31 de agosto de 2010

Resulta que Jorge Rial hoy sacó al aire a al ex testaferro de David Graiver que contó que quien le dijo en aquella época que vendiera las acciones de Papel prensa y que si lo hacía le garantizaba que no le iba a pasar nada fue Patricio Peralta Ramos. Rial se sorprendió de que fuera un civil como Peralta Ramos el que le dijera eso.
Jorgito se olvidó el pequeño detalle de que por aquellos años el diario La Razón era el diario del ejército. La razón adelantó el golpe día por día la semana anterior al 24 de Marzo en tapas que se hacían directamente fuera del diario que por aquel entonces era dirigido por ese maestro del periodismo que se llamó Félix Laíño.
Hace unas semana me pidieron una crítica para Subjetiva sobre Otro entre otros, un documental que trata el tema de la homosexualidad en el seno de la comunidad judía pero la verdad es que no hice a tiempo así que les propuse que la escribiera un amigo de la casa y así fue Osvaldo Bazán escribió y esta es la nota


A propósito de Otro entre otros

Quién es quién
Le pedimos a un amigo de la casa, el periodista y escritor Osvaldo Bazán, una opinión sobre el extraordinario documental de Maximiliano Pelosi, que habla de la discriminación a los gay dentro de la comunidad judía.




La primera pregunta es ¿cuándo sos otro? No otro más, otro distinto, otro aparte, otro que no es como todos los otros. El documental Otro entre otros cuenta el cuento de la antimamushka. No es una muñeca protegida y contenida por otra y protegida y contenida por otra. Es un muñeco expulsado que a su vez expulsa y cada vez menos protección y menos contención. De eso habla, de ser judío en un país mayoritariamente católico. Y de ser judío gay en una sociedad mayoritariamente heterosexual. Cuatro historias, la de Gustavo, Daniel, Diego y Dan cuentan eso de lo que no se habla en este el primer trabajo cinematográfico de Maximiliano Pelosi. Porque de la asfixia de la iglesia católica se ha hablado y mucho –las últimas palabras de Bergoglio ante la inminencia del matrimonio igualitario eximen de mayores comentarios– pero qué pasa en una comunidad que durante siglos se ha debido autoproteger de ataques externos, qué pasa en una comunidad en donde claramente lo diferente ha sido muchas veces peligroso?

De eso habla, con una franqueza a veces insoportable Otro entre otros. En ese sentido, el testimonio del actor Dan Breitman es insoportable, no sólo por las tragedias personales sino, especialmente por la aceptación estoica de esas tragedias. Sin embargo, no hay tono de queja en los protagonistas de las historias. Mucho menos de renunciamiento. A ninguno se le ocurre abandonar sus pertenencias religiosas ni sexuales. Sólo se preguntan cómo congeniar, qué trole hay que tomar.

El final, con la creación de la asociación JAG –Judíos Argentinos Gays– parece abrir un camino de esperanza y en ese sentido, Otro entre otros se inscribe claramente en las tradiciones judías y de diversidad sexual. El “se sufre”, pero “se puede” que ha sido siempre el emblema de ambos grupos. Algo así como que si no ha podido con ellos el holocausto, por qué podría la homofobia.

Sencilla en lo formal pero potente en lo discursivo Otro entre otros nunca deja de hacer foco en la vida de las personas comunes, tan comunes que al final se desdibuja la “otredad” y se termina admitiendo que gente es gente, siempre. Y quien no lo entiende, también es gente.

Osvaldo Bazán

Otro entre otros se exhibe todos los viernes a la 18.30 en el Museo de Arte Latinoamericano (Malba), Avenida Figueroa Alcorta 3415.

26/08/10


Ahora bien unos días después en la privada de Los Jóvenes muertos (adelanto que es un 10) otro crítico me mostró el reportaje que Diego Trerotola le realizó al director de la película y resulta que es una charla bien incómoda en la que el Diegote (militante de la causa homosexual) lo sacude bastante al director y el resultado de la lectura de las dos notas es que ahora tengo ganas de ver Otro entre otros!


soy

VIERNES, 27 DE AGOSTO DE 2010

ENTREVISTA

El infierno son los otros

¿Es más difícil ser gay si se ha tenido la suerte de nacer en una familia judía? La ópera prima de Mariano Pelosi ensaya algunas respuestas mientras mantiene otras en pudoroso silencio. Recién estrenada, Otro entre otros no sólo provocó el interés de la crítica, sino que está teniendo una importante respuesta del público, prueba de que las cuestiones judía y gay dan para mucho.


Por Diego Trerotola

Sé que estuviste muchos años para terminar Otro entre otros. ¿Cuál fue el fundamento inicial de este documental?

—Tenía que ver con la visibilidad de lo gay en la comunidad judía; sabía de un documental sobre ese tema que se llama Hineini, que significa “acá estoy” en hebreo, que se estaba haciendo al mismo tiempo en Boston. Y cuando empezamos este documental acá había una lucha más fuerte, no existía ninguna aceptación, no existían los judíos putos en general, y en los últimos cinco años que se fundó JAG (Judíos Argentinos Gays) todo eso cambió. Generar una visibilización, generar una posibilidad de que exista un intercambio con la comunidad me parecía interesante. Y supongo que no lo podía hacer en la comunidad cristiana, es impensable en el Vaticano eso. Además tengo un objetivo militante, más que con la comunidad judía con la gay. Yo soy hijo de padres separados, vengo de una familia superconservadora de “tradición, familia, propiedad”. Y el coming out de la homosexualidad con mi madre fue muy bien, y todo lo que tuvo que ver con mi padre fue muy complicado, y me di cuenta con el tiempo de que hacía todo lo posible para refregarle en la cara temas de la homosexualidad, para que lo asuma o para que se diera cuenta. Y supongo que eso tiene que ver con que todo el trabajo que hemos hecho desde 2001 en nuestra productora WAP tuvo que ver con temas gay: el programa de televisión Máximo, las películas Lesbianas de Buenos Aires y Un año sin amor, y ahora este documental.

Exceptuando a un representante de la Fundación Judaica, que no tiene tanto peso como otras instituciones en la comunidad judía local, no hay testimonios de organizaciones que invisibilizan o discriminan a la diversidad sexual.

—Porque me parece más interesante contar el lado positivo. Porque te puedo poner a las autoridades de AMIA, que van a decir que los gays prácticamente son enfermos, ellos pertenecen a la ortodoxia. Pero tengo que tratar de circunscribir al documental hacia la positividad para llegar al cambio. No todos los rabinos conservadores son tan progres como el que aparece en pantalla, el rabino Damián Caro de Fundación Judaica, que de hecho es muy progre.

¿Y justamente no te parece que mostrar sólo una visión progresista del judaísmo, cuando en realidad los personajes se sienten discriminados por las organizaciones de su propia comunidad, termina desdibujando la homofobia institucional judía?

—El movimiento conservador tiene distintas responsas, y en la norteamericana hay una que dice que habría que rehabilitar a los homosexuales. Y ahora tenés dos responsas que dicen que los tienen que aceptar, y que también dicen que si quieren los pueden casar. Si hay una organización en la Argentina, si bien no es la mejor, que les da cobijo, que les da un lugar, que les presta plata, ¿por qué tengo que decir que las instituciones son malas?

Bueno, una razón sería que las demás instituciones sí lo son. Tampoco aparece el peso de las formas de la represión religiosa en la sexualidad de las personas.

—Una cosa es la religión y otra el judaísmo. Cuando hay cinco millonarios, varias personas judías con plata, se juntan, construyen un edificio, hacen un templo y contratan un rabino. Y el rabino adscribe a un movimiento ortodoxo, conservador o reformista. En la Argentina no existe el movimiento reformista, tiene que ser el ortodoxo o el conservador. El rabino, si bien tiene que adscribir a las leyes, también responde ideológicamente a la comisión directiva que lo contrató, que dirige esa institución. No es como el catolicismo, que es verticalista. A mí lo que me parece sumamente interesante es que una institución del movimiento conservador incluya a JAG y forme parte de esto. Y yo no veo que el Vaticano, ni ninguna de sus acepciones, incluya a una organización de diversidad sexual. Creo que es más posible en el movimiento judío porque tiene más independencia cada templo, cada sinagoga, cada lugar, que lo que pase en cualquier iglesia católica que depende del Papa, y de ahí para abajo es una línea piramidal directa donde el sacerdote está puesto por el obispo de arriba, y así en una cadena.

No hay erotismo y tampoco una mirada sobre la sexualidad en tu trabajo. ¿No estará peligrosamente cerca de la represión sobre la sexualidad de cierta línea de la religión judía?

—¿Qué? ¿Tengo que poner una pija en el documental?

No necesariamente, pero a pesar de centrarse en cuatro personas que luchan por expresar su orientación sexual, hay una sola de las historias, la de Gustavo, donde aparece el afecto, la pareja. En este sentido, el documental es un poco tímido, incluso diría algo reprimido, para expresar la orientación sexual de las personas.

—No te puedo responder porque te tengo que contar cosas de la vida privada de los que aparecen en la película. Porque hacer este documental tuvo muchos problemas y, entre otras cosas, tuvo muchos “no”. Me decían: “Te doy la entrevista, pero no hablamos de esto; no sale mi papá, no sale mi hermano”. Sin embargo, para mí lo más importante de lo que falta transformar es el tema del casamiento judío, porque básicamente el resto de las cosas está más o menos armada. Y lo que sí hago es contar la historia de una pareja y la trato como un matrimonio, y pongo la foto de ellos mariconeando en la pileta, besándose, y también está la foto de Gustavo con la remera que dice “sí”, como si fuese “sí, quiero”. Me parece que cuento una historia amorosa sin tener que contar sexo, porque no me interesa.

Ya que hemos centrado esta entrevista en “lo que falta”, ¿por qué, si bien se hacen referencias a que en JAG participan lesbianas, no hay testimonios ni imágenes de ellas?

—No quisieron salir a cámara, no se animaron. Además, sólo salen los dos presidentes de JAG. No sale todo el grupo. Y cuando salen fotos de las actividades de JAG, no sólo las chicas no quisieron aparecer sino tampoco los chicos, por eso tienen las caras tapadas.

