca. Les esperan 20 días de pacífica juerga. A una mujer le quedan 20 días de vida.
Damas peligrosas
Ibáñez quiere probar a Virginia Rodríguez, una adolescente de 16 años que frecuenta las boites de Olivos. Robledo para en un hotel de Constitución y no tiene tanto interés por las mujeres. A Ibáñez se le antojaban seguido, como ahora la Rodríguez.
La noche del 13 de junio. Ibáñez va a buscarlo al hotel para dar un paseo. No tienen coche y eso deprime a Robledo Puch, Ibáñez le pide que lo espere en una pizzería. Minutos más tarde vuelve con un Dodge Polara. Lo estaciona y entra en la pizzería; en voz baja le dice a Robledo: "Metele que le tuve que hacer la boleta al sereno". Es la única vez que Ibáñez dispara por su cuenta. Espera un premio: Virginia Rodríguez. Se lo dice a Robledo, le pide que se la consiga.
Esa noche la encuentran y Carlos baja con el revólver. Virginia sube. Toman la ruta Panamericana. Ibañez, que maneja el auto estaciona a un.costado del camino. Pasa al asiento trasero y desnuda a la muchacha que se resiste. Robledo mira, pero su compañero lo echa. Se sienta en un costado y espera. Cuando los ve bajar del auto se acerca. "Andate", dice Ibáñez a la chica. Ella corre. "Tirale", ordena a Robledo. Este dispara cinco veces. Más de lo necesario. Carlos se acerca y la revisa. Encuentra mil doscientos pesos en la cartera de la muchacha. Se van, pero apenas han recorrido un par de kilómetros a toda velocidad cuando chocan contra un cartel indicador. El auto no funciona y lo dejan abandonado. La policía no hallará nunca ese Dodge Polara amarillo. Ibáñez y Robledo toman el ómnibus 215.
Robledo está cansado de andar en ómnibus. Ha chocado el 600 y lo ha tenido que vender por la mitad de lo que costó. Reúne el dinero y compra un Dodge GTX. Está feliz con esa máquina arrolladora. Se siente invencible en los semáforos. Pero a Ibáñez se le siguen antojando mujeres. Es como un juego. Eligen y toman lo que está al alcance de la mano. Cada vez es más fácil. El 24 de junio esperan a Ana María Dinardo, una aspirante a modelo de 23 años, que ha ido a visitar a su novio que trabaja en la boite "Katoa". Cuando sale, la encaran. Según cuenta Robledo, bastó que le mostraran una billetera con 250 mil pesos para que ella subiera al auto. Toman por la Panamericana, hasta el mismo lugar donde once días antes dejaron el cadáver de Virginia.
Ibáñez pasa al asiento trasero, pero la muchacha le cuenta que está indispuesta. Sugiere una cita. Ibáñez vive sus cosas muy rápido y la desviste. Ella --que al parecer practicaba Karate--, se defiende. Jorge Antonio se cansa y la deja vestirse, pero se queda con la ropa interior de la chica. Le dice que se vaya. Ella alcanza a caminar unos pasos y Robledo le mete siete balazos en la espalda. Luego se acerca y le saca cinco mil pesos y un encendedor. Antes de subir al auto Robledo se detiene, mira el cadáver, toma puntería y le destroza una mano de un balazo. Ibáñez observa a su amigo, quizá con un estremecimiento de temor. Vuelven. Para Ibáñez sería la última aventura.
Adiós al amigo
Los trascendidos de la investigación no aclaran el destino de Jorge Antonio Ibáñez, muerto el 5 de agosto en un accidente de auto. Viaja junto a Robledo y se estrellan. Ibáñez muere, pero surge la sospecha de que Robledo haya ultimado a su amigo y simulado el accidente. Este es el caso del que menos noticias han trascendido. Héctor Somoza tendría su oportunidad.
Somoza consigue dos revólveres y el 15 de noviembre ambos se introducen en el supermercado "Rolón", de Boulogne. El método clásico: Robledo abre el techo y bajan con la ayuda de una manguera de plástico. En medio de la oscuridad comienzan a buscar el dinero. El tiempo pasa y no hay rastros de la recaudación. Furioso, Robledo abre una y otra puerta en busca de las cajas dc seguridad. Es inútil; al único que encuentra es al sereno Raúl Delbene, que duerme en una pieza. Este se levanta cuando escucha que alguien abre la puerta. No alcanza a preguntar nada: Robledo lo mata de un balazo. Siguen revisando pero no hay dinero. Indignado, Somoza patea cuanto halla a su paso. Robledo toma un teléfono y le dice a su cómplice: "Se lo regalo a tu vieja". Al día siguiente, la madre de Héctor recibe el insólito obsequio. "Deberías ser tan bueno como Carlos", le dice a su hijo.
Somoza está apurado por hacerse de unos pesos. Su incorporación a los "negocios graneles" ha resultado un fracaso. En una rápida inspección del lugar, deciden dar el próximo golpe dos días más tarde, el 17 de noviembre, en la agencia de automotores Pasquet, de Libertador al 1900, Carlos y Héctor encuentran sólo 90 mil pesos. Robledo empieza a sospechar que su nuevo compañero le trae mala suerte. Esa noche, el sereno Juan Carlos Rosas dormía junto a una fosa del taller. Robledo se acercó a él por detrás de un coche. Tomó puntería y sostuvo su brazo derecho con la otra mano: Rosas no alcanzó a despertar.
Una semana más tarde, el 25 de noviembre, Robledo y Somoza entran en la concesionaria de automotores Puigmarti y Cía. de Santa Fe 999, en Martínez. Allí, Carlos Eduardo había ido tiempo atrás con su madre a comprar un coche. Lo pagó al contado y vio el lugar donde estaba empotrada la caja de caudales. Nunca lo olvidó. Ahora armados de sendos revólveres, los dos jóvenes entran al salón y sorprenden al sereno, Bienvenido Serapio Ferrini. Somoza lo golpea con su arma y lo llevan al primer piso. Allí Robledo le pega dos balazos. Más tarde, al ser reconstruidos los hechos, intentó atribuir este asesinato a su compañero, pero luego confesó su culpabilidad.
Este es el golpe más arduo de cuantos ha practicado Somoza. Están cinco horas en el lugar. Con un soplete, abren la caja y encuentran un millón de pesos. Escapan en un Chevy que luego abandonan. Había sido el primer éxito de Héctor Somoza. Era también el último.
La caída de un canalla
Manuel Acevedo es un trabajador sacrificado. Tiene varias casas alquiladas que le dan una buena renta, de la que podría disfrutar a los 58 años. Pero él prefiere trabajar. Se emplea de sereno en la ferretería Masseiro Hnos., de Carupá. No pasa la Nochebuena ni la Navidad con su esposa, sus tres hijas y sus yernos, por cuidarle los intereses al patrón. Para eso le pagan, dice, y espera a jubilarse para dejar su sueldo de 53 mil pesos por mes. Lo iba a dejar mucho antes. La noche del 3 de febrero de 1972. Cuando Robledo y Somoza entran al negocio, Acevedo podría estar pensando en la renta de sus casas, edificadas a lo largo de casi una cuadra en la calle Castiglione, de Tigre. Le sorprendió recibir dos balazos, pero no alcanzó a pensar mucho. Robledo no lo dejó. Había llegado con Somoza en una moto, que estacionaron en el lugar. Ahora se dedican a trabajar en la caja fuerte. Un rato cada uno, quemándose las manos con el soplete.
Hasta que a Somoza se le ocurre hacer la broma. Justo cuando la caja iba a saltar. Héctor no comprende por qué su compañero le dispara. Muere enseguida. Robledo utiliza el soplete para quemarle la cara y las manos para que no queden huellas. Un error lo perderá: olvida quitar la cédula que Somoza guardaba en un bolsillo. Apurado, huye en la moto. Era su último escape. Ese día, el subcomisario Felipe Antonio D'Adamo lo detiene frente a su casa y le pone las esposas.
"El chacal"
Cinco días más tarde, el 8 de febrero, los diarios informan la detención de uno de los mayores criminales de la historia. En adelante, el caso de este hombre que asesinó a once personas y del que se sospecha haya aniquilado por lo menos a tres más, ocuparía dos páginas por día en Crónica y una página en La Razón. Los canales de televisión se lanzan a la caza de parientes y amigos. La revista Así agota varias ediciones.
Los redactores de la sección policial de Crónica exprimen su imaginación bautizando a Carlos Eduardo Robledo Puch: Bestia humana (el día 8); Fiera humana (al día siguiente), Muñeco maldito, El verdugo de los serenos, El Unisex, El gato rojo, El tuerca maldito (el 10), Carita de Angel, El Chacal (el 11). Ese día, el diario de Héctor Ricardo García sugiere que Robledo es homosexual, por lo que "sumaría a sus tareas criminales otra no menos deleznable", escribe el redactor.
Crónica improvisa, conjetura relaciones entre el acusado y la familia Ibáñez, se queja del silencio de los testigos, del mutismo del juez Sasson. Durante las primeras reconstrucciones, el público pide la muerte de Robledo, intenta lincharlo. Crónica sublima el hecho y titula: "El pueblo intentó linchar al monstruo". La Razón compite con su colega buscando reportajes, opiniones, otros impactos.
Se crea tal confusión que a cinco días de detenido Robledo, es difícil averiguar cuántos son, realmente, los crímenes que ha cometido.
Los médicos policiales revisan al acusado y existe la impresión de que su desequilibrio no le servirá para eludir la condena a cadena perpetua. Los especialistas esbozan explicaciones contradictorias. Ninguna de ellas sirve para determinar las causas que llevaron a un joven de 20 años a aniquilar por la espalda a quienes se cruzaban en su ansioso camino hacia el éxito.
No sirven porque Robledo Puch no es un objeto sobre el que los profesionales de la medicina puedan improvisar teorías tejidas a la distancia. El es un ser humano, y no es posible diagnosticar desde un consultorio la enfermedad de un hombre que espera sentencia en un calabozo.
Para elucubrar un psicodiagnóstico aceptable, es necesario convivir con el paciente. Practicar, por ejemplo, los test de Rorschach, de Murray, de Bender, de Phillipson o de Weiss. Eso lo ordenará seguramente el juez Víctor Sasson mientras algunos profesionales siguen desmenuzando las lacras de Robledo, de toda la sociedad. Este criminal ha pasado a ser un apetitoso elemento de consumo. ¿Cuál es la enfermedad de Robledo? ¿Cuál la de quienes lo rodean? ¿Qué sentido tendría aplicar la pena de muerte a un enfermo?
Nunca un caso criminal conmovió tanto a la sociedad argentina. Durante varios días toda actividad política, deportiva, artístíca, pasó a segundo plano ante una evidencia: en Buenos Aires, un muchacho puede por si solo quebrar todas las barreras de seguridad, matar y robar sin que la justicia lo alcance hasta que la tragedia haya abrazado a muchos.
La sociedad argentina no acepta la pena capital. Lo que parecería común en Estados Unidos, causa sorpresa y estupor aquí. La policía, que ha dedicado sus mayores esfuerzos a la detención de guerrilleros, a los que denomina "delincuentes políticos", da la impresión de ser vulnerable frente a quien ni siquiera es un profesional, sino un psicópata.
Muchos han querido cuestionar, a través de Robledo Puch, a toda una sociedad. Otros piensan que se trata de un caso aislado, de un hombre desesperado.
Sea como fuere, Robledo Puch desnuda la apetencia arribista de algunos jóvenes cuyos únicos valores son los símbolos del éxito: "Un joven de 20 años no puede vivir sin plata y sin coche", ha dicho el acusado. El tuvo lo que buscaba: dinero, autos, vértigo; para ello tuvo que matar una y otra vez, entrar en un torbellino que lo envolvió hasta devorarlo. Cuando mató al primer hombre, Robledo Puch ya se había aniquilado a sí mismo.

En algunas de las precuelas de Star Wars el senador Palpatine logra que el senado le de poderes totales sobre el universo, mientras el cuerpo colegiado aclama uno de los personajes dice: Así mueren las democracias, con una aclamación
Hace unas horas vi W y el momento más escalofriante de la gran película de Stone es cuando W convence al senado de que Irak debe ser atacado y todos los representantes, incluidos Kerry y la actual funcionaria de Obama por entonces senadora Hillary lo aplaudieron.
Ahora ya sé de donde saco ese momento de Star wars el amigo George Lucas
Resulta que hace un tiempo le recetaron a mi anciana madre unas pastillas para lo que el médico diagnóstico cómo presión nerviosa. La forma de tomar el medicamento fue descripto de la siguiente forma: dos veces por días, lejos de la comida.
El resultado fue catastrófico, con tan vaga descripción la paciente se olvidaba tomarla la pastilla lo cual le hacía subir la presión nerviosa para lo cual necesitaba tomar las pastillas que no se acordaba de tomar porque nunca acertaba con el horario adecuado.
Finalmente tiró las pastillas a la basura y ya está mucho mejor de su presión nerviosa.
El resultado fue catastrófico, con tan vaga descripción la paciente se olvidaba tomarla la pastilla lo cual le hacía subir la presión nerviosa para lo cual necesitaba tomar las pastillas que no se acordaba de tomar porque nunca acertaba con el horario adecuado.
Finalmente tiró las pastillas a la basura y ya está mucho mejor de su presión nerviosa.
Entre Quintín, Flavia, Broder y Monetagudo se las arreglaron para mandar esta programación de la Lugones, que la disfruten!
Complejo Teatral de Buenos Aires
Teatro San Martín
Vuelve…
Eric Rohmer, los juegos de la seducción
Clásicos e inéditos en la Sala Leopoldo Lugones
A raíz de la amplia convocatoria de público, el Complejo Teatral de Buenos Aires y la Fundación Cinemateca Argentina, con el auspicio y la colaboración de la Embajada de Francia, han vuelto a programar el ciclo denominado Eric Rohmer, los juegos de la seducción, que se repetirá completo del martes 3 al jueves 12 de febrero en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín (Avenida Corrientes 1530).
El ciclo está integrado por seis largometrajes y cuatro cortos (algunos de ellos desconocidos hasta ahora en Argentina) de uno de los padres fundadores de la nouvelle vague. El ciclo se enriquece con dos documentales recientes que analizan la obra de Rohmer y dan cuenta de su método de trabajo en el rodaje. Se exhibirán copias nuevas en 35mm., restauradas especialmente para este ciclo y llegadas desde París a través del Ministère des Affaires étrangères de Francia.
“A Rohmer, ya nadie lo discute, habrá que considerarlo el etnólogo número uno de la sociedad francesa de su tiempo. Como todo etnólogo, vive de una contradicción: se ha aficionado a sus salvajes, pero los mira siempre ‘desde el exterior’, como la suma perfecta de los gestos de que son capaces, de las palabras con que se envuelven y los hábitos con que se cubren. A este etnógrafo no le gustan todas las tribus, faltaba más. Sólo estudia una (llamémosla ‘burguesía francesa’), habiéndose especializado en dos subgrupos (llamémoslos ‘gran’ y ‘pequeña’ burguesía). Son grupos muy charlatanes, que utilizan las palabras de la lengua francesa no sólo para decir algo, sino para ‘hacerse la película’ sobre la naturaleza de sus deseos. Se trata aquí, en general, de un deseo de libertad (en el sentido restringido de ‘libre albedrío’). Impávido, Rohmer los hace caer en la trampa de sus palabras y les recuerda secamente que su deseo no existe fuera de esas palabras con las que se relamen”.
Serge Daney (1984)
La agenda completa del ciclo es la siguiente:
Martes 3: Presentación, o Charlotte y su filete
(Présentation ou Charlotte et son steak; Francia, 1951-1960)
Dirección: Eric Rohmer.
Con Jean-Luc Godard, Andrée Bertrand, Anne Couderet.
Walter (un jovencísimo Jean-Luc Godard) acompaña a Clara a la estación y queda en encontrarse con Charlotte. Llega a casa de ésta con el propósito de besarla pero ella se está preparando un café y un filete y no le presta demasiada atención. Terminan por besarse, pero de todas formas no se aman. Primer cortometraje de Eric Rohmer, rodado en 1951 pero terminado casi una década más tarde, con doblajes femeninos a cargo de Anna Karina y Stéphane Audran.
