30 de septiembre de 2010

Brenda Gandini está de novia con Gonzalo Heredia y hubo rumores de embarazo pero el animal salió a decir que nada que ver, que Brenda el Sábado pasado tuvo gastroenteritis o sea tuvo pérdida de apetito y náuseas, seguidas de diarrea. Eso para empezar porque poco después se produjeron seguramente accesos de vómito y movimientos intestinales, con diarrea acuosa, dolores y espasmos abdominales, fiebre y extrema debilidad. Las deposiciones suelen ser muy líquidas y, algunas veces, si la enfermedad se prolonga mucho tiempo, pueden llegar a contener sangre y mucosidades.
El agente de prensa de Brenda debería decirle a Gonzalo que hay cosas que el público no necesita saber.

Basta de horror rati

Ante las gravísimas amenazas sufridas por un testigo del documental recientemente estrenado Rati Horror Show, dirigido por Enrique Piñeyro, los documentalistas argentinos agrupados en Doca expresamos nuestra solidaridad, nos ponemos a disposición ante cualquier necesidad y exigimos el inmediato esclarecimiento del hecho y castigo a los culpables.No es casual que siendo el documental Rati Horror Show una contundente denuncia sobre el accionar criminal e impune de las fuerzas represivas (las mismas que mantienen sólo en "la bonaerense" a más de 9.000 efectivos activos de la época de la dictadura militar, las mismas "fuerzas de seguridad" acusadas de cientos de casos de gatillo fácil y hasta desapariciones en clara connivencia con la justicia), sean estas mismas fuerzas las que Piñeyro denuncia que armaron una "zona liberada" en torno suyo, por lo cual tuvo que sacar a su familia del país.Llamamos a rodear de solidaridad a Enrique Piñeyro y al testigo Luis Ríos, y hacemos responsable al gobierno nacional y al provincial por la integridad física de los compañeros, sus familias y de todos los participantes del film. Exijimos el esclarecimiento de los hechos, el castigo a los responsables de los aprietes y todas las garantías necesarias para el libre ejercicio de la investigación documental y periodística.Estamos alerta y prestos a movilizarnos. ¡Ni un paso atrás!

Documentalistas Argentinos (Doca) - www.docacine.com.ar


AUNQUE NO LE IMPORTE A NADIE Y SEA INOCUO ESTE BLOG LO BANCA A CORREA, EL PTE DE ECUADOR.
Curiosidad radiofónica, ayer Fernando Bravo no fue a su programa de radio para asistir al sepelio de Romina Yan. El programa lo condujo Alfredo Leuco sin embargo la gente que llamaba dejaba mensajes en el contestador que arrancaban diciendo: Fernando quería decirte que...

Acá no somos de estas cosas pero Tony era un grande

29 de septiembre de 2010

El momento Majul del día

Salí después de varios días de encierro oscuridad y paños fríos en los ojos por culpa de una conjuntivitis, se los recomiendo porque quedás hecho una seda.
Mi destino fue La trastienda donde Vicentico presentaba su nuevo disco. Bebidas, empanadas, pizza, mini show de cinco canciones y entrevista. Ese era el plan, y se cumplió.
El disco de Vicentico lo muestra más despierto, más pop y por sobre todas las cosas más interesante. Está producido por Cachorro López que se ve que logra milagros en el estudio.
El artista se mostró distendido, cómodo y en plan de estar de como en casa. El show fue un contundente y corto. Entonces llegaron las preguntas y se produjo el siguiente dialogo:
Pide la palabra Luis Majul

Vicentico- Tenes miedo? Me vas a preguntar si tengo miedo?
Risas generales
Majul- esa te la iba a hacer pero en realidad tengo otra pregunta para hacerte
Vicentico- Bueno a ver hacéla
Majul- Este es tu mejor disco?
Vicentico- Bueno esa es otra pregunta típica tuya
Carcajadas generales y respuesta acorde con el nivel de la pregunta.

Lo bueno es que después de eso todas las preguntas parecían extraordinarias.
El sitio Nación apache se mandó con un adelanto del libro de María Julia Oliván y Pablo Alabarces sobre 6.7.8 como no pienso comprarlo, y sospecho que muchos piensan lo mismo decidí robárselos.

El mensaje K: a su imagen y semejanza

[Adelanto exclusivo: Capítulo 4 del libro “6 7 8. La creación de otra realidad”, Paidós, Argentina, cuya salida está prevista para el mes de octubre.]

Por María Julia Oliván y Pablo Alabarces

Acerca de contextos y recursos. Donde se habla del contexto político y social en el que se inserta 6 7 8. El peronismo. Los rasgos peronis tas del kirchnerismo. El discurso progresista. La enunciación izquierda/derecha. El aspecto pedagógico del programa. La reali dad polarizada. La militancia mediática. El espectador de 6 7 8.

P. A.: Resulta inimaginable pensar 6 7 8 sin el fenómeno del kirchnerismo, porque el kirchnerismo instala una suerte de peronismo socialdemócrata, una renovación peronista.

M. J. O.: Kirchner asumió con el slogan de la renovación. Aunque durante el primer año de gobierno hizo campaña con todos los líderes que, obviamente, venían de años y años de concentración de poder en las provincias, con todos los gobernadores del interior. Obviamente necesitaba concentrar mayor poder que el que le había dado el resultado electoral de 2003.

P. A.: El kirchnerismo permite que por primera vez aparezca un programa oficialista porque genera un contexto muy particular; abre un espacio para que estas figuras ejerzan este tipo de crítica, este tipo de mecanismos de enunciación.

M. J. O.: Es que entre las alianzas que hizo Kirchner acuerda primero con las provincias que tienen un especial interés en su relación con el Gobierno central, por una cuestión económica sobre todo, y después empieza a hacer las alianzas fuertes con los sindicatos y con los movimientos sociales.

P. A.: El kirchnerismo no tiene muchos de los rasgos más típicos del peronismo pero, aun así, creo que finalmente es peronismo por el exceso peronista. El peronista es tantas cosas que bajo el peronismo cabe todo.

M. J. O.: El peronismo es tantas cosas que cualquier integrante del programa podría parecer un militante peronista.

P. A.: Peronistas eran Lorenzo Miguel y el primer Manzano y el primer Toma. También lo eran Menem, Corach, Kohan. Todos ellos son peronistas, y entonces, dentro de ese exceso, los Kirchner también son peronistas. Para entender el programa habría que preguntarse, ¿cómo personalidades como la de Barone o Sandra Russo pueden funcionar como voceros de un Gobierno “peronista” cuando no hay rasgos peronistas en su discurso? Porque el kirchnerismo produce un desplazamiento…

M. J. O.: También Neustadt fue una suerte de vocero de Menem y no era peronista.

P. A.: Justamente. El menemismo no podría haber incorporado a Barone, Sandra o Lucho. El kirchnerismo, en cambio, sí y ellos pueden hablar pestes del menemismo. Y el menemismo no podría haber producido un programa de este tipo…

M. J. O.: Porque no enarbolaba ninguna bandera enarbolable excepto para los liberales radicalizados o conversos.

P. A.: Exactamente, nadie podía defenderlos políticamente, salvo con la ironía menemista o con la desfachatez de María Julia Alsogaray.