¿Y por qué no se desarrolló eso en la película, la situación de las mujeres lesbianas judías que no se animan?

—A mí, políticamente, me parece tratar todo por el “sí”, no voy a decir las negaciones.

Pero la política del “sí” se vuelve problemática cuando oculta el conflicto que existe en la comunidad judía, y que apareció cuando quisiste hacer el documental. Por ejemplo, no puede no existir conflicto por cuestiones de género cuando hablan sólo varones de su experiencia de ser gay o ser judío. Y exceptuando el testimonio de una madre, al documental lo dominan voces de varones: en las cuatro historias que cuenta, ellos son protagonistas exclusivos. Y por eso se podría argumentar cierta misoginia, reproducción del lugar que ocupa la mujer en la visión más ortodoxa del judaísmo.

—Para mí, la película no es misógina. La verdad es que en JAG no vi la misoginia y, tal vez por no verla, ni sentirla jamás pensé que alguien la podría sentir. Tal vez es eso. En el movimiento conservador yo no veo misoginia. De hecho hay rabinas, se barajó la posibilidad de que saliera en el documental una rabina en lugar del rabino Caro. No sé si hay misoginia ahí, pero yo no la vi. Pero, la verdad, nunca me lo pregunté, entiendo que vos lo veas en la ortodoxia. Igual, el documental no es de la ortodoxia judía. Todo lo que no está en el documental es por algo, o no está por otra cosa. Cada uno puede elaborar el pensamiento de si es misógino o no, son subjetividades del análisis de cada uno. De hecho, hay una frase que dice que “Hay tantos judaísmos como judíos”, o una frase más divertida que dice que “Hay más judaísmos que judíos”.

Tal vez ahora que se estrena surjan esas subjetividades para hablar del documental. ¿Tuviste devolución del público cuando se exhibió en el Festival de Miami?

—Sí, a una de las proyecciones fue un matrimonio judío de Nueva York que se habían enterado del documental y habían bajado a Miami para verlo, porque se habían enterado hacía unas semanas de que su hijo era gay. Y se habían sentido muy tocados por el documental, porque los había ayudado a entender más la situación. Esa es una de las cosas puntuales que me tocaron.


PREMIO CABEZA DE TERMO PARA EL POWER RANGER AZUL! pOR HABERSE BANCADO LA DISCRIMINACIÓN! El Power Ranger Azul: "No me querían porque soy gay"
Dejó el programa en su momento porque le decían "maricón".

David Yost, quien interpretaba al Ranger Azul en las primeras temporadas de la serie infantil Power Rangers, confesó ser homosexual en una reciente entrevista y acusó que sus ex compañeros y producción de aquella saga de televisión lo discriminaban."Me enteré de que mis coprotagonistas eran llamados en más de una ocasión por la producción para ser consultados acerca de mis preferencias sexuales. Fue una experiencia realmente humillante", sostuvo Yost.El productor de la serie de aquel entonces, Scott Page-Pagter fue consultado por el portal TMZ sobre las declaraciones de Yost."Él se retiró porque la producción decidió quitarle un bono que recibía por encima de otros actores", indicó. Sobre las acusaciones de homofobia, Page-Pagter explicó: "No sé por qué dice eso. Él era el único que no se llevaba bien con el resto", agregó.

Nota relacionada

El Power Ranger Rojo fue condenado a muerte

30 de agosto de 2010

Comunicado De Los Estudiantes de La Escuela Normal Nº 4


Los estudiantes de la Escuela Normal Superior Nº 4 resolvimos en asamblea realizar la medida de toma desde el pasado 23 de agosto hasta tiempo indefinido para manifestarnos en desacuerdo con las políticas de vaciamiento de la educación pública llevadas a cabo por la gestión actual del gobierno de la ciudad.



Los reclamos por los que nos manifestamos son:

1) Reformas edilicias: Nuestra escuela está en prioridad edilicia desde hace diez años. Durante esos diez años todos los problemas que tiene el edificio fueron agravándose hasta llegar a un punto crítico en el año 2009. Tuvimos filtraciones. El colegio se inundó. El agua se filtraba hasta el subsuelo. Se cayeron pedazos de mampostería. Una caldera dejó de funcionar y privó a la mitad de la escuela de calefacción. La mayoría de las aulas quedaron inutilizadas y tuvimos que tener clases de a varios cursos juntos, o en el patio.
Durante todo el año pasado llevamos adelante medidas para intentar hacer de nuestro edificio un lugar seguro. La respuesta fue lenta e insuficiente. Mandamos petitorios y cartas. Tuvimos infinitas reuniones con infinitos funcionarios del Ministerio de Educación y también en la Legislatura, así como con el arquitecto y la empresa responsables de la obra. Cortamos Rivadavia en la esquina del colegio junto con otras escuelas de la zona para llevar el conflicto al saber del barrio y marchamos a la Legislatura.
Todo el conjunto de medidas confluyó en un abrazo simbólico a la escuela del que participaron vecinos, alumnos, docentes, directivos y padres, realizado durante un período de 2 días en que los profesores decidieron suspender las clases por considerar inutilizable el establecimiento. Logramos entonces que picaran la mampostería que se estaba cayendo y que repararan la membrana del techo para que no haya filtraciones, pero todo de manera precaria y a las apuradas. Entonces vino el recorte de presupuesto, y no volvimos a saber más nada del arquitecto, de la empresa ni de nadie.
2) Presupuesto: A fines del año pasado nos enteramos de que el presupuesto edilicio destinado a la escuela pública iba a recortarse a la mitad, y luego de que el presupuesto total destinado a la educación iba a partirse en dos. También supimos que esa mitad que nos estaban quitando a nosotros iba a ir a parar al subsidio de la educación privada. Esto es una clara manifestación de la clase de prioridades que tiene el gobierno de la ciudad. Se favorece a un espacio que no es de todos y para todos, sino del que puede pagar y para el que paga. La realidad es que la mayoría de las personas en edad escolar no tienen la posibilidad de pagar su educación, y que si la tuvieran aún así sería injusto. La educación pública nos brinda una oportunidad única que es la de la autogestión y la colaboración en comunidad. Todos nos esforzamos por mantenerla y mejorarla, y todos nos beneficiamos con ella. Es un aprendizaje excepcional el de hacerse cargo de nuestro propio espacio. Nos forma como ciudadanos y nos vuelve capaces de construír nuestra libertad. Es evidente que el objetivo de la actual gestión no es formar ciudadanos libres.

3) Becas accesibles en tiempo y forma: Las becas son la herramienta clave para incluír a muchos sectores de la sociedad en la escuela y están siendo entregadas tarde y por internet. Los chicos que necesitan las becas no acostumbran poder pagar fibertel ni tener la disponibilidad de tiempo y dinero para encargarse de la montaña de burocracia previa que implica pedir una beca. La primer cuota de la beca debe llegar en marzo y llega en julio, cuando ya las familias se endeudaron para pagar los materiales para que sus hijos no pierdan la oportunidad de aprender. La segunda debe llegar en agosto, y llega en noviembre, cuando las clases ya terminaron.

4) Viandas suficientes y en buen estado: La vianda que llega a los colegios consta de un sanguche misterioso hecho de símil jamón o símil pollo, una fruta y un alfajor ocasional. Si consideramos que los chicos que piden la vianda no comen nada más en toda la jornada, no estaríamos alimentándolos sino engañando sus estómagos. Las viandas llegan muchas veces en mal estado o en cantidad insuficiente. En nuestra escuela hemos visto a cuatro chicos compartiendo una sola manzana, y también hemos visto a otros investigando el musgo en las frutas, para ver de dónde pueden sacar un cachito comible.

Todas estas cuestiones nos han dejado en claro las inteciones que tiene la gestión actual con la educación pública. Pero el hecho de que al día de hoy haya veintitrés colegios tomados en simultáneo en toda la ciudad es clara manifestación de que la comunidad educativa no retrocede y no permitirá que se la desmantele.

Por todo esto intimamos al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires a la reflexión, porque si el objetivo es gobernar ciudadanos que se hagan cargo de su ciudadanía, la educación pública es clave. Pero si, en cambio, el interés de la gestión actual no es el bien común, su trabajo no debería ser el de funcionarios públicos, sino el de ejecutivos en una empresa privada.

Estudiantes de la Escuela Normal Nº 4, Buenos Aires, 24 de agosto de 2010.

(Para más información, visite nuestro blog: http://normal4-23ago10.blogspot.com/ )


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29 de agosto de 2010

Agujero Noir
¿Enciclopedia biográfica? ¿Testimonio de una obsesión? ¿Ficción de fan? ¿Cuentos encapsulados? ¿Capítulos de una novela que atraviesa la historia del cine noir entre los ’40 y los ’80? Todo eso y algo más es Sospechosos, el libro del venerado crítico David Thomson incluido con justicia en la colección Roja y Negra de Mondadori. A continuación, el prólogo con que Rodrigo Fresán presenta este volumen difícil de clasificar pero infinitamente fácil de disfrutar: un paseo por lo mejor del cine noir en busca de la resolución de un crimen.

Por Rodrigo Fresán
Todo el mundo es un soñador y todo el mundo es una estrella
Y todo el mundo está en las películas,
no importa quién eres.

Desearía que mi vida fuera un show de película de Hollywood sin fin
Un mundo de fantasía de villanos y héroes de celuloide
Porque los héroes de celuloide nunca sienten dolor
Y los héroes de celuloide nunca mueren de verdad.

Ray Davies
“Celluloid Heroes”

UNO

El crítico y ensayista cinematográfico David Thomson (Londres, 1941, actual colaborador en The New York Times o en Salon.com entre muchos otros medios) es, por lo menos, autor de tres libros imprescindibles.

El primero de los libros indispensables que firmó Thomson es The New Biographical Dictionary of Film, publicado por primera vez en 1975 y revisado y aumentado varias veces desde entonces.

Un clásico indiscutible.

