31 de octubre de 2010



No, a mi no me agradezcan nada se los robé a los muchachos de Plácido Domingo/Domingos de 0 a 2 por AM 870

30 de octubre de 2010



Hubo un tiempo que fue hermoso
y fui libre de verdad,
guardaba todos mis sueños
en castillos de cristal.
Poco a poco fui creciendo,
y mis fábulas de amor
se fueron desvaneciendo
como pompas de jabón.

Te encontraré una mañana
dentro de mi habitación
y prepararás la cama
para dos.

Es larga la carretera
cuando uno mira atrás
vas cruzando las fronteras
sin darte cuenta quizás.
Tomate del pasamanos
porque antes de llegar
se aferraron mil ancianos
pero se fueron igual.

Te encontraré una mañana
dentro de mi habitación
y prepararás la cama
para dos.

Quisiera saber tu nombre
tu lugar, tu dirección
si te han puesto teléfono,
también tu numeración.
Te suplico que me avises
si me vienes a buscar,
no es porque te tenga miedo,
sólo me quiero arreglar.

Te encontraré una mañana
dentro de mi habitación
y prepararás la cama
para dos.



Acá termina eñ duelo por Néstor Kirchner que no era de izquierda pero que hizo un montón de cosas que la izquierda hubiera deseado hacer y no era de derechas pero restableció el mercado y la moneda.
Dijeron que era Hitler, Ceacescu y que la gente de la calle lo iba a linchar pero cuando murió vimos que no, que la gente no lo quería linchar y que la bestia que los medios habían inventado no era tal.
Ahora ya está, hay que ir por lo que sigue y listo

29 de octubre de 2010

B - "Tal vez te parezca una tontería mi planteo, pero ¿por qué será tan difícil respetar las ideas u opiniones de los otros?"
D - Bueno, porque a veces no son respetables... Por eso es tan difícil... Pero no es una cuestión de respeto, tampoco. No es que fingiendo respeto por el otro por más loco que estuviere, por ejemplo, vayamos a arreglar nada. Yo creo que hay ideas que no son respetables. Todos dicen "sí, yo respeto a Fulano". Bueno, yo puedo decir que no. Lo que uno puede hacer, por respeto a uno mismo, a este programa o a personas que podrían sentirse dolidas, es tratar de no hablar de lo que detesta. Pero yo no puedo decir "sí, yo lo respeto a Ud. señor, porque ud. tiene derecho a creer que después de todo las dictaduras son necesarias". Eso no es respetable, ni yo respeto eso.
B - Igual, ya si tiene que andar aclarando "yo lo respeto", ya es sospechoso...
D - Claro, ¿qué es el respeto, al fin y al cabo? ¿Qué clase de tolerancia urbi et orbi es? No es tan así, hay cosas que no son respetables. Y a un tipo que está equivocado evidentemente, que es un delincuente en forma evidente, no es necesario que lo respetemos. "Yo lo respeto a ud. como asesino, respéteme ud. a mí como premio nobel de física". Bueno, no es así, no es así la cosa. Ahora, ¿quién establece esto? Veremos, veremos. Pero no es tan fácil decir "si todos nos respetáramos, etcétera". Si todos nos respetáramos estaríamos locos.


Fragmento de la Venganza será terrible- B es Barton y D obviamente Dolina
Los muertos que vos matáis


No quiero escribir desde el resentimiento, aunque siento que, en realidad, el verdadero rencor es el de aquellos a cuyo cinismo apuntará. Algunas cosas hay que sacarlas bien de adentro bajo pena de traicionarse a sí mismo si acaso, por razones de ¿elegancia? periodística, de ser modesto con los conceptos en horas de dolor y de respeto, se las guarda. Supongo, además, que varios de los conceptos a verter serán parecidos y hasta idénticos a muchos de los que acompañan las opiniones de esta edición. Mejor. Uno se sentirá reforzado con la gente, los colegas de este diario, y otros, que piensan igual o muy parecido y habrán escrito en consecuencia. En momentos como éstos, lo que justamente hace falta es juntarse más que nunca con la gente que piensa y dice y pregona como uno. Ayer, a muy poco de conocerse la noticia, me tocó encabezar la transmisión especial de AM 750. Muchos testimonios, mucho oyente, mucho correo, muchas sensaciones. Uno tiene en esto demasiados años de entrenamiento auditivo, de saber reconocer las entrelíneas de las declaraciones, de descubrir qué hay detrás de los tonos de voz y hasta de cada inflexión. Y entonces percibe, registra enseguida, no se le escapan ni las respiraciones. Percató en consecuencia la angustia auténtica de la gente común que llamaba a la radio; la que conforma lo definible desde hace un tiempo como la “minoría intensa” de la sociedad, contra la presunta mayoría invertebrada que está festejando la muerte de Kirchner. Sin embargo, a la par llamó la atención de quien firma la cantidad de llamados del tipo “no soy peronista, no soy kirchnerista, no quiero a este gobierno, pero...”. Ese pero. Ay, ese pero. Cuánto que hay en ese pero de “me parece que me di cuenta ahora, con la muerte, de que no hay nada real mejor que esto, por más que no me guste”.

Sea así o más o menos así, esa gente, esos peros, se sintieron legítimos, audaces, compungidos. Atención con esa tomada de nota de que ahora se corre peligro de retroceder, tanto que lo putearon. No tengo cómo justificar la elevación de los llamados a una radio a la categoría de sondeo representativo... salvo por eso del oído entrenado, de la medición automática de percepciones. Y también como quiera que sea, en cualquier caso es mucha gente con una honestidad intelectual, o sentimental, infinitamente mayores que las disfrazadas por los temporarios acomodaticios de las condolencias. Cobos, traidor, capaz de decir que se nos fue un gran líder. Andate Cobos, por favor. Andate. Pero no del Gobierno del que formás parte a la vez de denostarlo. Andate a tu casa, directamente. Por un instante de tu vida tené mínima conciencia del ridículo. Sólo eso, Cobos. Sólo eso. Vos y todos los demás que ahora descubrieron en Kirchner al tipo que llevaba la política en la sangre, al militante tiempo completo, al apasionado que deja un vacío enorme, al hombre de convicciones. Vos y todos los demás que hasta las 10 de la mañana de ayer definían esos flamantes méritos del muerto como la expresión del crispado que violentó a este país, del autoritario que nos volvió a las catacumbas de los ’70, del enajenado que nos lleva al caos institucional. Y vos, Van der Kooy, que a los veinte minutos de la muerte ya tenías subida tu columna gozosamente mal disimulada. Y vos, Fraga, Rosendo Fraga, asesor de Viola, del general Viola, del asesino Viola, que te permitiste elevar, con el muerto fresco, las condiciones a las que debe sumirse Cristina ahora que puede ejercer el Poder. Vos, Fraga, venís a cerrar el circuito que inauguró José Claudio Escribano, el mandamás de La Nación, cuando apenas asumido Kirchner en 2003 le puso en tapa el pliego de bajezas a que debía rendirse si quería completar el primer año de mandato: reacomodar las relaciones con el FMI, amnistiar a los milicos, romper con Cuba. Con Kirchner inaugurado, primer pliego. Con Kirchner muerto, también enseguida, el segundo: que Cristina se saque de encima a Moyano, a Moreno y a quien haga falta para demostrar que no es igual que el marido. Hasta un tipo de derechas como Federico Pinedo, pero con sensibilidad perceptiva –digamos que un caballero– le dijo al aire al suscripto “y, sí, es un poco apresurado el análisis”.

