30 de abril de 2011
The power of Love
29 de abril de 2011
Estamos rodeados de vigilantes

Más sobre el caso de Matías en http://www.liberenamatiasya.blogspot.com/
Discurso de Matias en la Marcha de la Marihuana 2010
El proveedor de iniquidades Monk Eastman, Jorge Luis Borges

LOS DE ESTA AMÉRICA
Perfilados bien por un fondo de paredes celestes o de cielo alto, dos compadritos envainados en seria ropa negra bailan sobre zapatos de mujer un baile gravísimo, que es el de los cuchillos parejos, hasta que de una oreja salta un clavel porque el cuchillo ha entrado en un hombre, que cierra con su muerte horizontal el baile sin música. Resignado, el otro se acomoda el chambergo y consagra su vejez a la narración de ese duelo tan limpio. Ésa es la historia detallada y total de nuestro malevaje. La de los hombres de pelea de Nueva York es más vertiginosa y más torpe.
LOS DE LA OTRA
La historia de las bandas de Nueva York (revelada en 1928 por Herbert Asbury en un decoroso volumen de cuatrocientas páginas en octavo) tiene la confusión y la crueldad de las cosmogonías bárbaras y mucho de su ineptitud gigantesca: sótanos de antiguas cervecerías habilitadas para conventillos de negros, una raquítica Nueva York de tres pisos, bandas de forajidos como los Ángeles del Pantano (Swamp Angels) que merodeaban entre laberintos de cloacas, bandas de forajidos como los Daybreak Boys (Muchachos del Alba) que reclutaban asesinos precoces de diez y once años, gigantes solitarios y descarados como los Galerudos Fieros (Plug Uglies) que procuraban la inverosímil risa del prójimo con un firme sombrero de copa lleno de lana y los vastos faldones de la camisa ondeados por el viento del arrabal, pero con un garrote en la diestra y un pistolón profundo; bandas de forajidos como los Conejos Muertos (Dead Rabbits) que entraban en batalla bajo la enseña de un conejo muerto en un palo; hombres como Johnny Dolan el Dandy, famoso por el rulo aceitado sobre la frente, por los bastones con cabeza de mono y por el fino aparatito de cobre que solía calzarse en el pulgar para vaciar los ojos del adversario; hombres como Kit Burns, capaz de decapitar de un solo mordisco una rata viva; hombres como Blind Danny Lyons, muchacho rubio de ojos muertos inmensos, rufián de tres rameras que circulaban con orgullo por él; filas de casas de farol colorado como las dirigidas por siete hermanas de New England, que destinaban las ganancias de Nochebuena a la caridad; reñideros de ratas famélicas y de perros, casas de juego chinas, mujeres como la repetida viuda Red Norah, amada y ostentada por todos los varones que dirigieron la banda de los Gophers; mujeres como Lizzie the Dove, que se enlutó cuando lo ejecutaron a Danny Lyons y murió degollada por Gentle Maggie, que le discutió la antigua pasión del hombre muerto y ciego; motines como el de una semana salvaje de 1863, que incendiaron cien edificios y por poco se adueñan de la ciudad; combates callejeros en los que el hombre se perdía como en el mar porque lo pisoteaban hasta la muerte; ladrones y envenenadores de caballos como Yoske Nigger –tejen esta caótica historia. Su héroe más famoso es Edward Delaney, alias William Delaney, alias Joseph Marvin, alias Joseph Morris, alias Monk Eastman, jefe de mil doscientos hombres.
EL HÉROE
Esas fintas graduales (penosas como un juego de caretas que no se sabe bien cuál es cuál) omiten su nombre verdadero –si es que nos atrevemos a pensar que hay tal cosa en el mundo. Lo cierto es que en el Registro Civil de Williamsburg, Brooklyn, el nombre es Edward Ostermann, americanizado en Eastman después. Cosa extraña, ese malevo tormentoso era hebreo. Era hijo de un patrón de restaurante de los que anuncian Kosher, donde varones de rabínicas barbas pueden asimilar sin peligro la carne desangrada y tres veces limpia de terneras degolladas con rectitud. A los diecinueve años, hacia 1892, abrió con el auxilio de su padre una pajarería. Curiosear el vivir de los animales, contemplar sus pequeñas decisiones y su inescrutable inocencia fue una pasión que lo acompañó hasta el final. En ulteriores épocas de esplendor, cuando rehusaba con desdén los cigarros de hoja de los pecosos sachems de Tammany o visitaba los mejores prostíbulos en un coche automóvil precoz, que parecía el hijo natural de una góndola, abrió un segundo y falso comercio, que hospedaba cien gatos finos y más de cuatrocientas palomas –que no estaban en venta para cualquiera. Los quería individualmente y solía recorrer a pie su distrito con un gato feliz en el brazo, y otros que lo seguían con ambición.