El tomo de casi 1000 páginas que le hizo decir a J. G. Ballard que Thomson era “el más grande de los escritores sobre cine”, a Guillermo Cabrera Infante que se trataba del “mejor trabajo jamás escrito en inglés sobre el cine”, a Hanif Kureishi que era algo “maravillosamente personal”, a John Updike que le parecía “inteligente y obstinado” y a Peter Bogdanovich, “un texto invalorable para estudiosos, fans y entusiastas serios. Los comentarios de Thomson son fuertes y duros pero siempre informados y nunca triviales y, haciendo excepción de lo que dice acerca de John Ford, de mí y de uno o dos directores más, se me hace muy difícil rebatir sus opiniones”.

Y ahí está la clave del asunto: porque el diccionario armado por Thomson no es un diccionario al uso. Los diccionarios deben ser, se supone, objetivos, aspirar a una universalidad libre de posibles polémicas, y no teñir sus definiciones con cuestiones personales. El diccionario de Thomson, en cambio, es todo lo contrario. The New Biographical Dictionary of Film es lo que, en inglés, se conoce como opinionated 1. Así que en él –porque es suyo– Thomson no deja de opinar, desmenuzar, desmitificar y, a menudo, aniquilar a varios hasta entonces intocables monstruos sagrados. Actores, directores, guionistas, productores, compositores de soundtracks pasan por el filtro de Thomson y son aniquilados o reivindicados en entradas de variable longitud que se leen como perfectas miniaturas, como esclarecedores cortometrajes, como capítulos sueltos de un gran script.

El segundo de los libros indispensables de Thomson es Have You Seen...?, fue publicado en 2008, lleva como subtítulo A Personal Introduction to 1000 Films (y más abajo se advierte que “incluye obras maestras, rarezas, placeres culposos y clásicos con apenas unos pocos desastres”), podría llamarse Thomson ataca de nuevo y funciona a la perfección como companion, como gemelo distinto pero complementario, de The New Biographical Dictionary of Film. Greil Marcus dijo de él que “hay un escepticismo en Have You Seen...? que produce en el lector una gran confianza, la sensación de ver a un escritor contemplando todas las películas al mismo tiempo, lo que permite a Thomson referirse a un simple gesto o emitir un juicio acerca de todo un país. No es sólo un nuevo tipo de libro de cine; es una nueva forma de conversación”. Y en él –a film por página– Thomson (en riguroso orden alfabético, desde Abbott and Costello Meet Frankenstein hasta Zabriskie Point 2) recorre, rescata, destruye y canoniza su cinemateca privada. Al igual que su Dictionary, se lo puede consultar haciendo uso del índice pero todavía mejor es leerlo como la autobiografía compartida de una vida sentada y en la oscuridad donde este hombre se da el lujo de despreciar a 2001: A Space Odyssey (“Creo ahora, como creí entonces, que no es más que una suntuosa farsa y una elaborada defensa del vacío y del desgano por usar la auténtica imaginación”) o a Butch Cassidy and the Sundance Kid (“la película que les dio a Newman y a Redford el apoyo suficente para dejar de pensar y comenzar a posar”) y de ascender a la categoría de clásico a The Moderns de Alan Rudolph 3.

El primero de los libros lleva en la portada un fotograma de To Have and Have Not; el segundo, uno de The Godfather.

Uno y otro son dos espectáculos –el deseo realizado de ese “show de película de Hollywood sin fin” al que le cantan The Kinks– que no se acaban nunca y que está bien que así sea.

Uno y otro empiezan justo en el momento en que uno entra en ellos.

Siempre.

DOS

El tercer libro imprescindible de David Thomson no sé muy bien lo que es, pero sí sé, con absoluta seguridad, que es una obra maestra y que se titula Sospechosos.

Rubia y noir: Gloria grahame rendida a los pies de glenn Ford en la oscurisima los sobornados (the big heat), de fritz lang.
TRES

Y cuando digo que no sé muy bien lo que es Sospechosos, en realidad quiero decir que Sospechosos es muchas cosas y todas y cada uno de ellas son cosas formidables.

A saber:

a) Sospechosos es una suerte de enciclopedia sobre el cine noir a la vez que un sentido huracán fanfiction y amoroso valentine al género al que homenajea pero también –como en los mejores homenajes– reinventa desmontándolo para volverlo a montar.

b) Sospechosos es un director’s cut.

c) Sospechosos es un writer’s cut.

d) Sospechosos es un writer’s cut y un director’s cut que acaba transformándose en, sí, un critic’s cut.

e) Sospechosos es un artefacto metaficcional y posmodernista con guiños cómplices tanto a Vidas paralelas de Plutarco, Vidas imaginarias de Marcel Schwob y a Historia universal de la infamia de Jorge Luis Borges, como a los procedimientos de collage mashup en las obras de John Barth, Robert Coover, Stanley Elkin, Thomas Pynchon & Co. Con todo esto quiero decir que Sospechosos está muy bien escrito.

f) Sospechosos es algo así como una versión del IChing que se puede leer y disfrutar abriéndolo por cualquier página. Y entonces, sí, ser inspirados y esclarecidos.

g) Sospechosos es una versión ácida y lisérgica del juego Trivia Pursuit.

h) Sospechosos es –según el escritor Leonard Michaels– algo “comparable en brillantez a lo que hicieron mitólogos modernos como Borges, Calvino y García Márquez, donde el conocimiento profundo y la pura fabulación se nos ofrecen como un juego exuberante e infinito”.

i) Sospechosos es una máquina de hacer y de deshacer memoria.

j) Sospechosos –según el escritor y también cinéfilo Philip Lopate– es “una fértil meditación sobre las trayectorias de los personajes”.

k) Sospechosos es el sueño húmedo y en llamas de un cinéfilo 4.

l) Sospechosos es el paraíso de los maníacos referenciales del celuloide o el infernal plano para el parque temático privado que Howard Hughes o William Randolph Hearst o, mejor, Charles Foster Kane jamás llegaron a construirse para, después, encerrarse allí adentro y arrojar la llave por la ventana más alta de sus salas privadas de cine.

m) Sospechosos es una larguísima canción/álbum de Bob Dylan a estrenar en el mismo cine donde nunca ha bajado de cartel su “Brownsville Girl” (y a no olvidar nunca que Dylan es un fan confeso del cine criminal de la edad de oro y hasta propietario de un cine en su ciudad natal).

robert mitchum y jane greer a punta de pistola en traidora y mortal (Out of the past), la pelicula de jacques tourneur considerada como paradigma del cine negro norteamericano.
n) Sospechosos –según la escritora Diane Johnson– es “un maravilloso y perspicaz análisis del carácter norteamericano y su cultura” y descubro que el programa automático/ordenador/alfabético de mi Mac no admite la existencia de la letra ñ.

o) Sospechosos es la respuesta perfecta a la pregunta ¿Qué película te llevarías a una isla desierta?

p) Sospechosos es la respuesta perfecta a la pregunta ¿Qué libro te gustaría que se llevara al cine? (Sospecho que la tecnología para hacerlo ya existe, pero no creo que exista bufete de abogados capaz de desenredar la madeja legal a la hora de redactar y firmar contratos 5. Una vez solucionadas estas cuestiones, por favor, dirigida por Quentin Tarantino con adaptación de James Ellroy & Denis Johnson.

q) Sospechosos es una gran guía de dvd a revisar o a ver por primera vez.

r) Sospechosos –según el director de cine Philip Kaufman– es algo que “en principio parece inocente y muy entretenido. Pero, como solía afirmar Nelson Algren, cualquier tipo debe ser inocente de algo. Y para cuando comprendes de lo que es inocente David Thomson ya es demasiado tarde”.

s) Sospechosos es un despacho/mensaje en una botella (o en una lata de película) enviado desde un dimensión alternativa a la que se fueron a vivir Vladimir Nabokov y Philip K. Dick y Stanley Kubrick y Roberto Bolaño y Guillermo Cabrera Infante. Sospechosos es uno de los libros más graciosos y divertidos jamás escritos.

t) Sospechosos es un riquísimo banco de datos del que podrían salir muchísimas películas tanto más inteligentes que aquellas con las que nos castiga Hollywood por estos días.

u) Sospechosos es un catálogo de prequels y de sequels.

v) Sospechosos es un libro de relatos.

w) Sospechosos es una novela.

x) Sospechosos (lo comprendemos recién al llegar a las últimas páginas, a las escenas finales, cuando se nos revela el primer plano de un narrador que, como la enloquecida Norman Desmond al final de Sunset Boulevard, finalmente parece decirnos “Muy bien, Mr. DeMille, estoy lista para mi primer plano”) es una de las historias más tristes y desoladoras jamás narradas y filmadas...

...y volver a empezar porque no nos alcanzan las letras. Así que, mejor, conformarnos con lo del principio con la convicción de no poder definirlo del todo pero con la certeza de que

z) Sospechosos es una obra maestra 6.

Y vayamos entrando, que la función va a comenzar.

CUATRO

Pero todavía quedan unos minutos, así que aprovechemos para hablar un poco más antes de que haya que guardar silencio mientras se ve y se lee.

Supongamos que en la butaca de al lado está sentado David Thomson y que nosotros le preguntamos cómo fue que se le ocurrió la idea para Sospechosos. Entonces –como lo hizo en una entrevista– Thomson nos respondería: “Alguien me pidió que hiciera un diccionario de personajes de películas. Lo que me pareció una tarea imposible de asumir y abarcar. También pensé que muchos géneros no se relacionan bien entre sí. Así que decidí limitarme al noir. Hice una lista y me puse a pensar en ellos y se me ocurrió que muchos podrían haberse conocido más allá de lo que habíamos visto en sus respectivas películas. En otras palabras, una gran red –una novela– comenzó a atraparlos y a contenerlos y a relacionarlos unos con otros7. Esto fue sucediendo de a poco y llevó un largo tiempo. Pero me interesaba combinar ambas especies: la enciclopedia y la novela. Y yo tenía esta imagen de una biblioteca donde cada uno de los personajes se iba poniendo de pie y resumía su existencia para el lector. Pienso que una de las facetas más interesantes de Sospechosos es la manera en la que el mismo formato de una enciclopedia se presta a la intertextualidad. Pensé entonces que la estética del noir se apreciaba mejor como una suma de todas sus partes y que, además, representaba una apreciación nueva de la historia moderna porque todo podía llegar a ser noir: una cierta forma de ficción, sí, pero también la cuna de la paranoia absoluta y de la sospecha constante que definen a nuestro tiempo. El noir era una opción de leerlo y de comprenderlo todo 8. Y el título de mi libro era un sujeto a la vez que un adjetivo: de un modo u otro, todos somos sospechosos de algo o para alguien, y es más que probable que hayamos cometido algún ‘crimen’ que preferimos no recordar... Así que me puse a ver todas esas películas para descubrir pequeños detalles aparentemente casuales o poco importantes y a llenar los vacíos de las tramas sin que eso significara traicionar las esencias de los personajes”.