M. J. O.: Bueno, pero este Gobierno sí te da herramientas para defenderlo, porque lanzó varias medidas que generaron la empatía directa de un grupo de la sociedad que no tiene por qué ser ni peronista ni kirchnerista.

P. A.: Fijate qué tipo de empatía produce que incluso puede generar una militancia, periodística y del público. El kirchnerismo permite que personas provenientes de una tradición progresista, con un nivel intelectual alto, piensen, por primera vez en sus vidas, en votar a un candidato peronista. En este contexto ancla 6 7 8. Y este contexto no es el peronismo porque, justamente, parece que los panelistas no pueden ni siquiera pronunciar la palabra “peronista”.

M. J. O.: Para mí, lo que sí se menciona en 6 7 8 son las palabras derecha e izquierda. Permanentemente.

P. A.: Hasta ahí. Hace más de un año tuve una discusión con José Pablo Feinmann porque escribí, en tono de crítica: “Esta gente insiste en no recordar que ‘peronismo de izquierda’ es un oxímoron”. Es una tradición, que muchos siguen a pie juntillas. Yo no creo más en esa tradición, me desilusionó y la califico como oxímoron. Y no porque no exista sino porque creo que no es solvente, que es refutable teóricamente. Pero la tradición existe y, como buen mito, produce prácticas. Entonces, enunciar “la derecha” puede significar tanto un progresismo vago como un presunto peronismo de izquierda, que no se nombra, pero no porque le cause escozor al progresismo. El progresismo acepta la existencia de un peronismo de izquierda e incluso acepta sus íconos, con Rodolfo Walsh a la cabeza. Yo no creo que el progresismo rechace el peronismo. Más bien creo que lo acepta como parte del famoso universo de deseo de que algún día un frente amplio incluya al peronismo de izquierda, al socialismo, etc. En el desplazamiento, 6 7 8 corre del foco las prácticas del peronismo que no se corresponden con este modelo de “peronismo de izquierda”. Las corre porque no las puede exhibir.

M. J. O.: No me parece que podamos analizar el programa viendo si el progresismo irrita al peronismo, o si el peronismo irrita al progresismo, o si en el peronismo se incluye la clase media de izquierda, progresista o no. Me parece que es más interesante analizar los roles, empezar a desmenuzar el discurso, la polarización y cómo el planteo argumentativo del programa siempre construye las realidades en términos de “nosotros/ellos”, “a favor/en contra”, “adentro/afuera”.

P. A.: Avancemos en esa dirección.

M. J. O.: Es muy difícil circunscribir el programa a si es de derecha, de izquierda, progresista. En cambio, me parece que sí podemos circunscribirnos al discurso que propone.

P. A.: Estoy de acuerdo con que avancemos en esto. Lo que estábamos discutiendo es el marco dentro del cual todo eso funciona.

M. J. O.: En el peronismo pueden entrar la derecha y la izquierda. Todos los militantes progresistas pueden adherir a este peronismo progresista, pero no podrían adherir al menemismo.

P. A.: De acuerdo.

M. J. O.: Y al menemismo sí podían adherir los miembros de la oligarquía tradicional, los liberales, los Alsogaray, los Cavallo.

P. A.: Todos esos no podrían adherir a la Alianza, pero la Alianza lo pone de ministro a Cavallo.

M. J. O.: Lo que sí me parece interesante es encontrar las similitudes entre la construcción discursiva de 6 7 8 y la del discurso kirchnerista, ahí sí me parece que hay una veta.

P. A.: 6 7 8 elide las características más peronistas del kirchnerismo. De ahí, entonces, la enunciación izquierda/derecha. ¿Por qué no nos quedamos un poquito con eso? Porque, claramente, es lo que vos decías: es polar.

M. J. O.: Además de polar es aglutinador porque se propone “multiplicar”, se propone una suerte de tarea evangelizadora hacia los demás, convencer a los que no son oficialistas de las bondades del “modelo”. ¿De qué manera? Con los recursos directos y de repetición de las lecturas polarizadas y mediante una falsa adhesión de quienes por contexto o fuera de él elogian alguna de las medidas instrumentadas por el oficialismo. Entonces, si Tinelli en un momento dice que cree que la Presidenta hizo bien determinada cosa, eso es presentado como: “Ahora nos venimos a enterar que a Marce”. Esa adhesión que plantean es ilusoria.

P. A.: Eso es una ironía. El espectador promedio de 6 7 8 comprende esa ironía y se ríe porque en ningún momento piensa que Marcelo Tinelli esté de acuerdo con el Gobierno.

M. J. O.: No estoy tan segura de que el televidente promedio tenga un nivel de instrucción alto. Es verdad que es una ironía, pero también es una adhesión ilusoria. Es como plantear: “Hasta este personaje X, que en otro momento se mostró enfrente de la vereda del oficialismo, tiene que darle la razón en algo a la Presidenta”. Por otro lado, no estoy tan segura de que podamos afirmar que el público de 6 7 8 tiene un nivel de instrucción alto. Creo que se ve en la tribuna que es un público heterogéneo.

P. A.: La composición social del público siempre es un misterio, salvo que uno cuente con análisis más minuciosos. Sin embargo, es innegable que el programa tuvo un salto muy fuerte en su popularidad cuando se constituyó todo el movimiento desde el Facebook. Y eso implica un nivel de competencia intelectual. Dice Bourdieu que para producir contracultura siempre hace falta un nivel básico de competencia cultural. ¿El programa se presenta como contracultural, contrahegemónico? Eso tenemos que discutirlo, pero digamos que está dando por sentada una competencia cultural por parte del público. Me parece evidente que hay cierta jactancia de los panelistas. La cita borgeana repercute en ese sentido.

M. J. O.: Ahí sí concuerdo con vos. No solo la cita borgeana, sino tantas otras alusiones. Por otro lado, está también “la tarea de” multiplicar y de quiénes se van sumando a ese grupo. Esa idea de multiplicar es convocante y asume la postura de que se trata de un grupo de “unos” que quiere convencer a “otros” que están en otra vereda. Volvemos al punto de la dualidad.

P. A.: Creo que los espectadores de 6 7 8 han transformado la experiencia de ver televisión casi en una acción ciudadana. O sea, una militancia mediática, o antimediática o intramediática. El acto de ver televisión como un acto militante en el cual se produce algún tipo de discusión del viejo tema de la recepción crítica de los medios de comunicación, toda una corriente teórica que hablaba de la recepción crítica y que fue discutida por los que éramos populistas, que recordábamos que recepción y crítica eran una tautología, que toda recepción era activa, toda recepción era crítica. Entonces, hubo un momento en la teoría en que se pasó de la versión apocalíptica “neoadorniana” a la postura recepcionista por la cual toda recepción es vista como crítica, como activa. Luego del menemismo vuelve la discusión acerca de si el público recibe críticamente. Y ahí aparece un razonamiento muy de clases medias: considerar que los sectores populares son tontos culturales a los que les resulta imposible hacer otra cosa que zapping, y que las clases medias son las que están verdaderamente entrenadas para discutir a los medios. Este tema, que no es de clasificación cultural sino económica, apareció con mucha fuerza en los últimos años. 6 7 8 encuentra un doble fenómeno: por un lado, están las clases medias que entienden las populares como integradas por tontos culturales manipulados por la televisión. Al mismo tiempo hay otro núcleo de clase media que encuentra en el programa la posibilidad de posicionarse como un lector crítico de los medios. Repito: hacia fines de 2001 explota la crítica mediática por parte de las clases medias –“Nos mean y Clarín dice que llueve”–; es la aparición de ciertos sectores de la clase media que deciden asumir el lugar de la crítica y, con ellos, la recepción activa, la contrahegemonía, los medios alternativos. Son varias tradiciones que se cruzan. Sin embargo, rápidamente el graffitti y ese estado de crítica desaparecen. Con 6 7 8 vuelve ese estado y ese entrecruzamiento de tradiciones.