Pero no, no es apresurado. Son sus instintos más bajos, más pornográficos, de intereses de clase. Cabe reconocerles su impudicia explícita. E incluso prodigarles el reconocimiento de que además de ser así son inhábiles para solaparlo. Dejan todo más claro. Ese es, quizás y no importa si por convencimiento o por lectura especulativa de la realidad al cabo de 2001/2002, el legado más interesante y efectivo que deja Kirchner. Por las razones íntimas que fueran, partió aguas. Obligó a ponerse de un lado o de otro, cuando ya parecía imposible que la pasión política se reinstalara en la Argentina devastada de la rata. Más aun, por estas horas también se desnudan como de cocodrilo feroz las lágrimas y lamentos de quienes se allanaron a hacerle el juego a la derecha con chamuyo de izquierda cinematográfico-nacionalista. ¿Y por qué eso también es símbolo? Porque esa partida de aguas que significó y significa esta rara pero apasionante experiencia también compelió a que cada quien mostrara su vocación de poder. Algunos de la derecha explícita sacaron los tanques mediáticos, pero otros de la izquierda piripipí copiaron a Carrió, compararon a Kirchner con Menem y hace unas horas se manifiestan condolidos ¿de qué? ¿No es que eran iguales?

Por unas semanas como muchísimo, si es que se aguantan, el establishment más concentrado, el gorilaje recalcitrante y sus funcionales nac&pop se llamarán a silencio de expectación. Concluido el duelo de las buenas formas, medirán cuánto tiempo se requiere para que seguir atacando no se les vuelva boomerang. Tensarán que Cristina puede usufructuar, o que le serviría, la imagen de mujer enhiesta en medio de un drama de todo tipo, sola contra todos. Y encima, en medio de ese karma que los sigue regenteando: sus candidatos son horribles, no se les cae una idea alternativa convincente y están a años luz de potenciar a algún referente que demuestre capacidad de mando.

Si lo piensa bien, la derecha atraviesa un problema con la muerte de Kirchner: él venía a ser una suerte de reaseguro para continuar insistiendo contra el “aplastamiento de las instituciones”, el “clima de confrontación”, la “división de la sociedad” y todo el resto de pelotudeces tras cuyo parche se oculta, pésimamente, que no aguantan la afectación de emblemas con que sintieron tocados su alma y su culo. Y la de ciertos privilegios que manotearon sus bolsillos.

Ayer a la noche, el clima de congoja cedía lugar a una efervescencia, tan contenida como callejera, que detrás del dolor avisaba lo siguiente: si hay lugar de retrocesos en lo recuperado para los intereses populares, no les va a resultar fácil. La potencia política de Kirchner ya no estará, Cristina es candidata única y habrá que comprobar si su estoicismo aguanta la presión. Pero es irrebatible que queda una fuerza muy considerable que, cualesquiera sean los avatares electorales, no permitirá así nomás que se vuelva para atrás en ciertas conquistas que a la vuelta de la esquina eran extravíos utópicos.

En síntesis, eleven neo-pliegos de condiciones, festejen, gorileen, viven a las coronarias de Kirchner como antes a sus carótidas y al cáncer de Eva, supongan que se acabaron la ley de medios y que la yegua no debería soportar semejante tensión. Pero, por las dudas, uno les aconsejaría que adviertan la ya masa de gente joven politizada y movilizada y el número de los que se plantean lo que hay enfrente de lo que putean.


Eduardo Aliverti
Página 12

Todos han escrito algo sobre la muerte de Néstor Kirchner.
Algunos han descubierto algo que uno sospechaba, que la diferencia entre la imagen de los medios y el stablishment manejaban sobre Kirchner distaba mucho de la que la gente tiene en la calle. En la calle pasan cosas que no se pueden registrar desde el escritorio donde uno sube pioladas en twitter. Los jóvenes que estos días hemos visto por televisión han surgido del nunca más y e que se vayan todos y encontraron en el gobierno de Néstor Kirchner la respuesta de uno que lejos de irse dio batalla todo el tiempo. Siete años duró el estrellato de Néstor Kirchner, para la historia eso es nada pero para una generación que vio un país hundirse y renacer es algo.
Bueno de todas las notas me quedo con dos la de Aliverti en Página 12 y la de Beatriz Sarlo en La nación. Beatriz se sacudió la modorra y el facilismo en el que lentamente parecía estar cayendo su prosa y escribió una columna a la altura de lo que es el nombre y el peso de Sarlo en la cultura argentina.