Film inédito en Argentina (12’; 35mm).
La panadera de Monceau
(La Boulangère de Monceau; Francia, 1962)
Dirección: Eric Rohmer.
Con Barbet Shroeder, Fred Junk, Michèle Girardon.
La Panadera de Monceau cuenta la historia de un joven estudiante (interpretado por el productor y futuro realizador Barbet Schroeder) enamorado en secreto de una chica de su barrio. Cuando ésta desaparece, la busca durante días sin éxito. Una joven y atractiva dependienta de una panadería parece interesarse por él, por lo que el joven intenta seducirla para entretenerse. Cuando ella está a punto de ceder, reaparece la primera chica con el tobillo vendado. Primera historia de la serie de los Seis cuentos morales, concebidos como variaciones sobre un mismo tema: mientras el narrador busca a una mujer, encuentra a otra que acapara su atención, hasta el momento en que reencuentra a la primera.
“La panadera de Monceau y La carrera de Suzanne conforman un importante adelanto de la brillante y prolífica obra de Rohmer, que abarca seis décadas: por su registro meticuloso de las locaciones parisinas, sus técnicas semi-documentales y valores de producción económicos, sus relatos basados en juegos de amor, engaños e identidades equivocadas, su uso literario del diálogo y la narración en off. No casualmente, inauguran asimismo la primera de sus series de films, los Seis cuentos morales, variaciones cerebrales, aunque no exentas de humor, acerca del amor y el engaño, en las cuales una serie de narradores masculinos se enfrentan con el dilema ético de tener que elegir entre dos o más mujeres” (Ginette Vincendeau).
Film nunca estrenado en Argentina (23’; 35mm).
La carrera de Suzanne
(La Carrière de Suzanne; Francia, 1963)
Dirección: Eric Rohmer.
Con Philippe Beuzen, Jean-Claude Biette, Patrick Bauchau.
Bertrand, un joven reservado, se encuentra con su amigo, el carismático Guillaume. En una mesa cercana estudia Suzanne. Guillaume se pone a hablar con ella y la invita a una fiesta que ha organizado. Comienza a seducirla, como un juego, con éxito. Testigo cómplice de la aventura, Bertrand admira la soltura donjuanesca de su amigo, pero no soporta la actitud demasiado libre de Suzanne. Segundo en la serie de los Seis cuentos morales, La carrera de Suzanne es un evocativo retrato de las ingenuidades de la juventud y los complicados lazos de la amistad y el romance, apoyado en sus locaciones típicamente parisinas de los años 60.
“La carrera de Suzanne, relato en apariencia muy simple, se compone de hecho (como la mayoría de los films de Rohmer) de todo un juego de espejos y de contra-planos que circunscriben el espacio del deseo y su negación” (Pascal Bonitzer).
Film nunca estrenado en Argentina (52’; 35mm).
Nadja en París
(Nadja à Paris; Francia, 1964)
Dirección: Eric Rohmer.
Con Nadja Tesich.
Nadja, una joven estudiante nacida en Belgrado y de nacionalidad estadounidense, vive en la Ciudad Universitaria de París y prepara una tesis sobre Marcel Proust. Mientras camina por la ciudad, relata sus impresiones sobre los barrios que va recorriendo.
Film inédito en Argentina (13’; 35mm).
A las 14.30, 17, 19.30 y 22 horas (Duración total: 100’).
Miércoles 4: Mi noche con Maud
(Ma nuit chez Maud, Francia, 1969)
Dirección: Eric Rohmer.
Con Jean-Louis Trintignant, Françoise Fabian, Marie-Christine Barrault.
Después de pasar varios años en el extranjero, Jean-Louis, un ingeniero que vive desde entonces en Clermont-Ferrand, aspira a una vida de tranquilidad y estudio. En la iglesia a la que acude todos los domingos, observa a una joven rubia que le gusta y decide que será su mujer. En un restaurante de la ciudad, Jean-Louis se encuentra por casualidad con Vidal, un antiguo amigo que ahora es profesor de Filosofía en la facultad de Clermont-Ferrand. La noche de Navidad, éste le invita a casa de Maud. Médica y divorciada, la morena Maud, bella, fascinante y libre, no parece ser insensible al encanto de Jean-Louis. El tercero y más famoso de los Seis cuentos morales.
“Es un concepto erróneo, aunque muchas veces repetido, creer que el exceso de diálogo puede arruinar una película, lo cual está basado en otra concepción equivocada: aquélla que afirma que el diálogo es siempre un medio para la comunicación más directa. En el cine de Rohmer, la conversación nunca es solamente conversación y es siempre una forma de acción indirecta. Para Jean-Louis, el protagonista de Mi noche con Maud, la charla es o se transforma en una manera de posponer las cosas indefinidamente. Hay ciertas cuestiones que pueden ser comunicadas al espectador fácilmente a partir de la exposición narrativa. Otras no. El conocimiento de Rohmer acerca de esta crucial diferencia es una de las tantas cualidades que hacen de él un gran cineasta” (Kent Jones).
A las 14.30, 17, 19.30 y 22 horas (110’; 35mm).
Jueves 5: La rodilla de Clara
(Le Genou de Claire; Francia, 1970)
Dirección: Eric Rohmer.
Con Jean-Claude Brialy, Aurora Cornu, Béatrice Romand.
Quinto film de la serie Seis cuentos morales.
A unas semanas de su boda, Jérôme pasa unas vacaciones a orillas del lago de Annecy, donde debe encargarse de la venta de una mansión familiar. Se encuentra por casualidad con Aurora, una antigua amiga rumana que vive en casa de unos conocidos. La hija de la familia, Laura, una chica de quince años con carácter, parece ser sensible a su encanto. Aurora es novelista y decide que este idilio será el tema de su próximo libro. Pero la llegada de Claire, hermanastra mayor de Laura, le perturba. La atracción de Jérôme por Claire se convierte en obsesión.
“En el universo de Rohmer, las mujeres son instrumentos para el mejoramiento de los hombres, en el sentido de que ellas los sacuden con fuerza, hacen que enfrenten sus prejuicios. En algunos films, los hombres tienen el mismo efecto en las mujeres. La atracción hace que nos expandamos, que salgamos de nuestras zonas de confort y entremos en terrenos desconocidos, gracias a alguien que nos sorprende y nos fuerza a reajustar radicalmente nuestras categorías y criterios. (…) Ningún otro director ha encontrado tanto placer voyeurístico en la exposición de estas relaciones y sus consecuencias” (Molly Haskell).
A las 14.30, 17, 19.30 y 22 horas (105’; 35mm).
Viernes 6: La marquesa de O
(Die Marquise von O...; Alemania Occidental/Francia, 1976)
Dirección: Eric Rohmer.
Basado en la nouvelle de Heinrich von Kleist.
Con Edith Clever, Bruno Ganz, Edda Seippel.
Siglo XIX, Norte de Italia. La marquesa de O es una hermosa y joven viuda que vive con su padre, el Coronel, y su madre. Durante el asedio de su ciudad por parte de las tropas rusas, la Marquesa sufre un intento de violación, pero se salva por la intervención de un apuesto caballero ruso, el Conde. Meses después, Julieta inexplicablemente está embarazada. Incapaces de aceptar esta vergüenza, su familia la echa de casa. Sin recordar contacto alguno con ningún hombre y convencida de su inocencia, Julieta deberá descubrir quién es el padre de su hijo. “Uno de los films más hermosos de Rohmer” (Jacques Rivette).
A las 14.30, 17, 19.30 y 22 horas (102’; 35mm.)
Sábado 7
y domingo 8: La hermosa boda
(Le Beau mariage; Francia, 1982)
Dirección: Eric Rohmer.
Con Béatrice Romand, André Dussollier, Arielle Dombasle.
Segundo film de la serie Comedias y proverbios.
Sabine, estudiante de Historia del Arte, no quiere seguir siendo la amante de Simon, pintor y buen padre de familia. Está harta y decide casarse con otro, pero no sabe con quién: se trata ante todo de casarse bien. Con esta disposición, conoce a Edmond, un hombre apuesto, joven y libre. Y Sabine proclama a la ligera que se va a casar con él.
“Al decir Me quiero casar, Sabine marca un punto en la guerra de los sexos, porque con esa enunciación manda a su amante de vuelta con su esposa y ella misma parte, como un Don Quijote, a la conquista del hombre ideal que Simon ya no puede ser” (Pascal Bonitzer).
Film nunca estrenado comercialmente en Argentina.
A las 14.30 y 19.30 horas (97’; 35mm).
El amigo de mi amiga
(L’ Ami de mon amie; Francia, 1987)
Dirección: Eric Rohmer.
Con Emmanuelle Chaulet, Sophie Renoir, Anne-Laurze Meurry.
Blanche es una chica tímida y callada. Léa es extrovertida e impulsiva. Un día se conocen y se hacen amigas. Blanche no tiene novio, a diferencia de Léa. Fabien, un joven atractivo y deportista es su novio. A Léa no le gusta el deporte. A Blanche sí. Léa es amiga de Alexandre, un hombre guapo y apuesto, con un buen trabajo y más experiencia de vida que Fabien. A Blanche le gusta Alexandre. A Léa también. Con encuentros fortuitos, actividades conjuntas, cafés, cenas, fiestas y vacaciones, estos personajes y sus dilemas se encuentran en la última de las seis entregas de las Comedias y proverbios de Rohmer.
“La diferencia entre los Cuentos morales y las Comedias y proverbios está en que los primeros terminan generalmente con un regreso a la razón, mientras que los segundos suelen dejar a sus héroes a la deriva, entre dos hombres, dos mujeres o dos casas” (Pascal Bonitzer).
Film nunca estrenado comercialmente en Argentina.
A las 17 y 22 horas (102’; 35mm).
Lunes 9: No hay función
Martes 10: Eric Rohmer, con pruebas en la mano
(Eric Rohmer, Preuves a l’appui; Francia, 1994)
Dirección: André S. Labarthe.
En esta entrevista articulada en dos partes, Eric Rohmer desarrolla concretamente algunos de los fundamentos de su ética y de su práctica del cine. Rodeado de muestras valiosas -cuadernos de notas, videos o pruebas filmadas-, contesta las preguntas de Jean Douchet, entrevistador erudito y ameno. Subraya el papel de la filosofía y de la música alemanas en su cine y en el de sus cómplices de la nouvelle vague. Al evocar el azar, tema esencial de sus películas, expone sus principios y regala una sabrosa lección de cine, teórica y práctica, sobre sus métodos de escritura, su manera de trabajar el sonido, los actores.
Film inédito en Argentina.
A las 14.30, 18 y 21 horas (120'; dvd).
Miércoles 11: La fábrica de Cuento de verano
(La Fabrique du Conte d’eté; Francia, 2005)
Dirección: Jean-André Fieschi y Françoise Etchegarray.
La fábrica de Cuento de verano es un viaje por la película de Eric Rohmer, Cuento de verano. Françoise Etchegarray, asistente durante el rodaje de la película, filma al gran cineasta, un joven rozagante de 80 años con sombrero de paja, en las playas de Dinard y Saint Lunaire, entre veraneantes que no le prestan atención. No hay poses, sino un hombre que no alza la voz, indeciso a veces, y que de repente muestra una determinación fulgurante.
Film inédito en Argentina.
A las 14.30, 17, 19.30 y 22 horas (90’; dvd).
Jueves 12 : Pauline en la playa
(Pauline à la plage; Francia, 1983)
Dirección: Eric Rohmer.
Con Amanda Langlet, Arielle Dombasle, Pascal Greggory.
Tercer film de la serie Comedias y proverbios.
Pauline es una joven adolescente de 15 años que, junto a su prima Marion, pasan un verano en la costa atlántica francesa. Marion se encuentra con un antiguo amigo, Pierre, quien mantiene una profunda atracción por ella. Sin embargo Marion prefiere al aventurero Henri, aunque sabe que su relación será corta. Mientras, Pauline tiene un romance con un chico, Sylvain.
“Si, como dice el proverbio, los personajes de una historia siempre tienen los ojos vendados, aquí parece que si hay algo frente a lo cual son ciegos es en definitiva a la competencia en la que se han embarcado” (Pascal Bonitzer).
Film nunca estrenado en Argentina.
A las 14.30, 17, 19.30 y 22 horas (95’; 35mm).
Informamos que las localidades para la Sala Leopoldo Lugones podrán adquirirse personalmente con seis días de anticipación (incluyendo el día de la función) en las boleterías del Teatro San Martín.
Precio de las localidades en la Sala Leopoldo Lugones $ 8.- Estudiantes y jubilados $ 5.- (Los interesados deberán tramitar su credencial de descuento en el 4° piso del Teatro San Martín, de lunes a viernes de 10 a 16 horas.)
Complejo Teatral de Buenos Aires
Teatro San Martín
Vuelve…
Eric Rohmer, los juegos de la seducción
Clásicos e inéditos en la Sala Leopoldo Lugones
A raíz de la amplia convocatoria de público, el Complejo Teatral de Buenos Aires y la Fundación Cinemateca Argentina, con el auspicio y la colaboración de la Embajada de Francia, han vuelto a programar el ciclo denominado Eric Rohmer, los juegos de la seducción, que se repetirá completo del martes 3 al jueves 12 de febrero en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín (Avenida Corrientes 1530).
El ciclo está integrado por seis largometrajes y cuatro cortos (algunos de ellos desconocidos hasta ahora en Argentina) de uno de los padres fundadores de la nouvelle vague. El ciclo se enriquece con dos documentales recientes que analizan la obra de Rohmer y dan cuenta de su método de trabajo en el rodaje. Se exhibirán copias nuevas en 35mm., restauradas especialmente para este ciclo y llegadas desde París a través del Ministère des Affaires étrangères de Francia.
“A Rohmer, ya nadie lo discute, habrá que considerarlo el etnólogo número uno de la sociedad francesa de su tiempo. Como todo etnólogo, vive de una contradicción: se ha aficionado a sus salvajes, pero los mira siempre ‘desde el exterior’, como la suma perfecta de los gestos de que son capaces, de las palabras con que se envuelven y los hábitos con que se cubren. A este etnógrafo no le gustan todas las tribus, faltaba más. Sólo estudia una (llamémosla ‘burguesía francesa’), habiéndose especializado en dos subgrupos (llamémoslos ‘gran’ y ‘pequeña’ burguesía). Son grupos muy charlatanes, que utilizan las palabras de la lengua francesa no sólo para decir algo, sino para ‘hacerse la película’ sobre la naturaleza de sus deseos. Se trata aquí, en general, de un deseo de libertad (en el sentido restringido de ‘libre albedrío’). Impávido, Rohmer los hace caer en la trampa de sus palabras y les recuerda secamente que su deseo no existe fuera de esas palabras con las que se relamen”.
Serge Daney (1984)
La agenda completa del ciclo es la siguiente:
Martes 3: Presentación, o Charlotte y su filete
(Présentation ou Charlotte et son steak; Francia, 1951-1960)
Dirección: Eric Rohmer.
Con Jean-Luc Godard, Andrée Bertrand, Anne Couderet.
Walter (un jovencísimo Jean-Luc Godard) acompaña a Clara a la estación y queda en encontrarse con Charlotte. Llega a casa de ésta con el propósito de besarla pero ella se está preparando un café y un filete y no le presta demasiada atención. Terminan por besarse, pero de todas formas no se aman. Primer cortometraje de Eric Rohmer, rodado en 1951 pero terminado casi una década más tarde, con doblajes femeninos a cargo de Anna Karina y Stéphane Audran.
Film inédito en Argentina (12’; 35mm).
La panadera de Monceau
(La Boulangère de Monceau; Francia, 1962)
Dirección: Eric Rohmer.
Con Barbet Shroeder, Fred Junk, Michèle Girardon.
