29 de septiembre de 2009



"PUBLICIDAD Y MODA PRODUCCIÓN FOTOGRÁFICA" de Palotay Igor

Esta vez no vamos a hablar de cine sino de un evento que alegró la vida de Stacatto y lo hizo pensar en el país que quiere para sus hijos. En un momento emocionante como cuando cantan La marsellesa en Casablanca.



Johny Staccato dice: (20:46:42)
tengo un tema para un pequeño diálogo
Samurai dice: (20:46:57) de que setrata?
Johny Staccato dice: (20:47:00)
ayer volví a tener fe en algo cerca de las 2315
Samurai dice: (20:47:23)
epa!
Johny Staccato dice: (20:47:26)
entré a la parrilla de serrano (los que la conocen saben cual es) estaba con mi hermano
Samurai dice: (20:47:41)
aja
Johny Staccato dice: (20:47:48)
en la tele bailaba no se quién en lo de tinelli
Samurai dice: (20:47:55)
ajá
Johny Staccato dice: (20:47:57)
4 mesas ocupadas salvo la nuestra (que eramos 2) el resto todas de 4 personas en un momento se paró uno que parecía tener cierta confianza con el lugar y dijo poné a capusotto
Johny Staccato dice: (20:48:47)
el asador dijo: "pero la gente está viendo eso!"
Johny Staccato dice: (20:49:06)
a lo que hubo una reacción inmediata de todos los que estabamos ahi "no estamos mirando eso" y, dirigidos por el que hizo el primer pedido, empezamos a cantar "capusotto carajo! capusoto carajo" ganamos. Vimos peter capusotto en la parrilla.
Samurai dice: (20:49:47)
excelenteeeee
Johny Staccato dice: (20:50:12) "cacho carisma" y "el puto ese" el asador no entendía nada... y todos los demas... realmente muriendo de risa
Samurai dice: (20:50:35)
una parrilla que escucha a la gente en pleno palermo!
Johny Staccato dice: (20:50:35)
esa. esa es la argentina que yo sueño y quiero
Samurai dice: (20:53:13)
un lindo mensaje

Para seguir con el tema J&J, acá va la nota que Cecilia Absatz escribió para el blog de radio Continental:


Todo es un amor

Después de haber hecho “Cuando Harry conoció a Sally” puede decirse que Nora Ephron es maestra en el género comedia. En “Julie & Julia” despliega una vez más su talento para cultivar ese costado sutil y femenino del humor, ahora con la idea de tomar la vida de Julia Child alrededor de los años cincuenta, y entrecruzarla con una joven contemporánea insatisfecha con su trabajo.
Julia Child fue la cocinera más famosa y popular de los Estados Unidos. La película parte del momento en que ella y su marido, el diplomático Paul Child, llegan a París como siguiente destino de él por dos años. Julia aparece como una señora jovial que no sabe qué hacer con su tiempo libre. Aunque la película muestra su carácter y su extraordinario carisma como sólo puede hacerlo Meryl Streep, nada dice Nora Ephron acerca de quién era Julia antes de casarse con Child. Que dicho sea de paso significa niño, hijo. Y a quien ella ciertamente le llevaba treinta y cinco centímetros de altura en la vida real.
Según leo en la nota de Laura Jacobs en Radar, Julia McWilliams era hija de un magnate, dueño de tierras agroganaderas y minas. Fue a una buena universidad y se graduó en Historia. Era una muchacha gigantesca: tuvo problemas con las citas pero la pasó muy bien en los deportes. En 1941 estaba por casarse, pero prefirió tomar un empleo como mecanógrafa en la Oficina de Información de Guerra. Dos meses más tarde se candidateó para entrar en la OSS, la Oficina de Servicios Estratégicos que fue precursora de la CIA en los Estados Unidos. Muy pronto estaba supervisando una oficina de 40 personas. En 1944 se fue a la India. De Ceilán (ahora Sri Lanka) la OSS la transfirió a China donde continuó con su trabajo como jefa de registro, procesando todas las comunicaciones secretas del ejército. Ahí reencontró a Paul Child, compañero de la Organización: se enamoraron y se casaron. Cuando llegan a París, sin embargo, y para la mirada de Nora Ephron, ella parece una muchacha ociosa y sin destino.
La otra mitad de la película, la joven contemporánea, encuentra un propósito en la vida a través de una apuesta que hace consigo misma: la de realizar en un año las 524 recetas del libro clásico de Julia Child y generar un blog con la experiencia. Por mucho que lo pienso, me parece una hazaña profundamente antieconómica e innecesaria. Con las artes cinematográficas de Nora Ephron todo parece en principio un amor. Pero Julia Child era mucho más que eso y la otra niña, la del blog, mucho menos.


Cecilia Absatz
Ustedes los conocen es Don Carlos

Un patrón jovial e inigualable. Ya lo vimos blanqueando a sus obreros tras negrearlos durante años y también lo vimos regalar para que se sortee entre los chupaculos de sus obreros su auto viejo después de haber ganado un auto 0KM en el IVA y vuelta. En adelanto exclusivo tenemos nuevas guarradas de Don Carlos a sus obreros

- A los que llegan tarde los va a arrodillar sobre granos de Maíz durante todo el turno mientras repiten "grande Don Carlos"!
- Decirles que los acaba de hacer a ellos y a sus hijos socios de un club de Avellaneda y después decirles que es Racing.
- Mearles el café
- Poner como canal fijo en el nuevo televisor en blanco y negro del café de la fábrica el canal Encuentro porque el Porno es para papito!!!!
- Instalar el derecho de pernada y garcharse a las hijas vírgenes de sus empleados y de sus empleadas también, que joder! Si claro porque las vírgenes son para papito! Eso sí los obreros pueden mirar si quieren.


28 de septiembre de 2009

La lucha contra la piratería se puso jodida, vean esto
Mejor que los wichis pongan muchos medios una vez que salga la ley porque no sé donde va a trabajar alguna gente después de estos días de terror

27 de septiembre de 2009

Aguilucho en su fotolog adolescente muestra el último cacerolazo del jueves en todo su esplendor

JUANETE!

26 de septiembre de 2009


Julie y Julia es una comedia que la mayoría de la crítica coincidió en calificar cómo buena, interesante y entrañable pero hace unos días en una mesa del Florida Gardn mientras tomábamos un café con mi amiga Cecilia Absatz me fuí convencido de que es una película mediocre y que Norah Ephron que supo ser brillante ya no lo es.
La película transcurre en dos tiempos diferentes en uno se cuenta la historia de Julia Child que es algo mas que una Doña Petrona Yanky y la otra historia mas actual cuenta de que manera una aspirante a escritora logra fama a través de un blog en el que cuenta un proyecto de vida que termina por hacerla escritora de éxito.
Child es presentada como la clásica palurda americana, una simpática y risueña señora de alta sociedad que es llevada por el marido a sus distintos destinos diplomáticos. Aburrida en París, decide aprender cocina y termina siendo chef y escribiendo junto a otras dos mujeres un libro de cocina francesa que cambiará la vida de las mujeres americanas. El problema es que Julia Child era algo mas que eso, ella y su esposo eran agentes secretos de rango diplomático, entre ambos llegaron a descifrar claves secretas en la segunda guerra mundial o sea no era ninguna boluda alegre. A esta altura de las revelaciones mi amiga Cecilia estab un poco indignada asñi que cuando pasó al segunda historia, la de Julia Powell estalló
- Que clase de proyecto de vida es hacer todas las recetas de un libro de cocina???
A esta altura ya me había metido varias fichas Cecilia así que me envalentoné
- Es tan boluda que es su marido el que le tiene que decir que haga un blog donde registrar la experiencia.
Bueno así pasó esa película recibida por la mayoría de la crítica con notas indulgentes y bondadosas por por tratarse de una comedia deliciosa (claro se trata de comida) y entrañable al estilo morelliano, de Carlos Morelli a ser una verdadera chotada, machista surgida del cerebro arrasado por la gagacosis de una directora que supo ser brillante pero que está reblandecida.
Los wichis no necesitan de esta ley para tener sus medios porque ya tienen el multimedio propio, que otra cosa son los tambores y las señales de humo?

PD. lo puse sábado a la noche porque no creo que en este horario haya nadie en el Inadi


El chico y yo


No sé si entenderás

Qué es lo que siento yo

Debajo de esto hay alguien que no creció.

Puedo recordar

Cuando éramos felices.

¡Yo quiero ser chico y jugar!



No sé si entenderás que no me gusta hoy.

Y que mañana es vacío y decisión.

No quiero que me digan

Que no estoy dibujando.

¡Yo quiero correr y jugar!



Siempre fue así,

Hoy no lo sé,

Siempre será...



No me interpretes mal,

Me gusta este momento.

Pero pronto desaparecerá.



Y si podés aún sentarte a escucharme

Te voy a agradecer que puedas ayudarme.

¡Qué tímido que es el tiempo por ahora!

Yo quiero volver a jugar.

Yo quiero correr y jugar.

Como un chico ser y jugar.

Yo quiero correr y jugar.

Sui generis

25 de septiembre de 2009

Fe de Errata:
pasa en las mejores familias nos equivocamos y subimos una foto equivocadaq en el post de Don Carlos el coche que sortea es este

Exclusivo!
Desde hace unos días circula la nueva publicidad de la AFIP en la red a pesar de que recién se verá hoy en la transmisión de fútbol del canal estatal. Vuelve Don carlos, el garca ese que tuvo a sus obreros en negro durante años y que en un spot que es una especie de canto al garca argentino le anunciaba a sus obreros que los había puesto en blanco y que antes no lo había hecho porque había que salvar el boliche.
En la nueva publicidad sacada del cerebro de un mosquito Don carlos tiene el culo tremendo de ganarse una auto 0 KM en el IVA Y VUELTA de la AFIP. Y que hace el reverendo hijo de puta? Sortea su auto viejo entre los obreros!
Queremos mostrarles en un adelanto exclusivo el auto que Don Carlos sortea entre sus amados obreros




Ojo está pipí cucú y los papoeles están todos bien al menos eso le dijo a Don carlos un amigo que tiene un taller en la calle Warnes y que tiene al rodado en circulación desde que el padre de Don Carlos lo comprara en la primavera del 65. Tudo bem Tudo legal

Que lindo es ser empleado de Don Carlos!