La vida a cara o ceca

A las diez de la mañana, la ciudad estaba desierta por el censo. En ese vacío cayó la noticia. Cuatro personas, en un vagón de subterráneo escuchamos que alguien dijo: "Murió Kirchner". A partir de ese instante, la ciudad en silencio se convirtió, retrospectivamente, en un ominoso paisaje de vaticinio. Cuando bajé saludé a quienes habían escuchado conmigo la noticia, quise preguntarles sus nombres porque, como fuera, había vivido con ellos un momento de los que no se olvidan nunca más. En el quiosco de San José y Rivadavia pregunté si era cierto, con la esperanza alocada de que me dijeran que alguien acababa de inventarlo. Fue poderoso, ahora estaba muerto.
Pensé en quienes lo amaban. Su familia, por supuesto, pero ese círculo privado es, como toda familia, inaccesible y sólo se mide con las propias experiencias de dolor, que habilitan una solidaridad sin condiciones. Puedo imaginar, en cambio, la muerte del compañero de toda una vida, que la política marcó con una intensidad sin pausa: la Presidenta conoce hoy la fractura más temida.
Con la intensidad de la evocación marcada por una proximidad que comprendo más, pensé en quienes lo admiraron y creyeron que fue el presidente que llegó para darle a la política su sentido. Recordé a Kirchner en el Chaco, en marzo de este año, y un día después en el acto de Ferro, con la cancha repleta, donde se mezclaban los contingentes de los barrios bonaerenses, las familias completas, las barritas con los bombos, los viejos y los niños, con las clases medias que llegaban sueltas o débilmente organizadas. Lo recordé abrazándose a los chicos de un barrio pobre del Gran Buenos Aires, donde aterrizó su helicóptero, bajó corriendo y empezó a caminar como si llegara tarde a una cita. Se movía por las calles de tierra y cascotes como quien siente que la vida verdadera está en esos contactos físicos, abrazos rápidos pero vigorosos, tironeos, gritos; los chicos lo seguían como una nube, jugando; era fácil tocarlo, como si no existiera una custodia que, sin embargo, trataba de rodearlo mientras todo el mundo se sacaba fotos.
A fines del siglo XX nada anunciaba que la disputa por ocupar el lugar del progresismo iba a interesar nuevamente salvo a los intelectuales o a los pequeños partidos de izquierda. Kirchner introdujo una novedad que le daba también su nuevo rostro: se proclamó heredero de los ideales de los años setenta (al principio agregó "no de sus errores"). En 2003, llegó al gobierno marcado por una debilidad electoral que Menem, dañino y enconado, acentuó al retirarse del ballottage y no permitirle una victoria con mayoría en segunda vuelta. La crisis de 2001, pese al intervalo reparador de Duhalde, no estaba tan lejos en la memoria, mucho menos de la de Kirchner, que encaraba su gobierno con poco más que el veinte por ciento de los votos. Su gesto inaugural, el mismo día de la asunción, fue hundirse en la masa que lo recibía, como si ese contacto físico provocara una transferencia. Kirchner ocupaba por primera vez un lugar en la Plaza de Mayo y terminaba, junto a su familia, mirándola desde el balcón histórico; en la frente, una pequeña herida, producida en la marea de fotógrafos.
La escena es un bautismo. Kirchner comenzó su presidencia con un golpe en la frente porque se lanzó a la multitud que estaba en las calles, entre el Congreso y la Plaza de Mayo; se lanzó como quien corre hacia el mar el primer día del verano, con impaciencia y sensualidad, gozando ese cuerpo a cuerpo que es el momento amoroso de la política.
Pensé entonces en las escenas que, pese a ser una opositora, me había tocado vivir. En las escenas de masas, donde no hay sólo acciones que se aprueban o se critican, se percibe un más allá de la política que la convierte en experiencia y en alimento sensible. Kirchner, un duro, gozaba con esa afectividad intensa que a sus ojos seguramente refrendaba el pacto peronista con el pueblo. Pero no pensé sólo en esos cientos de jornadas en que Kirchner había pisado la tierra o los lodazales de los barrios marginados, donde era recibido con una alegría que superaba la gestión de los caudillos locales, porque alguien, un presidente, llegaba a ese confín donde vivían ellos, unos miserables.
Pensé también en los que formaron el lado intelectual del conglomerado que armó Kirchner. Con ellos he discutido mucho en estos años. Sin embargo, me resulta sencillo ponerme en su lugar. Muchos vienen de una larga militancia en el peronismo de izquierda; vivieron la humillación del menemismo, que fue para ellos una derrota y una gigantesca anomalía, una enfermedad del movimiento popular. Cuando los mayores de este contingente representativo ya pensaban que en sus vidas no habría un renacimiento de la política, Kirchner les abrió el escenario donde creyeron encontrar, nuevamente, los viejos ideales. Pensé que se engañaban, pero eso no borronea la imaginación de su dolor.
El furor de Kirchner en el ejercicio del gobierno transmitía la eléctrica tensión de la militancia setentista; para muchos, era posible volver a creer en grandes transformaciones, que no se enredaran en el trámite irritante y lento del paso a paso institucional. Y creyeron. Entiendo perfectamente esas esperanzas, aunque no haya coincidido con ellas. Conozco a esa gente, que se identifica en Carta Abierta, pero la desborda. Pensé en ellos porque cuando un líder político ha triunfado con el estilo de la victoria kirchnerista, su muerte abre un capítulo donde los más mezquinos y arrogantes saldrán a cobrar deudas de las que no son titulares, pero otros padecen el dolor de una ausencia que comienza hoy y no se sabe cuándo va a aflojar sus efectos. La muerte no consagra a nadie ni lo mejora, pero permite ver a quién le resulta más dura. Los que soportamos muchas muertes políticas sabemos que sus consecuencias pueden ser de larga duración.
Imposible pasar por alto la desazón de quienes se entusiasmaron con Kirchner. Sería no comprender la naturaleza del vínculo político. En las manifestaciones de 1973 marchaban viejitos con fotos de Eva que, amarillas y cuarteadas, probaban su origen de casas populares construidas en 1950. No sabemos si habrá fotos así de Kirchner en movilizaciones futuras. Pero su impacto en la sensibilidad política quizá se prolongue. Esto no excluye los balances de su gobierno sino que, precisamente, los volverá indispensables. Kirchner será un capítulo del debate ideológico e histórico. Una forma de la posteridad, tan duradera como la dimensión afectiva de esa gente de los barrios más pobres y de quienes lo apoyaron con su actividad intelectual. Maestra implacable, la muerte nos hará trabajar durante años.
La muerte de Kirchner fue súbita y filosa. Hay una frase popular: murió con los zapatos puestos, no había nacido para viejo. Hay otra, pronunciada en un pasado lejano donde todavía se decían frases sublimes: "¡Qué bella muerte!". Bella, aunque injusta y trágica, es la muerte de un hombre que cae en la plenitud de la forma, un hombre a quien no maceró la vejez ni tuvo tiempo de convertirse en patriarca porque murió como guerrero. Sin haberlo conocido, me atrevo a pensar que Kirchner se identificó siempre con el guerrero y nunca con el patriarca.
La medicina explica con todas sus sabias precisiones que Kirchner debió "cuidarse", que su cuerpo ya no podía soportar los esfuerzos de una batalla concentrada y múltiple. Pero una decisión, que no llamaría sólo psicológica sino también un ejercicio de la libertad, fue que Kirchner eligió no administrarse ni tratar su cuerpo como si fuera un capital cuya renta había que invertir con cuidado. Gastaba. Vivió como un iracundo. Ese era justamente el estilo que se le ha criticado. Tenía un temperamento, y los temperamentos no cambian.
Concebía la política como concentración potencialmente ilimitada de poder y de recursos y no estuvo dispuesto a modificar las prácticas que lo constituían como dirigente. Kirchner no podía ser cuidadoso en ningún aspecto. No se aplacaba. Gobernó sin contemplaciones para los que consideró sus opositores, sus enemigos, sus contradictores. Tampoco se ocupó de contemplar su debilidad física cuando se lo advirtieron. Como político no conoció el intervalo de la tregua; sin tregua manejó el conflicto con el campo y con los medios; la tregua es el momento en que se negocia y Kirchner no negociaba, no administraba sus objetivos, los imponía o era derrotado. No delegaba funciones. Fue, paradójicamente, un calculador que confiaba en sus impulsos, un vitalista y un voluntarista que se pasaba horas haciendo cuentas.
En su primer discurso, cuando juró frente al Congreso, dijo: "Atrás quedó el tiempo de los líderes predestinados, los fundamentalistas, los mesiánicos. La Argentina contemporánea se deberá reconocer y refundar en la integración de equipos y grupos orgánicos, con capacidad para la convocatoria transversal, el respeto por la diversidad y el cumplimiento de objetivos comunes". Sin embargo, esas palabras, que no hay elementos para juzgar insinceras en ese entonces, no le dieron forma a su gobierno.
Kirchner definió un estilo que, como sucede con el liderazgo carismático, es muy difícil de transmitir a otros. El líder piensa que es él el único que puede bancar los actos necesarios: él garantiza el reparto de los bienes sociales, él garantiza la asistencia a los sumergidos, él sostiene el mercado de trabajo y forcejea con los precios, él enfrenta a las corporaciones, él evita, en solitario, las conspiraciones y los torbellinos. El liderazgo es personalista.
La Argentina tiene, como tuvo Kirchner, una oscilación clásica entre la reivindicación del pluralismo y la concentración del poder. Como presidente, Kirchner eligió no simplemente el liderazgo fuerte (quizás indispensable en 2003) sino la concentración de las decisiones, de las grandes líneas y los más pequeños detalles: tener el gobierno en un puño. Consideró el poder como sustancia indivisible. Con una excepción que marca con honor el comienzo de su gobierno: la renovación de la Corte Suprema, un acto de gran alcance cuyas consecuencias van más allá de la muerte de quien tuvo el valor de decidirlo.
El poder indivisible es fuerte y débil: su fortaleza está en el presente, mientras se lo ejercite; su debilidad está en el futuro, cuando las circunstancias cambian. Así como Kirchner no administraba con cautela su resistencia física, tampoco fue cauteloso en el ejercicio de su poder. Frente a la desaparición de quien concebía el poder como indivisible, se aprestan las fuerzas y los individuos que quieren creer que ese poder pasa intacto a otra parte, lo cual sería una equivocación, o los que creen que se acerca un nuevo reparto.
Kirchner murió cuando en el horizonte cercano se insinuaba la posibilidad de un reparto de ese poder indivisible. Las elecciones de 2009 cambiaron las representaciones partidarias en el Congreso. Esa fue una experiencia nueva dentro de los años kirchneristas. Entre la negociación y el veto, entre retirar un proyecto propio y adoptar el de un aliado, se había empezado a recorrer un camino que mostraba cierto cambio de paisaje, obligado por la relación de fuerzas. El poder del Ejecutivo tenía una contraparte que no había pesado hasta 2009 y, en 2010, vendrán las elecciones nacionales. El poder indivisible necesitaba victorias, primero dentro del propio movimiento justicialista, batalla que Kirchner ya estaba calibrando.
Kirchner no era sólo un voluntarista sino también un inspirado. Salvo un apresurado que supiera poco, nadie en esa próxima competencia podía estar seguro de que podía desplazarlo. Su inteligencia y su iniciativa causaron siempre la admiración de sus amigos y la expectativa de sus opositores. Estas últimas semanas de su vida estuvieron bajo el signo de las exploraciones, las encuestas y los pálpitos electorales. Como cualquier político que había tocado el éxito y la popularidad en muchos momentos, Kirchner no quería alejarse de la cabina de mando. Creía que él era la única garantía, incluso la única garantía de su propio futuro. Surgido del peronismo, Kirchner no se sentía seguro con las declaraciones de lealtad y desconfiaba de las disidencias que, a sus ojos, encubren traiciones.
Todos, amigos y enemigos, estaban seguros de que algo debía suceder en los próximos tiempos. Sucedió esta muerte que, como toda muerte inesperada y temprana, cortó el curso de las cosas, pero un destino propicio hizo que Kirchner muriera sin conocer una derrota decisiva. Kirchner, muchos lo aseguraban, vivía en el límite de las apuestas a cara y ceca, perder todo estuvo siempre inscripto dentro de las posibilidades. Fue un político de alto riesgo, no un jefe cuya cualidad principal fuera la prudencia. Fue también un político afortunado. Y murió antes de que su imprudencia venciera a la fortuna.
Junto con la renovación de la Corte Suprema hay otro acto de reparación histórica que nadie podrá negarle: después de la derogación de las leyes de impunidad, Kirchner apoyó con su peso personal e institucional la apertura de los juicios a los terroristas de Estado. Hizo su escudo protector con los organismos de derechos humanos hasta convertirlos en articulaciones simbólicas y reales de su gobierno. Como sucedió siempre con Kirchner, el apoyo a que las causas obtuvieran sentencia se entreveró con la política que inscribió a las Madres y Abuelas en la trinchera cotidiana. Kirchner, hasta hoy, ofrece esos balances complicados. Igual que su afirmación latinoamericanista: reivindicó la idea de una nación independiente y soberana, pero dirigió o permitió peleas tan declarativas como inútiles; como secretario de la Unasur, tomó una responsabilidad que cumplió contra muchas predicciones.
Fin de un acto que lleva su marca. Fue la obsesión amada o temida, desconfiada o combatida de muchos. Pocos políticos tienen la fortuna de marcar la historia de este modo. En la turbulencia que produce la muerte, antes de la claridad que llega con el duelo, no es posible saber si el kirchnerismo será un capítulo cerrado. La muerte convoca a los herederos, los legítimos y los que piensan que, en realidad, no son herederos sino titulares de un poder perdido o entregado de mala gana. También falta definir del todo cuál es la herencia y si es posible que pase a otras manos. La memoria de Kirchner puede convertirse en política o en historia. Lo segundo ya lo tiene asegurado con justicia. © LA NACION