La Panadera de Monceau cuenta la historia de un joven estudiante (interpretado por el productor y futuro realizador Barbet Schroeder) enamorado en secreto de una chica de su barrio. Cuando ésta desaparece, la busca durante días sin éxito. Una joven y atractiva dependienta de una panadería parece interesarse por él, por lo que el joven intenta seducirla para entretenerse. Cuando ella está a punto de ceder, reaparece la primera chica con el tobillo vendado. Primera historia de la serie de los Seis cuentos morales, concebidos como variaciones sobre un mismo tema: mientras el narrador busca a una mujer, encuentra a otra que acapara su atención, hasta el momento en que reencuentra a la primera.
“La panadera de Monceau y La carrera de Suzanne conforman un importante adelanto de la brillante y prolífica obra de Rohmer, que abarca seis décadas: por su registro meticuloso de las locaciones parisinas, sus técnicas semi-documentales y valores de producción económicos, sus relatos basados en juegos de amor, engaños e identidades equivocadas, su uso literario del diálogo y la narración en off. No casualmente, inauguran asimismo la primera de sus series de films, los Seis cuentos morales, variaciones cerebrales, aunque no exentas de humor, acerca del amor y el engaño, en las cuales una serie de narradores masculinos se enfrentan con el dilema ético de tener que elegir entre dos o más mujeres” (Ginette Vincendeau).
Film nunca estrenado en Argentina (23’; 35mm).
La carrera de Suzanne
(La Carrière de Suzanne; Francia, 1963)
Dirección: Eric Rohmer.
Con Philippe Beuzen, Jean-Claude Biette, Patrick Bauchau.
Bertrand, un joven reservado, se encuentra con su amigo, el carismático Guillaume. En una mesa cercana estudia Suzanne. Guillaume se pone a hablar con ella y la invita a una fiesta que ha organizado. Comienza a seducirla, como un juego, con éxito. Testigo cómplice de la aventura, Bertrand admira la soltura donjuanesca de su amigo, pero no soporta la actitud demasiado libre de Suzanne. Segundo en la serie de los Seis cuentos morales, La carrera de Suzanne es un evocativo retrato de las ingenuidades de la juventud y los complicados lazos de la amistad y el romance, apoyado en sus locaciones típicamente parisinas de los años 60.
“La carrera de Suzanne, relato en apariencia muy simple, se compone de hecho (como la mayoría de los films de Rohmer) de todo un juego de espejos y de contra-planos que circunscriben el espacio del deseo y su negación” (Pascal Bonitzer).
Film nunca estrenado en Argentina (52’; 35mm).
Nadja en París
(Nadja à Paris; Francia, 1964)
Dirección: Eric Rohmer.
Con Nadja Tesich.
Nadja, una joven estudiante nacida en Belgrado y de nacionalidad estadounidense, vive en la Ciudad Universitaria de París y prepara una tesis sobre Marcel Proust. Mientras camina por la ciudad, relata sus impresiones sobre los barrios que va recorriendo.
Film inédito en Argentina (13’; 35mm).
A las 14.30, 17, 19.30 y 22 horas (Duración total: 100’).
Miércoles 4: Mi noche con Maud
(Ma nuit chez Maud, Francia, 1969)
Dirección: Eric Rohmer.
Con Jean-Louis Trintignant, Françoise Fabian, Marie-Christine Barrault.
Después de pasar varios años en el extranjero, Jean-Louis, un ingeniero que vive desde entonces en Clermont-Ferrand, aspira a una vida de tranquilidad y estudio. En la iglesia a la que acude todos los domingos, observa a una joven rubia que le gusta y decide que será su mujer. En un restaurante de la ciudad, Jean-Louis se encuentra por casualidad con Vidal, un antiguo amigo que ahora es profesor de Filosofía en la facultad de Clermont-Ferrand. La noche de Navidad, éste le invita a casa de Maud. Médica y divorciada, la morena Maud, bella, fascinante y libre, no parece ser insensible al encanto de Jean-Louis. El tercero y más famoso de los Seis cuentos morales.
“Es un concepto erróneo, aunque muchas veces repetido, creer que el exceso de diálogo puede arruinar una película, lo cual está basado en otra concepción equivocada: aquélla que afirma que el diálogo es siempre un medio para la comunicación más directa. En el cine de Rohmer, la conversación nunca es solamente conversación y es siempre una forma de acción indirecta. Para Jean-Louis, el protagonista de Mi noche con Maud, la charla es o se transforma en una manera de posponer las cosas indefinidamente. Hay ciertas cuestiones que pueden ser comunicadas al espectador fácilmente a partir de la exposición narrativa. Otras no. El conocimiento de Rohmer acerca de esta crucial diferencia es una de las tantas cualidades que hacen de él un gran cineasta” (Kent Jones).
A las 14.30, 17, 19.30 y 22 horas (110’; 35mm).
Jueves 5: La rodilla de Clara
(Le Genou de Claire; Francia, 1970)
Dirección: Eric Rohmer.
Con Jean-Claude Brialy, Aurora Cornu, Béatrice Romand.
Quinto film de la serie Seis cuentos morales.
A unas semanas de su boda, Jérôme pasa unas vacaciones a orillas del lago de Annecy, donde debe encargarse de la venta de una mansión familiar. Se encuentra por casualidad con Aurora, una antigua amiga rumana que vive en casa de unos conocidos. La hija de la familia, Laura, una chica de quince años con carácter, parece ser sensible a su encanto. Aurora es novelista y decide que este idilio será el tema de su próximo libro. Pero la llegada de Claire, hermanastra mayor de Laura, le perturba. La atracción de Jérôme por Claire se convierte en obsesión.
“En el universo de Rohmer, las mujeres son instrumentos para el mejoramiento de los hombres, en el sentido de que ellas los sacuden con fuerza, hacen que enfrenten sus prejuicios. En algunos films, los hombres tienen el mismo efecto en las mujeres. La atracción hace que nos expandamos, que salgamos de nuestras zonas de confort y entremos en terrenos desconocidos, gracias a alguien que nos sorprende y nos fuerza a reajustar radicalmente nuestras categorías y criterios. (…) Ningún otro director ha encontrado tanto placer voyeurístico en la exposición de estas relaciones y sus consecuencias” (Molly Haskell).
A las 14.30, 17, 19.30 y 22 horas (105’; 35mm).
Viernes 6: La marquesa de O
(Die Marquise von O...; Alemania Occidental/Francia, 1976)
Dirección: Eric Rohmer.
Basado en la nouvelle de Heinrich von Kleist.
Con Edith Clever, Bruno Ganz, Edda Seippel.
Siglo XIX, Norte de Italia. La marquesa de O es una hermosa y joven viuda que vive con su padre, el Coronel, y su madre. Durante el asedio de su ciudad por parte de las tropas rusas, la Marquesa sufre un intento de violación, pero se salva por la intervención de un apuesto caballero ruso, el Conde. Meses después, Julieta inexplicablemente está embarazada. Incapaces de aceptar esta vergüenza, su familia la echa de casa. Sin recordar contacto alguno con ningún hombre y convencida de su inocencia, Julieta deberá descubrir quién es el padre de su hijo. “Uno de los films más hermosos de Rohmer” (Jacques Rivette).
A las 14.30, 17, 19.30 y 22 horas (102’; 35mm.)
Sábado 7
y domingo 8: La hermosa boda
(Le Beau mariage; Francia, 1982)
Dirección: Eric Rohmer.
Con Béatrice Romand, André Dussollier, Arielle Dombasle.
Segundo film de la serie Comedias y proverbios.
Sabine, estudiante de Historia del Arte, no quiere seguir siendo la amante de Simon, pintor y buen padre de familia. Está harta y decide casarse con otro, pero no sabe con quién: se trata ante todo de casarse bien. Con esta disposición, conoce a Edmond, un hombre apuesto, joven y libre. Y Sabine proclama a la ligera que se va a casar con él.
“Al decir Me quiero casar, Sabine marca un punto en la guerra de los sexos, porque con esa enunciación manda a su amante de vuelta con su esposa y ella misma parte, como un Don Quijote, a la conquista del hombre ideal que Simon ya no puede ser” (Pascal Bonitzer).
Film nunca estrenado comercialmente en Argentina.
A las 14.30 y 19.30 horas (97’; 35mm).
El amigo de mi amiga
(L’ Ami de mon amie; Francia, 1987)
Dirección: Eric Rohmer.
Con Emmanuelle Chaulet, Sophie Renoir, Anne-Laurze Meurry.
Blanche es una chica tímida y callada. Léa es extrovertida e impulsiva. Un día se conocen y se hacen amigas. Blanche no tiene novio, a diferencia de Léa. Fabien, un joven atractivo y deportista es su novio. A Léa no le gusta el deporte. A Blanche sí. Léa es amiga de Alexandre, un hombre guapo y apuesto, con un buen trabajo y más experiencia de vida que Fabien. A Blanche le gusta Alexandre. A Léa también. Con encuentros fortuitos, actividades conjuntas, cafés, cenas, fiestas y vacaciones, estos personajes y sus dilemas se encuentran en la última de las seis entregas de las Comedias y proverbios de Rohmer.
“La diferencia entre los Cuentos morales y las Comedias y proverbios está en que los primeros terminan generalmente con un regreso a la razón, mientras que los segundos suelen dejar a sus héroes a la deriva, entre dos hombres, dos mujeres o dos casas” (Pascal Bonitzer).
Film nunca estrenado comercialmente en Argentina.
A las 17 y 22 horas (102’; 35mm).
Lunes 9: No hay función
Martes 10: Eric Rohmer, con pruebas en la mano
(Eric Rohmer, Preuves a l’appui; Francia, 1994)
Dirección: André S. Labarthe.
En esta entrevista articulada en dos partes, Eric Rohmer desarrolla concretamente algunos de los fundamentos de su ética y de su práctica del cine. Rodeado de muestras valiosas -cuadernos de notas, videos o pruebas filmadas-, contesta las preguntas de Jean Douchet, entrevistador erudito y ameno. Subraya el papel de la filosofía y de la música alemanas en su cine y en el de sus cómplices de la nouvelle vague. Al evocar el azar, tema esencial de sus películas, expone sus principios y regala una sabrosa lección de cine, teórica y práctica, sobre sus métodos de escritura, su manera de trabajar el sonido, los actores.
Film inédito en Argentina.
A las 14.30, 18 y 21 horas (120'; dvd).
Miércoles 11: La fábrica de Cuento de verano
(La Fabrique du Conte d’eté; Francia, 2005)
Dirección: Jean-André Fieschi y Françoise Etchegarray.
La fábrica de Cuento de verano es un viaje por la película de Eric Rohmer, Cuento de verano. Françoise Etchegarray, asistente durante el rodaje de la película, filma al gran cineasta, un joven rozagante de 80 años con sombrero de paja, en las playas de Dinard y Saint Lunaire, entre veraneantes que no le prestan atención. No hay poses, sino un hombre que no alza la voz, indeciso a veces, y que de repente muestra una determinación fulgurante.
Film inédito en Argentina.
A las 14.30, 17, 19.30 y 22 horas (90’; dvd).
Jueves 12 : Pauline en la playa
(Pauline à la plage; Francia, 1983)
Dirección: Eric Rohmer.
Con Amanda Langlet, Arielle Dombasle, Pascal Greggory.
Tercer film de la serie Comedias y proverbios.
Pauline es una joven adolescente de 15 años que, junto a su prima Marion, pasan un verano en la costa atlántica francesa. Marion se encuentra con un antiguo amigo, Pierre, quien mantiene una profunda atracción por ella. Sin embargo Marion prefiere al aventurero Henri, aunque sabe que su relación será corta. Mientras, Pauline tiene un romance con un chico, Sylvain.
“Si, como dice el proverbio, los personajes de una historia siempre tienen los ojos vendados, aquí parece que si hay algo frente a lo cual son ciegos es en definitiva a la competencia en la que se han embarcado” (Pascal Bonitzer).
Film nunca estrenado en Argentina.
A las 14.30, 17, 19.30 y 22 horas (95’; 35mm).
Informamos que las localidades para la Sala Leopoldo Lugones podrán adquirirse personalmente con seis días de anticipación (incluyendo el día de la función) en las boleterías del Teatro San Martín.
Precio de las localidades en la Sala Leopoldo Lugones $ 8.- Estudiantes y jubilados $ 5.- (Los interesados deberán tramitar su credencial de descuento en el 4° piso del Teatro San Martín, de lunes a viernes de 10 a 16 horas.)
Costa rica!
Mi amiga x huyó de esa gente buena pero pobre que encontró en NIcaragua y parece que está en un lugar con mas acción, pero por ahora manda paisajes bucólicos
Mi amiga x huyó de esa gente buena pero pobre que encontró en NIcaragua y parece que está en un lugar con mas acción, pero por ahora manda paisajes bucólicos
30 de enero de 2009
LOS TRABAJADORES DE PRENSA DE DIARIO POPULAR DENUNCIAMOS:
LA MUERTE DE NUESTRA COMPAÑERA LULI MORENA NO DEBE QUEDAR IMPUNE
LA OBRA SOCIAL (OSTPBA), Y POR CONSIGUIENTE SUS AUTORIDADES - YA QUE ELLOS CONTRATAN LOS PRESTADORES-, EL CENTRO DE ATENCIÒN MEDICA (SANATORIO GUEMES) Y LOS PROFESIONALES QUE HAN INTERVENIDO EN ESTE HECHO, DEBEN ASUMIR LA RESPONSABILIDAD QUE LES CABE EN LA MUERTE DE ESTA JOVEN TRABAJADORA DEL GREMIO.
EN PRENSA, EN GENERAL, Y EN DIARIO POPULAR EN PARTICULAR, NO ES LA PRIMERA MUERTE QUE SUFRIMOS DE UN COMPAÑERO POR ESTAS MISMAS CIRCUNSTANCIAS, ALEJANDRO QUINTANA FUE OTRA VICTIMA. QUE COMO LULI PAGÒ CON SU VIDA ESTA DESATENCION DE LA OBRA SOCIAL Y SUS "PRESTADORES DE SALUD".
NO PODEMOS PERMITIR QUE LA SITUACIÒN DE VACIAMIENTO DE NUESTRA OBRA SOCIAL –PARA CUAL NOS DESCUENTAN EL 3% MENSUAL, Y AL QUE DEBEMOS SUMAR LOS FAMOSOS "COSEGUROS"-Y LA DESTRUCCION DE LA CONTENCION DE SALUD DE SUS AFILIADOS SE PAGUE CON LA VIDA DE UNA JOVEN MAMA QUE MURIO AL IR A PARIR A SU TERCER HIJO.
La pérdida de nuestra compañera Luli Morena es y será irreparable. No sólo una familia quedó destruida, como sucede cada vez que se pierde a un ser querido, sino que a esta tragedia se le suma la frustración e impotencia de pensar (o saber) que podría haber sido evitada.
Decimos que podría haber sido evitada porque Luli Morena llevó, hasta que se lo permitieron, el control de su embarazo con el mismo médico que la atendió en sus dos partos anteriores. Con su embarazo ya avanzado, se enteró de que la obra social de prensa OSTPBA, dejó de abonarle al Centro Gallego (donde era atendida por su profesional de confianza) de modo que Luli debió recurrir al único lugar con disponibilidad, según le informaron en la obra social: el sanatorio Güemes.
Así sucedieron los hechos: Luego de muchas idas y vueltas Luli acordó con su obstetra una cesárea programada para el día 23 de enero, a las 9, porque le habían indicado que por el tamaño del bebé debían hacer la intervención. Esta idea la sostuvo ya que había realizado una interconsulta con otra médica. Cuando llegó al Sanatorio Güemes, donde finalmente perdió la vida, el médico que la recibió decidió que estaba en condiciones de tener a su bebé por parto natural. Emma nació alrededor de las 17, luego de unas cuantas horas de trabajo de parto, un rato después falleció Luli, por el "descuido" de los "profesionales" que la atendieron?
La familia, que el miércoles 28 de enero participò de la asamblea que realizamos en el diario, ademàs de aportar datos de esta muerte evitable, mostró su intención de llevar a cabo la denuncia en la comisaría correspondiente e iniciar una demanda por "mala praxis" contra este lugar, el médico, y la obra social, que debía velar por su salud.