Era un hombre ruinoso y monumental. El pescuezo era corto, como de toro, el pecho inexpugnable, los brazos peleadores y largos, la nariz rota, la cara aunque historiada de cicatrices menos importante que el cuerpo, las piernas chuecas como de jinete o de marinero. Podía prescindir de camisa como también de saco, pero no de una galerita rabona sobre la ciclópea cabeza. Los hombres cuidan su memoria. Físicamente, el pistolero convencional de los films es un remedo suyo, no del epiceno y fofo Capone. De Wolheim dicen que lo emplearon en Hollywood porque sus rasgos aludían directamente a los del deplorado Monk Eastman... Éste salía a recorrer su imperio forajido con una paloma de plumaje azul en el hombro, igual que un toro con un benteveo en el lomo.
Hacia 1894 abundaban los salones de bailes públicos en la ciudad de Nueva York. Eastman fue el encargado en uno de ellos de mantener el orden. La leyenda refiere que el empresario no lo quiso atender y que Monk demostró su capacidad demoliendo con fragor el par de gigantes que detentaban el empleo. Lo ejerció hasta 1899, temido y solo.
Por cada pendenciero que serenaba, hacía con el cuchillo una marca en el brutal garrote. Cierta noche, una calva resplandeciente que se inclinaba sobre un bock de cerveza le llamó la atención y la desmayó de un mazazo. "¡Me faltaba una marca para cincuenta!", exclamó después.
EL MANDO
Desde 1899 Eastman no era sólo famoso. Era caudillo electoral de una zona importante, y cobraba fuertes subsidios de las casas de farol colorado, de los garitos, de las pindongas callejeras y los ladrones de ese sórdido feudo. Los comités lo consultaban para organizar fechorías y los particulares también. He aquí sus honorarios: 15 dólares una oreja arrancada, 19 una pierna rota, 25 un balazo en una pierna, 25 una puñalada, 100 el negocio entero. A veces, para no perder la costumbre, Eastman ejecutaba personalmente una comisión.
Una cuestión de límites (sutil y malhumorada como las otras que posterga el derecho internacional) lo puso enfrente de Paul Kelly, famoso capitán de otra banda. Balazos y entreveros de las patrullas habían determinado un confín. Eastman lo atravesó un amanecer y lo acometieron cinco hombres. Con esos brazos vertiginosos de mono y con la cachiporra hizo rodar a tres, pero le metieron dos balas en el abdomen y lo abandonaron por muerto. Eastman se sujetó la herida caliente con el pulgar y el índice y caminó con pasos de borracho hasta el hospital. La vida, la alta fiebre y la muerte se lo disputaron varias semanas, pero sus labios no se rebajaron a delatar a nadie. Cuando salió, la guerra era un hecho y floreció en continuos tiroteos hasta el diecinueve de agosto del novecientos tres.
LA BATALLA DE RIVINGTON
Unos cien héroes vagamente distintos de las fotografías que estarán desvaneciéndose en los prontuarios, unos cien héroes saturados de humo de tabaco y de alcohol, unos cien héroes de sombrero de paja con cinta de colores, unos cien héroes afectados quien más quien menos de enfermedades vergonzosas, de caries, de dolencias de las vías respiratorias o del riñón, unos cien héroes tan insignificantes o espléndidos como los de Troya o Junín, libraron ese renegrido hecho de armas en la sombra de los arcos del Elevated. La causa fue el tributo exigido por los pistoleros de Kelly al empresario de una casa de juego, compadre de Monk Eastman. Uno de los pistoleros fue muerto y el tiroteo consiguiente creció a batalla de incontados revólveres. Desde el amparo de los altos pilares hombres de rasurado mentón tiraban silenciosos, y eran el centro de un despavorido horizonte de coches de alquiler cargados de impacientes refuerzos, con artillería Colt en los puños. ¿Qué sintieron los protagonistas de esa batalla? Primero (creo) la brutal convicción de que el estrépito insensato de cien revólveres los iba a aniquilar en seguida; segundo (creo) la no menos errónea seguridad de que si la descarga inicial no los derribó, eran invulnerables. Lo cierto es que pelearon con fervor, parapetados por el hierro y la noche. Dos veces intervino la policía y dos la rechazaron. A la primer vislumbre del amanecer el combate murió, como si fuera obsceno o espectral. Debajo de los grandes arcos de ingeniería quedaron siete heridos de gravedad, cuatro cadáveres y una paloma muerta.