Beatriz Sarlo

28 de octubre de 2010



Tapa de página 12

Todavía no opinó Carrió sobre la muerte de Nestor Kirchner pero en el diario La capital el 18 de Diciembre de 2008 opinaba esto:

18-12-2008 | Política
Carrió: “Lo mejor para Cristina es un divorcio, también podría quedar viuda, sería divino”
“Lo mejor que le puede pasar es un buen divorcio. También podría quedar viuda, sería divino, pero para que no muera nadie, lo mejor es un divorcio”. La frase no salió de un té con masitas entre dos amigas hablando de una tercera. La pronunció frente a un auditorio de ejecutivos de finanzas la titular de la Coalición Cívica, Elisa Carrió. Se refería a la presidenta Cristina Kirchner.

Carrió respondió así a los comentarios del ex presidente Néstor Kirchner de la noche anterior. Pronosticó –nuevamente– una dura recesión y una crisis política y arremetió contra el esposo de la mandataria, a quien denunció el miércoles por presuntas vinculaciones con el negocio del juego. “Ya salió de la madriguera el jefe de la asociación ilícita para pegarme. Pero a mí, la batalla me erotiza”, disparó la líder de la CC.


Es bueno tenerlo en cuenta porque en estas horas en que aparecen hipócritas coomo Cobos es bueno recordar lo que realmente piensan de las cosas.


Fuente: por esas cosas, cierta ligereza quizás, no puse la fuente de este hallazgo que fue el facebook del periodista Cesar Ferri. Uno avece se olvida de la trascendencia de lo que hace. El link se esparció en twitter y por eso quería decirlo.

27 de octubre de 2010

Cuando Lavagna le decía que no había que dar aumentos de sueldos, lo dio. Cuando todos recomendaban el olvido de la represión abrió la posibilidad de seguir juzgando genocidas,. Cuando todos pedían mano dura con los piqueteros no reprimió ni una de las movilizaciones. Cuando vino Bush a Mar del plata fue él y no Chávez el que se le plantó. Ocho años después de asumir en un país casi sin moneda y lleno de clubes de trueque la gente llena los restaurantes, llena los estadios para ver artistas, tienen varios celulares en sus casas y se casan con quien quieren sea del sexo que sea su pareja.
Hoy discutimos si el reparto de la torta es justo, cuando el llegó no existía torta. Hoy discutimos la situación de los trabajadores tercerizados pero lo que nadie dice es que el estado estos ocho años ha ido normalizando muchos contratos basuras que eran vergonzosos.
Quedan siempre cosas por hacer y quedan debates pendientes pero nadie puede decir que él no haya dado las peleas que creía que había que dar.
Por eso el estado de confusión de estas horas, por eso la marcha que se anuncia se convertirá en vigilia y por eso los que lo odiaron y aún no pueden refrenar su odio verán seguramente una multitud de gente que irá a despedirlo. Se sorprenderán posiblemente y acaso también odien a los que vayan a despedirlo. Pero en esa multitud estarán los que cuando llegó al gobierno no pertenecían a nada y los que aún perteneciendo sabían que ese país era inviable. Hoy la Argentina es viable y sobrevivió a crisis económicas que en otras épocas nos hubieran arrasado como a cualquier país.
Pocas veces uno siente estar viviendo momentos históricos como hoy.
Ricardo Alfonsín lo elogió como militante y recordó a su padre de paso. Muchos dicen que Néstor no midió las consecuencias de seguir haciendo política, Ricardo Alfonsín recordó que cuando su padre se accidentó en el sur y salió despedido de la camioneta mientras los paramédicos lo atendían sólo atinó a decir: Avisen a Jacobacci que llego más tarde.
Hay tipos que son así, por suerte.
Lástima que se mueren como cualquier hijo de vecino.

Marcelo Figueras, periodista, escritor y guionista argentino.

"Néstor Kirchner fue el primer presidente democráticamente electo que me hizo sentir que lo que siempre había considerado un sueño era posible. Acabar con las amnistías y propiciar el juicio a los genocidas. Poner límites al FMI. Impulsar una Corte Suprema de Justicia que fuese verdaderamente independiente, y por ende lo contrario de la Corte del faraón Menem. Kirchner valoró y colaboró con las organizaciones de derechos humanos. Fue un presidente que respetó las protestas populares, logrando que una policía brava obedeciese el mandato de no reprimir. (Sus antecesores inmediatos, Duhalde y De la Rúa, se fueron dejando detrás suyo un tendal de muertos.) Hasta la presidencia de Kirchner, la Argentina se contagiaba de inmediato de cualquier crisis económica. Las últimas crisis, se toparon por primera vez con una Argentina saludable.