M. J. O.: Lo que decís del público crítico, 6 7 8 lo contradice. Muchas veces yo me planteé que desde el programa se trata al público como si todavía creyésemos en la teoría hipodérmica que decía que los medios influyen en la opinión pública, prácticamente sin mediar una resignificación por parte de la audiencia. El mayor ejemplo es “El influenciómetro”, la sección que mediante encuestas en la calle se propone demostrar que la gente en general es muy permeable a la repetición de conceptos acuñados por los medios hegemónicos.

P. A.: Salvo el público de 6 7 8…

M. J. O.: Teóricamente, 6 7 8 desenmascara la estrategia de comunicación de los otros medios, pero si 6 7 8 cree que la opinión pública se construye sobre la base de lo que repite el multimedio Clarín, también trata al público como acrítico, casi infantil. Para mí el programa asume una actitud pedagógica: nosotros les vamos a revelar esto que hasta ahora nadie dijo. Ni los periodistas son tan impolutos, ni los medios son independientes, y les vamos a mostrar por qué. De todos modos, no podemos analizar al espectador de 6 7 8 porque no sabemos quién es.

P. A.: La teoría de la comunicación te dice lo siguiente: el receptor, como sujeto, como fenómeno de audiencia, sujeto a revisión estadística, análisis sociológico, también está en el texto. El texto contiene a su receptor. Entonces, ese es nuestro umbral de análisis, nuestro horizonte de análisis.

M. J. O.: Más allá de saber con precisión cómo es el público de 6 7 8, me parece que lo más palpable que tenemos es a quién supone el programa que se está dirigiendo, tomando como base la forma en que está articulado el mensaje.

P. A.: Justamente: hablan de la derecha en tercera persona, pero lo remiten más a las posiciones políticas; hablan de medios todopoderosos manipuladores de grandes porciones de la sociedad, distintos de este público que nos está mirando y comparte con nosotros la verdad respecto de los mecanismos periodísticos. Pero hay un tercero excluido que no es considerado como público, el clásico tercero excluido de la televisión argentina: las clases populares. Y digo que ese es el tercero permanente, porque nadie le habla.

M. J. O.: A ese primero incluido que mencionás lo llaman la “corpo mediática”. Tal denominación también tiene un significado tácito, vinculado a las corporaciones y a ciertos códigos que se respetan en dichas corporaciones. Ahora bien, cuando hablan de los otros opositores, utilizan una dualidad idéntica a la que usa Kirchner en sus discursos: están los que pelean por la causa y los que la combaten. Así se construye la idea de esa militancia ficticia en favor de una causa que se supone peronista, de izquierda o centro izquierda, y popular.

P. A.: Hay algo que sí se sabe: no es de derecha. Porque se dice “la derecha esto”, “la derecha lo otro”. Ahí está nuevamente la cláusula del excluido. ¿Qué es? No sé, pero seguro no es de derecha. La derecha siempre queda afuera, siempre se enuncia como ajenidad, como lo otro. Eso es indiscutible. Creo que en el vínculo con el espectador hay una mirada, un guiño cómplice, aunque la redundancia, la repetición exasperante, en muchos casos, suena a trabajo de convencimiento. Esa es la cuestión pedagógica que vos mencionás.

M. J. O.: 6 7 8 es repetitivo a propósito; cuando yo planteaba a la producción la molestia que nos generaba presentar repetidamente los mismos informes, ellos respondían que querían machacar sobre sus ideas. Es como un intento pedagógico, o bien, como el nuevo programa de Víctor Hugo Morales, una bajada de línea directa.

P. A.: Y lo que hacen es repetir el repertorio de los noticieros en un breve espacio.

M. J. O.: De todas formas, la CNN o cualquier cadena de noticias del mundo también repite todo el día los mismos títulos que componen la agenda. Cuando es un canal de noticias o un noticiero, la repetición no es una estrategia. Pero si es un programa diario, puede repetir o no. 6 7 8 elige repetir pero no por las razones que lo elige un noticiero de acá o de Inglaterra. Los noticieros reproducen la agenda del día; es decir, unos seis temas en total.

P. A.: Hemos llegado a la redundancia como estrategia de la agenda del día.

M. J. O.: 6 7 8 no repite noticias. Una cosa es repetir quince veces que hubo un asesinato y otra distinta repetir: “La cadena de la hecatombe económica”. Lo que se repite es la visión política del programa sobre los medios y los opositores al Gobierno.

P. A.: A eso iba, porque lo interesante no es la repetición. Que Barone se repita, que use las mismas metáforas, no importa al interior del mismo programa. Cuando uno sigue el discurso de Barone se encuentra con las repeticiones, por ejemplo, las metáforas de ingeniería o de arquitectura: “Si uno construye un edificio, lo que podés hacer es adornarlo pero no demolerlo”. Eso es una repetición que tiene que ver con un recurso retórico. Distinto, en cambio, es el informe, porque es ahí donde aparece ese trabajo: la redundancia.

M. J. O.: A diferencia de lo que sucede con los noticieros, el título del informe no es: “Asesinato en Villa Crespo”, sino “Las dos Argentinas: la Argentina de la alegría versus la Argentina de la oscuridad”; y en la Argentina de la oscuridad están Macri y la dictadura, mientras que en la Argentina de la alegría está Cristina. Además, fijate qué curioso que la oposición que construyen no se da entre la alegría y la tristeza, es alegría versus oscuridad. Entonces, el título del informe sí es una novedad porque, como decíamos antes, no te dice qué pensar, pero sí en qué tenés que pensar. Igual que el agenda setting de las grandes corporaciones.

P. A.: Eso por supuesto es distinto en un noticiero.

M. J. O.: Lo que están repitiendo no es una noticia, es una opinión sobre una noticia.

P. A.: Eso sucede porque el programa no es un noticiero. En cuanto a la utilización del recurso de la repetición, ese efecto de repetición hasta la saciedad creo que es excesivo. En una pausa, la anteúltima vez que estuve en el programa, le dije a Sandra que me parecía que tanta redundancia no queda bien, que es fea. “Y sí, me contestó, pero edita otro”.

M. J. O.: La repetición es la explicitación de la opinión. El título no abre una pregunta, ni siquiera alude a cómo los medios tomaron esa pregunta. El título es: “Todos se alegraron menos uno” o “Todos lo publicaron menos uno”, y ese “menos uno” siempre es Clarín.