Nosotros, sus compañeros y compañeras, creemos que tenemos el deber de acompañar la acción de la familia para que expliquen los involucrados, cómo una mujer de menos de 35 años, con tres hijos, sin ningún problema de salud y controlada durante todo el embarazo puede morir, en 2009, por sólo parir a su hija.
No podemos dejar que la muerte de un ser humano nos pase de largo. Hagamos lo que debemos. Como dijimos, la pérdida es irreparable, pero actuemos porque sì existen responsables en la muerte de Luli, y no podemos quedarnos de brazos cruzados.
Luli dejó tres hijos, un marido, una hermana, una madre, amigos a granel y compañeros que a pesar de su insistencia por pasar desapercibida en la redacción, la conocimos y pudimos ver su belleza. Entre otras cosas, Luli también era SamanthA.
SamanthA era antipoetisa, periodista de espectáculos, relataba las vidas tristes de las vedettes glamorosas en un diario argento muy popular. Publicó dos libros con varias ediciones; colaboraba en Poesía Urbana y recitaba sus antipoesías en sitios como: Kasa las estrellas, La Sala, El surco, la FLA, Sexto Cultural, Asamblea de Flores, Feria del libro independiente, esas cosas la hacían vibrar...
ASAMBLEA DE TRABAJADORES DE PRENSA
DIARIO POPULAR
ENERO 2009
LA MUERTE DE NUESTRA COMPAÑERA LULI MORENA NO DEBE QUEDAR IMPUNE
LA OBRA SOCIAL (OSTPBA), Y POR CONSIGUIENTE SUS AUTORIDADES - YA QUE ELLOS CONTRATAN LOS PRESTADORES-, EL CENTRO DE ATENCIÒN MEDICA (SANATORIO GUEMES) Y LOS PROFESIONALES QUE HAN INTERVENIDO EN ESTE HECHO, DEBEN ASUMIR LA RESPONSABILIDAD QUE LES CABE EN LA MUERTE DE ESTA JOVEN TRABAJADORA DEL GREMIO.
EN PRENSA, EN GENERAL, Y EN DIARIO POPULAR EN PARTICULAR, NO ES LA PRIMERA MUERTE QUE SUFRIMOS DE UN COMPAÑERO POR ESTAS MISMAS CIRCUNSTANCIAS, ALEJANDRO QUINTANA FUE OTRA VICTIMA. QUE COMO LULI PAGÒ CON SU VIDA ESTA DESATENCION DE LA OBRA SOCIAL Y SUS "PRESTADORES DE SALUD".
NO PODEMOS PERMITIR QUE LA SITUACIÒN DE VACIAMIENTO DE NUESTRA OBRA SOCIAL –PARA CUAL NOS DESCUENTAN EL 3% MENSUAL, Y AL QUE DEBEMOS SUMAR LOS FAMOSOS "COSEGUROS"-Y LA DESTRUCCION DE LA CONTENCION DE SALUD DE SUS AFILIADOS SE PAGUE CON LA VIDA DE UNA JOVEN MAMA QUE MURIO AL IR A PARIR A SU TERCER HIJO.
La pérdida de nuestra compañera Luli Morena es y será irreparable. No sólo una familia quedó destruida, como sucede cada vez que se pierde a un ser querido, sino que a esta tragedia se le suma la frustración e impotencia de pensar (o saber) que podría haber sido evitada.
Decimos que podría haber sido evitada porque Luli Morena llevó, hasta que se lo permitieron, el control de su embarazo con el mismo médico que la atendió en sus dos partos anteriores. Con su embarazo ya avanzado, se enteró de que la obra social de prensa OSTPBA, dejó de abonarle al Centro Gallego (donde era atendida por su profesional de confianza) de modo que Luli debió recurrir al único lugar con disponibilidad, según le informaron en la obra social: el sanatorio Güemes.
Así sucedieron los hechos: Luego de muchas idas y vueltas Luli acordó con su obstetra una cesárea programada para el día 23 de enero, a las 9, porque le habían indicado que por el tamaño del bebé debían hacer la intervención. Esta idea la sostuvo ya que había realizado una interconsulta con otra médica. Cuando llegó al Sanatorio Güemes, donde finalmente perdió la vida, el médico que la recibió decidió que estaba en condiciones de tener a su bebé por parto natural. Emma nació alrededor de las 17, luego de unas cuantas horas de trabajo de parto, un rato después falleció Luli, por el "descuido" de los "profesionales" que la atendieron?
La familia, que el miércoles 28 de enero participò de la asamblea que realizamos en el diario, ademàs de aportar datos de esta muerte evitable, mostró su intención de llevar a cabo la denuncia en la comisaría correspondiente e iniciar una demanda por "mala praxis" contra este lugar, el médico, y la obra social, que debía velar por su salud.
Nosotros, sus compañeros y compañeras, creemos que tenemos el deber de acompañar la acción de la familia para que expliquen los involucrados, cómo una mujer de menos de 35 años, con tres hijos, sin ningún problema de salud y controlada durante todo el embarazo puede morir, en 2009, por sólo parir a su hija.
No podemos dejar que la muerte de un ser humano nos pase de largo. Hagamos lo que debemos. Como dijimos, la pérdida es irreparable, pero actuemos porque sì existen responsables en la muerte de Luli, y no podemos quedarnos de brazos cruzados.
Luli dejó tres hijos, un marido, una hermana, una madre, amigos a granel y compañeros que a pesar de su insistencia por pasar desapercibida en la redacción, la conocimos y pudimos ver su belleza. Entre otras cosas, Luli también era SamanthA.
SamanthA era antipoetisa, periodista de espectáculos, relataba las vidas tristes de las vedettes glamorosas en un diario argento muy popular. Publicó dos libros con varias ediciones; colaboraba en Poesía Urbana y recitaba sus antipoesías en sitios como: Kasa las estrellas, La Sala, El surco, la FLA, Sexto Cultural, Asamblea de Flores, Feria del libro independiente, esas cosas la hacían vibrar...
ASAMBLEA DE TRABAJADORES DE PRENSA
DIARIO POPULAR
ENERO 2009
El error de hacer reir
Para reconstruir la historia de Laurel y Hardy hay que contar un tiempo de miseria, ansiedad, fulgor, decadencia y olvido. Es necesario sentir vergüenza y rencor, soslayar la tentación de la pena –ese sentimiento infame–, para recordar las frustraciones de dos hombres vulgares pero estupendos.
Hace cuarenta y cinco años, en un modesto estudio de Hollywood, el productor Hal Roach integró la pareja que revolucionaría la técnica de la comicidad.
Stan Laurel estaba buscando una oportunidad para dirigir una película y Roach se la otorgó. El actor principal sería un obeso comediante de segundo orden, un payaso al que no se concedía demasiado crédito.
En un momento de la filmación, Oliver Hardy, que personificaba a un repostero, cometió una de sus torpezas habituales y se volcó una olla con aceite hirviendo sobre un brazo. Stan corrió en su ayuda: juntos armaron un alboroto que fascinó a Roach. Enseguida supo que estaba ante el comienzo de un gran negocio.
En enero de 1892 nacieron dos de los protagonistas de esta historia. El 18, en Atlanta, Georgia, Oliver Norvelle Hardy, hijo de un prominente político local. Cuatro días antes, en Elmira, Nueva York, había nacido Hal Eugene Roach. Se encontraron muchos años después pero al parecer tenían demasiadas cosas en común. Charley Rogers, un director que trabajó con ellos en varias películas, dijo: “Babe (Hardy) y Hal eran enteramente semejantes. Stan, en cambio, no se les parecía en nada, pero entre los tres formaban una curiosa amalgama que era como una moneda de oro puro”.
Hardy se recibió de abogado y puso una fiambrería con el dinero que su padre le dio para el bufete. Intolerante, el político lo echó de la casa y Ollie pensó entonces que podía vagar de ciudad en ciudad cantando en cualquier parte. Tenía voz de tenor y quería ser comediante, jugador de fútbol, cantor, golfista, algo que le permitiera vivir en plenitud lejos de la severa mirada de su padre.
En 1913 consiguió un puesto en el cine, más por causa de su físico que por sus cualidades. Parecía un bebé malcriado: su cara era sonrosada, su mirada huidiza, su barriga descomunal. Trabajó en los estudios de Lubin, uno de los fundadores del cine norteamericano, en Florida, pero pronto se cansó de los compromisos y decidió viajar. Se sabe que estuvo en Australia, pero ninguno de los historiadores del cine podría asegurar qué hizo por allí.
Tampoco se sabe a ciencia cierta qué buscaba en Buenos Aires, hacia 1914, cuando trabajó unos meses en el Pabellón de las Rosas, en Palermo, junto a Juan Maglio, Pacho, el bandoneonista. Cuando un argentino se lo preguntó, mucho tiempo después, Hardy bromeó: “Yo pesaba más de trescientas libras y como el tranvía me dejaba a ocho cuadras del lugar no me sentí capaz de continuar trabajando allí”.
Más difícil es hallar algún indicio que recuerde el paso por el teatro Casino, en 1915, de un flaco desgarbado que actuaba como payaso en la troupe de Flynn. Era Stan Laurel y las revistas de la época, aunque comentaron la actuación del grupo, no dedicaron ni una línea al desconocido cómico.
Stan había llegado a Estados Unidos el 2 de octubre de 1912 como integrante de la troupe inglesa de Fred Karno, que iniciaba su segunda gira por ese país.
Con Stan viajó Charles Chaplin, el astro del conjunto. Ambos pensaban quedarse en Norteamérica para buscar trabajo en el cine. Hasta entonces, Laurel era el suplente de Chaplin.
Charlie consiguió su primer trabajo en seis meses. Laurel tardó cinco años en ingresar en el cine. En el ínterin se ganó la vida en circos y cabarets. Sus primeras películas no tuvieron éxito comercial, pero se lo respetaba como un comediante inteligente, sagaz.
Stan Laurel desplegaba todas las mañanas los diarios para saborear la fama de aquel hombrecillo talentoso que había llegado con él en un barco de ganado. Chaplin era reconocido ya como uno de los más geniales comediantes que habían llegado al cine.
Stan intentó saludarlo varias veces, pero Charlie no lo atendió nunca. “Estaba muy ocupado”, suponía Laurel.
Los últimos días de 1926, Stan se emocionó al saber que iba a dirigir una película. Ese gordo a quien tenía que señalar los pasos de su primera comedia tenía pasta. Era algo despreocupado, torpe y displicente, pero servía. Cuando Stan vio que volcaba el aceite, creyó morir. De pronto, todo iba a parar al demonio. Entonces corrió a ayudarlo.
De aquella idea de Roach surgió Slipping Wives, un éxito con pocos precedentes. El público se dislocó de risa ante la asombrosa plasticidad de esos hombres que destruían todo a su paso. El cataclismo se convertía de pronto en poesía, como si las leyes del mundo se alteraran de pronto y la destrucción del orden fuera, por fin, bienvenida.
Alerta, la Metro Goldwin Mayer contrató al equipo capitaneado por Roach y la serie de filmes de Laurel y Hardy creció hasta ganar todos los mercados. Parecían tan sólo dos buenos payasos hasta que en 1929 filmaron Big Business, tal vez la película más cómica de la historia del cine (en la Argentina se la conoce como Ojo por ojo).
En adelante, Laurel y Hardy trabajaron en los estudios buscando la perfección. Cada una de sus películas tenía el simple objetivo de hacer reír con un método inédito en Estados Unidos: la destrucción de la propiedad y la burla a la autoridad, los valores más preciados por los norteamericanos de entonces.
Stan era el cerebro de la pareja. Ollie –ya sus amigos preferían llamarlo Babe– se despreocupó de la técnica y del trabajo silencioso. Prefirió jugar al golf y perseguir mujeres, mientras su compañero pasaba horas frente a las moviolas perfeccionando cada detalle.
Nadie, hasta entonces, había dedicado tanto tiempo a la construcción de un gag. Laurel quería que cada situación pudiera desprenderse del contexto del guión como una obra en sí misma. Así, sus películas parecían endemoniadas cajas chinas en las que cada vista era independiente del resto, pero a la vez le daba sentido. Stan Laurel inventó el gag. Le concedió un crescendo, un clímax y una deliciosa caída. Cada gag del Gordo y el Flaco semeja un espléndido orgasmo con toda su furia, su desesperación y su necesario alivio. Como incansables amantes, el Gordo y el Flaco provocaban una y otra vez ese clímax.
Hardy dijo una vez que ellos no necesitaban planes previos; bastaban las instrucciones de Stan para iniciar una toma exitosa. Ocurría que esas instrucciones eran el producto de un paciente estudio. “A veces bastaba un perro para iniciar una toma –contó Ollie–, y llevarla adelante. Stan hacía algo y yo lo seguía y daba pie para que él hiciera otra cosa y yo otra y después Stan hacía el montaje y todo era perfecto.”
Cada vez que terminaban una escena, a su alrededor flotaba el desastre. Casas y autos eran destruidos, los policías violados, los matrimonios traicionados. ¿Y el american way of life? Tal vez Stan no haya querido provocar esos cataclismos en la sociedad, pero todas las películas que creó los contenían como si la anarquía fuera su manera de expresar una sociedad despiadada.
Cuando la demanda del mercado y sus contratos con la Metro los obligaron a filmar largometrajes, comenzó la decadencia de Laurel y Hardy. Pero no sólo la obligación de dosificar los gags en una hora y media de celuloide los llevó al fracaso. El paso de comedia amable, picaresca, no era el fuerte de Stan. El creciente éxito de los hermanos Marx terminó por apabullarlos. Al comenzar la guerra, Laurel y Hardy estaban terminados.
Stan se recluyó. Hardy marchó al frente. Como un Mambrú insólito, se unió a las tropas que asaltaron el peñón de Gibraltar. Empezó como oficial, terminó como oficinista.
Cuando Ollie retornó a Estados Unidos, se reunió con Stan y firmaron un contrato para rodar algunas películas. Fueron, sin excepción, absolutos fracasos. Toda la grandeza de la pareja había quedado atrás. El desconcierto ante una realidad que los alejaba de su propia historia desencadenó la tragedia. Ningún productor quería ya a esos viejos comediantes vacíos.
La decadencia del Gordo y el Flaco se acentuaba a medida que los historiadores iniciaban el descubrimiento de su genio pasado. Laurel y Hardy eran tan sólo espectros de una época esplendorosa. Sin un dólar en sus bolsillos (nunca reservaron derechos sobre sus filmes), comenzaron a vagar otra vez por los teatros del interior. Quienes los vieron en los escenarios recuerdan sus gags como burdas parodias, como parábolas perfectas de un círculo que se cierra. Hacia 1949 hicieron su primera gira por Europa y trabajaron en París, donde el público los adoraba. Por fin, filmaron Atoll K, una experiencia horrible. “Cada vez que caían al suelo parecía que no podrían levantarse jamás. Se imitaban a sí mismos, pero con un infinito cansancio”, escribió un crítico francés.
A su regreso a Estados Unidos, la pareja no tenía otra posibilidad que la vuelta al vodevil.
El hijo de Hal Roach –también productor–, en un intento por recuperar la grandeza de la pareja creada por su padre, les ofreció filmar una serie para la televisión. Parecía, por fin, que la vida les daba otra chance. Entonces Stan, que era diabético, sufrió un ataque y estuvo al borde de la muerte. El plan se frustró y tuvieron que vivir, junto a sus mujeres, en pensiones de segundo orden.
Desesperado, Ollie recordó que John Wayne había sido uno de sus amigos. “El nos ayudará”, le dijo a Stan. “Nadie te ayudará ahora”, le contestó el Flaco.
Ollie concertó una cita con la secretaria de Wayne, uno de los más influyentes hombres de Hollywood, y una tarde se fue a verlo a su residencia. Ese día recibió la que tal vez sería su última humillación: el cowboy le dio un papel en una película del Oeste como actor de reparto.
Ese acto de villanía, ese gesto de despreciable beneficencia ensayado por Wayne, hizo exclamar a Buster Keaton (quien también estaba casi en la miseria): “Ellos cometieron el error de hacer reír a un país violento y sin alma, que íntimamente los amaba pero terminó despreciándolos”. John Wayne fue tan sólo el ejecutor de esa reacción.