Decir entonces que en Argentina hay un antes y un después de Kirchner es, pues, simplemente ser respetuoso a la verdad. Su muerte es una pérdida para Latinoamérica en general, pero ante todo para mi país. Espero sinceramente que el proceso que inició siga desarrollándose y perfeccionándose, para que la Argentina con la que millones soñamos desde hace tanto -sin exclusiones ni hambrientos, en la que los derechos de todos, y especialmente los débiles, sean respetados- esté más cerca cada día. Pero no soy ingenuo. En estos días veremos caras compungidas de muchos que por dentro sonríen, mientras afilan sus garras.

A Kirchner se le criticó su estilo confrontativo, pero el origen de la queja es transparente: hay ciertos poderosos que no estaban acostumbrados a que les pusiesen límites. Hasta el más simple manual culinario sabe que no hay forma de hacer tortilla sin romper huevos. Alguien dijo una vez que se puede medir a un hombre por los enemigos que supo ganarse. Si no contase con otra evidencia, me bastaría con la lista de los poderosos antikirchneristas para establecer que la estatura de este hombre debe haber sido, y sin cortapisas, formidable.

En la Argentina de la represión, cuando alguien quería justificar un secuestro y desaparición decía: algo habrá hecho. Con Kirchner habría que invertir esa frase de mierda y decir: Algo (bueno) habrá hecho."

El país.com


Argentina enfrenta una nueva situación dramática y una nueva incertidumbre política

27/10/10 - 10:45

El análisis de Eduardo van der Kooy


Mientras todos tratamos de asimilar lo que pasa Clarín sigue trabajando

26 de octubre de 2010

La Gaceta de Tucumán publicó esto


Hubo apretones de manos, sonrisas, agradecimientos y poses. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner fue recibida esta mañana (hora de nuestro país) por la canciller alemana Angela Merkel. Sobre la alfombra roja dispuesta en la explanada de la sede del Gobierno germano, ambas se dejaron fotografiar por las agencias de noticias. Algunas de las diferencias entre ambas quedaron de manifiesto en su calzado. A la izquierda, los zapatos de Merkel. A la derecha, los tacos de CFK.
Digamoslo más directo la diferencia no pasa por los zapatos la diferencia de fondo es que a Cristina con unos whiskys le entramos mientras que a la Merkel no la tocamos ni con un chorro de soda.
El asesinato de un militante del PO a mano de pesados de una patota de choque de un gremio tradicional ha provocado que en los últimos días un montón que gente que jamas había oído a hablar siquiera de los sindicatos se volvieran expertos en el tema. Nada nuevo bajo el sol y no es nigún delito. Pero viendo el otro día el programa de Victor Hugo Morales no podía dejar de observar que el uruguayo parecía legitimamente indignado por la tercerización laboral lo que lo llevó a preparar para su programa en Canal 9 un informe sobre el tema. Victor Hugo barajaba situaciones, números, anécdotas que lo tenían anodadado. Victor Hugo le explicaba al público, que tiene en claro lo malo que es estar tercerizado en un trabajo porque tiene alguien en la familia en esa situación o ellos mismos lo están.
Claro Victor Hugo hace años que cobra contratos millonarios y la cotidianeidad de los contratos basura o tercerizados para él son toda una sorpresa. Pero no para el espectador medio que lo sufre en carne propia, con lo que se da la paradoja de que gente que estuvo o está tercerizada o soporta relaciones laborales propias de la edad media se ve ante la situación de que periodistas con contratos millonarios le cuentan desde la tele lo miserable que son sus vidas.
Algo parecido ocurre cuando editorialistas garcas que andan con su BMW o su Mercedes y que ni saben cuanto sale el boleto de subte escriben en los diarios sobre los suifrimientos del ciudadano de a pie.

25 de octubre de 2010


Juliana Awada es divina, chic, se la ve sanita y con la dentadura entera. Lo que se dice mercadería fetén fetén. Ella está enamorada y ustedes saben como es eso se sienten mariposas en el estómago, hormigueos en el cuerpo, se te seca la garganta y se te nubla la entendedera, un asco.
El último viernes fue entrevistada por María Laura Santillán para el suplemento Mujer del gran diario argentino y como ese suplemento no lo leo ni mamado, como no leo Las 12 ni la revista Boba, ni ninguna de esas cosas me perdía algo. Fue el escritor portátil, que tampoco lee esas boludeces pero estuvo el fin de semana con alguien que sí lee estas cosas, el que me acercó un gran momento de ese encuentro de grandes pensadoras:

A dónde planean ir de luna de miel?

Tengo que decidir si vamos a una playa o a Italia. Mauricio me pidió que me ponga las pilas porque nos vamos a quedar sin viaje (se ríe). Nos vamos a tomar una semana.

¿Quién le dio tu teléfono a Mauricio?

¡Qué buena pregunta! (risas). Me llamó un día, le dije que estaba separada y empezamos a hablar. No sé cómo consiguió mi teléfono. Nunca le pregunté.


La pelotuda no le preguntó a Macri de donde sacó el teléfono y la otra pelotuda preguntona no repreguntó!

No les dice nada los nombres de Fino Palacios y Ciro James?

Al menos ya sabemos para que los había contratado a estos dos émulos del inspector Closeau, para conseguir teléfonos de minitassssssssssss!

En qué creo

De J. G. Ballard


Traducción de Claudia Kozak, extraída de la Revista artefacto


Título y fecha del original en inglés: J.G. Ballard, “What I believe”, 1984.

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Creo en el poder de la imaginación para rehacer el mundo, liberar la

verdad que hay en nosotros, alejar la noche, trascender la muerte, encantar las autopistas, congraciarnos con los pájaros y asegurarnos los secretos de los locos.

Creo en mis propias obsesiones, en la belleza de un choque de autos, en la paz del bosque sumergido, en la excitación de una playa de vacaciones desierta, en la elegancia de los cementerios de automóviles, en el misterio de los estacionamientos de varios pisos, en la poesía de los hoteles abandonados.

Creo en las pistas de aterrizaje olvidadas de Wake Island, señalando a los pacíficos de nuestras imaginaciones.


Creo en la belleza misteriosa de Margaret Thatcher, en el arco de sus fosas nasales y el borde de su labio inferior; en la melancolía de los conscriptos argentinos heridos; en las sonrisas perturbadas de los empleados de estaciones de servicio; en mi sueño sobre Margaret Thatcher acariciada por ese joven soldado argentino en un motel olvidado, observados por un empleado de estación de servicio tuberculoso.

Creo en la belleza de todas las mujeres, en la perfidia de sus fantasías, tan cerca de mi corazón; en la unión de sus cuerpos desencantados con los rieles de cromo de las góndolas de supermercado; en su cálida tolerancia de mis propias perversiones.

Creo en la muerte del mañana, en el acabamiento del tiempo, en la búsqueda de un tiempo nuevo en las sonrisas de las mozas de los bares de las rutas y en los ojos cansados de los controladores de tráfico aéreo en aeropuertos fuera de temporada.

Creo en los órganos genitales de los grandes hombres y mujeres, en las posturas corporales de Ronald Reagan, Margaret Thatcher y la Princesa Diana, en el suave olor que emana de sus labios cuando miran a las cámaras del mundo entero.

Creo en la locura, en la verdad de lo inexplicable, en el sentido común de las piedras, en la demencia de las flores, en la enfermedad reservada para la raza humana por los astronautas del Apolo.

No creo en nada.

Creo en Max Ernst, Delvaux, Dalí, Tiziano, Goya, Leonardo, Vermeer, de Chirico, Magritte, Redon, Durero, Tanguy, el Facteur Cheval, las torres Watts, Bocklin, Francis Bacon, y en todos los artistas invisibles dentro de las instituciones psiquiátricas del mundo.