CINCO

Así, contrariamente a lo que pueda pensarse en principio, Sospechosos es mucho más que la versión serie negra de la portada de Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band. De acuerdo, se explora el género desde 1940 a 1980, están todos los que tienen que estar 9; pero lo que aquí acaba imponiéndose más allá del ingenio de la ecuación es el genio del resultado. El logro indiscutible de Sospechosos es que –luego de tanto entretenimiento y alcanzado el monólogo/confesión del último sospechoso– nos regala una rara emoción: la exaltación de quien ama a las películas pero, también, el inesperado sentimiento de haber sido irradiados y abducidos por el agujero negro y noir de tantas horas en la oscuridad y de, por fin, luminosos e iluminados, sentirnos parte de ella.

En Sospechosos, David Thomson reúne muchísimos más “usual suspects” que el capitán Louis Renault en Casablanca, pero lo verdaderamente admirable e inesperado es que, de algún modo, entre todos ellos, también, como en alguna de esas ficciones en las que la pantalla absorbe a los espectadores –como extras, como cameos, como sorpresivos y sorprendidos figurantes en una película merecedora de todos los Oscar de aquí a la eternidad– también estamos todos nosotros.

la tantas veces diabolica gene tierney hipnotizando desde el cuadro al detective mcpherson (dana andrews) en laura, de otto preminger
SEIS

Y, claro, inevitable, alguna vez le preguntaron a David Thomson sobre una posible segunda parte o actualización de Sospechosos. A quiénes pondría y todo eso.

Thomson respondió: “De hacerlo –aunque no creo que lo haga– invitaría a las películas y a los directores que más me hacen pensar acerca de las vidas de sus personajes más allá de lo que enseñan en un par de horas. David Lynch o Paul Thomas Anderson, por ejemplo. El modo en que sus criaturas llevan existencias aparentemente normales que no son más que las fachadas de vidas secretas. Magnolia me parece un riquísimo yacimiento en este sentido y los personajes de Anderson siempre sufren pasados misteriosos de los que intentan huir a toda costa. De ahí que el noir sea algo tan eternamente moderno, porque de lo que habla una y otra vez, finalmente, es de la fantasía universal de querer ser otro, de volver a empezar, de desaparecer aquí y aparecer en otra parte”.

Y, a continuación, Thomson agregó: “Cuando acepté hacer Have You Seen...? lo cierto es que no me gustaba la idea de encarar algo que se parecería tanto a un sumario de mi carrera, a un resumen de lo visto y pensado y escrito. Así que lo fui postergando, porque me incomodaba la sensación de estar acercándome a ese punto. Pero me regocijó descubrir, cuando me puse a ello, lo mucho que me divertía escribirlo y lo bien que me la estaba pasando. Se sabe que nadie quiere escribir su último libro. Pero se llega a una edad –yo no la he alcanzado pero ya puedo verla más o menos cerca– cuando comienzas a preguntarte si el que estás escribiendo será tu libro de despedida. Lo cierto es que estoy cada vez más convencido de que los libros que me quedan no serán sobre cine, porque he tenido la oportunidad de decir casi todo lo que me interesaba decir sobre el tema. Sería tonto afirmar que me queda algo importante por revelar luego de haber producido dos volúmenes de más de medio millón de palabras cada uno. Así que me parece que me voy aproximando al The End en lo que al tema se refiere”.

Por suerte para nosotros, antes de llegar a ese lugar final y a este principio de convencimiento, Thomson escribió y dirigió Sospechosos.

Ahora, otra vez –en blanco y negro y en rojo y noir y en colores– la luz se apaga para que las luces se enciendan.

Música.

Títulos.

Sombras.

Aquí –el cuello alzado de la gabardina y el vestido ajustado, la cabellera fatal y el rostro velado, las sonrisas torcidas y las cejas enarcadas, los nobles deseos y las malas acciones, los cuerpos ardientes y los cerebros fríos, las frases inolvidables y las escenas perfectas, los corazones destrozados y las traiciones indestructibles, los puñales por la espalda y los revólveres a quemarropa, los cigarrillos siempre encendidos y la lluvia que los apaga, los primeros planos cerrados y los encuadres abiertos– vienen y vuelven ellos y ellas.

Todos juntos ahora.

1 Actitud que, por supuesto, le ganó a Thomson numerosos lectores indignados, enemigos eternos y rivales en el oficio que cuestionan y desprecian todos y cada uno de sus veinte libros hasta la fecha. Está claro que no es mi caso (hasta le perdono a Thomson lo que afirma de 2001 un poco más abajo) y me permito recomendar, entre los que leí, su exhaustiva biografía de David O. Selznick (Showman), su aproximación muy personal al mundo de Orson Welles (Rosebud), su poco ortodoxo pero muy interesante intento de contarlo todo (The Whole Equation: The History of Hollywood), su exploración geográfica de un territorio de mapa cambiante (In Nevada: The Land, The People, God, and Chance), su periplo extraterrestre para atrapar a un monstruo (The Alien Quartet) y su obsesión casi patológica con la ex Mrs. Cruise (Nicole Kidman). No he leído aún su reciente memoir juvenil (Try To Tell The Story) o su reciente libro sobre la Psycho de Alfred Hitchcock, pero, seguro, ya entraré a algún cine donde las pasen, y me sentaré a leerlos.

2 Advertencia: por razones de universalidad y respeto, referiré los títulos originales de películas mencionadas a lo largo de este prólogo.

3 Y, por si a alguien le interesa, en el año 2002, la revista especializada inglesa Sight and Sound le solicitó a Thomson la lista de sus 10 películas favoritas de todas las nacionalidades y todos los tiempos y aquí están en orden de preferencia: Blue Velvet de David Lynch (1986), Céline and Julie vont en bateau de Jacques Rivette (Céline y Julie en barco, 1974), Citizen Kane de Orson Welles (1941), Il Conformista de Bernardo Bertolucci (1970), His Girl Friday de Howard Hawks (Ayuno de amor, 1940), Un condamné à mort s’est échappé de Robert Bresson (Un condenado a muerte se escapa, 1956), Pierrot Le Fou de Jean-Luc Godard (Pierrot el loco, 1965), La règle du jeu de Jean Renoir (La regla del juego, 1939), Ese oscuro objeto del deseo de Luis Buñuel (1977) y Ugetsu Monogatari de Kenji Mizoguchi (1953).

4 Y me da mucha felicidad imaginarme las alegrías que este libro deparará a un elenco que incluye nombres como los de Juan Marsé, José Pablo Feinmann, Paco Camarasa, Julio Crespo, Javier Marías, Juan Ignacio Boido, Alberto Fuguet, Alan Pauls, Jordi Costa, Diego Curubeto, Maruja Torres, Guillermo Saccomanno, Enrique Vila Matas, Marcelo Figueras, Carlos Boyero y Guillermo Piro, por citar tan solo apenas un puñado entre sus muchos posibles espectadores ideales. (Nota: Sospechosos es uno de esos libros para regalar a los amigos para así poder hablar sobre Sospechosos con ellos.)

5 Lo más parecido a Suspects que se ha intentado en la gran pantalla es, supongo, la encomiable comedia Dead Men Don’t Wear Plaid (Cliente muerto no paga, 1982) de Carl Reiner y coescrita y protagonizada por Steve Martin con la ayuda de gente como Humphrey Bogart, Bette Davis, James Cagney y siguen las firmas sobre el cemento por siempre fresco de Hollywood Boulevard.

6 Y escribo esto y recuerdo y voy hasta mi biblioteca y ahí está otro libro de David Thomson en el que –en 1990, cinco años después de Sospechosos– repitió metodología pero cambió de género y paisaje. En Silver Light, Thomson hace por el western lo que aquí hizo con el noir; por lo que me veo felizmente obligado a corregir lo del principio:

“UNO El crítico y ensayista cinematográfico David Thomson (Londres, 1941; actual colaborador en The New York Times o en Salon.com entre muchos otros medios) es, por lo menos, autor de cuatro libros imprescindibles”.

7 Un mínimo ejemplo del Método Thomson: en Sospechosos se nos informa de que Julian Kay (Richard Gere en American Gigolo, de 1980) es hijo de Joe Gillis y Norma Desmond (William Holden y Gloria Swanson en Sunset Boulevard, de 1950) quien supo ser, durante los años ‘20, amante de Noah Cross (John Huston en Chinatown, 1974). Y todo encaja –Thomson consigue que encaje– para que así sea. Una y otra y otra vez.

8 De ahí que Thomson –con inteligencia– considere a El gran Gatsby, al James Dean de Rebel Without a Cause, a Lolita y al Jack Nicholson de The Shining como inequívocos especímenes noir.

9 Consultar la filmografía/bibliografía al final del libro si no se puede aguantar la ansiedad, pero lo mejor es ir encontrando a los personajes/actores de a poco, sorprendiéndose con cada capítulo hasta alcanzar la revelación final.


Una celebración del Rock argentino
Vol 8
Luis Alberto Spinetta

Track 1
Silvina Garré abre con un clásico que también supo interpretar María Gabriela Epumer.
Patricio Murphy en guitarra y Diego Clemente en guitarra y quena.
Respetuosa y bella versión que es un buen comienzo para un disco que pone a los músicos ante el compromiso de enfrentar un repertorio muy personal.

Track 2
Black Amaya y su quinteto le meten ritmo a la cosa con Estado de coma, una letra tremenda de un Spinetta virulento el quinteto lo saca con gran estilo


Track 3

Daniel Homer nos regala una escueta pero deliciosa versión de Barro tal vez, instrumental.

Track 4
Una de las mejores canciones de la carrera del flaco es interpretada por Litto Nebbia, Elementales leches.
Acompañado por Rodolfo García en batería y Federico Boaglio en bajo eléctrico.
Liito la hace suya, respeta cosas de la canción y la eleva, la enaltece podríamos decir. Una de las mejores versiones de toda la caja.