En 1953, Laurel y Hardy emprendieron viaje a Gran Bretaña, en un intento por olvidar sus penurias. Darían algunas funciones en teatros rurales y el Flaco volvería a ver a su padre, un viejo comediante del teatro de Lancashire. Un periodista inglés, que entrevistó a Laurel, escribió que aquellos hombres eran los espectros de una historia que podía volver a verse cada día en un cine cualquiera del mundo.
Se sabe que Stan vio a su padre. Los viejos actores cenaron juntos y no hablaron. Un apretón de manos fue la despedida: Stan partía otra vez hacia Estados Unidos, pero ya no buscaba nada.
Un año más tarde, Ollie tuvo un par de ataques al corazón y quedó semiparalítico. Su mujer lo internó en un hospital de Burbank y allí se quedó en un sillón de ruedas, empujando su cuerpo que había perdido sesenta kilos, hasta su muerte, el 7 de agosto de 1957.
Stan, que sufría otro ataque, no pudo ir al entierro. “Tuve suerte –diría más tarde–, porque Ollie murió en la miseria más absoluta. Yo aún puedo pagar mi habitación.” En esa pieza de una pensión cercana a Los Angeles pasó sus últimos años, recibiendo apenas la visita de sus tres alumnos, Dick van Dyke, Jerry Lewis y a veces, Danny Kaye. “Dick es el más talentoso –escribió–, me gustaría que si alguien se interesa alguna vez por filmar mi vida, sea él quien lo haga.”
El 23 de febrero de 1965, cuando Stan murió, Van Dyke leyó la oración fúnebre en el cementerio de Forest Lawn. “Stan nunca fue aplaudido por su arte porque él se cuidó muy bien de esconderlo. El sólo quería que la gente riera”, dijo el actor.
Más de trescientas películas han quedado archivadas en las cinematecas de todo el mundo. La Metro produjo siete antologías de sus obras. Blake Edwards, Pierre Etaix, Jean-Luc Godard, han intentado a partir de la técnica del gag de Laurel y Hardy abrir nuevos caminos para la comicidad. No lo han conseguido. Tal vez la decadencia de Stan y Ollie, su tragedia, hayan señalado el fin de una época en el cine norteamericano: la de los antihéroes absurdos.
Osvaldo Soriano
Para reconstruir la historia de Laurel y Hardy hay que contar un tiempo de miseria, ansiedad, fulgor, decadencia y olvido. Es necesario sentir vergüenza y rencor, soslayar la tentación de la pena –ese sentimiento infame–, para recordar las frustraciones de dos hombres vulgares pero estupendos.
Hace cuarenta y cinco años, en un modesto estudio de Hollywood, el productor Hal Roach integró la pareja que revolucionaría la técnica de la comicidad.
Stan Laurel estaba buscando una oportunidad para dirigir una película y Roach se la otorgó. El actor principal sería un obeso comediante de segundo orden, un payaso al que no se concedía demasiado crédito.
En un momento de la filmación, Oliver Hardy, que personificaba a un repostero, cometió una de sus torpezas habituales y se volcó una olla con aceite hirviendo sobre un brazo. Stan corrió en su ayuda: juntos armaron un alboroto que fascinó a Roach. Enseguida supo que estaba ante el comienzo de un gran negocio.
En enero de 1892 nacieron dos de los protagonistas de esta historia. El 18, en Atlanta, Georgia, Oliver Norvelle Hardy, hijo de un prominente político local. Cuatro días antes, en Elmira, Nueva York, había nacido Hal Eugene Roach. Se encontraron muchos años después pero al parecer tenían demasiadas cosas en común. Charley Rogers, un director que trabajó con ellos en varias películas, dijo: “Babe (Hardy) y Hal eran enteramente semejantes. Stan, en cambio, no se les parecía en nada, pero entre los tres formaban una curiosa amalgama que era como una moneda de oro puro”.
Hardy se recibió de abogado y puso una fiambrería con el dinero que su padre le dio para el bufete. Intolerante, el político lo echó de la casa y Ollie pensó entonces que podía vagar de ciudad en ciudad cantando en cualquier parte. Tenía voz de tenor y quería ser comediante, jugador de fútbol, cantor, golfista, algo que le permitiera vivir en plenitud lejos de la severa mirada de su padre.
En 1913 consiguió un puesto en el cine, más por causa de su físico que por sus cualidades. Parecía un bebé malcriado: su cara era sonrosada, su mirada huidiza, su barriga descomunal. Trabajó en los estudios de Lubin, uno de los fundadores del cine norteamericano, en Florida, pero pronto se cansó de los compromisos y decidió viajar. Se sabe que estuvo en Australia, pero ninguno de los historiadores del cine podría asegurar qué hizo por allí.
Tampoco se sabe a ciencia cierta qué buscaba en Buenos Aires, hacia 1914, cuando trabajó unos meses en el Pabellón de las Rosas, en Palermo, junto a Juan Maglio, Pacho, el bandoneonista. Cuando un argentino se lo preguntó, mucho tiempo después, Hardy bromeó: “Yo pesaba más de trescientas libras y como el tranvía me dejaba a ocho cuadras del lugar no me sentí capaz de continuar trabajando allí”.
Más difícil es hallar algún indicio que recuerde el paso por el teatro Casino, en 1915, de un flaco desgarbado que actuaba como payaso en la troupe de Flynn. Era Stan Laurel y las revistas de la época, aunque comentaron la actuación del grupo, no dedicaron ni una línea al desconocido cómico.
Stan había llegado a Estados Unidos el 2 de octubre de 1912 como integrante de la troupe inglesa de Fred Karno, que iniciaba su segunda gira por ese país.
Con Stan viajó Charles Chaplin, el astro del conjunto. Ambos pensaban quedarse en Norteamérica para buscar trabajo en el cine. Hasta entonces, Laurel era el suplente de Chaplin.
Charlie consiguió su primer trabajo en seis meses. Laurel tardó cinco años en ingresar en el cine. En el ínterin se ganó la vida en circos y cabarets. Sus primeras películas no tuvieron éxito comercial, pero se lo respetaba como un comediante inteligente, sagaz.
Stan Laurel desplegaba todas las mañanas los diarios para saborear la fama de aquel hombrecillo talentoso que había llegado con él en un barco de ganado. Chaplin era reconocido ya como uno de los más geniales comediantes que habían llegado al cine.
Stan intentó saludarlo varias veces, pero Charlie no lo atendió nunca. “Estaba muy ocupado”, suponía Laurel.
Los últimos días de 1926, Stan se emocionó al saber que iba a dirigir una película. Ese gordo a quien tenía que señalar los pasos de su primera comedia tenía pasta. Era algo despreocupado, torpe y displicente, pero servía. Cuando Stan vio que volcaba el aceite, creyó morir. De pronto, todo iba a parar al demonio. Entonces corrió a ayudarlo.
De aquella idea de Roach surgió Slipping Wives, un éxito con pocos precedentes. El público se dislocó de risa ante la asombrosa plasticidad de esos hombres que destruían todo a su paso. El cataclismo se convertía de pronto en poesía, como si las leyes del mundo se alteraran de pronto y la destrucción del orden fuera, por fin, bienvenida.
Alerta, la Metro Goldwin Mayer contrató al equipo capitaneado por Roach y la serie de filmes de Laurel y Hardy creció hasta ganar todos los mercados. Parecían tan sólo dos buenos payasos hasta que en 1929 filmaron Big Business, tal vez la película más cómica de la historia del cine (en la Argentina se la conoce como Ojo por ojo).
En adelante, Laurel y Hardy trabajaron en los estudios buscando la perfección. Cada una de sus películas tenía el simple objetivo de hacer reír con un método inédito en Estados Unidos: la destrucción de la propiedad y la burla a la autoridad, los valores más preciados por los norteamericanos de entonces.
Stan era el cerebro de la pareja. Ollie –ya sus amigos preferían llamarlo Babe– se despreocupó de la técnica y del trabajo silencioso. Prefirió jugar al golf y perseguir mujeres, mientras su compañero pasaba horas frente a las moviolas perfeccionando cada detalle.
Nadie, hasta entonces, había dedicado tanto tiempo a la construcción de un gag. Laurel quería que cada situación pudiera desprenderse del contexto del guión como una obra en sí misma. Así, sus películas parecían endemoniadas cajas chinas en las que cada vista era independiente del resto, pero a la vez le daba sentido. Stan Laurel inventó el gag. Le concedió un crescendo, un clímax y una deliciosa caída. Cada gag del Gordo y el Flaco semeja un espléndido orgasmo con toda su furia, su desesperación y su necesario alivio. Como incansables amantes, el Gordo y el Flaco provocaban una y otra vez ese clímax.
Hardy dijo una vez que ellos no necesitaban planes previos; bastaban las instrucciones de Stan para iniciar una toma exitosa. Ocurría que esas instrucciones eran el producto de un paciente estudio. “A veces bastaba un perro para iniciar una toma –contó Ollie–, y llevarla adelante. Stan hacía algo y yo lo seguía y daba pie para que él hiciera otra cosa y yo otra y después Stan hacía el montaje y todo era perfecto.”
Cada vez que terminaban una escena, a su alrededor flotaba el desastre. Casas y autos eran destruidos, los policías violados, los matrimonios traicionados. ¿Y el american way of life? Tal vez Stan no haya querido provocar esos cataclismos en la sociedad, pero todas las películas que creó los contenían como si la anarquía fuera su manera de expresar una sociedad despiadada.
Cuando la demanda del mercado y sus contratos con la Metro los obligaron a filmar largometrajes, comenzó la decadencia de Laurel y Hardy. Pero no sólo la obligación de dosificar los gags en una hora y media de celuloide los llevó al fracaso. El paso de comedia amable, picaresca, no era el fuerte de Stan. El creciente éxito de los hermanos Marx terminó por apabullarlos. Al comenzar la guerra, Laurel y Hardy estaban terminados.
Stan se recluyó. Hardy marchó al frente. Como un Mambrú insólito, se unió a las tropas que asaltaron el peñón de Gibraltar. Empezó como oficial, terminó como oficinista.
Cuando Ollie retornó a Estados Unidos, se reunió con Stan y firmaron un contrato para rodar algunas películas. Fueron, sin excepción, absolutos fracasos. Toda la grandeza de la pareja había quedado atrás. El desconcierto ante una realidad que los alejaba de su propia historia desencadenó la tragedia. Ningún productor quería ya a esos viejos comediantes vacíos.
La decadencia del Gordo y el Flaco se acentuaba a medida que los historiadores iniciaban el descubrimiento de su genio pasado. Laurel y Hardy eran tan sólo espectros de una época esplendorosa. Sin un dólar en sus bolsillos (nunca reservaron derechos sobre sus filmes), comenzaron a vagar otra vez por los teatros del interior. Quienes los vieron en los escenarios recuerdan sus gags como burdas parodias, como parábolas perfectas de un círculo que se cierra. Hacia 1949 hicieron su primera gira por Europa y trabajaron en París, donde el público los adoraba. Por fin, filmaron Atoll K, una experiencia horrible. “Cada vez que caían al suelo parecía que no podrían levantarse jamás. Se imitaban a sí mismos, pero con un infinito cansancio”, escribió un crítico francés.
A su regreso a Estados Unidos, la pareja no tenía otra posibilidad que la vuelta al vodevil.
El hijo de Hal Roach –también productor–, en un intento por recuperar la grandeza de la pareja creada por su padre, les ofreció filmar una serie para la televisión. Parecía, por fin, que la vida les daba otra chance. Entonces Stan, que era diabético, sufrió un ataque y estuvo al borde de la muerte. El plan se frustró y tuvieron que vivir, junto a sus mujeres, en pensiones de segundo orden.
Desesperado, Ollie recordó que John Wayne había sido uno de sus amigos. “El nos ayudará”, le dijo a Stan. “Nadie te ayudará ahora”, le contestó el Flaco.
Ollie concertó una cita con la secretaria de Wayne, uno de los más influyentes hombres de Hollywood, y una tarde se fue a verlo a su residencia. Ese día recibió la que tal vez sería su última humillación: el cowboy le dio un papel en una película del Oeste como actor de reparto.
Ese acto de villanía, ese gesto de despreciable beneficencia ensayado por Wayne, hizo exclamar a Buster Keaton (quien también estaba casi en la miseria): “Ellos cometieron el error de hacer reír a un país violento y sin alma, que íntimamente los amaba pero terminó despreciándolos”. John Wayne fue tan sólo el ejecutor de esa reacción.
En 1953, Laurel y Hardy emprendieron viaje a Gran Bretaña, en un intento por olvidar sus penurias. Darían algunas funciones en teatros rurales y el Flaco volvería a ver a su padre, un viejo comediante del teatro de Lancashire. Un periodista inglés, que entrevistó a Laurel, escribió que aquellos hombres eran los espectros de una historia que podía volver a verse cada día en un cine cualquiera del mundo.
Se sabe que Stan vio a su padre. Los viejos actores cenaron juntos y no hablaron. Un apretón de manos fue la despedida: Stan partía otra vez hacia Estados Unidos, pero ya no buscaba nada.
Un año más tarde, Ollie tuvo un par de ataques al corazón y quedó semiparalítico. Su mujer lo internó en un hospital de Burbank y allí se quedó en un sillón de ruedas, empujando su cuerpo que había perdido sesenta kilos, hasta su muerte, el 7 de agosto de 1957.
Stan, que sufría otro ataque, no pudo ir al entierro. “Tuve suerte –diría más tarde–, porque Ollie murió en la miseria más absoluta. Yo aún puedo pagar mi habitación.” En esa pieza de una pensión cercana a Los Angeles pasó sus últimos años, recibiendo apenas la visita de sus tres alumnos, Dick van Dyke, Jerry Lewis y a veces, Danny Kaye. “Dick es el más talentoso –escribió–, me gustaría que si alguien se interesa alguna vez por filmar mi vida, sea él quien lo haga.”
El 23 de febrero de 1965, cuando Stan murió, Van Dyke leyó la oración fúnebre en el cementerio de Forest Lawn. “Stan nunca fue aplaudido por su arte porque él se cuidó muy bien de esconderlo. El sólo quería que la gente riera”, dijo el actor.
Más de trescientas películas han quedado archivadas en las cinematecas de todo el mundo. La Metro produjo siete antologías de sus obras. Blake Edwards, Pierre Etaix, Jean-Luc Godard, han intentado a partir de la técnica del gag de Laurel y Hardy abrir nuevos caminos para la comicidad. No lo han conseguido. Tal vez la decadencia de Stan y Ollie, su tragedia, hayan señalado el fin de una época en el cine norteamericano: la de los antihéroes absurdos.
Osvaldo Soriano
29 de enero de 2009

Volver
Yo adivino el parpadeo
De las luces que a lo lejos
Van marcando mi retorno...
Son las mismas que alumbraron
Con sus palidos reflejos
Hondas horas de dolor..
Y aunque no quise el regreso,
Siempre se vuelve al primer amor..
La vieja calle donde el eco dijo
Tuya es su vida, tuyo es su querer,
Bajo el burlon mirar de las estrellas
Que con indiferencia hoy me ven volver...
Volver... con la frente marchita,
Las nieves del tiempo platearon mi sien...
Sentir... que es un soplo la vida,
Que veinte años no es nada,
Que febril la mirada, errante en las sombras,
Te busca y te nombra.
Vivir... con el alma aferrada
A un dulce recuerdo
Que lloro otra vez...
Tengo miedo del encuentro
Con el pasado que vuelve
A enfrentarse con mi vida...
Tengo miedo de las noches
Que pobladas de recuerdos
Encadenan mi soñar...
Pero el viajero que huye
Tarde o temprano detiene su andar...
Y aunque el olvido, que todo destruye,
Haya matado mi vieja ilusion,
Guardo escondida una esperanza humilde
Que es toda la fortuna de mi corazón.
Volver... con la frente marchita,
Las nieves del tiempo platearon mi sien...
Sentir... que es un soplo la vida,
Que veinte años no es nada,
Que febril la mirada, errante en las sombras,
Te busca y te nombra.
Vivir... con el alma aferrada
A un dulce recuerdo
Que lloro otra vez...