P. A.: Estaba pensando en Las patas de la mentira, porque se usa muchísimo como recurso la contradicción de archivo. La técnica “nadie resiste un archivo”.

M. J. O.: Desde el programa, siempre se hace foco en la positividad.

P. A.: Otra cosa que aparece como marca registrada de 6 7 8 es la futbolización del discurso televisivo.

M. J. O.: Diego Gvirtz empezó haciendo un programa de fútbol. Su primer programa salió en América TV y era muy contestatario: Fútbol prohibido.

P. A.: Esa futbolización aparece en ciertos rasgos enunciativos, la manera en que se grita, cómo se enuncia, la tribuna; la misma calificación de “tribuna” remite a lo futbolístico y es un rasgo estilístico de la televisión argentina.

M. J. O.: Y otro tema central es la música, que también es protagonista y optimista, positiva. Por ejemplo, utilizan Buena onda, de Pimpinela; Quiero tener un millón de amigos, con la foto de la marcha del Facebook; Me siento bien, que ya lo dije; No te dejes desanimar, de Charly García. Desde que irrumpió la gente en el programa, la música se transformó en algo muy fuerte. Cuando empezó el programa no era así, se decía que había un aire de desánimo en la “corpo”, pero después el público les dio el sustento para decir que hay dos Argentinas, que hay gente que nadie muestra y que está contenta, alegre. Y a esa gente solo te la muestra 6 7 8.

P. A.: Entonces, hay más de una gente. El uso y abuso de esta palabreja ha hecho estragos en el periodismo y en la política. Porque hay gente y, más allá, hay pobres, negros, piqueteros… ¿En algún momento se hizo explícita esta idea de que la gente no era toda la gente?

M. J. O.: Sí, varias veces discutimos al aire la imposibilidad de definir estos dos apelativos tan utilizados. Porque, en definitiva, ¿quién es la “gente” y quién es el “pueblo”? También polemizamos muchas veces sobre quiénes son los exitosos de la “corpo mediática” y de la sociedad capitalista, y quiénes son los exitosos para 6 7 8. Ahí entró Milagro Sala. Me parece que aquí se juega esto de la positividad versus el país que te muestra la “corpo mediática”, que en la construcción de significados que hace 6 7 8 es el país del oscurantismo, un país donde están Macri, Mirtha, Susana… Porque 6 7 8, igual que Aníbal Fernández cuando fue entrevistado por Matías Martin en el programa Vértigo, critica a todas las divas, es antidivas y antidivos, y pretende imponer otro modelo: los divos sociales. Decía Fernández: “En un momento hemos defendido a D’Elía frente a los medios, que hablaban de su situación procesal y no de la situación procesal de Macri”. También ahí hay un juego en el que no hay argumentación para la defensa, sino una apelación en la cual no se mide el binomio delito/no delito, sino el par delito mayor/delito menor. Para mí, las estrategias de comunicación del programa son idénticas a las del Gobierno cuando afirman que están los que apoyan la causa y los que la combaten. Cuando 6 7 8 dice que están los de la derecha, o “nosotros, el pueblo” o “nosotros, con Cristina” contra la “corpo mediática”, en definitiva, ese “nosotros”, Cristina y el pueblo están dentro de un universo de positividad con sentido social, mientras que la “corpo” y la derecha quedan por fuera de ese universo.

P. A.: Eso es lo que diferencia a 6 7 8 de PNP o de los primeros programas de Tinelli.

M. J. O.: Sí, porque si 6 7 8 no tuviese un contenido tan pesado sería un programa que utiliza el archivo para polemizar sobre lo que pasó en el programa de Tinelli, haría tinellismo.

P. A.: En función de esta hipótesis, de ese público que se reconoce como medianamente instruido, progresista, el tinellismo se coloca en la vereda de enfrente. No puede ser tinellista. Esto es coherente con una decisión ética y estética: la normativa en cuanto a que el lenguaje no debe ser escatológico o soez. Esa es una decisión profundamente “antitinellista”. Al mismo tiempo, no es una discusión antipopular pero, al menos, va en contra de los mecanismos enunciativos clásicos de la televisión que se autodenomina popular.

M. J. O.: Y, en cuanto a la polarización, también podemos ver la polarización que instrumentan TN o Clarín, por ejemplo con el campo.

P. A.: Pareciera que el sistema sociológico de la televisión, y no solo de la Argentina, no vamos a pretendernos tan originales, tiene que ser bipolar, blanco o negro. Los grises no existen, aunque al mismo tiempo la televisión hable con insistencia de la necesidad de “los matices”, porque el pensamiento se organiza en dos partes. Es una lógica binaria y pareciera que no hay otra posibilidad. Los programas periodísticos de TN, por ejemplo, son especialistas en la lógica binaria.

M. J. O.: Es que en el periodismo televisivo, cuando tenés que editar un informe, trabajás sobre una historia que tiene por lo general dos protagonistas. La víctima y el victimario, así se construyen las noticias más simples bajo esa formulación de opuestos.

P. A.: Te cuento una anécdota. Hace poco, en una entrevista radial, el conductor del programa me preguntó: “¿Y qué piensa la gente sobre este tema?”. Le respondí que, dado que soy sociólogo, la generalización para mí es un problema. A lo que él me contestó: “Bueno, pero esto es radio, así que generalizá”. Ahí aparecen, entonces, dos lógicas en colisión; una de afuera de lo mediático que te dice: “Muchachos, tendrían que ser un poco más sutiles, más complejos, más analíticos”, y otra mediática que te dice: “No, flaco, esto es radio”.

M. J. O.: Hay una lógica mediática que tiende a simplificar y reducir entre malos y buenos. Cuando trabajás en un programa de televisión que tiene una regularidad, los productores te fuerzan a simplificar. Para que te aprueben una nota y puedas seguir avanzando, tenés que contársela al productor y es más valorado si encontrás dramatismo o una noticia con gancho, que sea vendible. Esos son los términos que se utilizan en la jerga.

P. A.: 6 7 8 tiene una pata metida en la lógica de organización del discurso periodístico televisivo y otra en lo político, en un escenario político que insiste en ser absoluta y radicalmente dicotómico y polar.

M. J. O.: No creo que el discurso político siempre haya sido así, ¿y la Alianza?

P. A.: El Frepaso asomó al escenario político como un tercero y terminó colaborando con el bipartidismo.

M. J. O.: Es que probablemente nosotros no hayamos llegado aún a la posibilidad de la tercera vía; probablemente a nuestra sociedad se le pueda hablar en términos de blanco o negro, de malo y bueno, de una manera muy simplista.

P. A.: Buena metáfora: estamos frente a la imagen de una sociedad compuesta por nenes, a la que no se le reconoce inteligencia suficiente como para construir argumentos complejos. De todos modos, Eliseo Verón diría que no hay palabra política que no sea adversativa. Es decir, si no define a un enemigo no se constituye como palabra política. Ernesto Laclau diría que no hay populismo que no se construya sobre un antipopulismo. Es una articulación en contra de un bloque de poder. Mirá qué interesante: se trata de los intelectuales y teóricos más citados y utilizados por la política contemporánea argentina, aunque “militan” en bandos opuestos. Laclau es el teórico de cabecera del kirchnerismo –aunque 6 7 8 lo convoque todo el tiempo a Ricardo Forster, que es más televisivo–, mientras que Verón lo asesora a Duhalde… Lo cierto es que ambos insisten en que la política se construye sobre un sistema binario.