Creo en la imposibilidad de la existencia, en el humor de las montañas, en lo absurdo del electromagnetismo, en la farsa de la geometría, en la crueldad de la aritmética, en las intenciones asesinas de la lógica.

Creo en las adolescentes, en la corrupción que hay en ellas sólo por la

postura de sus piernas, en la pureza de sus cuerpos desaliñados, en los rastros que sus partes pudendas dejan en los baños de moteles miserables.


Creo en el vuelo, en la belleza del ala, y en la belleza de todo lo que alguna vez haya volado, en la piedra arrojada por un niño pequeño que lleva en sí misma la sabiduría de los estadistas y de las parteras.

Creo en la amabilidad del bisturí, en la geometría sin límites de la pantalla de cine, en el universo oculto dentro de los supermercados, en la soledad del sol, en la locuacidad de los planetas, en la redundancia de nosotros mismos, en la inexistencia del universo y el aburrimiento del átomo.

Creo en la luz que arrojan las videograbadoras en las vidrieras de las grandes tiendas, en la agudeza de las parrillas de los radiadores en los salones de venta de automóviles, en la elegancia de las manchas de aceite sobre las barquillas de los motores de los 747 estacionados en las pistas de los aeropuertos.

Creo en la no existencia del pasado, en la muerte del futuro, y en las infinitas posibilidades del presente.

Creo en el desarreglo de los sentidos: en Rimbaud, William Burroughs,

Huysmans, Genet, Celine, Swift, Defoe, Carroll, Coleridge, Kafka.

Creo en los diseñadores de las Pirámides, el Empire State, el bunker del Fuhrer en Berlín, las pistas de aterrizaje de Wake Island.

Creo en la fragancia del cuerpo de la Princesa Diana.

Creo en los próximos cinco minutos.

Creo en la historia de mis pies.

Creo en las migrañas, el aburrimiento de las tardes, el temor a los

calendarios, la traición de los relojes.

Creo en la ansiedad, la psicosis y la desesperanza.

Creo en las perversiones, en el amor obsesivo por los árboles, las princesas,

los primeros ministros, las estaciones de servicio abandonadas (más bellas que el Taj Mahal), las nubes y los pájaros.

Creo en la muerte de las emociones y el triunfo de la imaginación.

Creo en Tokio, Benidorm, La Grande Motte, Wake Island, Eniwetok, Dealey Plaza.

Creo en el alcoholismo, las enfermedades venéreas, la fiebre y el agotamiento.

Creo en el dolor.

Creo en la desesperanza.

Creo en todos los niños.

Creo en mapas, diagramas, códigos, juegos de ajedrez, rompecabezas, tableros de horarios de vuelos, carteles indicadores de los aeropuertos.

Creo en todas las excusas.

Creo en todas las razones.

Creo en todas las alucinaciones.

Creo en toda la rabia.

Creo en todas las mitologías, recuerdos, mentiras, fantasías y evasiones.

Creo en el misterio y la melancolía de una mano, en la amabilidad de los árboles, en la sabiduría de la luz.

23 de octubre de 2010

Cada vez que la veo a mi mamita me esta provocando con su tetita 
Cada vez que la veo a mi mamita me esta provocando con su tetita 
A veces las buenas ideas son apenas eso y mueren en el momento en que se las enuncia. El mundo está lleno de ideas que son apenas eso, me viene la memoria la película de Fincher, Bemjamin Butom (o algo así) que partía de la idea de un hombre que nace anciano y va haciéndose niño con el correr del tiempo. Una gran idea literaria, es un gran cuento dicen, que al volverse imagen se hizo un bodoque.
la idea de juntar en un escenario tres estrellas surgidas de YOUTUBE era una gran idea pero su concreción a muchos les despertaba sospechas y sin embargo el show que se montó en la ciudad Konex y que se repite hoy a la noche estuvo a la altura de las expectativas.
La larga cola de una cuadra y media le dio la razón al creador de este encuentro que por su concurrencia hacía pensar mucho en estar en una de esas noches de esplendor del BAFICI o de aquel Buenos aires no duerme, a esta altura mítico. Adentro la idea se reafirmaba aunque las presencias de Carlos Escudé entre el público y la de Marley en el escenario para bailar el baile del delfín abría el espectro hasta el infinito y más allá. Una noche de cultura pop, multicultural, globalizada y latinamericanista a la vez ya que desde el escenario no cesaron en ningún momento las arengas pro latinoamérica.
Cuando Wendy Sulca fue conocida por los visitantes de youtube sorprendió por su mezcla de pintoresquismo latinoamericano, dulzura infantil y crudeza inaudita en sus letras
Cerveza, cerveza, quiero tomar cerveza (x2)
Porque ya bastante sufro en la vida, porque mi amorcito se ha marchado lejos. (x2)
Escuchar a una nena de nueve años pedirle cerveza al cantinero o dedicarle una canción a su papito muerto en la mina no era cosa de todas los días. Paralelamente a eso apareció en la vida de la blogsofera El delfin que entonaba al son de una cumbia una letra en la que se hablaba de la muerte de una latina en la torres gemelas. La aparición de la Tigres de oriente fue apenas la frutilla del postre kitsch que se iba formando.
Productos de una cultura global que tienen asegurados los rigurosos quince minutos de fama que a todos se nos otorgan nada más que por haber nacido en esta era de hipercomunicación Wendy, El delfín y La tigresa asumieron con desparpajo y convicción su condición de estrellas globales.
- Israel me da un sentimiento de tristeza.
 - Me nombrás Israel y se me viene la guerra el caos 
- Me da mucho miedo que por la calle pueda haber explosivos 
- Gente muy resignada - Un pueblo... No puede ser, ¡no!
No sé si Peter Gabriel habrá pensado que que su movida por la world music terminaría en un rave llena de jóvenes y no tanto, que en su vida seguramente pensaron meterse en un show de cumbia del caribe coreando junto a dos peruanas y en ecuatoriano una especie de mantra que decía
Israel/Israel/que bonito es IsraelIsrael/Israel/que bonito es Israel Israel/Israel/que bonito es Israel Israel/Israel/que bonito es Israel Israel/Israel/que bonito es Israel Israel/Israel/que bonito es Israel Israel/Israel/que bonito es Israel Israel/Israel/que bonito es Israel Israel/Israel/que bonito es Israel Israel/Israel/que bonito es Israel Israel/Israel/que bonito es Israel Israel/Israel/que bonito es Israel Israel/Israel/que bonito es Israel


22 de octubre de 2010

El exceso es el sustituto más común de la energía.

La otra tarde en La Biela, saqué el tema de la muestra que se inaugura en Proa y apliqué el oído: "
Indios y gauchos, ayer objetos de nuestra indiferencia, hoy nos ayudan a exhibir un pasado pintoresco y singular. Hoy son nuestras raíces" “Ya se trate de un hombre, ya de un grupo étnico, los mitos siempre tienen contornos inciertos o difusos. Exigen que el ídolo se haya disgregado, que no gravite materialmente sobre la sociedad. Mucho después de los malones, nuestro país le erige una estatua al indio. Cuando se vuelve inofensivo, cuando ya no existe como firme clase rural, se honra la memoria del gaucho. Enriquece museos” “Calfucurá es Moyano”

Corridos los siglos acaso el Facundo y el Martín Fierro se desdibujen y quede como libro esencial los Ranqueles de
Mansilla. Los vocablos civilización y barbarie habrán cambiado de significado y lo primitivo y lo salvaje quién sabe qué representarán. Irá para largo la querida figura de Mansilla, el más sofisticado, el más sutil. A su último libro ”Estudios morales” lo iba a prologar Verlaine. Pudiera ser que Lucio Vé esté resucitando en estos días (ahí está su poncho) y nos ayude a estimar a pehuenches, ranqueles y mapuches. Mientras tanto los invito al deslumbramiento de visitar la muestra que inaugura en Proa el próximo jueves (no digo “los espero” porque parecen todos muy cansados).