M amiga x sigue en centroamérica traficando no sé que cosa, esperemos que esto no termine en alguna cárcel de mujeres en un país tropical. Y si eso sucede que al menos haya fotos
Hola,
Estoy en un hotel, que mira a las montañas, cerros o cordillera como le dicen aquí (es una cordillera).
El hotel es de una señora, que es dueña también de un restaurante que se llama 7/24 porque está abierto 7x24. No se entiende bien por qué hay en un lugar como este un restaurante abierto las 24 hs.
El asunto es que vinimos aquí porque se anunciaba como el único hotel más o menos pasable de la zona. Pomposamente se hace llamar spa y se dice exclusivo. Tiene 5 habitaciones. La mía mira a la cordillera y puedo decir que la vista es un gran spa.
El asunto es que "La señora" vive acá, TODOS los que atienden el hotel son hombres jóvenes y serviciales (uno de ellos me hizo un masaje hace dos días). Son muchos para el escaso movimiento. Es decir, no sé hace cuánto que no alquilaban una habitación.
A la noche hay un guardia armado, con un fusil, escopeta, o como mierda se llame. También hay tres rotwailers y también La señora mantiene reuniones con muchos hombres.
Anoche cuando quise darme una ducha calentita, descubrí que mi ducha casi no tiraba agua y la poca que salía era fría. Le dije a la señora y al ratito tenía un ejército de hombrecitos tratando de arreglarla, se metían a mi habitación sin golpear y entre ellos estaba el seguridad, arma al hombro. Así que yo muda.

Hoy me quedé en el hotel a adelantar lo que sigue del viaje y confieso que no me animé mucho a salir de la habitación y disfrutar de la terraza ventosa con vista a la cordillera, había mucho movimiento y una de esas reuniones. Ahora se fueron todos y por eso escribo. Solo queda el que hace de todo lo relacionado con el hotel, es uno mas bien gay. Esta mañana cuando me levanté estaba haciendo el desayuno para la señora y tenía puesta una gorra de baño.
No se si estoy siendo clara, porque todo sucede mientras escribo. Pero estoy en un lugar MUY raro.
Va una foto de un pueblito que hay a 30 Km y una de la vista de mi habitación.
En unas horas salgo rumbo a Managua.
Besos.

Mi amiga x sigue traficando cosas por centroamérica, esperemos que esto no termine en una cárcel de mujeres de algún país remoto.
Hola,
Estoy en un hotel, que mira a las montañas, cerros o cordillera como le dicen aquí (es una cordillera).
El hotel es de una señora, que es dueña también de un restaurante que se llama 7/24 porque está abierto 7x24. No se entiende bien por qué hay en un lugar como este un restaurante abierto las 24 hs.
El asunto es que vinimos aquí porque se anunciaba como el único hotel más o menos pasable de la zona. Pomposamente se hace llamar spa y se dice exclusivo. Tiene 5 habitaciones. La mía mira a la cordillera y puedo decir que la vista es un gran spa.
El asunto es que "La señora" vive acá, TODOS los que atienden el hotel son hombres jóvenes y serviciales (uno de ellos me hizo un masaje hace dos días). Son muchos para el escaso movimiento. Es decir, no sé hace cuánto que no alquilaban una habitación.
A la noche hay un guardia armado, con un fusil, escopeta, o como mierda se llame. También hay tres rotwailers y también La señora mantiene reuniones con muchos hombres.
Anoche cuando quise darme una ducha calentita, descubrí que mi ducha casi no tiraba agua y la poca que salía era fría. Le dije a la señora y al ratito tenía un ejército de hombrecitos tratando de arreglarla, se metían a mi habitación sin golpear y entre ellos estaba el seguridad, arma al hombro. Así que yo muda.
Hoy me quedé en el hotel a adelantar lo que sigue del viaje y confieso que no me animé mucho a salir de la habitación y disfrutar de la terraza ventosa con vista a la cordillera, había mucho movimiento y una de esas reuniones. Ahora se fueron todos y por eso escribo. Solo queda el que hace de todo lo relacionado con el hotel, es uno mas bien gay. Esta mañana cuando me levanté estaba haciendo el desayuno para la señora y tenía puesta una gorra de baño.
No se si estoy siendo clara, porque todo sucede mientras escribo. Pero estoy en un lugar MUY raro.
Va una foto de un pueblito que hay a 30 Km y una de la vista de mi habitación.
En unas horas salgo rumbo a Managua.
Besos.
Mi amiga x sigue traficando cosas por centroamérica, esperemos que esto no termine en una cárcel de mujeres de algún país remoto.
La programación de Febrero del MALBA va a ayudar a pasar el mes de febrero, les posteo la programación porque hoy estoy bueno.
PROGRAMACIÓN FEBRERO 2009
CICLO
1. Humor en la tarde
Durante todo el mes.
FILM DEL MES XL
2. Caja cerrada (Argentina, España, 2008), de Martín Solá
Jueves y viernes a las 20:00.
PRESENTACIÓN DEL LIBRO + CICLO
3. Cine bizarro y fantástico hispano-argentino: entre dos siglos
Jueves 12 a las 20:00.
Programa de trasnoche: Jueves 12, viernes 13 y sábado 14 a las 00:00.
TRASNOCHES
4. Música en la noche
Jueves, viernes y sábados a las 00:00.
CONTINÚA | FILM DEL MES XXXVIII
5. Historias extraordinarias (Argentina, 2008), de Mariano Llinás
Domingos a las 19:00.
El film tiene una duración de cuatro horas y se proyecta con dos intervalos de 10 minutos.
CONTINÚA | FILM DEL MES XXXIX
6. Süden (Argentina, 2008), de Gastón Solnicki
Viernes y sábados a las 22:00.
CONTINÚA
7. Norma Arrostito, la Gaby (Argentina, 2008), de Cesar D’Angiolillo
Sábados a las 18:00 y domingos a las 17:00.
CONTINÚA
8. Aniceto (Argentina, 2008), de Leonardo Favio
Sábados a las 20:00.
9. Grilla de programación
JUEVES 5
14:00 Woody Allen: ¿Qué pasa Tiger Lily?, de Woody Allen
16:00 Woody Allen: Annie Hall, de Woody Allen
18:00 Woody Allen: Días de radio, de Woody Allen
20:00 Caja cerrada, de Martín Solá
22:00 Ladrones de medio pelo, de Woody Allen
00:00 Anochecer de un día agitado, de Richard Lester
VIERNES 6
14:00 Enrique Serrano: Los martes, orquídeas, de Francisco Mujica
16:00 Enrique Serrano: Novio, marido y amante, de Mario C. Lugones
18:00 Enrique Serrano: Don Fulgencio, de Enrique Cahen Salaberry
20:00 Caja cerrada, de Martín Solá
22:00 Süden, de Gastón Solnicki
00:00 Submarino amarillo, de George Dunning
SÁBADO 7
14:00 Charles Chaplin: Cortos
16:00 Charles Chaplin: El pibe, de Charles Chaplin + MV
18:00 Norma Arrostito, La Gaby, de César D´Angiolillo
20:00 Aniceto, de Leonardo Favio
22:00 Süden, de Gastón Solnicki
00:00 Quadrophenia, de Frank Roddam
DOMINGO 8
14:30 Max Linder: Cortos
16:00 Max Linder: Los tres mosquiteros, de Max Linder
17:00 Norma Arrostito, La Gaby, de César D´Angiolillo
19:00 Historias extraordinarias, de Mariano Llinás
JUEVES 12
14:00 Howard Hawks: Ayuno de amor, de Howard Hawks
16:00 Howard Hawks: La novia era él, de Howard Hawks
18:00 Howard Hawks: Vitaminas para el amor, de Howard Hawks
20:00 Caja cerrada, de Martín Solá
22:00 Presentación del libro Cine bizarro y fantástico hispano-argentino: entre dos siglos
00:00 Filmatron, de Pablo Parés
VIERNES 13
14:00 Buster Keaton: La ley de la hospitalidad, de Buster Keaton
16:00 Buster Keaton: Sherlock, Jr., de Buster Keaton
17:00 Buster Keaton: El héroe del río, de Buster Keaton
18:30 Buster Keaton: Marido por despecho, de Buster Keaton
20:00 Caja cerrada, de Martín Solá
22:00 Süden, de Gastón Solnicki
00:00 Jennifer’s Shadow, de Daniel De la Vega y Pablo Parés
SÁBADO 14
14:00 Harold Lloyd: Marinero a pesar suyo, de Fred Newmeyer
15:00 Harold Lloyd: El doctor Jack, de Fred Newmeyer
16:30 Harold Lloyd: El nieto de su abuela, de Fred Newmeyer
18:00 Norma Arrostito, la Gaby, de César D´Angiolillo
20:00 Aniceto, de Leonardo Favio
22:00 Süden, de Gastón Solnicki
00:00 La antena, de Esteban Sapir
DOMINGO 15
14:00 Laurel & Hardy: cortos
15:30 Laurel & Hardy: allá en el lejano Oeste, de James Horne
17:00 Norma Arrostito, la Gaby, de César D´Angiolillo
19:00 Historias extraordinarias, de Mariano Llinás
JUEVES 19
14:00 Manuel Romero: Casamiento en Buenos Aires, de Manuel Romero
16:00 Manuel Romero: Yo quiero ser bataclana, de Manuel Romero
18:00 Manuel Romero: Un bebé de París, de Manuel Romero
20:00 Caja cerrada, de Martín Solá
22:00 El tango vuelve a París, de Manuel Romero
00:00 The Rocky Horror Picture Show, de Jim Sharman
VIERNES 20
14:00 Alberto Sordi: El Sheik, de Federico Fellini
16:00 Alberto Sordi: Buenas noches, abogado, de Giorgio Bianchi
18:00 Alberto Sordi: El comisario, de Luigi Comenchini
20:00 Caja cerrada, de Martín Solá
22:00 Süden, de Gastón Solnicki
00:00 La guerra, la música y nosotros, de Susan Winslow
SÁBADO 21
14:00 Hnos. Marx: Plumas de caballo, de Norman Mcleod
16:00 Hnos. Marx: Una noche en la ópera, de Sam Wood
18:00 Norma Arrostito, la Gaby, de César D´Angiolillo
20:00 Aniceto, de Leonardo Favio
22:00 Süden, de Gastón Solnicki
00:00 Kiss contra los fantasmas, de Gordon Hessler
DOMINGO 22
14:30 Jacques Tati: Mi tío, de Jacques Tati
17:00 Norma Arrostito, la Gaby, de César D´Angiolillo
19:00 Historias extraordinarias, de Mariano Llinás
JUEVES 26
14:00 Jerry Lewis: Tú, mi conejo y yo, de Jerry Lewis
16:00 Jerry Lewis: El botones, de Jerry Lewis
18:00 Jerry lewis: De golpe en golpe, de Jerry Lewis
20:00 Caja cerrada, de Martín Solá
22:00 El matasanos, de Frank Tashlin
00:00 Don´t knock the rock, de Fred F. Sears
VIERNES 27
14:00 Mel Brooks: Locura en el Oeste, De Mel Brooks
16:00 Mel Brooks: Las angustias del Dr. Mel Brooks, de Mel Brooks
18:00 Mel Brooks: La última locura de Mel Brooks, de Mel Brooks
20:00 Caja cerrada, de Martín Solá
22:00 Süden, de Gastón Solnicki
00:00 Festival Express, de Bob Smeaton y Frank Cvitanovich
SÁBADO 28
14:00 Billy Wilder: Café Vienés, de Victor Janson
16:00 Billy Wilder: Una Eva y dos Adanes, de Billy Wilder
18:00 Norma Arrostito, la Gaby, de César D´Angiolillo
20:00 Aniceto, de Leonardo Favio
22:00 Süden, de Gastón Solnicki
00:00 Ferry Cross the Mersey, de Jeremy Summers
DOMINGO 1
15:00 Monty Python: Los caballeros de la mesa cuadrada, de Terry Jones & Terry Gilliam
17:00 Norma Arrostito, la Gaby, de César D´Angiolillo
19:00 Historias extraordinarias, de Mariano Llinás
Aunque es díficil elegir no se pueden perder Festival expres
PROGRAMACIÓN FEBRERO 2009
CICLO
1. Humor en la tarde
Durante todo el mes.
FILM DEL MES XL
2. Caja cerrada (Argentina, España, 2008), de Martín Solá
Jueves y viernes a las 20:00.
PRESENTACIÓN DEL LIBRO + CICLO
3. Cine bizarro y fantástico hispano-argentino: entre dos siglos
Jueves 12 a las 20:00.
Programa de trasnoche: Jueves 12, viernes 13 y sábado 14 a las 00:00.
TRASNOCHES
4. Música en la noche
Jueves, viernes y sábados a las 00:00.
CONTINÚA | FILM DEL MES XXXVIII
5. Historias extraordinarias (Argentina, 2008), de Mariano Llinás
Domingos a las 19:00.
El film tiene una duración de cuatro horas y se proyecta con dos intervalos de 10 minutos.
CONTINÚA | FILM DEL MES XXXIX
6. Süden (Argentina, 2008), de Gastón Solnicki
Viernes y sábados a las 22:00.
CONTINÚA
7. Norma Arrostito, la Gaby (Argentina, 2008), de Cesar D’Angiolillo
Sábados a las 18:00 y domingos a las 17:00.
CONTINÚA
8. Aniceto (Argentina, 2008), de Leonardo Favio
Sábados a las 20:00.