Track 5
Plegaria para un niño dormido y el Grupo vocal Melopea. Un clásico en manos de un coro afinadísimo y ajustado.

Track 6
Claudio Méndez transforma Durazno sangrando en una pieza instrumental y jazzeada, el original tiene algo de eso. Esta versión es realmente muy buena.

Track 7
Ella también se cansó de este sol , canta Silvina Avila que está secundada por César franov y entre los dos hacen una versión un poco sinfónica, pero no tanto como para ahogar al tema. Franov es un extraordinario instrumentista y de hecho toca todos los instrumentos en esta maravilla.

Track 8
Gonzalo Aloras es casi un especialista en esto de realizar versiones de grandes temas de manera acústica. Credulidad suena bien y es difícil destruir semejante canción. Una que sabemos todos y da gusto escuchar.

Track 9
Riky está listoooooo, listo del bocho… Resumen Porteño es Spinetta en un rol no habitual de cronista de época. Adrián Abonizio y Rodrigo Aberastegui hicieron una gran versión de este tema atípico de LAS.

Track 10
Seguir Viviendo sin tu amor en versión acústica e instrumental, eluden lo obvio Litto Nebbia en teclados y Federico Boaglio en bajo- Un remanso.

Track 11
Fito Paez y A Starosta el idiota. Fito es así lo toman o lo dejan? Yo lo banco así que el tema es 10. Y listo.

Track 12
Post Cruciffición por Javier Vargas & espíritu celeste suena casi clonado al original. No está mal.

Track 13
Osvaldo Favrot toca todos los instrumentos y le mete algunos samplers a esta versión de No te alejes tanto de mi y lo vuelve más rockero que el original.

Track 14

200 años no es el tema mas conocido de Spinetta así que la sola elección de Hernán Espejo ya cae simpática. El solo con su guitarra se monta sobre el tema y el resultado es altamente satisfactorio.

Track 15
Petiribí un tema del inabarcable Pescado 2. Patricio Villarejo su cello, su guitarra y la percusión de Germán Gómez. Para paladares exquisitos.

Track 16
Si track anterior era exquisito no encuentro adjetivo para este Maribel se durmió de leo Sujatovich y su piano. Un must.

Track 17
Es un desafío grande , supongo, enfrentar un tema tan conocido y tan versionado como Muchacha ojos de papel. Se lo respeta? se le pasa por encima?
Ricardo Lew lo hace suyo, la jazzea, lo subvierte en cierta manera y sale bien parado.

Track 18
La tolva hace lo contrario que Lew con Durazno sangrando, le quita lo jazzero le pone ritmo y lo vuelve rockero. El tema es indestructible




En el post que copié del Blog de Juan Salinas se dice que Homero Alsina Thevenet solía incomodar a Lanata. Tomen este post como un agregado necesario que de paso nos permite disfrutar de la prosa de HAT.
Entre los libros de Lanata los hay muy buenos, buenos y otros que son decididamente un plomazo. ADN pertenece al último grupo. Una enciclopedia total, totalmente lanatesca en realidad y Thevenet tuvo oportunidad de reseñaralo. Pasen y lean:

Jorge Lanata y los defectos argentinos

EN LA PRIMERA LINEA, Lanata se confiesa: “Hace años que este libro me escribe”. Sufrió contratiempos durante esos años. Dice que tuvo que escribir otros dos libros, que se llamaron Argentinos Uno y Argentinos Dos, para acercarse al tema. Después cambió el primer título DNI (o sea Documento Nacional de Identidad) por este ADN, que se ofrece como “mapa genético de los defectos argentinos”, según el subtítulo, pero que aspira a mucho más. Quien haya tolerado sus 318 páginas deducirá que el sueño de Lanata ha sido crear la Gran Enciclopedia Argentina, abarcando historia y literatura, con algo de bueno y mucho de malo, con acopio de centenares de palabras ajenas y a menudo con ingenio: “¿En qué se diferencia un argentino de un terrorista? En que el terrorista tiene simpatizantes” (p. 161).

DEMASIADA PROSA. Pero hay que llegar a la página 120 para encontrar el primer defecto argentino de la lista, que es el narcisismo. Gracias al laborioso equipo de lectura, eso viene completo, con dos páginas sobre mitología griega y la debida figuración de Narciso, Liriope, Tiresias, Némesis, la ninfa Eco y la mención incidental de Freud, Adler y Jung, tres pensadores que se ocuparon de los complejos personales. Cien páginas previas a Narciso aparecen cubiertas con la erudición derramada sobre Lanata por su laborioso equipo de lectura, que primero explica la química del ADN y después plantea y discute los problemas de la identidad, lo cual se estira a ocho inútiles páginas sobre la evolución política, social y religiosa de Estados Unidos (p. 51). Más cerca del tema, Lanata empieza por dudar que exista una identidad argentina, en la que se incluyan los pescadores de Península Valdés o las maestras de Formosa (p. 15), así como otras zonas, profesiones y vocaciones muy distintas. De hecho el autor se propone preguntas que nadie sabría contestar, porque sólo con aproximaciones alguien podría definir una identidad inglesa, francesa, argentina, alemana o coreana. La gente es muy variada y las generalizaciones tienen siempre un enorme margen de error.
Lanata lo sabe, pero el plan enciclopédico y su laborioso equipo de lectura le permiten lucirse, viajando por el pensamiento universal. Juega de culto cuando dedica ocho excesivas páginas a una biografía de Manuel Dorrego (1787-1828) o cuando repite frases de pensadores argentinos como Joaquín V.González, Juan Bautista Alberdi, José Ingenieros, Carlos O. Bunge, Esteban Echeverría, Jorge Luis Borges, Eduardo Mallea, Julio Mafud, Raúl Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche, Leopoldo Lugones, Víctor Massuh o Tomás Eloy Martínez, entre otros compatriotas citados, más una Bibliografía final que abarca ocho páginas. También es muy extensa la lista de escritores extranjeros que convoca, lista que da a Lanata un exagerado prestigio de cultura internacional. Esa otra nómina comprende a Ernest Renan, Bertrand Russell, David Hume, José Ortega y Gasset, Voltaire, Miguel de Unamuno, Francisco Quevedo, Rudyard Kipling, Vicente Blasco Ibáñez, Primo Levi. No se trata desde luego de que esos pensadores hayan escrito sobre Argentina. Se trata de que sus ideas y frases puedan ser utilizadas como apoyo para las ideas y frases de Lanata. Así el llamado”entreguismo” del argentino al poder extranjero imperial aparece analizado con el ejemplo de Gunga Din, el aguatero de la India que quería ser inglés, según relato de Rudyard Kipling, que George Stevens dirigió en cine en 1939. Aquí Lanata mete mano a la erudición rápida, señalando que el guión de esa película era de William Faulkner, dato mal leído en alguna biografía del escritor norteamericano. La verdad era que Faulkner tuvo en 1936 una mínima intervención, sin crédito oficial alguno, en una adaptación de Kipling que tres años después reescribieron Ben Hecht, Charles MacArthur, Fred Guiol y Joel Sayre, quienes figuran como libretistas en los créditos de Gunga Din, donde Faulkner no está. El laborioso equipo de lectores para Lanata no llegó a tanta erudición cinematográfica, pero a él le pareció lustroso mencionar a Faulkner en la metáfora que él llama Complejo Gunga Din, donde quema como traidores apátridas a Julio Roca (h.), Ezequiel Martínez Estrada, los Alsogaray, Martínez de Hoz, los Anchorena, Carlos Menem y otros “entreguistas filosóficos”, como Sarmiento, Bunge, González Rivadavia y Pellegrini (p. 138).

ALGO UTIL. La erudición del laborioso equipo asesor, que ha leído y buscado mucho, ha servido a Lanata en algunas páginas. Señala que el mismo nombre Argentina deriva de argentum, que significa plata, pero el país nunca tuvo minas de plata y el Río de la Plata tiene el nombre equivocado. Más útil que esa paradoja es un capítulo que titula “Inventos Argentinos”, donde procura desinflar algunas jactancias nacionales, especialmente las porteñas. El examen de tales presuntos inventos argentinos abarca la clasificación de huellas dactilares, el “colectivo”, el bolígrafo o “birome”, la calle más larga (Rivadavia) o más ancha (9 de Julio), la yerba mate, la taba, el dulce de leche, las empanadas y la cédula de identidad. En cada caso hay antecedentes extranjeros y los argentinos no deberían jactarse de lo que inventaron otros. En cambio, parecen haber sido argentinos los inventos de ciertos útiles de tortura como la “picana eléctrica” y el “tacho”, aplicados por el truculento comisario Polo Lugones, quien también persiguió a su padre Leopoldo Lugones y lo empujó al suicidio, según averiguación de Lanata o de su laborioso equipo asesor (p. 184). Esa erudición sirvió también para enumerar los 17 apellidos ilustres que integraron las clases altas argentinas durante dos siglos. Los encuentra en un libro de Diana Hernando Ling que se titula Linajes y política (p. 39) y que está omitido en las ocho páginas finales de bibliografía utilizada. Para la Gran Enciclopedia Argentina que soñó el autor, los grandes nombres del “mapa del poder” tenían que estar.
A esa soñada enciclopedia le sobran citas entre comillas y le sobra prosa de Lanata. Es sólo una acumulación a la que faltan un orden, una coherencia, un índice, que la asemejen a la Británica y a otros modelos del género. En este libro que explica el narcisismo habría sido útil que Lanata aplicara una autocrítica más rigurosa. Con su vasta experiencia en diarios, revistas, televisión y hasta cine, el autor sabe que lectores y espectadores son convencidos más fácilmente por los datos concretos que por las generalizaciones. Pero no lo aplica. En página 273 enumera los motivos que habrían llevado al país a “un abismo” y menciona, con toda razón, la corrupción, el mal uso de los fondos oficiales y el descrédito de la justicia. Habría ganado convicción ilustrando la idea con nombres propios elegidos en los diez años del gobierno Menem. Allí están los jerarcas como Granillo Ocampo y Oscar Camillon, que cada mes cobraban sobresueldos ilegales de treinta mil dolares, sin comprobante. Allí pudo mencionar a la procesada María Julia Alsogaray (que está presa), a Matilde Menéndez y a otros ex directivos de asistencia social del PAMI. En cuanto a la justicia, le sobrarían ejemplos con el caso Cabezas, la Embajada de Israel, la AMIA, la inoperancia de jueces y fiscales frente a los sobornos en el Senado y frente al crimen de García Belsunce. Esos son los derivados de los”defectos argentinos”, que Lanata debía documentar, porque conoce muy bien esos materiales y ha escrito al respecto. Pero en este último plan de ADN (“hace años que este libro me escribe”), estaba empeñado en superar al periodista que ya fue y convertirse en el historiador y el ensayista. Ese nuevo Lanata olvida la útil concisión y se estira a las citas y a las 320 páginas, para dar cabida a los muchos cuadernos de apuntes que le brindó su laborioso equipo. Hay un toque de Narciso en ese error de plan.