Boletos, pases y abonos

Uh! Me quitan el Sol, me sacan a Dios,
me secan el sudor y el sabor.
Quién puede reír de tanto sufrir el frío y el calor y el dolor?
Quién escupe los ojos sin resistencia
de el que trajo el vino dulce para podernos ver?
Quién por poco dinero te supo hacer feliz?
Quién fue amigo de tus hijos y quién
consiguió los boletos para verme cantar,
quién les dio un acabado cuadro de su mamá? Eh?
Madres, hijas, hermanas, van a escuchar
el llanto del adiós, / del adios (Sui Generis).
Pronto en ésta ciudad me van a nombrar ciudadano legal, como vos.
Soy el hijo de todas y el amante también,
no se atrve, dulce mamá, a ser mi mujer infiel?
Soy el mendigo azul, el que cantó para el rey,
no es verdad, noble señora,
soy quien...

Charly García

Yo soy Fontanarrosa


-Te van a expulsar, pendejo -me dijo Kafka.

Yo llevaba años sin tocar un balón y de pronto enfrentaba el pésimo humor de Kafka y los consejos de Chéjov, que de nada servían.

Chéjov jugaba de medio escudo, no porque tuviera facultades, sino porque quería estar en el centro de la cancha, donde hay más gente para dar consejos. Desde el silbatazo inicial, gritó cosas apasionadas que nadie entendió. Como si hablara en ruso, el muy mamón. Por ahí del minuto 14 hubo una pausa (la pelota se fue a la cancha de al lado, donde un delantero anotó con ella un golazo inútil); mientras, Chéjov me recomendó marcar al extremo izquierdo a dos metros de distancia. Luego dijo:

-Te va a fundir.

Esto ya no era un consejo sino una negra hipótesis. No lo insulté porque yo no estaba en condiciones de discutir.

Jugábamos en un potrero con más hoyos que pasto, no lo digo para disculparme -todo el mundo sabe que las condiciones del terreno afectan por igual a los dos equipos- ni porque tenga mucho toque, pero intenté pases finos, de corte europeo, que fueron desfigurados por un hueco. Era como patear pepinos.

Todos deslucían en ese campo, pero el pinche Kafka consideraba que yo jugaba peor. Cuando me preguntaron cuál era mi posición dije que lateral derecho. Siempre jugué de extremo derecho, pero he fumado demasiado y rebajé mi puesto.

Carezco de fuelle y el dribling es una habilidad proletaria que desconozco. Me faltan potencia y picardía. Mi estilo es europeo, pero del tipo portugués. Ni muchas carreras ni muchos desbordes. Pases elegantes, alguna que otra pared, un fútbol de clase que no siempre se aprecia.

Por desgracia, yo parecía un portugués en Angola. Todas las canchas populares de México están en África. Había que oír esos gritos y ver esa tierra agrietada: una contienda inter-tribus donde cada encontronazo hacía que una espiral de polvo subiera al cielo como una plegaria primitiva. ¡Y así querían que marcara al extremo izquierdo!

Cuando conocí al equipo, me impresionó el porte de uno de los centrales, Tolstoi. El tipo parecía La guerra y la paz. A su lado estaba Ben Okri. Tenía facha de basquetbolista y terribles ojos color carbón.

No sé quién es Okri. Soy escritor pero leo poco porque no quiero influenciarme. Supongo que es un africano. En el fútbol está de moda tener africanos. Además, esa cancha era perfecta para un prófugo de los leones.

Al otro lado, de lateral izquierdo, se movía el inquieto Kawabata. Un zurdo natural que disparaba diagonales imprevistas. Tampoco he leído a Kawabata, pero vi una película supercachonda basada en un texto suyo.

Nuestro 10 era Cortázar. La verdad, era el único con idea de lo que hacía. Tocaba el balón como si hubiera nacido en Argentina. Un crack. Lo malo es que sus pases iban a dar a Joyce, un presuntuoso que se sentía hecho a mano. Cortázar le puso el balón en bandeja y Joyce disparó a las nubes, o al cielo gris donde debería haber nubes. Luego sonrió como si sus errores fueran geniales.

Aunque los demás también se equivocaban, desde el principio se ensañaron conmigo. Por ahí del minuto 28, el extremo izquierdo me rebasó con facilidad, siguió de largo y Tolstoi y Ben Okri le salieron al paso. Los centrales demostraron lo que puede la fuerza bruta ante un jugador habilidoso: lo hicieron sándwich. El árbitro decretó pénalti.

Así nos metieron el primer gol. 28 minutos sin gol podía ser visto como una proeza para nuestro equipo, pero Hemingway, que solo se animaba cuando había un conato de bronca, me vio con esos ojos que en las canchas reglamentarias significan: "nos vemos en los vestidores" y en las canchas donde no hay vestidores significan: "te voy a partir la madre", sin que haya que precisar el escenario.

En la siguiente oportunidad en que el extremo izquierdo se quiso lucir, traté de meterle una zancadilla pero me salió una patada. Vi la tarjeta amarilla. Entonces fue cuando Kafka me dijo que me iban a expulsar por pendejo.

...El era nuestro capitán. Siempre he respetado los códigos del fútbol, pero no me gustaba que un tipo con pelo de roedor (de hámster, para ser exacto) pusiera en entredicho su autoridad haciéndole caso a Chéjov, que me ordenaba como si fuera Johan Cruyff:

-¡Abre la cancha!

¿Sabía él que dos horas antes yo estaba fumando mi quinto cigarro del día? ¿Que la coca y el trago me ayudan a vivir, siempre y cuando eso no implique correr? ¿Que la barriga me pesa como si fuera de otra persona? ¿Que la última vez que visité a mi ex mujer el elevador estaba descompuesto, tuve que subir por la escalera y llegué arriba con una cara tan preocupante que ella se abstuvo de insultarme?

Obviamente no sabía nada. ...El era Chéjov, instructor de inferiores. A su lado, Kafka parecía dispuesto a enviarme a una colonia penitenciaria.

Jugaba por mi libertad, como todos los hombres de palabra verdadera, según dice el Subcomandante Marcos. Pero yo enfrentaba un desafío superior: estaba arrestado en la cancha.

Nuestro equipo llevaba nombres de escritores en los dorsales. Eso era especial. Más especial era que mis diez compañeros trabajaban en la policía.

Alguna vez le dije a mi ex esposa (entonces mi novia) que el fútbol significaba un estado de ánimo. He llorado con los goles del Cruz Azul y mi única fractura se debió al fútbol (pateé el refrigerador cuando nos eliminó el Santos). Afición no me falta. Cada vez que atravieso un parque y veo niños jugando, anhelo que se les vaya la pelota para devolvérselas con un toque que considero maestro, aunque le pegue al carrito de algodones de azúcar.

Lo que me molesta es correr. El organismo se degrada con ese desgaste disfrazado de ejercicio. Correr envilece y correr en el trópico o a dos mil metros de altura envilece dos veces. Los mexicanos debemos caminar.

El problema, mi problema, es que ese partido podía ser la salvación. El fútbol regresaba como el peor estado de ánimo: la angustia del hombre acorralado.

La mañana empezó mal. Abrí el periódico y vi el marcador del narcotráfico: cuatro ejecutados, dos en Zamora, mi ciudad natal, y dos en Guadalajara, donde estudié la universidad. Las ejecuciones se habían convertido en mi horóscopo. Si las víctimas caían en sitios que tenían que ver conmigo, el día era atroz.

A pesar de las señales en contra, salí a la calle, y no solo eso: salí con el Mecate. Me pidió que lo acompañara a Ciudad Moctezuma a ver a un mecánico baratísimo.

El coche del Mecate revela que ya consultó a un mecánico baratísimo, pero necesitaba otro, a 15 kilómetros de donde estábamos, para cambiar el claxon que sonaba como si tuviera gripe.

Todo esto resulta indigno de figurar en una historia, pero cuando uno se siente en deuda hace cosas indignas de figurar en una historia. El Mecate enseña Educación Física en una secundaria donde las tres maestras de Español están enamoradas de él. Gracias a eso, recomiendan mis libros juveniles y una vez al año me invitan a un auditorio donde reúnen a mil lectores cautivos. Entonces siento un poder magnífico. Con el Mecate iría a la Patagonia.

Hicimos hora y media de camino. En el desayuno, yo había bebido una cafetera completa. Cuando pasamos junto a la Cabeza de Juárez, me estaba orinando. Apenas pude disfrutar la vista de ese horrendo monumento, el cráneo colosal del Benemérito de las Américas montado sobre un arco que lo hace ver aún más alucinatorio. Aunque no advertí toda la fealdad en su espectacular detalle, la imagen resultó profética.

Entramos a un inmenso conglomerado de casitas de dos pisos donde la planta baja es ocupada por un negocio y la azotea por perros, antenas y tinacos. Cuando llegamos al taller, me pellizcaba la mejilla para que el dolor me distrajera.

Minutos después oriné sobre un montón de piedras. El taller mecánico estaba junto a un sitio donde hacían lápidas para cementerios y figuras de yeso.

Un hombre desesperado puede orinar entre futuras tumbas. Un hombre muy desesperado puede orinar sobre una estatua de Benito Juárez. Fue lo que hice.

Me gusta contar el tiempo en las orinadas largas. Mi récord son dos minutos. Iba en el segundo 98 cuando alguien me tocó la espalda. Me volví y oriné los zapatos de un policía.

-Mira nomás, pendejo -el policía señaló sus pies; luego señaló lo que yo había tomado por una piedra. ¿Ya viste?

-¿Qué?

-¡Measte a Juárez!

Me acuclillé para ver la piedra y comprobé que, en efecto, se trataba de un busto en miniatura del Benemérito de las Américas. A su lado estaban Morelos con su pañuelo en la cabeza, Carranza con sus barbas, Allende con sus patillas. ¿Cómo no los había distinguido?