9. Grilla de programación
JUEVES 5
14:00 Woody Allen: ¿Qué pasa Tiger Lily?, de Woody Allen
16:00 Woody Allen: Annie Hall, de Woody Allen
18:00 Woody Allen: Días de radio, de Woody Allen
20:00 Caja cerrada, de Martín Solá
22:00 Ladrones de medio pelo, de Woody Allen
00:00 Anochecer de un día agitado, de Richard Lester
VIERNES 6
14:00 Enrique Serrano: Los martes, orquídeas, de Francisco Mujica
16:00 Enrique Serrano: Novio, marido y amante, de Mario C. Lugones
18:00 Enrique Serrano: Don Fulgencio, de Enrique Cahen Salaberry
20:00 Caja cerrada, de Martín Solá
22:00 Süden, de Gastón Solnicki
00:00 Submarino amarillo, de George Dunning
SÁBADO 7
14:00 Charles Chaplin: Cortos
16:00 Charles Chaplin: El pibe, de Charles Chaplin + MV
18:00 Norma Arrostito, La Gaby, de César D´Angiolillo
20:00 Aniceto, de Leonardo Favio
22:00 Süden, de Gastón Solnicki
00:00 Quadrophenia, de Frank Roddam
DOMINGO 8
14:30 Max Linder: Cortos
16:00 Max Linder: Los tres mosquiteros, de Max Linder
17:00 Norma Arrostito, La Gaby, de César D´Angiolillo
19:00 Historias extraordinarias, de Mariano Llinás
JUEVES 12
14:00 Howard Hawks: Ayuno de amor, de Howard Hawks
16:00 Howard Hawks: La novia era él, de Howard Hawks
18:00 Howard Hawks: Vitaminas para el amor, de Howard Hawks
20:00 Caja cerrada, de Martín Solá
22:00 Presentación del libro Cine bizarro y fantástico hispano-argentino: entre dos siglos
00:00 Filmatron, de Pablo Parés
VIERNES 13
14:00 Buster Keaton: La ley de la hospitalidad, de Buster Keaton
16:00 Buster Keaton: Sherlock, Jr., de Buster Keaton
17:00 Buster Keaton: El héroe del río, de Buster Keaton
18:30 Buster Keaton: Marido por despecho, de Buster Keaton
20:00 Caja cerrada, de Martín Solá
22:00 Süden, de Gastón Solnicki
00:00 Jennifer’s Shadow, de Daniel De la Vega y Pablo Parés
SÁBADO 14
14:00 Harold Lloyd: Marinero a pesar suyo, de Fred Newmeyer
15:00 Harold Lloyd: El doctor Jack, de Fred Newmeyer
16:30 Harold Lloyd: El nieto de su abuela, de Fred Newmeyer
18:00 Norma Arrostito, la Gaby, de César D´Angiolillo
20:00 Aniceto, de Leonardo Favio
22:00 Süden, de Gastón Solnicki
00:00 La antena, de Esteban Sapir
DOMINGO 15
14:00 Laurel & Hardy: cortos
15:30 Laurel & Hardy: allá en el lejano Oeste, de James Horne
17:00 Norma Arrostito, la Gaby, de César D´Angiolillo
19:00 Historias extraordinarias, de Mariano Llinás
JUEVES 19
14:00 Manuel Romero: Casamiento en Buenos Aires, de Manuel Romero
16:00 Manuel Romero: Yo quiero ser bataclana, de Manuel Romero
18:00 Manuel Romero: Un bebé de París, de Manuel Romero
20:00 Caja cerrada, de Martín Solá
22:00 El tango vuelve a París, de Manuel Romero
00:00 The Rocky Horror Picture Show, de Jim Sharman
VIERNES 20
14:00 Alberto Sordi: El Sheik, de Federico Fellini
16:00 Alberto Sordi: Buenas noches, abogado, de Giorgio Bianchi
18:00 Alberto Sordi: El comisario, de Luigi Comenchini
20:00 Caja cerrada, de Martín Solá
22:00 Süden, de Gastón Solnicki
00:00 La guerra, la música y nosotros, de Susan Winslow
SÁBADO 21
14:00 Hnos. Marx: Plumas de caballo, de Norman Mcleod
16:00 Hnos. Marx: Una noche en la ópera, de Sam Wood
18:00 Norma Arrostito, la Gaby, de César D´Angiolillo
20:00 Aniceto, de Leonardo Favio
22:00 Süden, de Gastón Solnicki
00:00 Kiss contra los fantasmas, de Gordon Hessler
DOMINGO 22
14:30 Jacques Tati: Mi tío, de Jacques Tati
17:00 Norma Arrostito, la Gaby, de César D´Angiolillo
19:00 Historias extraordinarias, de Mariano Llinás
JUEVES 26
14:00 Jerry Lewis: Tú, mi conejo y yo, de Jerry Lewis
16:00 Jerry Lewis: El botones, de Jerry Lewis
18:00 Jerry lewis: De golpe en golpe, de Jerry Lewis
20:00 Caja cerrada, de Martín Solá
22:00 El matasanos, de Frank Tashlin
00:00 Don´t knock the rock, de Fred F. Sears
VIERNES 27
14:00 Mel Brooks: Locura en el Oeste, De Mel Brooks
16:00 Mel Brooks: Las angustias del Dr. Mel Brooks, de Mel Brooks
18:00 Mel Brooks: La última locura de Mel Brooks, de Mel Brooks
20:00 Caja cerrada, de Martín Solá
22:00 Süden, de Gastón Solnicki
00:00 Festival Express, de Bob Smeaton y Frank Cvitanovich
SÁBADO 28
14:00 Billy Wilder: Café Vienés, de Victor Janson
16:00 Billy Wilder: Una Eva y dos Adanes, de Billy Wilder
18:00 Norma Arrostito, la Gaby, de César D´Angiolillo
20:00 Aniceto, de Leonardo Favio
22:00 Süden, de Gastón Solnicki
00:00 Ferry Cross the Mersey, de Jeremy Summers
DOMINGO 1
15:00 Monty Python: Los caballeros de la mesa cuadrada, de Terry Jones & Terry Gilliam
17:00 Norma Arrostito, la Gaby, de César D´Angiolillo
19:00 Historias extraordinarias, de Mariano Llinás
Aunque es díficil elegir no se pueden perder Festival expres
Me mandaron este mail
Increible! El hombre mas rico de todo el mundo esta repartiendo todo su dinero antes de su muerte, y por eso esta dando cheques de mil dolares a todo quien lo solicite! Yo ya he cobrado el mio! Pero por desgracia solo se puede cobrar uno por persona...
Por favor aprovechen que cada vez quedan menos cheques... Ingresen a continuacion para pedir sus cheques:
RECLAMAR EL CHEQUE
PD: Si no llegan a querer sus cheque avisenme asi los pido por ustedes, que quiero el dinero :)
Pero no dicen donde hay que cobrar!
Increible! El hombre mas rico de todo el mundo esta repartiendo todo su dinero antes de su muerte, y por eso esta dando cheques de mil dolares a todo quien lo solicite! Yo ya he cobrado el mio! Pero por desgracia solo se puede cobrar uno por persona...
Por favor aprovechen que cada vez quedan menos cheques... Ingresen a continuacion para pedir sus cheques:
RECLAMAR EL CHEQUE
PD: Si no llegan a querer sus cheque avisenme asi los pido por ustedes, que quiero el dinero :)
Pero no dicen donde hay que cobrar!
28 de enero de 2009

What would Bob do?
Looks like this may well be it, yeah we're goin' down
Ocean's fast approaching, and there's this screeching sound
They found that little ol' black box, that they all listened to
The last words that were spoken were, "What would Bob do?"
What would Bob do? What would Bob do?
What would Bob do? What would Bob do?
I was knocking on the pearly gates, made of precious stone
Looked kind of other worldly, inside there was a throne
I was let in by a stranger, who I'd seen somewhere before
I thought, well it'll come to me, here in the evermore
Suddenly from out of nowhere, a vision did appear
It was my old granddaddy, he said "Son, what are you doin' here?"
"Well it wasn't in my plans you know, I done come unstuck
I played out all my hand and I just ran all out of luck"
He said, "Well if you can't pot the black, and you know it's not the cue
It may be time to ask yourself, what would Bob do?"
What would Bob do? What would Bob do?
What would Bob do? What would Bob do?
Now you may well just find yourself, on the ballroom floor
You know you cannot get away, you cannot reach the door
Just try to relax yourself, and sit down on your hips
You don't have to move too much, and try no to lick your lips
If things seem to be working, and she hasn't moved away
You can breathe a little easier, and think of what to say
If you spin around and she is gone, and you know it's not with you
Then you have to ask yourself "What would Bob do?"
What would Bob do? What would Bob do?
What would Bob do? What would Bob do?
I was standing by a house at night, going up in flames and smoke
I was losing everything, it really was no joke
To cap it off I'm naked, and there's people all around
I could see an old dog barking, but I couldn't hear the sound
The only thing that I could hear, which came out of the blue
Was the voice inside my own head, saying, "What would Bob do?"
What would Bob do? What would Bob do?
What would Bob do? What would Bob do?
As luck would sometimes have it, the good Lord was in my dream
He was smiling sweetly, and was wearing Lincoln green
I asked if he would come again, if the rumours were all true,
He thought awhile and spoke and said, now "What would Bob do?"
What would Bob do? What would Bob do?
What would Bob do? What would Bob do?
And as the lights they all came down, I was standing by the stage
He was cloaked in darkness, and his face it showed no age
I took one step closer, just to get a better view
I swear I saw him smile and say now "What would Bob do?"
What would Bob do? What would Bob do?
What would Bob do? What would Bob do?
Then I suddenly awakened, and I simply can't pretend,
To understand the way of things, and how it all may end
But if the question's simple say, do I wear red, or blue
Now they're are times you ask yourself, "What would Bob do?"
What would Bob do? What would Bob do?
What would Bob do? What would Bob do?
Colin Hay
Me pasa con Dolina que teniéndolo tan escuchado y tan leído suelo pasarlo por alto, en radio uno siente que ya le conoce todos los trucos y sus escritos tan leídos y releídos desde la época de Las crónicas del ángel gris me dan cierta pereza.
Este año volví a Dolina, su asociación con Gillespie, Barton y Coco Silly parece haberle dado un nuevo aire en la radio donde además sumó a sus hijos en lo que era el clásico cierre del sordo Gancé.
Hace unos días en honor a este re descubrimiento compré El bar del infierno y me encontré que si bien algunos de los personajes son recurrentes y mantienen algunos de sus viejos tópicos en este libro hay alguna novedades, historias del lejano Oriente y a poco de empezar me llevé un susto por lo que parecía el final de Manuel Mandeb, el polígrafo de flores al cual el ángel gris les contó aquellas historias que Dolina escribía para la revista Humor registrado
MÁSCARAS
Según cuentan algunos, el corso de la avenida La Plata, en Santos Lugares, era utilizado frecuentemente por ángeles y demonios cuando tenían que cumplir alguna misión terrestre. Solía decirse también que entre todas las máscaras del corso, una era el diablo. Los hechiceros de Lourdes y Villa Lynch aprovechaban aquellas jornadas para suscribir convenios de toda clase con los poderes de las tinieblas. Tras las caretas espeluznantes se ocultaba el verdadero horror de las caras del mal.
Los hombres sensibles de Flores solían pasearse por allí tratando de reconocer el sello de las Legiones, o bien gritando frases ingeniosas en el oído de las muchachas. Cada vez que sospechaban el carácter sobrenatural de algún enmascarado, comenzaban a acosarlo tratando de provocar alguna reacción reveladora.
Nunca tuvieron suerte. Las mascaritas eran muy diestras en la ocultación de investiduras infernales o eran, lisa y llanamente, sifoneros o ferroviarios disfrazados de Mandinga.
Una noche, un mozo alto, vestido de Arlequín, les pareció el finado Antúnez, un pintor de la calle Morón que llevaba diez años muerto.
Indagada a fondo, aquella máscara negó terminantemente la identidad que se le atribuía. El ruso Salzman, a quien Antúnez le debía sesenta pesos, exigió al hombre la exhibición plena de su rostro y la devolución de la suma precitada. El finado Antúnez huyó a la carrera y se perdió entre los vagones de los talleres del ferrocarril.
En la última jornada de aquellos mismos carnavales, una figura cubierta con una capa negra se acercó a Manuel Mandeb, que había llegado solo hasta el extremo del corso.
—Soy la Muerte —dijo.
Mandeb señaló su mediocre indumentaria de pirata y declaró que era el Capitán Morgan. La figura insistió.
—Disculpe. No ha sido mi intención dar título a mi disfraz. Soy la Muerte, más allá de cualquier metáfora. Y si me permite la franqueza, vengo a llevármelo.
Manuel Mandeb entornó los ojos y levantó el índice, como quien se apresta a una refutación. Después dio media vuelta y salió corriendo por avenida La Plata en dirección a Rodríguez Peña. Al cabo de una cuadra y media de persecución, la figura lo alcanzó.
—Déjese de payasadas —dijo jadeando—, venga conmigo. Lo único que falta es que me haga un escándalo en plena calle.
—Me va a tener que arrastrar —gritó Mandeb, muerto de miedo— Además, me parece que usted no es más que un sifonero, o quizás un ferroviario disfrazado.
La Muerte alzó un brazo y Mandeb quedó helado. Quiso moverse, pero no pudo.
Tal como suele ocurrir en estos casos, pasaron por su mente los episodios principales de toda una vida. Mandeb advirtió, sin embargo, que esa vida no era la suya. Se atrevió a una objeción desesperada.
—Me parece que usted está buscando a otra persona.
—Yo busco al que encuentro. Nadie es otra persona.
—¿No podría ir a morirme a un lugar más discreto? Aquí está lleno de gente y si hay algo que no soporto es estar muerto en medio del corso de avenida La Plata, frente a una muchedumbre de curiosos.
—¡Basta! No trate de ganar tiempo.
En ese momento apareció una muchacha deslumbrante vestida de ángel. Era Beatriz Velarde, el amor imposible de Mandeb, la novia ausente, la mujer que lo había amado sólo por un rato. Lucía unas alas de color celeste y un antifaz de plata ocultaba sus ojos. Mandeb la reconoció por las tetas.
—¿Qué es lo que pasa? —dijo el ángel.
—Soy la Muerte y vengo a llevarme a este caballero.
El ángel se acercó a Mandeb y lo besó en la boca.
—Muy bien. Ahora no te lo podrás llevar. Si un ángel besa a un moribundo, la Parca debe retroceder.
La Muerte miró largamente a Beatriz Velarde. Era difícil no confundirla con un ángel. Sin decir una palabra, dio media vuelta y desapareció detrás de una murga. Mandeb quiso tomar la mano de Beatriz, pero ella le tiró una serpentina y salió corriendo.
Durante el resto de la noche, el pensador de Flores buscó infructuosamente al ángel por todo el corso. Se asomó a la pizzería "Los ases", revisó los palcos, entró en la heladería "Pololo", preguntó a sus amigos. Ya era de día cuando llegó a su casa.
Después, durante toda su vida, siguió buscando a Beatriz. Pero ella no volvió a besarlo nunca más.
Alejandro Dolina
Este año volví a Dolina, su asociación con Gillespie, Barton y Coco Silly parece haberle dado un nuevo aire en la radio donde además sumó a sus hijos en lo que era el clásico cierre del sordo Gancé.
Hace unos días en honor a este re descubrimiento compré El bar del infierno y me encontré que si bien algunos de los personajes son recurrentes y mantienen algunos de sus viejos tópicos en este libro hay alguna novedades, historias del lejano Oriente y a poco de empezar me llevé un susto por lo que parecía el final de Manuel Mandeb, el polígrafo de flores al cual el ángel gris les contó aquellas historias que Dolina escribía para la revista Humor registrado
MÁSCARAS
Según cuentan algunos, el corso de la avenida La Plata, en Santos Lugares, era utilizado frecuentemente por ángeles y demonios cuando tenían que cumplir alguna misión terrestre. Solía decirse también que entre todas las máscaras del corso, una era el diablo. Los hechiceros de Lourdes y Villa Lynch aprovechaban aquellas jornadas para suscribir convenios de toda clase con los poderes de las tinieblas. Tras las caretas espeluznantes se ocultaba el verdadero horror de las caras del mal.
Los hombres sensibles de Flores solían pasearse por allí tratando de reconocer el sello de las Legiones, o bien gritando frases ingeniosas en el oído de las muchachas. Cada vez que sospechaban el carácter sobrenatural de algún enmascarado, comenzaban a acosarlo tratando de provocar alguna reacción reveladora.
Nunca tuvieron suerte. Las mascaritas eran muy diestras en la ocultación de investiduras infernales o eran, lisa y llanamente, sifoneros o ferroviarios disfrazados de Mandinga.
Una noche, un mozo alto, vestido de Arlequín, les pareció el finado Antúnez, un pintor de la calle Morón que llevaba diez años muerto.
Indagada a fondo, aquella máscara negó terminantemente la identidad que se le atribuía. El ruso Salzman, a quien Antúnez le debía sesenta pesos, exigió al hombre la exhibición plena de su rostro y la devolución de la suma precitada. El finado Antúnez huyó a la carrera y se perdió entre los vagones de los talleres del ferrocarril.
En la última jornada de aquellos mismos carnavales, una figura cubierta con una capa negra se acercó a Manuel Mandeb, que había llegado solo hasta el extremo del corso.
—Soy la Muerte —dijo.
Mandeb señaló su mediocre indumentaria de pirata y declaró que era el Capitán Morgan. La figura insistió.
—Disculpe. No ha sido mi intención dar título a mi disfraz. Soy la Muerte, más allá de cualquier metáfora. Y si me permite la franqueza, vengo a llevármelo.
Manuel Mandeb entornó los ojos y levantó el índice, como quien se apresta a una refutación. Después dio media vuelta y salió corriendo por avenida La Plata en dirección a Rodríguez Peña. Al cabo de una cuadra y media de persecución, la figura lo alcanzó.
—Déjese de payasadas —dijo jadeando—, venga conmigo. Lo único que falta es que me haga un escándalo en plena calle.
—Me va a tener que arrastrar —gritó Mandeb, muerto de miedo— Además, me parece que usted no es más que un sifonero, o quizás un ferroviario disfrazado.
La Muerte alzó un brazo y Mandeb quedó helado. Quiso moverse, pero no pudo.
Tal como suele ocurrir en estos casos, pasaron por su mente los episodios principales de toda una vida. Mandeb advirtió, sin embargo, que esa vida no era la suya. Se atrevió a una objeción desesperada.
—Me parece que usted está buscando a otra persona.
—Yo busco al que encuentro. Nadie es otra persona.