ADN – UN MAPA GENETICO DE LOS DEFECTOS ARGENTINOS, de Jorge Lanata; Planeta, Buenos Aires, 2004. 320 págs.

[1]El País Cultural, 7 de enero 2005.

27 de agosto de 2010

Noche de guiso en la casa de mi amigo el tano con larga charla sobre la muerte del periodismo y anécdotas varias de una profesión que supo ser prestigiosa y que hoy se encuentra luchando en el barro y con muchos profesionales vinculados al gran diario argentino visitando al terapeuta con los nervios destrozados. No son los únicos claro los de La nación se ponen como locos cuando reciben mails de la dirección del diario contándoles el tema Papel prensa a gente que que lo conoce de sobra para bajarles línea.
Alguien recordó algunas cosas de lo ochenta como la apertura de Palladium aquella noche en que el gordo Lanata se apareció vestido de traje blanco y Dipaola, Dipi, lo gastaba y le decía que estaba gordo para ponerse ese traje de heladero
Una vez que llegué estuve a punto de ponerme a escribir sobre la muerte del periodismo y que había quedado de las promesas de los ochenta cuando me encontré con este ejercicio descarnado de periodismo de periodistas como solo Juan Salinas puede escribir.
Cada una de las cosas que cuenta es verdad, cada detalle es imperdible.
Con ustedes directamente desde su Blog un Juan Salinas legítimo y en llamas.



jueves 26 de agosto de 2010
Lanata, Tenembaum, Roa y otras espadas de Magnetto
Periodistas, medidas y mediciones

Por Juan Salinas / Pájaro Rojo

El mayor problema de Lanata es que se quedó sin dinero y malgastó de manera grosera su salud. Ya no se le ocurren las cosas que se le ocurrían antes y se acostumbró a consumir de manera pantagruélica diversas mercaderías, incluyendo medicamentos y adelgazantes. Y no tiene más ganas de trabajar. Por eso, al igual que Chiche Gelblung, ha resignado independencia y buscado el calor de Clarín precisamente porque Clarín huele a debacle, y en la desesperación por evitar o al menos retrasar la caída libre, Magnetto puede asignar sustanciosas partidas de dinero. Basta ver cuánto ganaban los miembros del directorio de Papel Prensa: todos más de cien mil (100.000) pesos gracias a su generosidad y la de su vasallo Mitre.

A fuer de ser justos es bueno puntualizar que posiblemente no haya sido Lanata el que hiciera el primer movimiento, sino Clarín a través del ex juez Gabriel Cavallo, su socio en la insensata aventura de Crítica, quien pasó de supuesto prócer de los Derechos Humanos (un invento de Horacio Verbitsky que a Cavallo le permitió zafar del juicio político por su pésimo desempeño en la causa de los sobornos del Senado) a defensor de La Apropiadora, decidido a todo con tal de que no se pueda establecer la auténtica filiación de los muchachos por ella apoderados, en cualquier caso, sus herederos.

Conocí a Lanata en el consejo de redacción de El Porteño cuando este mensuario empezó a ser editado por una cooperativa de treinta miembros, entre los que estamos él y yo, además de periodistas tan consagrados como Osvaldo Soriano, Tomás Eloy Martínez y el gran Homero Alsina Thevenet, quien conseguía sacarlo de las casillas con mucho menor dispendio de palabras que un servidor. Ahí también conocí a Zloto, que es otra cosa. Junto al contador Luis Balaguer, Zloto, para dar un ejemplo, escribió un libro contra el Citibank, un enemigo de una envergadura tal… que no se lo banca cualquiera.

Zloto remite a su cuate Tenembaum, menos canchero para escurrirle el bulto a la defensa del oligopolio. Tenembaum no está dispuesto, como lo está Lanata, a incorporar la norma cínica de que no hay que dejar que la realidad arruine una buena nota. Lo conocí en el juicio por el asalto al cuartel de La Tablada. Era muy joven y Página/12 lo había mandado al muere con la consigna de despegar al diario de Gorriarán y el MTP a fuerza de chuparle las medias a los fiscales, por derechistas que fueran. José Luis Rodríguez Pagano, hoy y desde hace mucho lugarteniente de Daniel Hadad, entonces movilero de Radio del Plata, era dueño de tal gracejo y sentido del humor (que ha de haber perdido a medida que le sostuvo los trapos a personalidades tan aviesas como las del Negro González Oro, Feinmann El Malo y Baby Etchecolatz, perdón, Echecopar). El Gallego Rodríguez Pagano escribía en el pizarrón verde de la sala de prensa humoradas como "Mensaje de la redacción de Página/12 a Tenembaum: 1) Sonreírle al fiscal Pleé; 2) Pedirle una entrevista al fiscal Pleé; Preguntarle por su mujer, sus hijos, sus deseos, esperanzas y sueños, 4) Decir que no a cualquier pregunta acerca de si conocemos a alguien del MTP".

Tenembaum necesitaba consolidarse adentro del diario e hizo bien los deberes. Cultivaba por entonces un discurso tal que… parecía un periodista suizo, algo molesto porque la realidad argentina resultaba muy poco helvética.

A Tenembaum no parecen gustarle las canalladas. Parece tener límites. Ha de ser uno de esos agnósticos que necesitan salvar el alma. Parece decirse y repetirse todo el tiempo: "No pude elegir, la guerra me encontró de este lado". Pero se la pasa tratando de tranquilizar y tranquilizarse, de ahogar tantas contradicciones. Y lo hace coleccionando datos que le permitan montar un tinglado de modo de autoconvencerse de que "todo es igual, nada es mejor, en el mismo lodo todos manoseaos".

No es peor, desde ya, que algunos locutores y presentadores que hasta ayer nomás estaban allá, y ahora están acá, contratados por la tevé oficial y Fútbol para todos. Sin ir más lejos Araujo, que como el Quique que me secuestró en plena calle en febrero de 1975, era de la "Jotaperra" lopezrreguista. Ambos probablemente fueron los dos únicos judíos de la organización que comandó el panadero Julio Yessi, acusado de ser uno de los jefes de la Alianza Anticomunista Argentina (AAA) o Triple A, a pesar de lo cual el ubicuo juez Norberto Oyarbide nunca lo ha molestado.

Ernesto no es peor que ellos, pero no se esmera, es displicente y perezoso a la hora de demostrar que es mejor. Está en deuda en eso como lo está con sus padres, que le pusieron Ernesto por el Che. Ojalá tuviera con esa filiación la fidelidad que tiene con Estudiantes de La Plata. En cambio no debería sentirse en deuda con Wenceslao Bunge, "Vences", antiguo socio de Suárez Mason y apoderado de Alfredo Yabrán, quien se jacta públicamente de haberlo becado, de haberlo ayudado en su carrera.

A Ernesto la guerra lo sorprendió del otro lado, como a Santo, que como está en el grupo desde hace muchísimos año y no se atreve a dejarlo, comenzó tragando sapos y se ha convertido en catador de escuerzos y demás batracios gigantes. Santo procura salvar su alma estableciendo qué pasó con su amigo Enrique "Jarito" Walker (que había sido periodista-estrella de la revista Gente, era montonero y en 1976 fue secuestrado en un cine por una patota policial), quien todo indica es una de las vìctimas todavìa sin identificar de la "Masacre de Fàtima".

Ernesto se me presentó con toda formalidad en un alto del juicio que se realizaba en una fábrica abandonada de San Martín reciclada como tribunal, cerca del sólido hospital Castex, en su origen Eva Perón. Me dijo: "Estaba esperando el momento de medirme con vos". Le faltó decir "usted" y cuadrarse haciendo chocar los talones como me veía obligado a hacer cuando hice la colimba como infante.

Estupefacto, quiero pensar que no atiné más que a musitar algún monosílabo. Y es que hablara de medirnos me sorprendió e incomodó. La mía en el diario Sur era, por lejos, la mejor cobertura del juicio... porque era la única. A Clarín y La Nación el juicio no le importaba, y a Ernesto no le habían ordenado cubrir el juicio sino cubrir el diario, despegándolo del MTP. Fue gracias a equella cobertura, reflejada más tarde en el Gorriarán.. que escribí con Julio Villalonga, que la CIDH pudo condenar al Estado argentino por haber vulnerado grave e irreparablemente los derechos de los juzgados: muchachos que habían ingresado al cuartel junto a otros que habían hecho el aguante (sin armas) desde afuera, e incluso el fraile Antonio Puigjané.

Encorsetado por aquellas instrucciones, Ernesto no pudo hacer verdadero periodismo. Como reveló Lanata muchos años después, quien había aportado el grueso del capital que le permitió al diario salir a la calle había sido Gorriarán. Para evitar preguntas incómodas, Lanata, por entonces director de Página/12, evitó declarar en el juicio recluyéndose unos meses en los Estados Unidos.

Y ya que hablamos de guerrilleros. Uno de los motivos por el cual los incontinentes tituleros de Clarín no acusan a los Kirchner de montoneros, como hacen otros medios de la derecha (de los que Peter Capusotto y Arnaldo Pérez Manija se burlan, es que los Kirchner nunca lo fueron (aunque no hayan estado lejos) y algún capitoste de Clarín sí.