M. J. O.: Entonces, ese ordenamiento binario no tiene que ver con una subestimación del público, de la gente, del pueblo, sino con la lógica política pura.

P. A.: En cuanto a construir al adversario, sí. Pero otra cosa que te dirían los analistas es que hay que construir aliados, y para eso en 6 7 8 son un desastre.

M. J. O.: No estoy de acuerdo. Fijate cómo se multiplicaron los aliados. ¿Cuántos aliados tienen en Facebook?

P. A.: 6 7 8 habla desde el lugar del kirchnerismo y el kirchnerismo sostiene que hacia su izquierda no hay nada.

M. J. O.: Ahí tenés a la gente del público y también tenés a los famosos, porque siempre que un famoso dice una cosa a favor del Gobierno es cooptado y puesto al aire. “Nos encontramos con este inusual e impensado aliado” es una de las ironías utilizadas para, por ejemplo, poner a Mirtha Legrand diciendo que algo que hizo la Presidenta le gustó.

P. A.: Nuevamente: eso es hacer uso de la ironía. No es verdad.

M. J. O.: Obvio que no es verdad. Pero vos lo podés tomar como una ironía o, simbólicamente, como que nadie puede negar lo bueno que es este Gobierno. Las dos cosas. Es obvio que el público no cree que Mirtha o Tinelli sean kirchneristas, pero sí piensa que hasta el más antikirchnerista acepta las cosas buenas que hace la Presidenta. Hay otro recurso que se utiliza todos los días y es la apertura del programa. Primero, el locutor tiene una fuerte complicidad con el público; después se hace la “venta” del programa tras lo cual arranca una presentación muy eufórica o arengada. Esto quiere decir que hay entre cuarenta segundos y un minuto de música “para arriba”, de imágenes de gente en la calle, algún chiste, Fito Páez o Diego Maradona diciendo 6 7 8… Siempre hay clima de fiesta, optimista y, por último, aparece el aplauso del público. El programa arranca siempre arriba, lo cual no se puede decir que sea demasiado frecuente en los programas

Abraza la oscuridad

Charles Bukowsky

La confusión es el dios
la locura es el dios

la paz permanente de la vida
es la paz permanente de la muerte.

La agonía puede matar
o puede sustentar la vida
pero la paz es siempre horrible
la paz es la peor cosa
caminando
hablando
sonriendo
pareciendo ser.

no olvides las aceras,
las putas,
la traición,
el gusano en la manzana,
los bares, las cárceles
los suicidios de los amantes.

aquí en Estados Unidos
hemos asesinado a un presidente y a su hermano,
otro presidente ha tenido que dejar el cargo.

La gente que cree en la política
es como la gente que cree en dios:
sorben aire con pajitas
torcidas

no hay dios
no hay política
no hay paz
no hay amor
no hay control
no hay planes

mantente alejado de dios
permanece angustiado

deslízate.

Versión de Rafael Díaz Borbón


27 de septiembre de 2010

En el blog del amigo Quintín suelen recomendar lecturas de actualidad, un ejercicio que yo abandoné y que ayer me obsequió un Domingo maravilloso. Hagan la prueba, afronten por una vez el día que todos tenemos para descansar sin leer las columnas de Joaquín o las de Verbitsky. Sin que nadie les diga que si Alberdi estuviera vivo se volvería a morir o se iría al exilio una vez más ante el gobierno K o sin que alguien les cuente que el palacio de Invierno está rodeado y a punto de entregarse y de entregarnos a sus líderes gracias a la revolución de Néstor y Cristina.
Q recomienda una lectura de Pepe Eliaschev, no lo intenten en sus casa chicos. Es otra autofellatio de Pepe sobre sus incursiones en Twitter. Lamentable.
La otra nota que recomienda es de La nación y esta firmada por Laura di Marco y el leit motiv es más de lo mismo el versito que los periodistas estrella, esos que ganan cien veces más que cualquiera de los que trajinan las redacciones han instalado. El gobierno es malo, revanchista, setentero y no como el periodismo que es sano, republicanista e impoluto.
Pero en el medio de esas verdades la autora se manda con la siguiente afirmación: un blogger K amenazó a otro periodista crítico del Gobierno, Alfredo Leuco, con ir al Canal 26, donde trabaja, "para matarlos a todos con una metralleta".
Bueno eso es mentira, es una estupidez y vuelve sobre la historieta de Lucas Carrasco y Leuco. Carrasco es un personaje menor en todo esto, un periodista exaltado que tuvo la oportunidad de integrar un panel televisivo y lo arruinó presentándose borracho a su lugar de trabajo, no me parece tan genial como le parece a Aníbal, y no me interesa demasiado su blog. Pero menos me interesa el trabajo de Leuco y el manejo que hizo del post idiota en el que Lucas Carrasco puso esa frase. Lo de Leuco es despreciable porque ese post no era un post sobre política sino que el bueno de Lucas intentaba levantarse una mina. Eso fue trasformado por Alfredo, Magda, Nelson, Ernesto y vaya a saber por quienes más en una amenaza tremebunda.
Y la periodista de La nación volvió sobre el tema para filtrarlo en medio de una serie de elucubraciones acaso acertadas pero que al incluir ese incidente menor se transforma en una pavada más de tantas.
Leudo transformado en tribuno prometió ir a la justicia penal. Va a molestar a un juez, a un fiscal y a poner en funcionamiento todo un sistema por una pavada escrita en un blog de morondanga.
Mientras Leuco ofendido quiere hacer eso un ciudadano argentino está preso y condenado a treinta años de prisión por una causa armada por la federal. la historia se puede ver en El rati Horror show. la policía los jueces y hasta el procurador Esteban Righi lo metieron adentro a Fernando carreras y tiraron la llave vaya a saber adonde para ocultar las irregularidades de una causa en el transcurso de la cual la Federal fusiló a un ciudadano, le metió ocho balas, le armó una causa, falseó en la causa las declaraciones de los testigos y lo metió adentro.
Mientras ese ciudadano se va a pasar treinta años adentro, Grassi está libre y a Bignone le dieron 25 años. Al lado de eso que Leuco esté indignado y quiera movilizar a la justicia por Lucas Carrasco da risa si no fuera dramático.
y ahora que lo pienso fui demasiado duro con Pepe Eliaschev, al fin y al cabo no es él el único periodista entregado a la autosatisfacción.