Cuando me incorporé, un pelotón rodeaba al policía. Me vieron como si mis orines hubieran apagado la flama del Soldado Desconocido.

Los policías estaban ahí para escoger una lápida en memoria de un compañero acribillado. La ocasión era solemne. Eso me lo dijeron después. En ese momento solo criticaron lo que yo había hecho. Orinar una propiedad privada (ajena) es delito. Mancillar un símbolo patrio es un delito peor.

Los policías de Ciudad Moctezuma llevaban un uniforme algo distinto al de los del D. F. Pero eso los distinguía menos que otro detalle: eran juaristas convencidos. Mi suerte había sido pésima: la cabeza de Juárez es la que más se parece a una piedra redonda.

El celo histórico de los uniformados se confundía con el abuso de autoridad, pero un sexto sentido me indicó que decirlo podía ser nocivo para mi salud.

Me llevaron a la patrulla sin que pudiera despedirme del Mecate. En el camino a la delegación, politizaron mi arresto. Me recordaron que la izquierda mexicana es juarista y que Ciudad Moctezuma está regida por la izquierda. El gobierno federal no le perdonaba a Juárez haber separado la Iglesia del Estado, ni haber sido indio.

-La derecha es discriminatoria -dijo un policía.

-Yo no discrimino a nadie -me defendí.

-¡Te measte en Juárez!

-Fue un accidente.

-No hay accidentes, solo hay consecuencias -contestó otro policía.

Pensé que era una cita. Luego me pareció discriminatorio suponer que si un policía dice algo raro es una cita. Guardé silencio para no parecer antijuarista.

No fuimos a la delegación porque hubo un 28 y un 04. Eso dijo el radio. La patrulla se desvió primero a una licorería que había sido asaltada y luego a una escuela donde encontraron una mochila con mariguana "que no era de nadie". Vi trabajar a los policías durante hora y media con dedicación. Esto resquebrajó algunos prejuicios que tengo sobre las fuerzas armadas.

La siguiente sorpresa vino cuando me preguntaron a qué me dedicaba.

-Soy escritor.

-¿Le gusta el fútbol? -preguntaron, como si hubiera relación entre las dos cosas.

-El fútbol es un estado de ánimo -dije, para demostrar que soy escritor.

La frase no les interesó. Uno de los policías me escrutó como si buscara mis obras completas en el nacimiento del pelo:

-A ver: ¿quién escribió La vorágine?

Estaba muy nervioso y aún no me acostumbraba a respetar a la policía. Cuando el uniformado dijo "La vorágine" pensé que, en su condición de iletrado, malpronunciaba un título francés, algo así como La vorange. Como no sé francés, no quise ser pedante ni arriesgarme en falso con un autor:

-No sé.

No creyeron que fuera escritor.

El operativo 28 y el 04 retrasaron a la patrulla en su principal meta del día: un partido en cancha grande.

No les daba tiempo de dejarme en una celda y tuve que acompañarlos.

En el trayecto sonó el radio:

-"Houston, tenemos un problema".

Luego siguió una conversación que la estática volvió incomprensible.

-Llevamos un elemento -el policía que iba al volante dijo en su radio.

Fuimos los últimos en llegar al campo. Los demás ya estaban vestidos, con camisetas a rayas azules y negras, como el Inter de Milán.

-Nos falta un jugador -me explicó el policía que me había arrestado.

Fue así como me entregaron la camiseta de Fontanarrosa.

-Para ponértela, tienes que aprender esto -me dieron una tarjeta.

El ayuntamiento izquierdista había lanzado un peculiar programa de promoción de la lectura entre los policías. Les daba uniformes a condición de que portaran nombres de escritores. Para vestir la camiseta, había que saber quién era el autor que la respaldaba. Después del partido se celebraba una velada literaria.

Leí mi tarjeta: "Roberto Fontanarrosa fue un humorista que ayudó a pensar en serio. Dibujó la series de Boogie el aceitoso y El renegau. Hincha del Rosario Central, escribió inmortales cuentos de fútbol. Su libro Una lección de vida resume en su título lo que dejó a sus lectores. Cuando murió, las barras pidieron que el estadio de Rosario llevara su nombre. Se reunía a hablar con los amigos en el Café Egipto. Ahí, una taza no deja de echar humo, por si el Negro regresa".

Hace años escribí una nota un poco displicente sobre Una lección de vida. Quería mostrarme como escritor sofisticado y no me pareció correcto elogiar a un caricaturista. Ahora, la camiseta con su nombre podía congraciarme con los policías. Me la puse como una segunda piel.

El policía que había conducido la patrulla resultó ser Chéjov. Justo cuando pensaba que un buen rendimiento en el partido podría salvarme se acercó a decir:

-Estás arrestado. Vas a jugar, pero arrestado.

¿Puede alguien sobreponerse a semejante presión? Tenía tantas ganas de hacer las cosas bien que las piernas me temblaban.

He omitido un detalle que no me queda más remedio que decir. Cuando los policías me detuvieron, les ofrecí un billete de cincuenta pesos. Me vieron con el rencor de un pueblo especialista en sacrificios humanos. Entonces les ofrecí cien, pensando que había un problema de cotización.

-No aceptamos sobornos: esto no es el D. F.

Había caído en un andurrial donde la norma era inflexible. Cuento esto para que se comprenda mi angustia en la cancha: esos policías no me iban a perdonar así nomás. Todo les parecía grave. Eran fanáticos juaristas que no se corrompían y esperaban que yo frenara al extremo izquierdo.

Me apliqué en la marca, como si me entrenara el dictatorial Lavolpe, pero fui rebasado, metí el pie en un agujero, tropecé con Tolstoi, la pelota me rebotó en la espalda y el enredo se convirtió en un pase para el centro delantero rival: 0-2.

En el segundo tiempo la vista se me nublaba de cansancio pero no me rendí. En algún minuto impreciso recibí un balón elevado, lo maté con el pecho y chuté con efecto. El balón salió como un planeta en miniatura, girando sobre su eje, y fue a dar al rincón donde anidan las arañas. En caso de contar con redes, aquello se hubiera visto como un golazo. El único problema es que esa era mi portería.

Hemingway llegó dispuesto a matarme.

-"Los valientes no asesinan" -cité la frase con que Guillermo Prieto salvó la vida de Benito Juárez.

Debo reconocer que los policías juaristas respetan sus principios: Hemingway me perdonó la vida.

Se podría pensar que el marcador de tres goles en contra, las condiciones del terreno y mi escasa capacidad de respirar en ese aire cuajado de polvo podían desanimarme, pero no fue así. Corrí por mi libertad, me barrí aunque no fuese necesario y fracturé al extremo izquierdo.

El árbitro fue sádico: en vez de sacarme la segunda tarjeta amarilla y luego la roja, me sacó directamente la roja para enfatizar mi torpeza.

Ya dije que en Ciudad Moctezuma hay leyes que se respetan. Cuando un futbolista es expulsado se le suspende dos partidos, aunque se trate de una liga amateur y las porterías no tengan redes. Por mi culpa, el verdadero Fontanarrosa se iba a perder lo que quedaba del campeonato.

Salí de la cancha corriendo, para no retrasar el juego y permitir que mis compañeros anotaran tres goles para empatar. Atrás de mí venía Kafka.

Se dirigió a un maletín de utilero y sacó unas esposas.

Pasé el resto del partido encadenado a un poste.

Ya sin mí, el equipo recibió otros dos goles, pero ellos no reconocieron que les hice falta. Después de los tres pitidos finales, volvieron a verme con ojos de sacrificio mesoamericano.

Por primera vez consideré una suerte que respetaran la ley. Un poquito de impunidad habría bastado para que me asesinaran.

¿Qué podía hacer para calmarlos, recitar la frase famosa de Juárez: "El respeto al derecho ajeno es la paz"? Guardé silencio y eso me ayudó.

Después del partido, el equipo debía asistir a la tertulia literaria. Tampoco ahora había tiempo para llevarme a la delegación.

Los acompañé a un salón de la presidencia municipal. Entramos en uniforme, con caras de policías goleados, más tristes que las de los futbolistas.

Me sentaron entre Kawabata y Okri. En ese momento, ocurrió algo desagradable: Jorge Linares entró al estrado por una puerta lateral.

Los policías aplaudieron su llegada. A continuación, uno por uno se pusieron de pie, dijeron el nombre del escritor que llevaban en la espalda y recitaron su biografía. Cuando me tocó mi turno dije:

-Yo soy Fontanarrosa.

Linares me vio con atención. Nos conocíamos de nuestros inicios literarios. ...El es de Colima y recibimos juntos la beca Jóvenes Creadores del Occidente.

A pesar de sus ojeras, los dientes manchados de tabaco, el pelo ralo y la frente arrugada por sus fracasos literarios, Jorge era reconocible. Más difícil resultaba que me ubicara a mí, con la camiseta del Inter, en un equipo de policías de Ciudad Moctezuma.

Recité lo que recordaba de la tarjeta. Jorge sabía de memoria las biografías porque él las había escrito. Me vio con incertidumbre, como si tratara de recordar algo.

Lo que quería recordar era lo siguiente: en 1998 nos peleamos por Fontanarrosa. Me acuerdo bien porque fue el año del Mundial de Francia. Jorge era entonces jefe de redacción de una revista que desprecio pero donde a veces publico porque soy plural. Escribí para ellos la reseña de Una lección de vida. Jorge la rechazó con estos argumentos:

-No te atreves a decir que el autor te gusta porque te parece populachero y tú quieres ser el escritor más fino de Zamora. El epígrafe de Adorno no viene al caso: lo pusiste para lucirte.

El comentario me molestó por veraz. Había leído a Fontanarrosa con gusto y mis reparos eran caprichosos (lo acusé de colonialista por escribir "mejicano" en vez de "mexicano" ). Sin embargo, en ese momento pensé que Jorge quería bloquear mi carrera, me odiaba por ser un mejor escritor del Occidente y solo se interesaba en Fontanarrosa por estar enfermo del fútbol.