—¿No podría ir a morirme a un lugar más discreto? Aquí está lleno de gente y si hay algo que no soporto es estar muerto en medio del corso de avenida La Plata, frente a una muchedumbre de curiosos.
—¡Basta! No trate de ganar tiempo.
En ese momento apareció una muchacha deslumbrante vestida de ángel. Era Beatriz Velarde, el amor imposible de Mandeb, la novia ausente, la mujer que lo había amado sólo por un rato. Lucía unas alas de color celeste y un antifaz de plata ocultaba sus ojos. Mandeb la reconoció por las tetas.
—¿Qué es lo que pasa? —dijo el ángel.
—Soy la Muerte y vengo a llevarme a este caballero.
El ángel se acercó a Mandeb y lo besó en la boca.
—Muy bien. Ahora no te lo podrás llevar. Si un ángel besa a un moribundo, la Parca debe retroceder.
La Muerte miró largamente a Beatriz Velarde. Era difícil no confundirla con un ángel. Sin decir una palabra, dio media vuelta y desapareció detrás de una murga. Mandeb quiso tomar la mano de Beatriz, pero ella le tiró una serpentina y salió corriendo.
Durante el resto de la noche, el pensador de Flores buscó infructuosamente al ángel por todo el corso. Se asomó a la pizzería "Los ases", revisó los palcos, entró en la heladería "Pololo", preguntó a sus amigos. Ya era de día cuando llegó a su casa.
Después, durante toda su vida, siguió buscando a Beatriz. Pero ella no volvió a besarlo nunca más.
Alejandro Dolina

Frank Sinatra
We know of an ancient radiation
That haunts dismembered constellations
A faintly glimmering radio station
While Frank Sinatra sings "Stormy Weather"
The flies and spiders get along together
Cobwebs fall on an old skipping record
Beyond the suns that guard this roof
Beyond your flowers of flaming truths
Beyond your latest ad campaigns
An old man sits collecting stamps
In a room all filled with Chinese lamps
He saves what others throw away
He says that he'll be rich someday
We know of an ancient radiation
That haunts dismembered constellations
A faintly glimmering radio station
We know of an ancient radiation
That haunts dismembered constellations
A faintly glimmering radio station
While Frank Sinatra sings "Stormy Weather"
The flies and spiders get along together
Cobwebs fall on an old skipping record
Cake
Basta de torturas en las cárceles uruguayas!
Miren clickeando acá lo que Gaby Alvarez tuvo que soportar en su encierro en la Banda oriental.
Miren clickeando acá lo que Gaby Alvarez tuvo que soportar en su encierro en la Banda oriental.
Resulta que en los medios desde hace un par de años que la oposición, los periodistas independientes y los economistas esos que en 2001 vaticinaban un dólar a diez pesos vienen pegándole al gobierno con el tema de los subsidios y de la necesidad de sincerar la económía.
Ahora que el gobierno sinceró los precios de la electricidad y llegan facturas de casi una luca se ponen todos cómo locos y les abren a los micrófonos a los vecinos indignados para que critiquen al gobierno por hacer lo que los medios y sus aliados y/o dueños decían que era necesario hacer. Porque no le preguntan ahora a LA GENTE si quiere la verdad y le gusta que hayan sincerado la economía real, seguro que si lo hacen mas de uno contesta: A mí, mentime que me gusta
.
Ahora que el gobierno sinceró los precios de la electricidad y llegan facturas de casi una luca se ponen todos cómo locos y les abren a los micrófonos a los vecinos indignados para que critiquen al gobierno por hacer lo que los medios y sus aliados y/o dueños decían que era necesario hacer. Porque no le preguntan ahora a LA GENTE si quiere la verdad y le gusta que hayan sincerado la economía real, seguro que si lo hacen mas de uno contesta: A mí, mentime que me gusta
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En el post sobre History of the world se debate sobre si el tiempo la hizo envejer mal yo no la volví a ver ayer pero la tengo. Es cierto que no es la mejor de Brooks y más allá de ese número musical la escena que a mí me gusta mucho es esta
Periodismo puro
Florencia Etcheves, relatora de TN, presenta una nota sobre la presencia de casos policiales resonantes, víctimas y sospechosos, en la web. Página de amigos de María Marta, Norita, Jesús Martínez Espinosa. Pero hace hincapié en la página de Gonzalo Acro, realizada por su hermano, dice que hay muchas fotos del chico cuando era "chiquito", que tiene "musiquita", que es "muy linda". Y remata: "Realmente, se me pone la piel de gallina".
Ni Crónica pudo tanto!
Ampliaremos!
Alucinita
Florencia Etcheves, relatora de TN, presenta una nota sobre la presencia de casos policiales resonantes, víctimas y sospechosos, en la web. Página de amigos de María Marta, Norita, Jesús Martínez Espinosa. Pero hace hincapié en la página de Gonzalo Acro, realizada por su hermano, dice que hay muchas fotos del chico cuando era "chiquito", que tiene "musiquita", que es "muy linda". Y remata: "Realmente, se me pone la piel de gallina".
Ni Crónica pudo tanto!
Ampliaremos!
Alucinita
Cómo la joda se termina abrí los diarios para ver conque me tengo que enfrentar de acá a unos días
- Al campo no le alcanza con no pagar una mierda ahora van a exigir que Cristina y el gabinete hagan una danza de la lluvia en el centro de la plaza de Mayo.
- En México hay un niño torero y no sólo eso parece que La corrida del niño torero franco-mexicano Michelito el sábado en Mérida, Yucatán, no sólo generó polémica por los riesgos que entrañaba para su integridad física sino también por las posibles ganancias obtenidas mediante la venta de entradas.
- Emilia Attias se cambió el look dice el diario Perfil y es cierto

Ahora se parece a Michael Jackson!
- Editorial Perfil ademas adelanta lo siguiente:
Adelanto / Revista Caras
El romance del verano: Mónica Gonzaga y Rosendo Fraga, juntos en Punta del Este
Lo que se dice un romance cacofónico
- Alguien sabe si Caranta se está morfando a la hija de Ischia?
- Al campo no le alcanza con no pagar una mierda ahora van a exigir que Cristina y el gabinete hagan una danza de la lluvia en el centro de la plaza de Mayo.
- En México hay un niño torero y no sólo eso parece que La corrida del niño torero franco-mexicano Michelito el sábado en Mérida, Yucatán, no sólo generó polémica por los riesgos que entrañaba para su integridad física sino también por las posibles ganancias obtenidas mediante la venta de entradas.
- Emilia Attias se cambió el look dice el diario Perfil y es cierto
Ahora se parece a Michael Jackson!
- Editorial Perfil ademas adelanta lo siguiente:
Adelanto / Revista Caras
El romance del verano: Mónica Gonzaga y Rosendo Fraga, juntos en Punta del Este
Lo que se dice un romance cacofónico
- Alguien sabe si Caranta se está morfando a la hija de Ischia?
Esto salió en Primicias Ya!
Gustavo Cerati se dislocó el hombro
Gustavo Cerati tuvo que ser llevado de urgencia a un hospital uruguayo cuando cayó sobre la arena y se sacó el hombro de lugar. El accidente ocurrió mientras el cantante descasaba en las playas de Punta del Este.
Su novia, la actriz Leonora Balcarce, lo asistió junto a algunas promotoras que se encontraban en el lugar. Según Infobae, la lesión no es grave. El cantante se encuentra de vacaciones en Punta del Este, descansando en su casa de José Ignacio desde finales del 2008.
Hace un par de años, várices. Ahora se cae en la arena y se disloca un hombro!
En cualquier momento lo operan de prostata o le diagnostican osteoporosis.
Rockero es Keith Richards que hace un par de años se cayó de una palmera y siguió tondo después de fumarse las cenizas del padre.
Pensar que antes a los rockeros no los asistían promotoras, de hecho no los asistía nadie!
Gustavo Cerati se dislocó el hombro
Gustavo Cerati tuvo que ser llevado de urgencia a un hospital uruguayo cuando cayó sobre la arena y se sacó el hombro de lugar. El accidente ocurrió mientras el cantante descasaba en las playas de Punta del Este.
Su novia, la actriz Leonora Balcarce, lo asistió junto a algunas promotoras que se encontraban en el lugar. Según Infobae, la lesión no es grave. El cantante se encuentra de vacaciones en Punta del Este, descansando en su casa de José Ignacio desde finales del 2008.
Hace un par de años, várices. Ahora se cae en la arena y se disloca un hombro!
En cualquier momento lo operan de prostata o le diagnostican osteoporosis.
Rockero es Keith Richards que hace un par de años se cayó de una palmera y siguió tondo después de fumarse las cenizas del padre.
Pensar que antes a los rockeros no los asistían promotoras, de hecho no los asistía nadie!
27 de enero de 2009
Después de la andanada de floggers andróginos llegó la hora del recambio. Este blog apoya a Chudis, virtualmente claro, que no queremos ir presos.
Me imagino a los chorros que secuestraron y chorearon a Margarita Stolbizer mirando la tele y diciendo:
- Che loco, la gorda era conocida!
- Che loco, la gorda era conocida!

El escritor estadounidense John Updike, autor de la tetralogía "Rabbit" (Conejo), murió este martes a los 76 años en Estados Unidos, anunció este martes su agente.
Y como me dijo un amigo al enterarse:
Tinelli sigue vivo y tatuado, algo huele podrido en Dinamarca

Nunca reveles tus contraseñas o números de tarjetas de crédito en
una conversación de mensajes instantáneos.
Johnny Stacatto dice:
con un amigo queremos hacer un action figure de Chilavert
Samurai dice:
?????'
Johnny Stacatto dice:
y cuando apregás algún botón, Chilavert dice: "tu no has ganado nada".
Samurai dice:
y van adelantados?.
Johnny Stacatto dice:
Estamos pidiendo diseños y ya tenemos la idea registrada (lo digo por las dudas)
Johnny Stacatto dice:
otro tema fui a ver la de clinto
Samuraidice:
aja, y? La gente que decía al salir?
Johnny Stacatto dice:
la gente salia azorada, no se creen la de la palabra esperanza al final me parece su mejor película desde space cowboys
Samurai dice:
si
Johnny Stacatto dice:
pero no entiendo la necesidad que haberla hecho, no entiendo porque clinto quiso hacer esta película es entretenida, es muuuuuuy densa
Samuraidice:
y sí no tenía necesidad y la que tenía necesidad era angelina?
Johnny Stacatto dice:
Estás esperando ese estallido de violencia, que nunca llega, es tremenda. Ella está bastante bien y hasta se da el lujo de usar el sombrero de mina como si fuera clinto. Te diste cuenta de eso? Sus ojos siempre están bajo la sombra del ala del sombrero
Samurai dice:
jaja, no me había dado cuenta y es cierto
Johnny Stacatto dice:
y es consecuente con la obra de clinto alguien que se enfrenta a una realidad que no es verdadera percepción y realidad. En eso se asemeja a la primera de iwo jima con el tema de la foto y lo que realmente sucedío
Samurai dice:
está claro que es un republicano desencantado con el american way of life
Johnny Stacatto dice:
pero él siempre, en sus peliculas, se enfrenta al poder establecido
(un profesor de guion, en la escuela de cine donde estudié, lo acusaba
de fascista por esto)
Samuraidice:
seee, esa concepción de que el sistema no funciona y los políticos son
toodos corruptos, cómo el discurso del típico facho
Johnny Stacatto dice:
los políticos no sé si todos..., pero son bastante corruptos
Samurai dice:
jajaja te parece?. Yo creo que el ser humano es corrupto
Johnny Stacatto dice:
totalmente de acuerdo con eso pero es una visión romántica.Que hacemos con esa afirmación?
Samurai dice:
y el sistema demócratico te prmite al menos sacudírtelos de encima cosa que las dictaduras de cualquier signo no permiten. Es mejor poder votar y cada tanto recambiar los cuadros y no un sistema que se perpetúa al estilo cuba. Por más salud y educación que tengas
Johnny Stacatto dice:
estoy de acuerdo
Johnny Stacatto dice:
pero el tema cuba me parece que es más complejo
Samurai dice:
porque sino podes desarrollarte te las metes en el culo. Dicho esto sin por eso volverme MIrtha Legrand y criticar eso de que no se puede salir de la isla porque es la acusación mas absurda
Johnny Stacatto dice:
bueno... convengamos que el desarrollarse acá es una utopia para la generalidad
Samuraidice:
Cuando acá el 90 por ciento no puede irse a uruguay, pero te queda la esperanza diría Angelina Jolie
Johnny Stacatto dice:
bueno... se pudo ir a cualquier parte del mundo... y dónde estamos?
agotando localidades para ver "danza con cobos"!
Samurai dice:
un disparate
Johnny Stacatto dice:
tremendo...
Samuraidice:
yo iría a ver Vedetisima!
Johnny Stacatto dice:
la ultima experiencia viendo teatro revista la tuvimos juntos, no? fue la de tristán con norma pons?
Samuraidice:
me perdí esa, juntos vimos a Ceruti
Johnny Stacatto dice:
ah! pensé que habias venido, te cuento una pequeña historia de esa experiencia. Dos días antes conozco a la pons en una reunión por un laburo
Johnny Stacatto dice:
en esos momentos, era la época en la cual estabamos yendo a ver todo
el teatro revista le cuento esto a la pons y me dice: "llamá a mi representante que te deja entradas". Yo pienso "si pido esas entradas, no me queda otra que saludarla y todos sabemos que el teatro revista no es demasiado genial (más bien está bastante
lejos de serlo)" Entonces decido no pedir esas entradas. Sacar la máa e ir al super pullman solo y lejos de la vista de la Pons para mi desgracia era el único en la super pulman imposible de no ver para la Pons. Que me dedicó un saludo al final de la función
Samuraidice:
jajaja
Johnny Stacatto dice:
quise zafar... todo fue para peor
Samuraidice:
simepre esas cosas se vuelven peor
Johnny Stacatto dice:
verdat verdat
Samurai dice:
aunque es vieja se me hace que deberíamos dedicarle una charla a la del che de soderberg
Johnny Stacatto dice:
dale, encantado
Samurai dice:
o mejor esperamos a la segunda parte?
Johnny Stacatto dice:
cuando llega la 2da parte ?
Samurai dice:
en febrero
Johnny Stacatto dice:
hablemos un poco de la del che
Samurai dice:
A mí me gustó
Johnny Stacatto dice:
a mi también
Johnny Stacatto dice:
pero viste que hay una tendencia en criticarle a la pelicula lo que deliberadamente quedó afuera
Samurai dice:
lo que aparece en la segunda parte ¿?
Johnny Stacatto dice:
los comentarios en contra eran porqué no contaba tal cual cosa... a
veces siento que "la crítica" va a ver lo que no hay en la película y
luego construyen en base a eso
Johnny Stacatto dice:
con W pasó lo mismo le criticaron que el tipo no era maquiavélico
Samurai dice:
En la del Che cuando habla en Naciones Unidas él dice que fusila y aparece fusilado un miserable. Se fusiló más gente que no eran violadores. Políticamente hoy está muy mal visto fusilar porque tiene mala prensa la revolución. ¿Cómo decir hoy que si hacés una revolución no podés no matar a algunos representantes del régimen que volteás?.
Johnnny Stacatto dice:
No sólo eso el Che fusila a los que usan su nombre y el nombre de la revolución
para beneficio propio. Es consecuente con su ideologia... eso es innegable
Samurai dice:
El Che que aparece en esta primera parte es el de los posters y si cómo leí por ahí la idea es mostrar su transformación a lo largo de la lucha la segunda parte deberá ser mas oscura
Johnny Stacatto dice:
Es lo que dicen pero no es tan de poster la 1 el tema es que no se plantea ninguna pregunta. Es eso que ves es casi una peli periodistica pero no hay posters del che fusilando
Samurai dice:
Si, es una crónica. Eso del poster sería buenísimo! Hay que hacer remeras. Quien se pondría una remera con el che fusilando? con Perón llamando: Estúpidos imberbes a los jóvenes que rajó de la plaza?
Samurai dice:
, Bueh, me voy a la playa
Johnny Stacatto dice:
lucky bastards
Johnny Stacatto dice:
ggggggggo!
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