26 de septiembre de 2010



No es fácil ser columnista, el columnismo exige tener siempre algo inteligente o vivaracho que decir sobre un tema de actualidad. Yo no podría tener ese ritmo.
Pero hay gente que sí, queuna vez a la semana encuentra un tema sobre el cual escribir y lo que es mejor y más admirable alguien que les pague por eso.
La foto que encabeza este post es de Andrés Bello, filósofo de cabecera o al menos filósofo a sueldo, de Jorge Fontevecchia.
Así es la vida los filósofos griegos andaban por la campiña, se empomaban un efebo y se creaban alguna teoría sobre el amo o el esclavo o sobre las cavernas. Hoy no necesitan empomarse a nadie, aunque seguramente alguno lo hace cada tanto. Van por ahí se consiguen un político o un editor que los banque y semana tras semana se escriben alguna columneja que justifique el cheque mensual. No les sale nada para la historia, claro, pero a Bello y Roszichner, por poner otro ejemplo, les alcanza con escribir alguna gilada y listo. Nunca serán condenados al destierro o tendrán que tomarse una copita de cicuta para sostener sus ideas. Esa es la ventaja de estos tiempos líquidos en los que vivimos. Y hablando de líquidos se ve que Bello teníaun pedo líquido cuando escribió esto que sigue para su blog de Perfil:

La Jp

Hice la primaria en la escuela número 78 de Bernal Oeste, en el partido de Quilmes. En ese entonces, fines de los sesenta y principios de los setenta, las aulas eran ranchos de madera en los que se colaba un frío mortal y, salvo por una copa de leche rancia que repartían (en verano lo rancio era el helado), no teníamos ningún tipo de confort (ni hablar de calefacción, obvio). En la secundaria me pasó más o menos lo mismo, y durante los años de la facultad, un poco gracias a que éramos bastante asquerosos, los baños resultaban impenetrables. Ahora bien, especialmente de chicos, sabíamos que era eso o la nada. En lugar de hablar pavadas como hacen los estudiantes que mantienen los colegios tomados, entendíamos que estábamos lejos de Suiza (me bastaba con mirar mi propia casa), y que con todas sus deficiencias, la educación que recibíamos tenía un valor enorme; mi viejo no pudo ir a la escuela y sé bien lo que significa no poder leer o escribir. Si seguimos reclamando sin mirar a nuestro alrededor, en cualquier momento vamos a andar como los habitantes de Haití, guirando sobre escombros en un estado fallido que sólo piensa en la ayuda que puede recibir. Dije miles de veces que no me gusta Macri y tiene menos tacto que un gorila para comunicarse con la gente. Pero, aunque suene fachista, menos me gustan estos estudiantes que ni siquiera tienen la decencia de hacernos el honor a nosotros, los que estudiamos en cuasi taperas, tapando los vidrios rotos con cartones para que no se nos congelaran los pies. Que yo sepa no se murió ninguno. Los podría respetar sí, en lugar de sentarse a tomar las escuelas al calor de un gobierno que los apoya, humillaran al jefe de gobierno con una movida creativa ¿Qué tal estudiar el doble?. Así, me parecen una constelación de pavotes quejosos; nenes de mamá apañados por la presidenta. Deberían pensar que algo huele muy mal cuando el estado apoya su confortable “revolución”.

Cortito, es cierto, pero lo suficIentemente estúpido e insustancial como para ganarse este PREMIO CABEZA DE TERMO DE LA SEMANA.


Hace unos días el amigo Staccato se tuvo que hacer una pequeña intervención quirúrgica que lo obligó a mantener los ojos cerrados mientras lo cirujanos trabajaban en sus párpados, no se estiro nada, pero era un tema con sus ojos.
" Yo estaba con los ojos cerrados y anestesia local. Mientras los dos médicos trabajaban con una música horrible de fondo y lo que yo escuché fue más o menos esto:
Cirujano 1- Que difícil operar con Christian Castro de fondo!
Cirujano 2- Pero esto no es Christian Castro es David Bisbal
Cirujano 1- Sigue siendo difícil, sea quien sea. pero veo que usted es un entendido de esto.
Cirujano 2- No, no, no crea que es así. No es mi gusto musical
Cirujano 1- Yo no podría diferenciar entre uno y otro
Cirujano 2- Yo fui a ver a ACDC a Metálica, a Pet Shop Boys
la música de fondo de repente cambió y empezó a sonar Cerati solista, Deja vú
Cirujano 2- Este es uno que iría a ver-
Yo estuve a punto de decirle que podía ir y verlo en la Fleni durante el horario de visita. Pero me dio cosa que me dejaran ciego y no les dije nada."

25 de septiembre de 2010


No conocí a Martha Merkin, pero cuando murió sentí cierta congoja por su muerte porque tengo a mi alrededor gente de los medios que en algún momento la conoció y al enterarse de su muerte se mostraba realmente dolida. Martha era escritora, periodista, productora de televisión y de radio, en fin una profesional multifacética que por donde pasó dejó gente que la recordaba bien y que disfrutó de su talento. Leí su libro sobre los Lugones y es un libro realmente indispensable, uno de esos libros que se atreve a investigar hasta las últimas consecuencias cosas que en general,no se quieren saber.
Hace unos días llegó a mis manos el libro Algunas madres también mueren de Inés Ulanovsky que editó Capital intelectual. Y esa noche no dormí por culpa de ese libro.
Inés Ulanovsky es hija de Martha Merkin y Carlos Ulanovsky. El libro es el relato de los tres meses que tardó un cáncer fulminante en terminar con la vida de su madre.
Un libro que es algo más que una catarsis o una necesidad interna.

El médico dice que sos una paciente extraordinaria, le dije a mi mamá.
Ella me miró y me hizo un gesto de eso no le importaba.
Sos una madre extraordinaria le dije, ella sonrío, le di un beso.
Te veo mañana, le dije mientras saludaba con la mano desde la puerta.
Esa fue la última vez que la vi. En realidad esa fue la última vez que ella me vio a mí.

Así empieza el libro de Inés Ulanovsky, de ahí en más es imposible abandonar la lectura de este libro desgarrador pero a la vez cotidiano y que se permite husmear en lo banal y lo simple que rodea al hecho de la muerte. Porque detrás del gran misterio está el tema de las cosas del que muere, sus vestidos, su computadora, esas cosas que quedan ocupando los lugares que el muerto no ocupará más.
Algunas madres también se mueren es la historia de la muerte de Martha Merkin, de la manera en que su hija Inés la vivió y la historia de una familia a lo largo de los años.
No conocí personalmente a Martha Merkin pero después de leer el libro de su hija Inés me parece conocerla un poco y entiendo a los amigos de los medios que se lamentaban al conocer la noticia de su muerte
Dicen que los libros no muerden pero este deja marca. Por otro lado ¿quien carajo necesita libros que no muerdan?

Esto fue hace unos días en la tradicional esquina de Cnel Díaz y Sta Fe.
La gente de las mesas de la vereda sintió un estruendo, algunos pocos vieron el momento entero. Un mosquitero se desprendió de una de las ventanas del edificio que está sobre el Tolón, bar que es centro de reunión de varios notables del barrio, y cayó sobre una de las mesas, cayó de punta para ser más precisos y partió al medio la mesa. El cliente que estaba sentado tomando un Cinzano vio los destrozos que hizo el armatoste en su mesa y reflexionó
- Esto pudo ser una tragedia, casi me rompe el vaso!
Se tomó el Cinzano y pidió otro.
Todavía quedan dandys.