Poco después, Jorge dejó el trabajo de jefe de redacción, se fue como corresponsal al Mundial de Francia y comenzó el sostenido hundimiento que ha sido su trayectoria. No volvió a escribir cuentos. Adquirió la deleznable notoriedad de un cronista de fútbol y apareció en programas deportivos donde parecía intelectual porque nadie lo entendía. Mientras él se sometía al declive de alguien que solo concibe una metáfora si incluye un balón, yo aprovechaba el tiempo de otro modo. No puedo decir que me haya consagrado, pero soy uno de los autores juveniles más leídos de México, especialmente en la escuela del Mecate, y el año pasado recibí la Mazorca de Plata para autores del Occidente. Si ahora Jorge Linares me odia es por envidia.

Después de que recitamos las biografías, él leyó unos textos que hicieron reír mucho a los policías. En la sección de preguntas y respuestas, mis compañeros de equipo revelaron que lo habían leído con admiración, y no solo a él, sino a otros autores que mencionaron al lado de Zidane y Figo. Al terminar la lectura, rodearon a Jorge para pedirle autógrafos, como si fuera Maradona.

Cuando lo dejaron libre, él se acercó a preguntar:

-¿Qué haces aquí?

-Yo soy Fontanarrosa -repetí, como si no pudiera decir nada más.

-Un grande -dijo él.

-Grandísimo -agregué, con tardía sinceridad.

En ese momento el Mecate entró a la sala. Me había buscado por toda Ciudad Moctezuma y al descubrirme gritó mi nombre como un náufrago que ve una gaviota.

La expresión de Jorge no cambió:

-¿Qué haces aquí? -insistió.

-Me arrestaron -contesté, y le conté mi historia.

Los policías le tenían respeto a Jorge. Nos dejaron hablar, sin interrumpirnos ni acercarse a nosotros. La situación cobró tal rigidez que ni siquiera el Mecate se aproximó. Fue un momento extraño, como cuando los capitanes de los equipos discuten en la cancha y nadie se les acerca. Una pausa dramática en la que dos rivales resuelven algo urgente. Segundos después volverán a odiarse. En ese instante, concentran las miradas del estadio entero y sus compañeros aguardan como estatuas. ¿Hay mayor tensión que la de los enemigos que acuerdan algo? Ese diálogo no califica como una jugada; al contrario: suspende el partido, ocurre fuera del tiempo, en una lógica paralela, inescrutable, que agrega un elemento extraño, que nadie desea pero contra el que no se puede hacer nada, un pacto oscuro y preocupante, el de los adversarios forzados a coincidir. Así nos vieron los demás, o así quise que nos vieran.

Cuando acabamos de hablar, Jorge se dirigió a los policías y me dejaron libre. Ellos lo hubieran obedecido en cualquier cosa. Pude regresar a casa, en el coche del Mecate, al que ahora le sonaba el claxon cuando caíamos en un bache.

¿Qué fue lo que Jorge Linares me dijo en aquel conciliábulo? Contó que había perdido la facultad de escribir historias. No se le ocurría nada. Solo podía narrar lo sucedido en una cancha de fútbol. Me pidió mi historia a cambio de mi libertad. Acepté porque no me quedaba más remedio:

-"Una lección de vida" -recité.

Jorge me dio un abrazo. Olía a tequila y a jabón barato.

Sentí lástima por él. Luego me irritó no haberme dado cuenta de que lo mío era una historia.

Al despedirse, Jorge se hizo el interesante:

-Un defensa debe dejar que pase la pelota o pase el jugador, pero no a los dos. La literatura es igual: a veces pasa la historia, pero no el autor.

El hijo de puta se quedó con mi cuento. No digo que yo lo hubiera escrito como Borges, pero sí como un mejor escritor del Occidente. Modestia aparte, él tiene el tema, pero no tiene mi voz.

Por Juan Villoro

El gobierno promete que después de que se promulgue la nueva ley el dial se va a llenar de indios wichis, lesbianas y ONG´s deseosas de salvar a las ballenas, parece que hasta los mudos van a tener su radio. La oposición, que no tiene proyecto, pasa papelones prometiendo defender a Clarín si hace falta y pregunta si la ley establece que tal o cual persona quedan excluidas de la posibilidad de tener medios. TN reúne a sus empleados para decirles que se vayan buscando trabajo aunque ya sea un secreto a voces que algunos de los nombres más conocidos del grupo Clarín se piensan vender entre si las distintas empresas, hecha la ley hecha la trampa. Radio Mitre dice que de haber existido esta ley que se está discutiendo en las provincias no hubieran podido escuchar a Castelo, Guinzburg e Ibarra. Parece que Pettinato, Lalo y algunos más se quejaron de que los usaran y entonces la radio apeló a algún artículo post morten para hacer participar a los tres mencionados de sus spots aunque nunca sabremos que hubieran opinado del asunto, es miserable no? es cierto que también usaron a JP Varsky en el canal oficial sin consultarlo pero Varsky está vivo hizo escuchar su voz y después de todo está bastante a favor de la ley.
Cuando todo esto pase seguro recordaremos estos días de locura en los medios con una sonrisa, por ahora solo hay histeria y paranoia en el ambiente.
Cuando las empresas de cable llegaban a los pueblos y se cargaban a los cables locales nadie levantó la voz en nombre del pluralismo y eso no es una cuestión ideológica es una verdad.

24 de septiembre de 2009

Empiezan a ser una legión los fanáticos de Mad men y una amiga de la casa hoy me comentó que Rodrig Fresán había escrito algo al respecto de la serie, acá está.



Hombres locos
La serie Mad Men recupera el universo de los hombres de traje gris que cada día volvían en tren a sus vidas en los prósperos suburbios norteamericanos de los ‘50. Impecable, la serie parece amparada por las figuras tutelares de los grandes escritores que retrataron aquel infierno que parecía un paraíso

Bienvenidos a la agencia de publicidad neoyorquina Sterling Cooper. Las oficinas de Sterling Cooper están ubicadas en el infernal paraíso o en el paradisíaco infierno de Madison Avenue (de ahí la gracia y el ingenio de Mad Men, que puede leerse como Hombres de Madison y Hombres locos) y en la pantalla de los televisores. Creada por Matthew Weiner —alguna vez guionista y productor de Los Soprano— Mad Men es el lugar donde reina y sufre Dan Draper. Fumador, bebedor, más acostador que acosador de mujeres, espécimen de barrio residencial, esposo y padre eficiente pero muy lejos de la perfección, Draper (a quien da voz y cuerpo Jon Hamm) es un impecable hombre/maniquí escapado de las páginas publicitarias de las revistas de principios de los años ‘60) que, bajo su perfecta apariencia de tiburón implacable, apenas esconde las grietas de un camusiano extranjero made in USA listo para hacer volar todo por los aires. O —como en esos créditos de apertura, tan Saul Bass circa Alfred Hitchcock—- arrojarse desde las alturas. Así, Draper vuelve todas las noches a casa en tren con un whisky o dos de más y el cartel de la estación en la que se baja anuncia que estamos en Ossining: el mismo suburbio residencial en el que, por entonces, vivía un escritor llamado John Cheever.

JOHN CHEEVER

Era alguien que se ocupaba de contar las historias de hombres como Dan Draper. Hombres enloquecidos por la idea de que, se supone, tienen todo para ser felices y sin embargo hay algo que falla en el teóricamente perfecto producto de sus vidas. Eso que algún publicista tan astuto como Draper bautizó como el Sueño Americano pero que cada vez se confundía y se fundía más con la pesadilla del insomnio.

“No nací en una verdadera clase social, y desde muy pronto tomé la decisión de infiltrarme en la clase media como un espía para poder atacar desde una posición ventajosa, sólo que a veces me parece que he olvidado y tomo mis disfraces demasiado en serio”, escribió Cheever en una entrada de sus Diarios. Y, de algún modo, todavía sigue allí. Nunca se ha ido y siempre vuelve: John Cheever (1912-1982) entró en marzo, por fin, en la canónica Library of America coincidiendo con la publicación de una nueva biografía firmada por Blake Bailey, que ya había publicado un perfecto y demoledor retrato de Richard Yates en el 2003: Tragic Honesty: The Life and Work of Richard Yates. Pero a no confundirse: para los antihéroes de Cheever —-para los nadadores, los maridos rurales o los hermanos siempre en discordia— existe, siempre, la posibilidad cierta de una redención epifánica con resabios de antiguas y divinas mitologías. Dan Draper, creo, no goza de ese privilegio.

RICHARD YATES

Y, mucho menos, los muy tristes personajes del tristísimo Richard Yates (1926-1992), a quien tan poco han comprendido el director Sam Mendes y la actriz Kate Winslet y el actor Leonardo Di Caprio. Entro a ver ilusionado la adaptación fílmica de Revolutionary Road y a los diez minutos comprendo que hay algo —mucho— que no funciona. La adaptación de Mendes es, paradójicamente, tan mal teatro como la obrita amateur con que arranca la película. Lo que en las novelas de Yates es una prosa seca y de dientes apretados aquí se convierte en alarido melodramático y, claro, Di Caprio está condenado a lucir, siempre, como si se hubiera puesto la ropa de su padre y jugara a ser mayor. Di Caprio es, apenas, un hombrecito loquito; y no puedo evitar imaginarme lo bien que habría estado alguien como Edward Norton —o, ya que estamos, Jon Hamm— en el rol de Frank Wheeler. Winslet no hace mal lo suyo pero, otra vez, la misma incómoda sensación que uno ya tuvo en Titanic: la de ver a una mujer aprovechándose de un niño. Tal vez deban filmar juntos —Winslet sería una magnífica Mrs. Robinson y Di Caprio un perfecto Benjamin Braddock— una remake de El graduado, otra de hombres locos.