Por ejemplo, Ricardo Roa, que en 1972 fue por breve tiempo mi responsable en Descamisados, organización en la cual estuvo el ex canciller Jorge Taiana y otra gente muy maja. Fue a finales de 1972, en la época en que Montoneros absorbió a Descamisados, catapultando al Lauchón Mendizabal a la conducción nacional y arrimar el bochín al Cabezón Habbeger y al Sordo De Gregorio. Recuerdo a Roa con camisa celeste de tela de vaquero, blue jean y zapatillas pampero blancas (por entonces, usar zapatillas era una rareza) en el hall del ascensor del edificio de la avenida Belgrano casi Entre Ríos donde vivían los Stockdale, Cao y Mamut, y su madre cuasigitana, Rosa Cardillo. Depto de la planta baja que en los hechos funcionaba como base de la primera UBR (Unidad Básica Revolucionaria) de la Circunscripción 13, barrio de Montserrat.

Recuerdo que Roa tenía la nariz muy torcida y que por eso le decíamos "Moco". Supe muchos años después que escribía notas gremiales en Clarín, dónde también trabajaba Horacio Verbistky.

Ayer a la mañana al desayunar puse la tele y apareció Roa. Al farfullar acusaciones contra los Graiver por su asociación económica con los Montoneros no lucía precisamente como un ganador. Verlo a él, montonero de las buenas épocas con el tabique enderezado y la mirada extraviada verbalizando dichas acusaciones, ganándose a pulso la cucarda (no "Cocarda", Cris, pero igual estuviste divina) de botón, me dio vergüenza ajena. Roa ascendió gracias a su facilidad para el besamanos y su decisión de extraerle el jugo a sus subordinados, hasta anotarse el gol decisivo de Olé! Cualidades gracias a las cuales Magnetto habría de confiarle el meollo de las "operaciones especiales" del grupo.

Como jefe de la principal fuerza de operaciones de Clarín, Roa parecía ayer la misma imagen de la derrota. Detrás, evidentemente grabados antes de que Cristina anunciara muy otra cosa, Lanata y Fontevecchia criticaban ácidamente la intervención de Papel Prensa por el Estado, algo que por lo visto, tanto ellos como Magnetto consideraban ineluctable y daban por descontado. Desconcertados Roa, Kirschbaum, Julio Blanck y demás, TN no les ahorró el ridículo. Orlando Barone dijo en 6-7-8 que no hay peor papelón para un periodista que escribir una crónica sobre hechos que aún no sucedieron. Acuerdo. Y recuerdo el papelón de un colega que firmó una crítica a un recital de Los Redonditos de Ricota en Huracán que se publicó... luego de que el concierto se suspendiera.

Hacer algo así era por entonces motivo de descrédito eterno y, desde ya, causal de despido. Hoy los arruinadores del oficio de informar apenas lo consideran una picardía. Del mismo modo, plagiar era antes una mancha infamante, y hoy cualquier pelafustán copia y pega hasta los errores de otro sin sonrojarse, confiando en el manto de impunidad que la generalización de este fraude ofrece.

Y si no, que lo diga Cris Chan Tan, el rey del Copy & Paste




Un ángel cuida tu guarida, tu canción
Un ángel cuida tu suicida corazón.
Usando su nombre, hiriendo la piel
no creo que lo puedas detener.
Por eso, déjalo ir.
Un ángel no tiene precio, no se puede comprar.
Usando su nombre, hiriendo su piel
no creo que lo puedas detener
por eso déjalo ir.
Hombre sin ángel, qué vas a hacer
correrlo en la calle, casarte con él?
Por eso déjalo ir.
Un ángel no tiene lugar,
no tiene precio, no se puede comprar.
Un ángel te puede tomar,
tomar el cielo, y en el cielo bailar.

El tema Papel prensa ha dejado mucha gente en off side y resentida. Todos esperaban alguna expropiación y para la desgracia de ellos, que tenían un montón de columnas escritas en ese dirección, el gobierno los cagó de un puente.
Clarín y La nación se vendieron solitos: Quien maneja el papel maneja la información. Decían justo ellos que vienen haciendo eso desde hace 37 años y manejando el mercado editorial tal cual contaron cada uno en sus respectivos libros Hector Ricardo García y Julio Ramos. También Lanata y Fontevechia lo hicieron alguna vez antes de que víctimas del síndrome de Estocolmo salieran a defender junto a Lilita Carrió y Pinedo el sagrado derecho a la propiedad y a la libre empresa.
Después de eso quisieron embarrar la cancha tirando a familiares de Graiver con versiones antojadizas aunque la mentira duró apenas unas 24 horas hasta que se conocieron otras declaraciones del hermano de Graiver tras lo cual quedó claro que tanto el clarinete como la tribuna de doctrina habían mentido

Los últimos editoriales de Lanata son penosos y peor si se recuerda que el canal desde donde se dicen es el de Alberto Pierri y por si no se acuerdan quien es Pierri va un fragmento de El presidente que no fue de Miguel Bonasso:
"El regreso de Cámpora a la Argentina , el 9 de diciembre de l99l, puso en evidencia lo bien que funciona la máquina de la desmemoria. Si al moribundo de l979 lo habían lapidado los insultos, al cadáver de los noventa lo sepultaron los elogios, que le tributaron en el Salón del Congreso (...) ‘El legado de Cámpora es inequívocamente el de la lealtad inclaudicable a las ideas que abrazó’, dijo el Presidente de la Cámara de Diputados, Alberto Pierri, que le vendía papel a Massera cuando al homenajeado lo condenaban al cáncer terminal de la calle Arcos (reteniéndolo durante tres años y medio en la Embajada de México)"

Es interesante que el eje del debate se esté concentrando en lo de la venta de las acciones obviando la otra parte de la denuncia, aquella en la que se deschavan los manejos de Papel prensa contra los diarios de la competencia.

El estado a través del gobierno se despertó, denunció y le mandará al congreso una ley para manejar de manera mas plural la provisión de papel. Que hay en todo eso que pone tan nerviosa a la oposición y a las empresas?



El gordo está cada vez más parecido a un tachero en sus discursos lamentables.

24 de agosto de 2010

Habló la presidenta y al final nadie expropió a nadie. Clarín y La nación van a tener una oportunidad que no tuvieron los parientes y socios de Graiver que tuvieron que vender a precio vil las acciones de Papel prensa después de sufrir torturas en lugares como el pozo de Banfield.
Magneto, Mitre, Noble de Herrera podrán explicar sus cosas frente a un juez mientras desde sus medios seguirán defendiéndolos un montón de cagatintas y un montón de políticos temerosos o bajo sueldo, quien sabe, dirán que es todo un avasallamiento a la libre empresa. Que es lo único que a toda esa gente tan bien le interesa.


Impresionante convocatoria a la plaza de FIBERTEL, emociona!

23 de agosto de 2010

Murió viejo, solo, abandonado peor que eso, ninguneado.
El peruano parlanchín arrojó por la borda toda la respetabilidad que le quedaba paseando su triste figura y su cerebro un poco extraviado por los medios donde supo reinar. Mendigaba bolos, frases para recitar, algún horario perdido. Seguramente tuvo que lidiar con la envidia de sus pares y el desconocimiento de los nuevos directivos de las radios que ni siquiera pueden imaginar lo que era escuchar la voz de Hugo Guerrero Marthineitz con eso del cabizbajo crisantemo y los fiambres ranking.
El peruano era Dios al aire, un prestidigitador de la palabra que podía leerte un capítulo de la Historia de la estupidez humana o repetir una y otra vez un disco o contar historias.
No importa que su final haya sido un poco patético importa lo que nos dejó a los que lo escuchábamos en la hora de la siesta.

22 de agosto de 2010

‎"El cuento flotará eternamente en el ciberespacio como testimonio de la rara amistad entre un monto en proceso de reciclaje hacia la transición democrática, un anglogorila de prosapia como Charlie Feiling, una musa rockera como Alina Gandini, una feminista mordaz como María Moreno, y yo, apenas un cliente de la Gandhi y de los dealers que solían venir a cobrarme a la Gandhi."
Rodolfo Fgwill

Murió Fogwill y ya lo estamos extrañando porque no hay provocadores que se le igualen.
Confieso que una vez lo llevé a la tele, fue a Memoria en el 9 de Romay. Luché bastante con Gelblung para que lo invitáramos y llegó el día una semana con un feriado que Chche viajaba así que había que grabar.
Fogwill estaba Durañona y Vedia, Chiche de pésimo humor, un desastre. El reportaje nunca salió al aire y mietras el escritor se iba Chiche me gritaba desde el estudio que no era necesario que volviera a trabajar al otro día.
Bueno no fue para tanto porque volví y seguí trabajando como si nada.
Este es el adelanto de Perfil.com de la biografía no autorizada que Silvina Walger escribió sobre Cristina Fernández de Kirchner. Biografía cuya lectura habrá que completar con la que Sandra Ruso está preparando.
Pero leamos que dice el adelanto

De la famosa noche del invierno del 2008, cuando Cobos les arruinó la tan necesaria "caja" con su "voto no positivo", se cuenta que Néstor le habría ordenado a Cristina que renunciara. Ella se negó a hacerlo y lo insultó sugiriéndole que en todo caso se fuera él. Esto le valió, cuentan, que el presidente paralelo, su marido, le propinara una sonora trompada. El golpe fue en serio y a Cristina hubo que trasladarla. Algunos dicen que a Olivos, otros juran que recaló en una clínica.

El episodio pasó a la historia inmedianta como "la noche de la 125". Todas las infidencias concuerdan que Alberto Fernández fue testigo de aquella "tinellización presidencial".

En los días sucesivos el consorte insistió con la renuncia. Cristina entonces le habría contestado: "Es muy fácil diseñar la estrategia de renunciar y tirarle el gobierno por la cabeza al vicepresidente, total la boluda que lo tiene que hacer soy yo". Más calmo, Néstor le habría acusado de estar siempre pensando en ella. "Es por el proyecto, Cristina, salvo que creas que es mejor tener que irte hecha mierda más adelante". Esta escena terminó de desesperar a Fernández y ya no hubo manera de retenerlo. Con su partida, Cristina perdió un apoyo de cuya falta nunca se repuso.