24 de septiembre de 2010

Anoche estuve en el show de Aterciopelados en Niceto y estaba realmente a tope. A un precio de 120 pesos por cabeza no pude menos que sorprenderme por el arrastre de una banda colombiana con un solo gran hit repetido hasta el cansancio, es cierto, pero es una sola canción.
La banda suena bien y su líder mostró grandes dotes.
Participó de Invitada Hilda Lizarazú que bailó un poco como cuando estaba con Los twist, hizo coros como los hace con Charly pero repitiendo la última frase del estribillo y suplió con oficio lo que se suele lograr con ensayo, con eso le alcanzó para robarse los aplausos de la noche.
En vivo aterciopelados tiene un sonido brasileño, nada pop sino más bien rockero.

Fue una buena noche, todo un descubrimiento pero el asunto que me llevó a abrir este post no es lo de Aterciopelados sino la aparición entre el público de un personaje digno de Capusoto.
Pelo castaño claro, raleado más bien el look era como una especie de peinado a lo Manuel Belgrano. 1 m 60 de altura, jeans y un pullover que combinaba de manera oprobiosa rayas verticales y horizontales. Lo curioso es que no se sacó el pullover a pesar de que la temperatura ambiente dentro de Niceto era más bien elevada. El tipo estuvo callado todo el recital, quieto, tirado en uno de los sillones del lugar. Se paraba por momentos pero se lo veía inquieto. Estuvo tenso casi todo el recital hasta el momento en que la nada arremetió con Bolero Falaz. En ese momento se largo a bailar y cantar a voz en cuello. Su baile era una especie de temblor espástico y su entonación era nula. Allí estaba nuestro hombre sin onda, cuyo único anhelo era escuchar esa canción que lo conmovía, vaya uno a saber porqué, hasta sus fibras más íntimas. Cuando la canción llegaba a su final y ya en un loco frenesí hacía como que tocaba la batería y miraba para los costados buscando aprobación. Y entonces exclamó: Como toca ese batero la puta madre!
La verdad es que podría desarrollar varias cosas sobre la bondad de Aterciopelados pero seguramente no es su baterista el rasgo maá importante. El asunto es que el espectador del one hit shot esa noche se fue a su casa en su Renault 12 a dormir. En la oficina cuando lo escuchen hablar de ese batero de puta madre seguramente no entenderán de que está hablando.
Ayer me dijo una amiga: “Soñé que te morías”. Ahora, escrito, el “te” tiene algo de intencional: como si yo hubiese estado asesinándome en su sueño, suicidándome para que la frase se cumpliera.
Estoy en el bar “Varela-Varelita”, en una mesa que es un reclinatorio, y más allá, apenas en lo alto, en el altar de una columna, cuelga un retrato en blanco y negro de Héctor Libertella. Me mira. Las dos manos alzadas. Por un momento parece que estuviera pensando en impartir una bendición, pero los índices van hacia abajo, dirigidos a golpear el teclado: Héctor es el segundo escritor que se “me” murió.
El primero de “mis” escritores fue Jorge “Dipi” Di Paola. A Dipi lo conocí en el bar La Paz. Nos presentó mi novia de entonces, que era su discípula. A Dipi le gustaba rodearse de admiradoras; así mejoraba el modelo misógino-apostólico que inauguró Witold Gombrowicz, un autor lleno de intenciones y carente de gracia al que reivindicaba como su maestro.

Daniel Guebel - Mi escritores muertos (Fragmento del comienzo)
Top five del viernes





22 de septiembre de 2010

Hace un tiempo anduvo por Buenos aires mi amigo el tano al que llamamos así porque es efectivamente tano aunque es bastante argentino también.

El tano Oliva cada tanto abandona Italia, donde Berlusconi no lo puede ni ver y la maffia lo tiene amenazado, y se viene para la Argentina.

En su último viaje le tocó vivir la muerte de Giovanni Ventura, otro tano. Ventura fue un personaje de Buenos aires, me tocó compartir la mesa con él en Filo y ambas veces alguien me advirtió: Giovanni está escapado de Italia por terrorista. Para Oliva la muerte de Ventura no pasó inadvertida y le trajo recuerdos de otras épocas.

Mi amigo ya está de vuelta en Italia, si todo sale bien en Diciembre vuelve por acá y ya se enterarán para qué pero casi al mismo tiempo que se iba llagaba a los Kioscos el último número de Caras y caretas donde Ricardo Ragendorfer dedica su nota a Giovanni Ventura y cuenta de paso algo de la vida de Rubén Oliva.


Giovanni Ventura


Esa noche –la del primer viernes de febrero de 1989– yo ocupaba una mesa del bar Ramos junto a un ventanal abierto que daba a la calle Rodríguez Peña. En aquellas circunstancias apareció un empleado de la librería Gandhi que se llamaba Nicolás. Su rostro irradiaba preocupación. Y a modo de saludo, dijo:

–Necesito hablar con vos.

Pronunció esas cuatro palabras desde la vereda, asomando la cabeza a través del ventanal. Por respuesta, enarqué las cejas. Y él, agregó:

–Es sobre un amigo.

Tras otra breve pausa, revelaría su identidad: Giovanni Ventura.

Entonces advertí que, a unos metros de mi interlocutor, alguien observaba la escena; se trataba de tipo alto, de contextura atlética y cabello castaño. Dejé de reparar en su presencia para concentrarme en el nombre que acababa de oír.

Días antes había salido el número 84 de la revista El Porteño –de la cual yo era uno de los editores– con un sumario que incluía una pequeña nota titulada La infiltración neofascista en el MTP. Según su letra, el protagonista de dicha maniobra fue precisamente el tal Ventura, quien, lejos de ser un hombre con ideas de izquierda, era en realidad un terrorista italiano de ultraderecha ligado a los servicios de inteligencia de su país, además de ser el presunto autor de un sangriento atentado en Milán. Pero el hecho de que justo en aquel verano se lo relacionara con el MTP (Movimiento Todos por la Patria) constituía para su persona un asunto por demás embarazoso, ya que esa organización acababa de sacudir al país con el ataque al Regimiento de Infantería Mecanizado III de La Tablada. La nota en cuestión estaba firmada por Iaio Fausto; era el seudónimo usado por el corresponsal en Argentina del diario Il Giorno, de Milán, Rubén Oliva, para quien, por cierto, Ventura no era un desconocido.