Así que salgo del cine y entro en una librería y no puedo resistirme a la flamante edición conjunta de las novelas Revolutionary Road (1961) y The Easter Parade (1976, mi favorita entre las suyas) y el legendario volumen de relatos Eleven Kinds of Loneliness (1962) que le ha dedicado la Everyman’s Library al ahora súbitamente hot y cool Yates. Las dos primeras han sido recientemente publicadas por Alfaguara con los títulos de Vía revolucionaria y Las hermanas Grimes, el tercero fue publicado hace unos años por Emecé Argentina, y yo ya tengo todos por separado. Pero hay un placer raro en comprarse libros que ya se tienen. Y el prólogo de Richard Price justifica la inversión. Allí se lee: “El territorio de Yates se ubica ligeramente al Sur de Cheever, al Oeste del de O’Hara, al Este de Carver y al norte de Tobias Wolff y Richard Ford”. Price cuenta cómo conoció al entonces perdedor y olvidado Yates y lo define así: “Se nutría de rencores, era una incubadora de desaires. Sus dioses personales eran Hemingway y Fitzgerald. Estaba amargado. Tenía todo el derecho del mundo para estar amargado. Estaba realmente amargado”.

JOHN O’HARA

Hemingway y Fitzgerald no dudaron en celebrar por escrito la publicación de Cita en Samarra (ahora reeditada por Lumen), primera y consagratoria novela publicada en 1934 por el muy exitoso y muy amargado John O’Hara (1905-1970). O’Hara —hombre de The New Yorker, donde casi nadie lo soportaba— estaba amargado porque en su juventud no había podido estudiar en Yale, porque en su madurez nunca lo invitaron a ser parte de la National Academy of Arts and Letters, y porque en sus últimos años no le dieron el Nobel de Literatura. Poco y nada le satisfacían sus Rolls Royce, sus bestsellers, su imaginación puesta al servicio del imaginario Gibbsville, Pennsylvania, transparente mutación de su Pottsville natal. Si Cheever es el cronista de los infiltrados y Yates el de los vencidos, entonces O’Hara es el profeta de aquellos que deciden tirar del mantel y patear el tablero. Eso es lo que hace Julian English durante una fiesta navideña en Gibbsville. Estalla. Como cualquier noche de éstas —haciendo mucho más ruido que los hombres locos de Kerouac & Co.— estallará Dan Draper en Mad Men.

JOHN UPDIKE

La nueva edición de la novela más conocida y mejor considerada de John O’Hara incluye uno de los muchos brillantes prólogos de John Updike (1932—2009), discípulo admirado y amistad complicada de Cheever, a cuya biografía mencionada más arriba le dedicó una de sus últimas críticas para The New Yorker. Allí se nos dice que “Cita en Samarra es, entre otras cosas, la venganza de un irlandés contra los protestantes que lo han desairado”. Updike —acaso el más perfecto retratista de la mística protestante y puritana, de sus transgresiones y pecados— siempre se confesó admirador de O’Hara. Y, de alguna manera, varios de sus personajes más celebrados —ya sea el irresponsable Harry “Conejo” Angstrom, el itinerante e insatisfecho escritor judío Henry Bech o los innumerables maridos y esposas infieles que retozan entre las sábanas sucias de sus páginas de escritura inmaculada— poseen la explosiva inestabilidad de la nitroglicerina. Basta agitarlos un poco para que nada ni nadie quede en pie por la onda expansiva que producen el día en el que, finalmente, deciden cambiar el ritmo de la música de sus días.

MILES DAVIS

Escribo todo esto mientras escucho, con motivo de sus cincuenta años, la nueva y conmemorativa Legacy Edition de Kind of Blue de Miles Davis. No soy lo que se dice un oyente dedicado y curtido de jazz; pero Kind of Blue es como las Variaciones Goldberg de Bach interpretadas por Glenn Gould: es música que trasciende los géneros. Y es —como en el caso del Bach by Gould— perfecta música de fondo. En el cuadernillo que acompaña al CD me entero de que lo que intentaba evocar Miles Davis en Kind of Blue era el sonido de un coro de gospel alabando al Señor. Algo milagroso que Davis había escuchado, una vez, en una oscura carretera de Arkansas.

“La muerte de Justina” —uno de los relatos más famosos de John Cheever—- concluía con un publicista atormentado redactando como slogan para un mentiroso tónico llamado Elixircol (con supuestos poderes para curar todos los males de los hombres locos de este mundo) aquel pasaje de la Biblia que comienza con “El Señor es mi pastor...” y acaba rogando por la protección para todos aquellos que caminan por “el valle de la sombra de la muerte”.

Ahora es sábado por la mañana, afuera llueve y hoy a la noche dan un nuevo episodio de la segunda temporada de Mad Men.

All Blues.

So What.

Por Rodrigo Fresán

23 de septiembre de 2009



Que difícil es ver televisión abierta en este país!
Así es la vida en pleno re brote bolivariano se pudrió todo en Honduras y tuvimos un golpe al viejo estilo. El presidente Zelaya finalmente retornó y cuando se refugió en la embajada brasileña el ejercito de Honduras se puso en alerta. Corridas, gases, detenidos en un estadio y Brasil advirtiendo que no iba a dejar pasar esa afrenta.
Me pregunté: y que? Va a haber una guerra entre Honduras y Brasil?
Entonces me acordé de este cuento de Roberto Fontanarrosa.


EL POLVORIN IGNORADO

Mientras el mundo concentra su atención en la crisis monetaria del capitalismo, se inquieta ante el violento cariz que adquieren las conversaciones en torno a la provisión de hidrocarburos o bien gira sus miradas hacia los lugares del globo donde las guerras alcanzan sus picos más detonantes, desde hace ya 35 años Ecuador y el Nepal enardecen una conflagración encarnizada. Silenciosas, obcecadas y sugestivamente postergadas en las primeras planas de los principales rotativos internacionales, las dos naciones se desangran en la lucha. ¿Qué ocultos intereses retienen, desvirtúan o bien tergiversan todas las noticias emanadas al respecto de las correspondientes cancillerías? ¿Qué hace que tanto altos estadistas como asimismo el Secretario General de la Central Intelligence Agency (CIA) manifiesten abiertamente ignorar los hechos? Algunos datos sobre esta contienda sirven, tal vez, para aclarar los sucesos. El 7 de octubre de 1940 el licenciado Manuel del Pablo, embajador del Ecuador en Nepal, fue salivado públicamente y en pleno rostro, por un alto funcionario nepalés. Tres días después ambos países rompían relaciones, y el 23 de noviembre de 1940 se declaraba formalmente la guerra al considerar el gobierno ecuatoriano que sus pares nepaleses no habían dado explicaciones diplomáticas satisfactorias al burdo suceso. Vanos fueron los descargos hechos días después por el Nepal atribuyendo la agresión a resabios asimilados por sus pobladores de la famosa "flema inglesa" y aclarando que se habían redactado 347 carillas para remitir a Ecuador con las aclaraciones del caso. Este informe, conocido como el Informe Esputo, nunca llegó a destino debido al sorpresivo desbarrancamiento del yak que lo transportaba desde el Himalaya hasta el despacho telegráfico de la zona. Se culpó, en el momento, a la CIA como responsable del sospechoso accidente. La guerra quedó declarada. Ambos países se dispusieron para la confrontación. El Alto Mando del Ejército Ecuatoriano, tras un minucioso estudio y cálculo de posibilidades —como asimismo de las condiciones topográficas de la región— decidió, en 1943, optar por la guerra de trincheras, a la defensiva, previendo el arribo de las hordas nepalesas. En Quito, el pueblo ensoberbecido pugnó durante horas con la policía procurando quemar la embajada del país asiático, debiendo retirarse con algunas víctimas, al comprobar que ningún guardián del orden conocía la dirección exacta de dicha representación diplomática. En 1947 el gobierno de Ecuador aclaró al pueblo que cesara en sus intentos, dado que nunca había asentado reales en el país una embajada del Nepal. Esto encrespó aun más los ánimos de los pobladores que esta vez buscaron infructuosamente una bandera nepalesa para incinerar. Ante la violencia desatada y la necesidad de darle algún cauce concreto, el gobierno ordenó confeccionar cien banderas enemigas que fueron quemadas en plaza pública. Luego se comprobó que por un error de información dichas enseñas habían sido hechas a imagen y semejanza de la insignia de Afganistán. La OEA, por un momento, temió una alianza entre Afganistán y el Nepal, pero los afganos ignoraron el hecho, muy preocupados por una letal epidemia de disentería. Incluso un oscuro diplomático ecuatoriano enviado a Afganistán para explicar el hecho murió al contraer dicha peste. A todo esto, el Alto Mando del Nepal llegó a la conclusión de que por las anfractuosas características del terreno su ejército debía optar por la guerra de trincheras, siguiendo paso a paso los cánones de los estrategas franceses en la primera conflagración mundial. Siguió luego una tensa calma que abarcó desde 1951 a 1956; allí, para ser más exactos, el 23 de febrero, el conflicto estuvo a punto de estallar con megatónica potencia. En Ginebra, Suiza, un turista ecuatoriano acertó a entrar a un negocio de relojería atendido por un nepalés. El sudamericano, advertido del peligro, ocultó su identidad limitándose a escuchar a su interlocutor, considerando (según luego relatara a su Departamento de Estrategia) que era más útil desarrollar una hábil política de espionaje.
Debido a la diferencia idiomática no pudo transcribir lo expuesto por el nepalés, pero finalmente escapó con un reloj pulsera que aún se exhibe en Quito como prenda tomada al enemigo. En represalia, el gobierno de Nepal prohibió literalmente difundir por sus radioemisoras el pasodoble "Sangre ecuatoriana". El clima se tornó entonces más tirante y espeso, de ser eso posible, y hasta nuestros días ambos ejércitos permanecen en sus trincheras, oteando el horizonte, a la espera del ataque aniquilador. Una sola chispa, tan sólo una, puede encender la contienda y desatar la vorágine de una nueva guerra.
¿Se sorprenderán entonces las grandes potencias? ¿Verán con asombro cómo el frente de atención varía desde Medio Oriente hacia el Trópico o el Himalaya? ¿Cómo explicarán a los pueblos el inexplicable silencio que han tendido como un sudario durante más de tres décadas sobre tal estado de cosas?
¿Recién entonces sabremos cuáles son las motivaciones que hacen que los conglomerados multinacionales, los pools, los cartels, e incluso la sinarquía internacional se confabularan en un mutismo cómplice? Lo cierto, lo concreto, es que durante años nos hemos sentado al descuido sobre un volcán. Volcán que se torna más amenazante que nunca ahora, desde el 8 de enero de 1975, cuando el gobierno de Nepal (a los efectos de facilitar el enfrentamiento armado) ha iniciado gestiones ante las Naciones Unidas para declarar al Ecuador, País Limítrofe.