LOS CRUJIDOS
Los políticos parroquiales, a cuyo servicio estaba Monk Eastman, siempre desmintieron públicamente que hubiera tales bandas, o aclararon que se trataba de meras sociedades recreativas. La indiscreta batalla de Rivington los alarmó. Citaron a los dos capitanes para intimarles la necesidad de una tregua. Kelly (buen sabedor de que los políticos eran más aptos que todos los revólveres Colt para entorpecer la acción policial) dijo acto continuo que sí; Eastman (con la soberbia de su gran cuerpo bruto) ansiaba más detonaciones y más refriegas. Empezó por rehusar y tuvieron que amenazarlo con la prisión. Al fin los dos ilustres malevos conferenciaron en un bar, cada uno con un cigarro de hoja en la boca, la diestra en el revólver y su vigilante nube de pistoleros alrededor. Arribaron a una decisión muy americana: confiar a un match de box la disputa. Kelly era un boxeador habilísimo. El duelo se realizó en un galpón y fue estrafalario. Ciento cuarenta espectadores lo vieron, entre compadres de galera torcida y mujeres de frágil peinado monumental. Duró dos horas y terminó en completa extenuación. A la semana chisporrotearon los tiroteos. Monk fue arrestado, por enésima vez. Los protectores se distrajeron de él con alivio; el juez le vaticinó, con toda verdad, diez años de cárcel.
EASTMAN CONTRA ALEMANIA
Cuando el todavía perplejo Monk salió de Sing Sing, los mil doscientos forajidos de su comando estaban desbandados. No los supo juntar y se resignó a operar por su cuenta. El 8 de setiembre de 1917 promovió un desorden en la vía pública. El 9 resolvió participar en otro desorden y se alistó en un regimiento de infantería.
Sabemos varios rasgos de su campaña. Sabemos que desaprobó con fervor la captura de prisioneros y que una vez (con la sola culata del fusil) impidió esa práctica deplorable. Sabemos que logró evadirse del hospital para volver a las trincheras. Sabemos que se distinguió en los combates cerca de Montfaucon. Sabemos que después opinó que muchos bailecitos del Bowery eran más bravos que la guerra europea.
EL MISTERIOSO, LÓGICO FIN
El 25 de diciembre de 1920 el cuerpo de Monk Eastman amaneció en una de las calles centrales de Nueva York. Había recibido cinco balazos. Desconocedor feliz de la muerte, un gato de lo más ordinario lo rondaba con cierta perplejidad.
28 de abril de 2011
Plumas de garza mora
“El desplazamiento de las actividades creadoras es uno de los más extraños viajes hacia uno mismo que pueda uno realizar. Escribo para recorrerme. Pintar, componer, escribir = recorrerme. En eso consiste la aventura de ser en la vida”.
Perezoso es aquel que tiene repugnancia habitual al movimiento. Se conoce en que no anda cuatro pasos sin que arrime el hombro a la pared, siempre tiene sueño y bosteza. Poltrón es el hombre que, por temperamento, por achaques o por edad, se mueve con pena, le da su nombre a la silla poltrona. El holgazán evita el trabajo cuando puede y mira con avidez la hora para ver cuándo llega el momento de holgar. El vago no hace ni mira nada. La pereza es un pecado; la poltronería, un achaque; la holgazanería, un vicio; la vagancia, un delito común.
Graciela Speranza, Marcelo Cohen y Santiago Llach fueron a ver "Los talentos". Se espera de un momento a otro la presencia de Beatriz Sarlo, Arturo Carvajal y Adriana Rosenberg entre otros, además de caza-talentos varios.
No sé si se han dado cuenta en este país del lento asesinato que perpetra contra la comunidad la televisión, contra las personas, bah. Es un asesinato de las potencias del espíritu: voluntad e inteligencia, cuyo indicio más palpable es el empobrecimiento del lenguaje.