EL ITALIANO IMPASIBLE

El periodista le seguía los pasos desde 1979, cuando ese hombre que por entonces tenía 35 años fue detectado en Buenos Aires por la Policía Federal, luego de que la Justicia peninsular librara en su contra un pedido de captura internacional. Se lo buscaba por la llamada strage (matanza) de Piazza Fontana, ocurrida en la tarde del 12 de diciembre de 1979 al estallar una bomba en el hall principal de la Banca Nazionale della Agricuoltura, de Milán. El saldo: 16 muertos y 102 heridos. Lo cierto es que Ventura, tras escapar del arresto domiciliario en su residencia de Cattanzaro, reapareció en Argentina. Pero a comienzos de 1980 fue capturado a bordo de un colectivo. Los buenos oficios del abogado Pedro Bianchi –cuya amistad con el almirante Emilio Eduardo Massera fue notoria–, junto a la influencia ejercida por la logia Propaganda Due en los círculos locales del poder, le evitó el engorroso trámite de ser extraditado a cambio de un módico procesamiento por falsificación de pasaporte. Aún así, permaneció durante cuatro años y medio en la cárcel de Caseros. En una ocasión, Oliva quiso entrevistarlo en su lugar de cautiverio, y a tal efecto pidió autorización al director del penal. Su respuesta fue tajante: “A Giovanni no le interesa salir en los diarios”. Al periodista le llamó la atención que aquel tipo se comportara como su agente de prensa. En 1984, el juez federal Nicasio Dibur –célebre por su fervor al jurar por las actas del Proceso– le concedió a Ventura el beneficio de la excarcelación. Y por un tiempo nada se supo de él.

A fines de 1988, Oliva acudió al auditorio de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) para cubrir una conferencia de prensa de la plana mayor del MTP. Y grande fue su sorpresa al cruzarse allí nada menos que con Ventura, quien no se le despegaba a uno de los expositores del evento: el cura Antonio Puigjané; el italiano parecía su secretario.

En esa oportunidad, Oliva y Ventura mantuvieron un tenso diálogo.

–Nunca fue fascista. Soy de izquierda –aseguró éste, sin que se le moviese un sólo músculo del rostro.

Y, de pronto, también vaticinó:

–Aquí está por suceder algo muy grave.

Pero sin especificar a lo que se refería.

Oliva luego supo que él hizo circular la versión de que fue perseguido en su país por haber pertenecido a las Brigadas Rojas; al menos, los del MTP creían eso. El corresponsal, entonces, se encargó de advertirles que no era justamente así. Cuando habló sobre ello con el sacerdote, éste asimiló la novedad con una expresión piadosa. Oliva Insistía:

–Mire, padre, Ventura no es un brigadista; perteneció al terrorismo negro; era de Ordine Nuovo.

Pero Puigjané, tal vez persuadido de la salvación anticipada del alma de ese hombre, no expresó asombro, enojo ni temor.

Oliva se despidió de él con un pedido: absoluta reserva de lo hablado.

Al respecto se podría decir que el religioso incurriría en el incumplimiento del secreto de confesión al increpar a Ventura con las siguientes palabras:

–¿Es verdad, Giovanni, lo que Rubén Oliva dice de ti?

La pregunta tomó a Ventura por sorpresa. Sin embargo, con una encomiable elocuencia supo convencer al padre Antonio de su pureza ideológica. Admitió en esa ocasión haber abrevado durante sus años mozos en el fascismo, antes de evolucionar hacia un pensamiento de izquierda.

Ese argumento tranquilizó al padre Antonio.

Tanto es así que siguió circulando alegremente entre las filas del MTP.

También solía mostrarse en la librería Gandhi, situada en esa época sobre la calle Montevideo. Allí era adorado por sus contertulios, una fauna variopinta de especímenes progresistas, con los que departía hasta altas horas de la noche sobre tácticas y modos de transitar hacia el socialismo.

Y en alguna velada a fines de 1988, no faltó quien le escuchara decir:

–Aquí está por suceder algo muy grave.

Mientras tanto, Oliva, el primer depositario de aquella frase, se exprimía el cerebro en su intento por encontrarle algún sentido.

Ello hasta le preocupaba más que la furia de Ventura hacia él –materializada en advertencias telefónicas y mensajes enviados por terceros–, después de que éste se enterara de lo que el periodista le refirió al padre Antonio.

Lo cierto es que en la mañana del 23 de enero de 1989, el significado de tal enigma vino hacia él como un baldazo de agua fría: ese lunes había sucedido el ataque a los cuarteles de La Tablada.

El siguiente paso de Oliva fue publicar su artículo en El Porteño.

EL ESTRATEGA DEL MIEDO

Ahora, en aquella mesa del bar Ramos, lo oía al tal Nicolás decir:

–Giovanni es un amigo.

A continuación, alegó su hombría de bien, no sin hacer hincapié acerca del enorme perjuicio que en semejante coyuntura dicho artículo le ocasionaba.

El tipo de cabello castaño nos seguía observando.

Y Nicolás, ya en tono plañidero, insistía con el asunto.

Lo único que a mí se me ocurrió al respecto fue ofrecer a Ventura el derecho a réplica. A tal efecto, le sugerí que el él se pusiera en contacto conmigo.

Ello bastó para que Nicolás agitara una mano. Entonces, aquella silueta vino hacia nosotros. No era otro que Ventura.

Su actitud oscilaba entre la ofuscación y la pesadumbre.

En esa ocasión quedamos en que en unos días llevaría a la redacción su carta de descargo. Luego, con paso lento, se perdió entre la gente.

A partir de ese momento, mi interés sobre ese personaje fue creciente.

Lo cierto es que en la década del ’60, Ventura fue en Italia una pieza clave de la llamada “estrategia de la tensión”, tal como se denominó a esa compleja trama de acciones e intereses manipuladas por actores no menos complejos: servicios de inteligencia, la mafia y organizaciones de ultraderecha, quienes a través de la construcción del miedo político pretendían instaurar una remake de la República de Saló. En ese marco, Ventura –nacido a fines de 1944 en Padua e hijo de un antiguo camisa negra–despertó a la política en la rama estudiantil del mussoliniano Movimiento Social Italiano (MSI), para luego llegar a las filas de Ordine Nuevo, en donde se haría inseparable de otro fascista emblemático de la época: Franco Freda. Su nutrido historial hasta registra contactos con grupos de del comunismo extraparlamentario, y con un motivo táctico: consumar una cobertura de extrema izquierda para la provocación. En resumidas cuentas, junto con Freda, llegó a perpetrar unos 22 atentados dinamiteros, a lo que se sumo lo de la Piazza Fontana. Ventura fue por ello arrestado, pero –ya se sabe– huiría a Buenos Aires en vísperas de la sentencia.

Nueve años después, su visita a El Porteño estuvo cargada de tensión.

En su carta, lejos de refutar la nota sobre su él, pretendía exculparse hasta de sus travesuras escolares. Por lo tanto, le hicimos saber que esa misiva no sería publicada. Ello derivó en una querella judicial contra nosotros, que Ventura tuvo el tino de retirar antes de que dicho expediente abordara su pasado.

En una noche a fines de los ’90 fui con unos amigos a Filò, un restaurante de culto frecuentado por yuppies y altos dignatarios del menemismo. No menor fue mi asombro al advertir que precisamente Ventura era el anfitrión del lugar. Costaba creer que ese hombre agradable y refinado fuera una figura relevante del fascismo. Y también impresionaba su versatilidad para enmascararse. Esa velada no terminó de un modo trágico: consciente de que él no guardaba de mí un buen recuerdo, pagué mi cuenta con sigilo y me retiré.

Hace un par de años supe que Ventura recorría las mesas de su restaurante en silla de ruedas; una esclerosis múltiple devastaba su envoltura corpórea.

El 6 de agosto pasado exhaló su último suspiro.

El destino se había ensañado con su historia.

Ricardo Ragendorfer.

Caras y caretas