Roberto Fontanarrosa •

22 de septiembre de 2009


Bicicleta/ A los jóvenes de ayer

A simple vista puedes ver
como borrachos en la esquina de algún tango
a los jóvenes de ayer.
Empilchan bien, usan tupé
se besan todo el tiempo y lloran el pasado
como vieja en matinee.
Miralos, miralos, están tramando algo.
Pícaros, pícaros, quizás pretenden el poder.
Cuídalos, cuídalos, son como inofensivos.
... son nuestros nuevos Dorian Grey.
En un remise en SADAIC con sus bronceados de domingos familiares
y sus caras de kermesse.
Grandes valores del ayer,
serán los jóvenes de siempre
los eternos
los que salen por T.V.


Sábado 26 de Septiembre | 20 hs.
Sala Batato Barea
Entrada Libre y Gratuita
Centro Cultural Rojas, Corrientes 2038

Proyección del programa entero y charla posterior con Nicolás Pauls y
Lisandro Ruiz
ELEPÉ en el Rojas, mes aniversario
O todo lo que siempre quisiste saber sobre un disco y nadie te contó.
El programa “Elepé” se transmite los lunes a las 23 hs. por Canal 7.
“Conducido por Nicolás Pauls, muestra la intimidad y la cocina de los
discos claves del rock argentino, con detalles contados por sus
protagonistas y las personas vinculadas a cada producción".

*En esta oportunidad se proyectará el programa Serú Giran: Bicicleta (1980)*

Momento cumbre de una de las mejores bandas y discos de la historia
del rock argentino. Tercer disco de Serú, logrando calidad
interpretativa así como compositiva. Nos metemos en la cocina y la
intimidad de este disco que marcó a fuego la historia del rock nacional.
Canciones como“Encuentro con el diablo”, “Mientras miro las nuevas
olas”, “Desarma y sangra” y “Canción de Alicia”, entre otras, forman un
excelente álbum consagratorio. Testimonios de Charly García, David
Lebón, Pedro Aznar, el ingeniero de grabación Amilcar Gilabert, la
artista plástica Renata Schussheim, Alfredo Piro, el periodista Pipo
Lernoud, entre otros, son los protagonistas que cuentan el álbum como
sólo Elepé lo cuenta.
Los esperamos


Nunca revele sus contraseñas o números de tarjetas de crédito en una conversación de mensajes instantáneos. Para evitar infecciones de virus o gusanos en el equipo, no acepte ni abra nunca un archivo o vínculo de un mensaje instantáneo hasta que compruebe su autenticidad con el remitente.


Johny Staccato dice: (19:22:39)
samurai
Samurai dice: (19:22:42)
si
Johny Staccato dice: (19:22:50)
creo que he visto la película más ridícula del año
Samurai dice: (19:22:58)
mmm
Samurai dice: (19:23:04)
mas que GI JOe?
Johny Staccato dice: (19:23:08)
no la vi esa
Samurai dice: (19:23:18)
que viste?
Johny Staccato dice: (19:23:20)
tal vez estoy exagerando porque tiene un muy buen comienzo... hasta que se terminan los títulos. Fui a ver "La Viuda de los Jueves"
Samurai dice: (19:23:48)
Uhhhh Me aburrió mucho
Johny Staccato dice: (19:24:33)
mientras la veia pensaba que no tenía sentido por ningún lado no tiene ni pies ni cabeza es tan básica que no sé ni que comentarte
Samurai dice: (19:25:01)
ni siquiera Juanita Viale salva el asunto
Johny Staccato dice: (19:25:18)
solo me sale reirme de la película y de la importancia que se da mientras es una ridiculez todo generalmente las películas de piñeyro son muy desparejas de actuación celebro, eso si, la recuperación de roberto antier... el charlie sheen argentino
Samurai dice: (19:26:32)
El único que se banca es Leonardo Sbaraglia absolutamente me sorprendió
Johny Staccato dice: (19:26:54)
pero no tiene sentido que esos 4 sean amigos
Samurai dice: (19:27:00)
Antier está desperdiciado
Johny Staccato dice: (19:27:05)
no se entiende nada d ela amistad o de la supuesta amistad que tienen
Samurai dice: (19:27:21)
Desperdiciado en general digo
Johny Staccato dice: (19:27:32)
no se ve el verdadero peligro de perder lo que tienen ni siquiera pone a lasmujeres en el luigar de viciosas arpias insatisfechas (más o menos como están todas presentadas) todo es tibio tímido y no te importa nunca nada pero además... hay algo medio lógico... creo yo si va a terminar con el entierro de los 3 amigos como vas a poner en los flashbacks un entierro que no le importa a nadie?
Samurai dice: (19:29:48)
cual es el tema de ese pacto final? de repente se volvieron existencialistas? y lo del lesbianismo que ni siquiera existe en el libro es un disparate
Johny Staccato dice: (19:31:06)
bancá que me llamaron por teléfono
Samurai dice: (19:31:10)
dale
Samurai dice: (19:43:26)
me voy un rato cuando vuelvo seguimos


Samurai dice: (20:14:16)
volví
Johny Staccato dice: (20:14:44)
aqui
Johny Staccato dice: (20:15:16)
estábamos con el lesbianismo
Samurai dice: (20:15:18)
Bueno decía yo que ni el lesbianismo salva la cosa
Johny Staccato dice: (20:15:22)
para decirlo de alguna forma todo es una joda... yo sentía eso... que en un momento iban a mirar a cámara y se iban a cagar de risa
Samurai dice: (20:16:02)
si
Johny Staccato dice: (20:16:08)
la historia no tiene ni pies ni cabeza
Samurai dice: (20:16:09)
una jodita para Tinelli
Johny Staccato dice: (20:16:14)
claro
Johny Staccato dice: (20:16:36)
si, aparte, distinguí quien está casado con quien y te regalo una mampara para baño dijo un amigo que no puedo mencionar
Samurai dice: (20:16:55)
La mampara me viene bárbara para el baño del country !
Johny Staccato dice: (20:17:24)
el mismo amigo dijo "un thriller sin tensión" además... eso que decias les pega la melanco para el orto o podiamos decir el pedo más triste de la historia del cine
Samurai dice: (20:18:03)
la tristeza de los chicos ricos!
Johny Staccato dice: (20:18:03)
ves que el alcohol mata! menos mal que no se drogan!
Samurai dice: (20:18:21)
en Chicos ricos la pasaban mejor al menos se iban al carajo!
Johny Staccato dice: (20:18:59)
y el final es cualquiera... todo tiene el mismo tono todo el tiempo todo tiene el mismo valor
Johny Staccato dice: (20:19:11)
tremenda
Samurai dice: (20:19:16)
yo sé que es cruel
Samurai dice: (20:19:41)
pero que tal si analizamos dejando atrás esto la primera temporada de Mad men
Johny Staccato dice: (20:19:53)
encantado
Samurai dice: (20:19:59)
que tiene mas cine en un minuto que Las viudas de los jueves
Johny Staccato dice: (20:20:37)
absolutamente




Samurai dice: (20:20:40)
Yo ya hablé pero sé que tenes ganas de comentar algo de lo que es la serie del momento
Johny Staccato dice: (20:22:35)
ya empecé a ver la 2da temporada y me sigue deslumbrando mucho más el estilo de la serie que la historia en si
Samurai dice: (20:22:55)
es cierto hay una elegancia para perturbar que es envidiable
Johny Staccato dice: (20:23:38)
si... ademá se la pasan fumando lo que es un problema serio para un fumador que ve los capítulos durante la noche la historia es bastante compleja
Samurai dice: (20:24:18)
chupan bastante también
Johny Staccato dice: (20:24:27)
hay una insatisfacción general en todos los personajes y una perdida completa de la identidad... que en la 2da temporada la encauzan para el lado de la modernidad que se avecina creo que uno de los grandes hallazgos de la historia es la mujer del protagonista que se hace una paja con el vibrar del lavarropas eso es extraordinario y en cada escena que aparece sentís que le está por saltar algún tipo de térmica... sea con el marido o con algún otro hombre
Samurai dice: (20:25:41)
ese capítulo está sobre el final de la primera temporada... y es bella
Johny Staccato dice: (20:25:52)
es igual a grace kelly
es preciosa
Samurai dice: (20:26:00)
inalcanzable
Johny Staccato dice: (20:27:10)
tiene varios puntos en contacto con "los sopranos de hecho el creador de mad men era uno de los guionistas de "los sopranos" en principio hay crisis de identidad, una vida que aparenta algo que no se és...
Samurai dice: (20:28:01)
El protagonista es mas inquietante que Tony Soprano
Johny Staccato dice: (20:28:10)
hay un psicólogo y deseos sexuales ocultos... en ese sentido, es una serie muy sexual
Samurai dice: (20:28:22)
hay un niño excitado con la esposa del protagonista y ella no lo desanima
Johny Staccato dice: (20:30:14)
eso es realmente perturbador porque además son series, como los sopranos, que sabés que cruzan lineas difíciles de volver atrás
Samurai dice: (20:31:18)
los sesenta están bien contados, la música es perfecta y el final de la primera temporada te desorienta mucho
Johny Staccato dice: (20:31:31)
si
Johny Staccato dice: (20:32:08)
de hecho aun estoy esperando alguna repercusión con respecto a que la mujer del protagonista se haya enterado que su marido hablaba con su psicólogo
Samurai dice: (20:33:28)
lo que da una idea de lo asfixiante que es la vida que muestran comparalo con lo de la viuda de los jueves!ª
Johny Staccato dice: (20:34:35)
uffff... tremendo castigo
Samurai dice: (20:35:24)
como te parece que arranca la segunda?
Johny Staccato dice: (20:37:07)
excelente gran capítulo donde don no puede satisfacer a su mujer el día de san valentín
Samurai dice: (20:37:50)
y eso que la llevó a al mejor lugar y le regaló un tapado de piel
Johny Staccato dice: (20:38:19)
si... terminan viendo a jackie kennedy que muestra la casa balnca por dentro
Samurai dice: (20:38:31)
dicho sea de paso nadie siente culpa por eso de la piel... las bragas negras de ella on directemente infartantes
Johny Staccato dice: (20:39:09)
me queria meter adentro de la tele y comerme el dvd
Samurai dice: (20:39:27)
siiii!!!
Johny Staccato dice: (20:39:37)
por Dios que hermosa mujer... en fin...
Samurai dice: (20:39:41)
no sé que viste pero la temperatura sube bastante en la segunda temporada y no solo por ella además continúan las cosas incorrectas, fuman delante de los niños, tiran latas en los parques, chupan y salen a manejar
Johny Staccato dice: (20:41:28)
fuman en todos lados toman whisky para desayunar
Samurai dice: (20:42:14)
En HBO ya están por la tercera y parece que no afloja
Johny Staccato dice: (20:44:42)
Esa es la mejor noticias de todas