El último párrafo a la luz de los hechos debe haber sido escrito por el mismo Alberto Fernández, que se ve a sí mismo como candidato y que quiere creer que su ausencia la dañó al gobierno. De hecho desde aquella noche a estos días han pasado muchas cosas y la verdad es que se repuso bastante aún para los encuestadores más opositores.

21 de agosto de 2010

Llamándonos



a María Eugenia C.

Y NUNCA MÁS VOLVIMOS A ENCONTRARNOS después de la famosa charla telefónica. Puse famosa porque durante mucho tiempo aquella charla fue famosa para nosotros, y porque aunque ahora ya no hablamos más de ella –porque no hablamos más– ahora siguen hablando de ella sus amigas y los novios de ella y de sus amigas. Todos hablan, la nombran; todos siguen imaginando aquella charla de mil maneras, con mil distintos desenlaces y por mucho tiempo más, pienso, seguirán charlando todos y comentándose la charla.
Pero aquella charla es más famosa para mi corazón, porque desde entonces nunca más ella y yo volvimos a vernos. ¿En Buenos Aires? ¿Es posible que en Buenos Aires, dos, nunca más hayan vuelto a encontrarse? Sí: es posible. Ni nos vimos, ni yo la vi, ni creo que tampoco ella a mí me haya visto.
Pero desde hoy serán las dos famosas: la charla y ella. Voy a nombrarla, se llama Diana Rivera Posse y fue mi amante por un tiempo: tres meses. Es una mujer alta, de ojos notables y manos grandes y ahora va a ser famosa por esta historia de la charla telefónica que comienzo a contar.
Diana: fuimos amantes por un tiempo. Nada serio. Nos encontrábamos algunos viernes. Salíamos a comer. Recuerdo que comimos en el antiguo restaurante japonés, en Bistró, en el griego de Córdoba y Montevideo y en la cantina El Viejo Pop de Mar del Plata. Dormimos juntos algunos de esos viernes –nada importante– y tres noches seguidas de aquel fin de semana largo de abril que nos fuimos al mar. Por lo demás, nos vimos poco. Algunas mañanas llamaba a mi oficina: "estoy libre", decía, y yo a veces arreglaba una cita, fingía un almuerzo de negocios y corría a abrazarla en mi piecita por unas horas. Era otoño: algunos mediodías de calor salimos apurados y sin bañarnos y al caer la tarde, en la oficina, yo sentía subir del saco olor a ella, olor a mí y olor a ensayo de bailarinas y perfumes mezclados.
Algunas veces la llamé yo. Atendía el padre o la madre y nos citábamos en un café después de la comida. Esas noches nos besábamos en el auto pero no nos acostábamos: ella debía levantarse temprano para sus clases y yo andaba arrastrando mis ganas de olvidarme de todo y sentarme a escribir. Llamo a esto escribir. Y ella ahora será famosa: todos sabrán desde hoy que en la fiesta de Caride nos acostamos en uno de los dormitorios del segundo piso con Equis –esa actriz peronista– y que enseguida se agregó a nuestro grupo Marcelo Siano, que trabaja en Wrigley's y puede atestiguarlo, y que más tarde se vino con nosotros Gonzalo Roca trayendo una botella, y que más tarde los tres hombres nos sentamos a beber directamente de la botella de Chandon, mirándolas a Diana Rivera y a la estrella peronista que jugaban a morderse y hacerse marcas como gatas mientras el novio (el que había sido su novio hasta poco antes y que me dicen que ahora ha vuelto a ser su novio) bailaba en el living de la planta baja.
No sé por qué, siempre los novios verdaderos bailan cuando las mejores cosas están sucediendo en la realidad. Me lo imagino ahora al novio bailando en algún otro lugar, musical, elástico, y sabiendo que desde hoy tiene una novia famosa: Diana. Dudo que ella lo ame.
Ni a mí me amaba. Fuimos amantes, pero no nos amamos hasta la vez de aquella charla telefónica. Me había llamado ella. Era domingo; yo estaba trabajando, cansado, y necesitaba liquidar un informe para la edición de la tarde del lunes. Ella quería que le hablase. Conté qué estaba haciendo, qué había hecho la noche anterior y lo que pensaba serían mis planes para ese día y el siguiente.
Quisimos vernos. Casi acordamos una cita, pero después dije que no, que nos veríamos el martes, que fijaríamos la cita durante la mañana del martes.
Y yo hasta aquel domingo nunca la había amado, pero esa vez la amé:
–¿Y si nos vemos en Fred's el martes?– sugería ella.
–Sí –dije–. Puede ser. y si no, te llamo a la mañana...
Y así comenzó todo: ella dijo que mis palabras la tocaban.
–¿Cómo? –pregunté .
–Me tocan –dijo ella–. Siento que me tocás: Me tocan.
Quise saber, pregunté más.
–¿Dónde te tocan?
–Ahí –contestó–, me están tocando ahí...
–Tocame vos –pedí y ella dijo que era "precioso".
–No –le dije–. Eso no me toca.
–¡Sos hermoso y precioso! –repitió.
–Tampoco toca –dije.
–¡Sos asqueroso! –probó ella.
–¿Cómo asqueroso? –pregunté yo, sintiendo algo.
–¡Como un sapo asqueroso y hermoso! -contestó.
–Puta –le dije y averigué–: ¿Te toca si te digo puta?
–Sí –dijo como un suspiro–. ¡Sí! Y cuando te hablo yo... ¿Te toco?
–No, vos no. Me toco solo. Yo, me toco –anuncié–. ¿Te toca?
–¡Baboso! –ella me dijo y:
–Tortillera –le dije yo, sintiendo que respiraba fuerte, y más (pidió que le dijera más) y yo dije "baba", "rata", "gata", "tortillera" y también que la estaba tocando:
–Te toco entre las piernas con un teléfono asqueroso negro –amenacé.
–¿Sucio? ¿Enchastrado? –indicó ella.
–Sí –le juré y entonces me di cuenta que ella estaba jadeando de verdad.
No entendía por qué; quise saber:
–¿Te estás tocando, vos...?
–No; vos me tocás. ¡Cuando hablás me tocás! –susurró ella.
–¿Será porque me toco...? –Supuse y probé: –¿A ver?
–Ahora sí –decía ella–. ¡Ahora no... ! ¡Ahora... sí!
Y acertaba siempre y jadeaba. Jadeaba más cuando decía que sí, y creo recordar que también acertaba siempre: si yo tocaba, ella decía que sí y sentía. Pero ¿dónde?
–¿Dónde? –le volví a preguntar.
–Ahí, te dije, ¡ahí...!
–¿Cómo?
–Como si yo tuviera un...
–¿Y no tenés, acaso, un...?
–Sí, pero uno igual a vos. ¡Uno igual...! –exclamó y entonces jadeó más y le dije que pronto cortaríamos la comunicación y ella dijo que también cortaría al mismo tiempo, y estoy casi seguro de que también esa primera vez cortamos juntos, al mismo tiempo.
Desde entonces no volvimos a vernos; nunca la vi, y creo que ella a mí nunca me vio. El martes, cuando la llamé desde la oficina, dijo que no quería verme. "Nunca más", dijo. "Hablame". Entonces ese mediodía fui a mi piecita y desde ahí la llamé.
Y seguimos llamándonos muchas veces. Siempre juntos, al mismo tiempo, hablábamos. Adivinaba ella cada vez, decía "sí" al tocar, como suspirando y yo también sentía que sus palabras me tocaban y eso, –ahora puedo reconocerlo–, lo aprendí de ella, pero solamente me sucedió con ella.
Siempre hablábamos. Siempre llamaba ella, a veces yo. Me sucedía una cuestión de orgullo: esperar a que llamase. Siempre llamaba ella, y si yo pasaba lejos de la piecita varios días entonces calculaba que ella había estado tratando de llamarme, y la llamaba yo. "¿Llamaste?", preguntaba. "¡Sí!", decía ella, "...pero no contestabas".
¡Cuántas veces tomé el tubo del teléfono y dije: "hola" con el tono de voz que bien sabía que la tocaba y me sorprendía alguna voz distinta preguntando por mí, por "señor Fogwill", como si el que había pronunciado aquel "hola" no hubiera sido yo!
¿Cuánto duró? Tres meses, cuatro. Para entonces, nuestra charla había comenzado a volverse famosa. Las amigas... Algunas me llamaban, decían un nombre falso, y me pedían que hablase, pero no era lo mismo. Sólo con ella –vuelvo a nombrarla– sólo con Diana, las cosas solían producirse de aquel modo. Y después todo se derrumbó. Una sola vez que nos falló, dejamos de llamarnos. Cuestión de orgullo, o miedo de que ya no pudiera tocarla con mi voz. Como ella no llamaba, tampoco llamé yo. La última vez que hablamos. sintió mi voz y dijo no, que ahora tampoco, que ya no sería más posible, que nada más valía la pena, y que ya todo se había terminado.
¿Terminado?
Ahora que todos hablan, ahora que hasta han escrito una novela con nuestro tema, ahora que todos saben la historia de la famosa charla y ahora que ella también ha comenzado a ser famosa como la charla, dudo que algo haya terminado. Creo que algo comienza: pienso que escribo y que ahora todo lo escrito vuelve a tocarla a ella y entonces vuelve eso a tocarme a mí, como un reflejo, y siento que es mejor que hayamos dejado primero de vernos, y después de hablarnos, porque hay nuevas maneras de hacernos eso, contárnoslo, mostrando a todos la verdad de lo que es nuestro amor, esta nueva manera, el mejor modo de nuestro amor.
A las amigas, a los novios de ella y de las amigas, y a todos los que escuchen en cualquier parte sus famosas grabaciones de nuestras charlas, se les formó una idea equivocada de nuestro amor. Nuestro amor no eran esas voces y ruidos que escucharon grabado tantas veces. Nuestro amor fue todo lo que hicimos y que ahora circula entre nosotros, entre todos los que en un mismo instante estaremos leyendo una vez, otra vez más, (¡más! ¡más!), la historia de la famosa charla, y a un mismo tiempo, en diferentes sitios y sobre diferentes hojas de papel, una vez más, muchas veces (más, más) de esa historia famosa de amor sintamos juntos el final.

Rodolfo Fogwill