Dicho lo cual, una amiga poco televidente recibe llamado de compañía de cable y como quiere el canal francés pregunta si puede tenerlo: “si señora, se lo bonificamos gratis durante un año con 39 canales más”. Paradoja.
Para que no te alcance el cátodo en algún bar hay que recorrer con paciencia y aún así a veces no queda otra que resignarse. No encontramos silencio.
Un profesor de la Uba hizo una pausa y declaró enfático y solemne: “Díganle a sus padres o a quien sea que se puede vivir del arte, es un laburo y hoy en día están dadas las condiciones para que así sea”. Bastante distinto de lo que recomendaba G: "se debe desalentar a los jóvenes talentos, a fin de permitir solamente a las vocaciones profundas florecer a través de la necesaria disciplina".
Salió en un almuerzo el lugar común aquél que dice que si el padre es hop el hijo sale hip y viceversa. Le di una vuelta de tuerca en una pizzería: "¿los hijos encarnan los deseos de los padres?". Una contertulia dijo: "¡Ojalá!" con tal suspiro que descarté la idea. Los hijos se convierten en aquello que los abuelos temían que fueran los padres. Va mejorando.
Son tantos miles, tantos cientos de miles los poetas, músicos, novelistas, pintores. Quizá la función social del esnob sea la de ordenar un poco el panorama: descubrir y equivocarse pero poner alguna referencia. Si no lo hicieran, sería la mar de complicado, el arte es infinito: profundidades inalcanzables y distancias imposibles. ¿La universidad? Ja ja ja já (es presocrática, tiene todo el pasado por delante). ¿La crítica? Ciútica. ¡Aguanten los esnobs!
Este sábado arrancan las 7 Noches en Villa Ocampo. El programa es ir a tomar una copa, ver los Prilidianos, pasear por los jardines y sentarse cómodamente a paladear con los oídos y los ojos “El baile de las ingratas” ballet semi dramático de Monteverdi y después recorrer los salones, la biblioteca, el dormitorio y la terraza.
Catedral viene de cátedra: iglesia donde un obispo tiene su silla o cátedra. Cadera también viene de cátedra. Por una figura llamada metonimia, pasó a significar en lugar de silla o asiento, la parte del cuerpo con que nos sentamos.
Galtier le quiso sacar una foto a Michaux y éste respondió: “Desde hace años he dejado de depender de mis rasgos. Ya no habito esos lugares”.
¿Alucinación... Alguien afirmó que la sangre no es roja, todos concordaron, pero no yo... Colectiva?
El amuleto es un objeto mágico pasivo.
Juan Pablo Correa
Los Marziano si/Los Marziano no

Al modo de la revista El amante, donde a veces abusan un poco del recurso, encaramos este post sobre Los Marziano hablando a favor y en contra.
27 de abril de 2011
El código de faltas de Córdoba
El asunto del código de faltas de Córdoba es una tema que viene de 2006, año en que se puso en funcionamiento. Esta nota de septiembre de 2010 muestra que es un tema preocupante y que lo que le paso a la banda La ola que quería ser chau no es una caso aislado.
El Código de Faltas salió del "closet"
Por Lucas Crisafulli
Abogado, Investigador Asistente (CISJ-UNC). Docente del Programa Universidad Sociedad y Cárcel (UNC). Adscripto a la Cátedra de Criminología. Coordinador del grupo sobre Código de Faltas en Inecip.
“Suponíamos todos, que todos sabían, suponíamos mal, casi nadie sabía”. Se atribuye esta frase a un inmigrante bosnio en relación a la guerra de los Balcanes. Salvando las enormes distancias, bien podría usarse esa frase en relación al Código de Faltas de la Provincia de Córdoba, que aparece como un “derecho policial”, o un instrumento manejado (casi) exclusivamente por la Policía. La opacidad brilla -entre otros aspectos- tras el ocultamiento de las estadísticas que nos permitirían saber un poco más sobre las consecuencias de su aplicación: ¿a quién está atrapando más el sistema contravencional? Y la pregunta inquietante surge instantáneamente: ¿por qué?