21 de septiembre de 2009



Pasión por la radio dice uno de los cortos de la nueva artística de La red y nunca estuvo más acertado poner eso para cerrar el largo monólogo con que Carlos Salvador Bilardo quemó las naves en el micrófono de la radio de De Narváez.
Desde hace 13 años Bilardo tiene en La red un espacio desde donde dar rienda suelta a su mirada sobre el fútbol, sobre los medios sobre Garpani (Pagani) y sobre la vida misma. A uno puede o no gustarle el narigón, puede o no compartir sus ideas pero el tipo es frontal y no se guarda nada. Sus programas a veces no parecen tener mucho sentido, sus largas peroratas en donde se entremezclan recuerdos de los mundiales y de su paso por Colombia a veces se vuelven ininteligibles pero uno siempre saca algo.
El compañero de Bilardo en el programa es Miguel Dalassio, Dalassio comparte la ideología bilardiana y cubre al narigón cuando este anda de viaje. Siempre sale al aire aunque no esté acá. Desde Brasil, desde Africa o desde donde sea que se encuentre. Dalassio es un fiel bastonero del DT devenido conductor de radio.
Hoy BIlardo estuvo sólo porque le sacaron a su co conductor, dos horas antes de salir al aire Dalassio lo llamó y le dijo que Mariano Closs lo había apretado y lo había obligado a elegir entre estar en la mesa de su programa o seguir con el Dr Bilardo. Por celos, aclaró Don Carlos, porque no tienen calle, porque se creen que se pueden llevar a la gente de por delante. De ahí en mas Bilardo se desnudó y desnudó los manejos de Closs en la interna de la radio. Bilardo contó cómo Marianito hizo echar a su amigo el colorado Liberman, la pelea con Niembro, los enojos con algunos personajes y la manera en que presiona a la gente de su equipo de la cual exige absoluta sumisión. En la andanada cayó también el jueguito al estilo Rial al que apela Closs cuando dice cosas como: Acabo de recibir un mensaje de texto...
Cómo mensaje de texto????- se exaltaba el narigón al micrófono- si tenés una información dala y poné la cara!
Un gran momento de radio pasional y de dignidad protagonizado por un tipo que en lugar de callarse optó por decir lo que se le cantó las pelotas decir dando nobres y contando cosas que seguramente nadie pensó que iba a contar.
Monologó largamente, se sacó, escupió su verdad y se fue faltando unos minutos.
- Poné música- dijo- yo me voy
Un grande Bilardo.




The Philosophers stone

Out on the highways and the by-ways all alone
I'm still searching for, searching for my home
Up in the morning, up in the morning out on the road
And my head is aching and my hands are cold
And I'm looking for the silver lining, silver lining in the clouds
And I'm searching for and
I'm searching for the philosopher's stone

And it's a hard road, Its a hard road daddy-o
When my job is turning lead into gold
He was born in the back street, born in the back street Jelly Roll
I'm on the road again and I'm searching for
The philosopher's stone
Can you hear that engine
Woe can you hear that engine drone
Well I'm on the road again and I'm searching for
Searching for the philosopher's stone

Up in the morning, up in the morning
When the streets are white with snow
It's a hard road, it's a hard road daddy-o
Up in the morning, up in the morning
Out on the job
Well you've got me searching for
Searching for, the philosopher's stone
Even my best friends, even my best friends they don't know
That my job is turning lead into gold
When you hear that engine, when you hear that engine drone
I'm on the road again and I'm searching for the philosopher's stone

It's a hard road even my best friends they don't know
And I'm searching for, searching for the philosopher's stone

Van Morrisdon

Los debates que se hacían en el Rojas cambian de sede!




REUNION DE FAMILIA: LOS PIÑEYRO

Ahora que el diálogo está de moda cambiamos el debate por las charlas de café. Desde Septiembre “Los Debates del Cine Argentino” se transforman en “El Café Cinematográfico” y mudan su sede al elegante café / tienda de video “Miles”, de Palermo. Para comenzar el Centro Cultural Rojas y el PCI invitaron a tres hombres de cine que comparten el apellido y el oficio, Marcelo Piñeyro (“Tango Feroz”, "Plata Quemada", “Las Viudas de los Jueves”), Enrique Piñeyro (“Whisky Romeo Zulu”, “Fuerza Aérea Sociedad Anónima”), y Matías Piñeyro (“El Hombre Robado”, “Todos Mienten”) a tratar de descubrir si hay alguna otra cosa que los une más alla del nombre (debemos confesar que buscamos algua excusa para invitar a Ricardo Piñeyro para que traiga a alguna de sus modelos, pero no la encontramos).

El Viernes 25 de Septiembre a las 18:30 hs en Miles Cine, Gurruchaga 1580.



Eso si, tengan cuidado en MIles porque está lleno de cajas, ediciones especiales, series de culto, cine clásico y si los agarra Nicolás y les empieza mostrar cosas seguro que dejan medio sueldo ahí.
la recomendamos hace un tiempo y ahora volvemos, ya está en su cuarta aventura

ODIO Y RENCOR EN TERRA

La Dama de Bollini presenta dos propuestas musicales interesantes y variadas

Julieta Kitman y Ximena Guerrico.



Este viernes 25/9 a las 21:30 hs.



Julieta Kitman – Voz y Angel Sucheras – Piano.

En esta oportunidad, la cantante Julieta Kitman, se presentará a duo, junto al gran pianista Angel Sucheras, con quien transitará las más destacadas y originales composiciones del jazz.



Posteriormente se presentara la cantante Ximena Guerrico acompañada por Francisco Carattino en guitarra y Gaby Safron en bajo, haciendo un variado recorrido por clásicos del jazz, de la bossa nova, algo de música francesa y del pop.



Derecho de Show único $ 20.-



Pasaje Bollini 2281.

Reservas al 4805-6399

Defendamos Buenos Aires!

La defensora del Pueblo porteño pidió explicaciones por el altísimo costo de la ínfima plazoleta de las Madres. Y agregó una comparación con los precios de otras obras públicas compiladas por vecinos.


Por Sergio Kiernan

Un día frío a comienzos de este invierno, nuestro columnista el arquitecto Marcelo Magadán estaba dando una de sus caminatas por el sur porteño cuando se encontró con una sorpresa. En la esquina de Garay y Entre Ríos aparecía una ínfima plazuela, la de las Madres, con veredas nuevas de cemento peinado y dos farolitos. Todavía exhibía el cartel de obra y Magadán notó, con sobresalto, el monto de 598.406,46 pesos. Como este arquitecto es un hombre prolijo y preciso –por algo es uno de nuestros mejores restauradores– volvió a casa a buscar su cinta métrica, lápiz y cuaderno. Al rato sabía que su sobresalto era justificado, porque la plaza tenía 37 metros cuadrados de tierra batida, todavía sin pastito, y 67 de vereda. “Remodelar” el triangulito había costado 5328,50 pesos por cada metro cuadrado de plaza, sea de tierra o de cemento. Una obra semejante, hecha por un privado para otro privado, costaría 47 pesos por metro.

Magadán publicó su descubrimiento de la plazoleta más cara de nuestra ciudad el cuatro de julio en m2. De inmediato pasaron dos cosas: el gobierno porteño guardó el más helado silencio y la Defensoría del Pueblo porteño empezó a preguntar. Resulta que la defensora del Pueblo, Alicia Pierini, tuvo este mismo año la buena idea de crear una nueva defensoría adjunta, dedicada a temas de planeamiento urbano, identidad barrial y a patrimonio arquitectónico. Su titular es Gerardo Gómez Coronado, que se tiró de lleno a la pileta y está disparando pedidos de informes, convencido de que la Defensoría es una gran herramienta para defender la ciudad.

El 20 de julio, luego de hablar con Magadán, la Defensoría abrió la actuación 3682 y el último día de ese mismo mes le enviaba un oficio al Poder Ejecutivo pidiendo explicaciones sobre el asombroso precio.

Resulta que la obra de la placita de las Madres tiene un segundo nivel de rareza bastante desconcertante. Cuando uno ve una obra en una plaza o calle, piensa automáticamente en los ministerios de Planeamiento Urbano o de Espacio Público. Pero el amarillo cartel de Entre Ríos y Garay avisaba que la obra era a cuenta y orden de la Subsecretaría de Atención Ciudadana, que depende directamente de la Jefatura de Gabinete porteña y no tiene nada, pero nada que ver con la obra pública.

Atención Ciudadana se dedica justamente a atender a los ciudadanos, a través de la Dirección General de Atención Vecinal, de la red de CGP que cubren la ciudad, de la Dirección General de Defensa y Protección del Consumidor y de la de Descentralización y Participación Ciudadana. A la subsecretaría le caen programas como el presupuesto participativo, el Registro de organizaciones de acción comunitaria, el call center que atiende reclamos y la recepción de pedidos online. Lo más cercano que llega la subsecretaría a poner un ladrillo en alguna parte es cuando redirige pedidos vecinales “a los funcionarios de cada área”.