Variación: “Entre la
espalda y la pared”

No dejo de recibir comentarios conmovidos sobre el libro de
Inés Ulanovsky “Algunas madres también se mueren”

Una asamblea de obreros comunistas de Cataluña invitó a
Dalí en el 31 a dar una conferencia: “El surrealismo al servicio de la revolución”. Antes de empezar les pidió a los periodistas “burgueses” presentes que se retiraran. Algunos lo hicieron. Los aplausos premiaron su grito final “¡Viva el sindicato de la construcción!” pero algunos simpatizantes de la organización no estaban convencidos del aporte del surrealismo a la causa y de los consejos del pintor de “regresar a las fuentes prístinas del crimen, del exhibicionismo y de la masturbación”.

Dos más de Dalí: “Italia me está resultando más surrealista que el Papa”. “Brasil es el paroxismo del imperialismo del
trompe l’oeil

Se cantará en francés, en alemán y también se cantará un tango (¡qué lindo!) mañana sábado en Villa Ocampo: “Deja que prosiga mi camino,/ se lo pido a tu conciencia,/no te puedo amar” Yo le pido a la conciencia de ustedes que no se pierdan esta ocasión. Un trío sensacional colmado por Adriana Mastrángelo, Haydée Schwartz y Rubén Szuchmacher presenta “
Querido Varieté” (Ein Kuss ist leicht)

Les estuve hablando de
La Decorería, una tienda que vende sillones cómodos y sólidos que ofreció en sus vidrieras un espectáculo de danza. Ahora les voy a contar de una instalación (con perdón de la palabra) que hará Carolina Antoniadis primero en una feria y después en las vidrieras mencionadas que quedan en la ochava de Godoy Cruz y Cabrera.

Disfruté muchísimo de la
Usina creativa que organizó la revista Ñ en el Viejo Hotel Ostende. Cuando llegamos lloviznaba y ahí nomás se armó la discusión: ¿Se va a hablar de arte o de cultura? Uno advirtió que cultura no es arte y me quedé pensando que arte no es cultura, por suerte. El hotel es ideal por la variedad de ámbitos en donde conversar, trabajar, regocijarse y desagregarse. La ambición era hacer algo distinto de los habituales encuentros. Valió la pena. El programa era más o menos así: desayuno muy conversado, junta de discusión a las once, almuerzo largo, visitas a la Biblioteca en donde Coco Bedoya pintaba un mural, lecturas, cena y después música. Muy bien mezclar a artistas de diferentes oficios, la combinación sirvió de estímulo y también equilibró. Por ejemplo en una de las mesas cuando los escritores se empezaban a quejar de las editoriales un pintor y un director de cine aplicaron un sincrónico “no se puede depender”. Se habló mucho de arte y medios, alguno dijo que demasiado. Se entiende. Se la mencionó a Ophra, siempre que se debate sobre arte en los medios se la menta, me lamenté mentalmente. Se señaló la decadencia de la crítica por ver que la salida de la nueva novela de Piglia (ay) causó entrevistas en todos los suplementos y ninguna reseña. Más o menos en ese momento alguien dejó caer: “el daño que le ha hecho Roland Barthes a la crítica en la Argentina es desmesurado”. Mariano Llinás embistió contra los artistas que se ocupan de responder a cuestionarios pavotes en vez de trabajar. Prior remató: “el arte cuando llega a los suplementos, muere”. Actuaron Caracol, Gabo Ferro, Juana Molina y Gabriela Bejerman. Juan Villegas pasó “Ocio”. Y Rosana Schoijett (la luz es su sombra) citaba uno por uno a los presentes para hacerles un retrato. Mientras hacía el mío creyó ver en mi sombra una sombra de Mastroianni.

Al volver pesqué que algunos
twitteros le reprochaban a la movida cierto afán por el autobombo. Yo pensé que twitterquería decir autobombo pero me informan que quiere decir piripipí.

Juan Pablo Correa
Si uno se preguntaba que le esperaba a Larry David después de haber reunido al elenco de Seinfeld en la temporada 7 la respuesta ya está on line, no sé si en EEUU no empezó.
Larry vuelve a NY y allí se cruza entre otros con Ricky Gervais y Michael J Fox.


"La hierba que se fume al otro lado estará manchada con sangre mexicana"

El jefe de la policía de Tijuana alerta sobre la repercusión al sur de la frontera


El título es del diario español El país de España.
Uno sabía que curaban la marihuana con sustancias variadas, pero lo de la sangre parece mucho, que tal pegará?


No se necesita ver más de un par de minutos de Red social para reconocer la mano de Aaron Sorkin, su guionista. Diálogos rápidos, brillantes, justos, quizás demasiado avispados para algunos pero certeros y adictivos. Eso se veía en las series de las que Sorkin fue creador sobre todo en The west wing
La película que dirige Fincher será cuando termine el fin de semana la más vista y sería raro que no se convierta en un evento de esos que superan las expectativas. En sí la película es el relato de una serie de acciones judiciales cruzadas en los que se dirimen varios temas que van desde el origen de la idea de la cual surgió Facebook hasta un reclamo de uno de los creadores por haber sido dejado de lado en virtud de una serie de maniobras leguleyas.
Ni siquiera es una película de juicio sino una película sobre las negociaciones que se llevaron a caro para evitar llegar al juicio en realidad.
La tristeza de los niños ricos puesta sobre el tapete en una lucha entre nerds y tecnofrikis transformado en un espectáculo de masas.
Es divertido eso? Muy divertido y no sólo eso es una película moderna en el sentido en que narra el mundo en el que vivimos aunque por momentos parece desarrollarse en otra galaxia.


Después de putear contra las estrellas de nuestro periodismo radiofónico vale la pena ver lo que una periodista y un camarógrafo tomaron sobre los incidentes en los que murió un militante del PO de 23 años. La cronista se llama Gabriela Carchak y las imágenes están ya en el juzgado correspondiente.
Cuando llegaba a casa me enteré en una radio que se llegó un acuerdo entre los trabajadores tercerizados que protestaban y la empresa vía ministerio de trabajo.
Parece ser que la Argentina funciona a sangre de jóvenes marginados. Cada tanto se cobra su cuota.

21 de octubre de 2010


Desde la última libertadores que ganó Independiente que no se veían tantas banderas rojas en la calle!

Gentileza de mi amigo Rottman de periodismo.com

La película antisocial

El periodista Jeff Jarvis analiza en este post la película sobra la red social Facebook (titulada The Social Network) que se acaba de estrenar en Estados Unidos. El filme aborda la pelea entre los fundadores de la red Eduardo Saverin y Mark Zuckerberg por sus derechos. Jarvis señala que se trata de una película antisocial que no logra explicar el fenómeno de las redes sociales y que arremete injustamente contra los emprendedores de la Red o 'tecnofrikis".

No hay un “por qué” ahí. Ese es el problema con The Social Network. Ni explica ni tampoco le atribuye motivos a Mark Zuckerberg: ni visión, ni estrategia ni objetivos.

La película rápidamente admite que a Zuckerberg no le importa el dinero. Entonces ¿por qué creó Facebook? The Social Network no ofrece respuestas, excepto quizás que alguien ajeno al sistema [un “outsider”] quería entrar en él. Pero eso no explica lo que ha conseguido y por qué; eso no es más que un argumento simplista para el prime-time. El guión no dice nada sobre conectar el mundo o aportar a las comunidades una organización elegante. No importa. Esta es una película sobre tácticas, no estrategia, sobre personas haciéndose cosas duras las unas a las otras. En otras partes, eso simplemente se llama negocios.