Sin embargo, y muy de a poco, comienza a salir del closet. Los medios están dando espacio a noticias relacionadas con su aplicación, la “Academia” está dándole mayor visibilidad y el Gobierno provincial, luego de insistentes pedidos, publicó los números de contraventores detenidos en la Provincia durante el año 2009: 54.223 personas, algo así como 148 detenidos por día. Como toda salida del closet ha generado polémicas, hay quienes justifican el elevado número en nombre de la seguridad, como forma de controlar la “tierra de nadie” (¿seguridad por sobre los derechos?); pero también se empezaron a visibilizar las voces en disidencia, sobre todo aquellas que soportan con su propio cuerpo la aplicación desmedida del código de faltas en nombre de aquella seguridad.
Entre otras figuras, el Código de Faltas castiga a quien merodeare de forma sospechosa. ¿De qué depende que el transitar de una persona sea sospechoso?; es decir ¿quién puede caminar paseando y quién deja de caminar para merodear, y de forma sospechosa? El humor racista dice que si un blanco corre es porque está haciendo footing, pero si el que corre es el negro, lo hace porque ha robado un estéreo, o está "merodeando de forma sospechosa", diríamos en estos tiempos de sobredimensión del Código de Faltas. Karl Marx decía que la historia se repite, primero como tragedia, luego como comedia. Ahora bien, el racismo no sólo guía el ingenioso humor cordobés, la comedia, sino también construye prácticas, 148 tragedias cotidianas que se repiten día a día.
La pregunta central en política criminal (y en política en general) sigue siendo si un Estado Constitucional puede vulnerar Derechos Humanos a un sector para brindarle seguridad a otro. Volviendo al comienzo de la nota, suponíamos mal si creíamos que todos sabían a cuántos y a quiénes se estaban llevado en nombre del orden y la seguridad, casi nadie sabía. Cualquier similitud con alguna otra parte de la historia argentina, es pura coincidencia.
Fuente: La voz del interior
Cada vez más del lado de Juanita Viale

La familia está pasando por un momento muy complicado. Luego del video y las fotos, la “Chiqui” se enojó muy fuerte con su nieta. Ella no se quedó atrás.
El miércoles 21 Juana Viale llegó junto a una amiga a la casa que la diva tiene en el Golf Club Argentino. Esta vez sí trató de esconderse de los paparazzi. En la casa la esperaba Mirtha Legrand muy nerviosay enojada . La charla no fue en buenos términos y se escucharon gritos y llantos.
La joven embarazada entró y se encontró con su abuela quién le empezó a recriminar el promocionado escándalo. Juana reaccionó de muy mala manera.
Según la revista Caras, una fuente cercana a la familia relató lo sucedido. “Nunca vi a Juana de esta forma. Estaba desencajada y no recapacitaba. Cuando Mirtha le había dicho que había arrastrado a la familia al fango, la chica se enfureció”.
También, dicha nota, da cuenta de que Juana trató de levantarle la mano a su abuela para hacerla callar.
La relación entre ambas no está pasando por un muy buen momento. La diva de los almuerzos estuvo junto a ella en su cumpleaños y le dio un regalo muy costoso. Es más, fue en su programa donde la actriz anunció que estaba embarazada. Mirtha está enojada y por el momento no quiere hablar con la prensa.
En Córdoba parece que siguen gobernando los milicos
El sabado pasado, en Villa Maria (Cordoba), tocaron Adrián Paoletti y Los Acordes junto a La Ola Que Queria Decir Chau como soporte. Cuando los chicos de La Ola, que son mas buenos que Lassie, estaban tomando una birra en la calle, los levantó la policía. Como desde hace dos años esto es una contravención de Cordoba (!), fue la excusa para meterlos en cana. Están presos desde entonces. Mañana a las 5 de la tarde se cumplen 72 horas de prision... por tomar una cerveza en la calle!!!
Villa María - Córdoba
E as ilusões estão todas perdidas
Os meus sonhos foram todos vendidos
Tão baratos que eu nem acredito
Que aquele garoto que ia mudar o mundo
Freqüenta agora as festas to "grand monde"
Meus heróis morreram de overdose
Meus inimigos estão no poder
Ideologia, eu quero uma pra viver
O meu prazer agora é risco de vida
Meu sex and drugs não tem nenhum rock'n roll
Eu pagar a conta do analista
Pra nunca mais ter que saber quem eu sou
Pois aquele garoto que ia mudar o mundo
Agora assiste a tudo em cima do muro
Meus heróis morreram de overdose
Meus inimigos estão no poder
Ideologia, eu quero uma pra viver