La actual subsecretaria es Gladys Esther González, que no registra tampoco el menor antecedente en obra pública o arreglo de plazoletas. González fue directora por el PRO en el Banco Ciudad en tiempos de Jorge Telerman y estuvo a cargo de la publicidad del banco, lo que generó comentarios ya en esos tiempos.

Tal vez su inexperiencia en obras públicas o la dificultad de fijar precios en temas tan soft como la publicidad expliquen el extravagante precio de la licitación 2343 que firmó González para la plazoletita. Que el precio es una exageración notable se desprende no sólo del cálculo de Magadán sino de lo que paga el mismo gobierno porteño por otras obras: hasta en el raro mundo de la obra pública, la plazoleta de Gladys Esther brilla por su precio.

Tanto, que el defensor adjunto Gómez Coronado acaba de presentar esta semana un agregado a su oficio de julio. Resulta que el funcionario recibió ayuda de un grupo de vecinos de la ciudad que se andan ganando el bronce. Son los vecinos del parque Leonardo Pereyra, que primero se indignaron por la destrozona “reforma” de su plaza y luego se pusieron a estudiar todas las obras en plazas del gobierno porteño. En el sitio www.parquele onardopereyra.com se puede encontrar una lista interminable de intervenciones en plazas, parques, patios urbanos y plazoletas en todos los barrios. Y con una prolijidad notable, los vecinos incluyeron en su relevamiento los precios declarados en los carteles amarillos.

Para dar apenas un ejemplo evidente para los que anden por el centro: la plaza Libertad, que cubre la manzana pareja entre Cerrito, Marcelo T. de Alvear, Libertad y Paraguay fue licitada más o menos al mismo tiempo que la minúscula plazoleta de las Madres. Resulta que la intervención sobre los espacios verdes fue presupuestada en 1.540.110 pesos, algo menos que el triple que la obra de Gladys Esther. Pero la Libertad mide 10.000 metros cuadrados y la Madres mide 100, con lo que Atención Ciudadana se gastó unas treinta veces lo que Espacio Público, medido por metro de obra.

En fin, será interesante ver qué contesta el Ejecutivo sobre estos costos que tanto se destacan hasta en la comparación entre sus propias obras.

DESOLATION ROW
They're selling postcards of the hanging
They're painting the passports brown
The beauty parlor is filled with sailors
The circus is in town
Here comes the blind commissioner
They've got him in a trance
One hand is tied to the tight-rope walker
The other is in his pants
And the riot squad they're restless
They need somewhere to go
As Lady and I look out tonight
From Desolation Row

Cinderella, she seems so easy
"It takes one to know one," she smiles
And puts her hands in her back pockets
Bette Davis style
And in comes Romeo, he's moaning
"You Belong to Me I Believe"
And someone says," You're in the wrong place, my friend
You better leave"
And the only sound that's left
After the ambulances go
Is Cinderella sweeping up
On Desolation Row

Now the moon is almost hidden
The stars are beginning to hide
The fortunetelling lady
Has even taken all her things inside
All except for Cain and Abel
And the hunchback of Notre Dame
Everybody is making love
Or else expecting rain
And the Good Samaritan, he's dressing
He's getting ready for the show
He's going to the carnival tonight
On Desolation Row

Now Ophelia, she's 'neath the window
For her I feel so afraid
On her twenty-second birthday
She already is an old maid

To her, death is quite romantic
She wears an iron vest
Her profession's her religion
Her sin is her lifelessness
And though her eyes are fixed upon
Noah's great rainbow
She spends her time peeking
Into Desolation Row

Einstein, disguised as Robin Hood
With his memories in a trunk
Passed this way an hour ago
With his friend, a jealous monk
He looked so immaculately frightful
As he bummed a cigarette
Then he went off sniffing drainpipes
And reciting the alphabet
Now you would not think to look at him
But he was famous long ago
For playing the electric violin
On Desolation Row

Dr. Filth, he keeps his world
Inside of a leather cup
But all his sexless patients
They're trying to blow it up
Now his nurse, some local loser
She's in charge of the cyanide hole
And she also keeps the cards that read
"Have Mercy on His Soul"
They all play on penny whistles
You can hear them blow
If you lean your head out far enough
From Desolation Row

Across the street they've nailed the curtains
They're getting ready for the feast
The Phantom of the Opera
A perfect image of a priest
They're spoonfeeding Casanova
To get him to feel more assured
Then they'll kill him with self-confidence
After poisoning him with words

And the Phantom's shouting to skinny girls
"Get Outa Here If You Don't Know
Casanova is just being punished for going
To Desolation Row"

Now at midnight all the agents
And the superhuman crew
Come out and round up everyone
That knows more than they do
Then they bring them to the factory
Where the heart-attack machine
Is strapped across their shoulders
And then the kerosene
Is brought down from the castles
By insurance men who go
Check to see that nobody is escaping
To Desolation Row

Praise be to Nero's Neptune
The Titanic sails at dawn
And everybody's shouting
"Which Side Are You On?"
And Ezra Pound and T. S. Eliot
Fighting in the captain's tower
While calypso singers laugh at them
And fishermen hold flowers
Between the windows of the sea
Where lovely mermaids flow
And nobody has to think too much
About Desolation Row

Yes, I received your letter yesterday
(About the time the door knob broke)
When you asked how I was doing
Was that some kind of joke?
All these people that you mention
Yes, I know them, they're quite lame
I had to rearrange their faces
And give them all another name
Right now I can't read too good
Don't send me no more letters no
Not unless you mail them
From Desolation Row



LA CALLE DE LA DESOLACION

Están vendiendo postales del ahorcamiento,
están pintando los pasaportes de color pardo,
el salón de belleza está lleno de marineros
el circo ha llegado a la ciudad
allí viene el ciego de la junta municipal,
lo han puesto en estado hipnótico,
una mano la tiene atada al equilibrista,
la otra está en sus calzoncillos
y el pelotón de motines está inquieto,
necesita ir a algún sitio,
mientras la dama y yo vigilamos esta noche
desde la Vía de la Desolación.

Cenicienta parece tan disoluta,
coge a cualquiera para conocerlo, sonríe
y pone sus manos en los bolsillos traseros
estilo Bette Davis.
y luego viene Romeo quejándose:
“Creo que me perteneces”
y alguien dice: “Estás en el sitio equivocado,
amigo, será mejor que te largues”
y lo único que se oye
después de irse las ambulancias
es a Cenicienta barriendo
en la Vía de la Desolación.

Ahora la luna está casi escondida,
las estrellas se empiezan a ocultar,
incluso la dama adivina
ha hecho confidenciales todas sus cosas
todos, excepto Caín y Abel
y el jorobado de Notre-Dame,
están haciendo el amor
o esperando que llueva
y el buen samaritano se está vistiendo,
está preparándose para el show,
va a ir esta noche al carnaval
de la Vía de la Desolación

Ofelia está bajo la ventana,
por ella siento tanto miedo,
en su 22 cumpleaños
es ya una solterona;
para ella la muerte es totalmente romántica,
lleva un chaleco de hierro,
su profesión es su religión,
su pecado es su falta de vida,
y aunque sus ojos están fijos
en el gran arco iris de Noé,
pasa su tiempo mirando furtivamente
a la Vía de la Desolación.

Einstein disfrazado de Robin Hood
con sus memorias en una maleta
pasó hace una hora por aquí
con su amigo el monje celoso,
y se mostró tan inmaculadamente correcto
cuando mendigó un cigarrillo,
después se marchó oliendo alcantarillas
y recitando el alfabeto,
no lo pensarías al verle
pero se hizo famoso hace tiempo
por tocar el violín eléctrico
en la Vía de la Desolación.

El Doctor Mugre guarda su mundo
en una copa de cuero,
pero todos sus pacientes asexuados
están tratando de romperla,
ahora su enfermera, una furcia local,
está encargada de la guarida de cianuro
y también guarda las tarjetas que ponen:
“Tenga compasión de su alma”,
todos ellos siguen tocando penny whistles
los puedes oír soplar
si sacas lo bastante la cabeza
de la Vía de la Desolación.

Han colgado los telones de un lado a otro de la calle,
se están preparando para la fiesta,
el fantasma de la ópera
la perfecta imagen de un cura,
están cebando a besos a Casanova
para que se sienta más seguro,
luego lo matarán con autoconfianza
después de envenenarlo con palabras,
el fantasma grita a las chicas flacas,
“¡Largo de aquí si no entendéis:
Casanova está siendo castigado
por ir a la Vía de la Desolación!”.

A medianoche todos los agentes
y la banda sobrehumana
salen y acorralan a cualquiera
que sepa más de lo que ellos saben
luego los llevan a la factoría
donde la máquina de ataques al corazón
es atada sobre sus hombros.
y entonces el queroseno
es traído de los castillos
por los hombres del seguro que vienen
y controlan que nadie se está escapando a
la Vía de la Desolación.

Orgulloso de ser el Neptuno de Nerón,
el Titanic zarpa al amanecer
todo el mundo está gritando,
“¿De qué lado estás tú?”
Y Ezra Pound y T. S. Elliot
luchan en el puesto de mando,
mientras cantantes de Calipso se ríen de ellos
y pescadores sostienen flores
entre las ventanas del mar,
donde abundan amorosas sirenas
y nadie tiene que pensar demasiado
sobre la Vía de la Desolación.

Sí, ayer recibí tu carta,
cerca del tiempo en que se rompiera el llamador,
cuando me preguntaste cómo me lo montaba
y si aquello era algún tipo de broma
toda esa gente que mencionaste,
sí, sé que están completamente lisiados,
tuve que rehacer sus caras
y darles otro nombre a todos
ahora mismo no puedo leer muy bien
no me envíes más cartas, no,
no, a menos que lo envíes desde
la Vía de la Desolación.