La película viola la privacidad, daña reputaciones, se inventa porquerías (justamente lo mismo de lo que acusan a internet ¿verdad?). Oh, sí, es entretenida en un modo oscuro, tanto como lo solía ser la quema de brujas, supongo. Su autor, Aaron Sorkin, al menos loadmite en el New York Magazine. “Asegura sin disculparse que no sabe apenas nada sobre la evolución de Facebook en 2010, añadiendo que su interés en la comunicación asistida por ordenadores no va más allá de enviar correos electrónicos a los amigos”. En palabras del propio Sorkin, “No quiero que mi fidelidad sea para la verdad; quiero que sea para la narración”. Inventarse mierda.

Mark Harris, del New York Magazine, sabe (al menos en un aparte), que de lo que trata realmente esta película. “The Social Network se puede ver como un escupitajo bien intencionado que lanzan a los nuevos medios los viejos medios”. Excepto que no son realmente los viejos medios los que están escupiendo, sino los medios neonuevos. Sorkin es miembro del Young Curmudgeons’ Guild, junto a Gladwell, Carr, Anderson, Rowan,Morozov y Lanier. Los viejos medios resisten el cambio. Esta gente quiere negarle a internet el crédito de ese cambio.

The Social Network comprende al detestable dinero viejo (los gemelos Winklevoss demandando a Zuckerberg), al detestable dinero nuevo (Sean Parker, aunque Kirkpatrickdice en Vanity Fair que es “más complejo y más interesante”), y al intelectual presuntuoso (una fantasía del presidente de Harvard de entonces, Larry Summers). Y cree que entiende a las víctimas (al cofundador de Facebook y antiguo amigo de Zuckerberg, EduardoSaverin). Coincidí una vez con Saverin en un panel organizado por una red de publicidad, que Saverin auspició en nombre de Facebook y que servía justo el tipo de anuncios horteras que Zuckerberg no quería para su compañía porque sabía el valor de lo cool y tenía una visión mucho más amplia que él. Esa es probablemente la razón por la que Saverin se tuvo que marchar; lo sepa o no The Social Network, queda claro. Es tan solo negocios. Y en lo que respecta al Winklevii, no inventaron basura. Ideas, especialmente las obvias, no valen nada. Todos los emprendedores y tecnofrikis saben que la ejecución lo es todo. Otro ex de Harvard como Zuckerberg, Bill Gates, tampoco inventó basura, sino que ejecutó. Eso son los negocios.

The Social Network no entiende a los emprendedores y tecnofrikis, o al menos a servidor. Así que le convierte en otro. Le convierte en extraño. Retrata a Zuckerberg como (seamos francos) un caso de Asperger: no pestañea, sin sentido del humor, sin corazón, incapaz de ser *ejem* social o de tener *ejem* amigos. He estado con Zuckerberg cuatro o cinco veces, la más reciente entrevistándole para Public Parts. No le conozco; quizás nadie le conozca. Pero puedo testificar que tiene encanto; que sonríe; que cuenta chistes, y que tiene una visión.

Zuckerberg entiende la estructura y los motivos de la amistad, aunque The Social Network le llama persona sin amigos. En un instante durante las escenas de la deposición que conforman su espina dorsal de la narración (quizás porque sólo con abogados en medio podrían hacer que programar resultase emocionante), la película nos ofrece una anécdota (basada en una historia real) sobre las clases de arte en Harvard a las que Zuckerberg no acudió en su segundo curso porque estaba inventando Facebook. Aquí está Zuckerberg contando la historia en 2007: publicó en una página web las imágenes de arte que tenía que haber estudiado, envió un correo electrónico a sus colegas de clase ofreciéndoles una “guía de estudio” y vio cómo se ponían a extraer la esencia de cada pieza. El resultado: no solo Zuckerberg bordó el examen final, sino que el profesor dijo que la clase en su conjunto lo había hecho mucho mejor de lo habitual. Me parece un ejemplo perfecto de colaboración social, una lección en “pensamiento wiki”. The Social Network dice que eso es hacer trampas. Y justamente ahí es donde está la desconexión de la película, no entre Zuckerberg y la amistad, sino entre la película y el nuevo mundo que no puede comprender y que pretende retratar.

The Social Network es la película antisocial. Desconfía y no hace ningún esfuerzo para entender correctamente al fenómeno que tiene en sus narices. Desaprueba (al igual que la gente de los medios, viejos y neonuevos) de las masas acanalladas (o de los borrachos o drogados o excesivamente sexuales) que hacen lo que hacen. Ah, dirán sus partidarios, pero si tan solo se trata de una película sobre un hombre. Pero ahí es donde más falla. No puede empezar a explicar a este hombre porque no pilla lo que ha hecho, lo que todavía está haciendo (“Todavía no sabemos lo que es”, dice Zuckerberg en la película. “Nunca se termina”).

The Social Network es la película anti tecnofrikis. Es la historia que quieren ver aquellos que se resisten a los cambios que está viviendo la sociedad. Dice que internet no es una revolución, sino tan solo la creación de unos cuantos raros, de hombres-máquina, de los que no nos gustaban en la universidad. The Social Network es la venganza de la venganza de los empollones.Sé que me estoy arriesgando aquí. Me estoy colocando de nuevo en la posición de defender internet, igual que David Kirkpatrick se está convirtiendo en elapologista de Facebook. Quizás estemos los dos hipnotizados por el carisma de Zuckerberg que Sorkin no puede ver. Quizás los dos hayamos estado juntándonos con gente de negocios durante tanto tiempo que no podemos ver la tragedia griega que hay detrás. Quizás. Pero si todo lo que se quiere es la historia de un negocio duro que condujo a un drama humano entre tecnofrikis, para eso se podría rodar la historia de Gates, Steve Jobs, Larry Ellison o (dentro de poco en un cine próximo a usted), de Larry Page y Sergey Brin.

En Zuckerberg y Facebook (y en internet) yo veo una historia mucho más grande y mejor que la que ofrece Sorkin. Como parte de la investigación para Public Parts coincide que estoy leyendo el maravilloso libro The Gutenberg Revolution, de John Man, que ahonda en unos cuantos documentos para intentar entender qué impulsaba al hombre que usó la tecnología para desbaratar el viejo mundo y permitir que la gente se crease uno nuevo. Gutenberg era un hombre de tecnología, discreto y controlador. Era un hombre de negocios (realmente uno de los primeros capitalistas que creó una de las primeras industrias). Se embargó en aventuras duras. Era competitivo. Fue acusado por los alemanes de robar la idea de otro. Oh, y aparentemente rompió de malas formas con al menos una mujer, dice Man. En manos de un Sorkin de sus tiempos, me imagino que Gutenberg solo sería un tipo raro: no nos fiamos de lo que está haciendo a nuestro mundo, no lo entendemos, así que no nos gusta.

Vais a ver The Social Network. Deberíais. Está bien hecha. Pero mientras la veis, os pido que miréis lo que dice no tan solo sobre Mark Zuckerberg, sino sobre nosotros, los tecnofrikis. Estoy impaciente por entablar ese debate.


: DESPUÉS: La visión del mundo de Aaron Sorkin, en 2007: “La voz de todo el mundo no debería de ser igual”

:Y: Estoy alucinando por el meme que veo en los comentarios a mi post, especialmente en los del HuffingtonPost: no es un documental, así que vale inventarse porquerías. Es una defensa extraña. Sorkin y demás no ponen ningún aviso al principio de la película. Hacen una película sobre un hombre llamado Mark Zuckerberg que pone en marcha un servicio llamado Facebook. No lo rodaron en Schmarvard. No me convence.