30 de junio de 2011

Restos espaciales flotantes

Casi todos creen que imitar a los innovadores es innovar. Yo, por ejemplo.

Leemos poemas de Rega Molina, de Gianuzzi (“café y manzanas en una tarde de junio/en un tibio rincón civilizado”), de Tablada (“Mi inconsolable soledad se asombra/pues no sé, en la ansiedad con que deliro/si no te puedo ver por tanta sombra/o si es de noche porque no te miro...”)

Sobre Tablada escribe Aira: “Era un hombre extraordinariamente indiferente al honor, por dinero podía escribir cualquier cosa”.

Les aviso que el martes 12 en la Alianza (Córdoba y Pellegrini), a las siete de la tarde Agustín Mendilaharzu, Alan Pauls y Mariano Llinás presentarán “Tres fábulas de Villa Ocampo”. Avísense.

Hablando de Mendilaharzu: fui a ver “La edad de oro” al Rojas (muchas gracias Natalia FA). Me divirtieron los chistes hammilleros y me conmovió el modo en que se examina la nostalgia. Muy recomendable (pasala).

Hablando de Pauls: será el curador invitado de Proa cine. Presentará “Noticias de la Antigüedad ideológica. Marx - Eisenstein - El capital” de Kluge. Muy pronto, estén alertas.

De Llinás hablamos la próxima.

Una alumna de la carrera de edición de la Uba me cuenta que un numeroso grupo de alumnos de la materia marketing se reunió con el profesor para suplicar que no les dé matemáticas: "no entendemos nada" gimotearon. El profesor trató de argumentar: “es regla de tres simple”. Los alumnos airados: "¡Esto es Puán!".

Es lindísima la muestra de Isabel de Laborde: maderas labradas y esculpidas por la naturaleza y por sus manos, a veces repintadas. Venidas del Sur pero en perpetuo movimiento. En la sala J del Recoleta, es la reverberación de unos árboles que ella plantó para crear un Cordón Vegetal.

Veo en el colectivo a un hombre joven repleto de tics y pienso: "éste quedó así por leer libros electrónicos".

Azufre, mercurio y sal.

"En los tiempos de bárbaras naciones,/se colgaban en cruces los ladrones./Y en los tiempos presentes y de luces,/del pecho de ladrones cuelgan cruces"

Agravio infantil y juvenil: “agrandado”. La contrapartida entre gente madura: “No te hagás el pendejo”. Y eso que lo mejor que le puede pasar a uno en la vida es ser otro.

Una señora me elogia la perseverancia. Le cuento que la aprendí leyendo las memorias de Roger Vadim. Otra señora me reprocha la perseverancia.


Juan Pablo Correa

Los músicos en lucha



29 de junio de 2011

Picheto, la tenes adentro!



El proyecto del canon digital se frenço por ahora así que Picheto y Giustinbiani se lo tuvieron que meter en al bolsillo (volvió a la comisión) por ahora

Alguien tenía que decirlo

Los medios y los periodistas serios al estilo Nelson Castro, incluso Luis Majul, dicen que los candidatos deben debatir en la tele. Todos sueñan ser conductores de un debate al estilo Kennedy /Nixon. Se llenan la boca hablando de valores republicanos, de que el ciudadano debe ser informado y que si los candidatos no debaten el soberano no sabe de que se trata.
La nueva onda es pedir un debate de los candidatos a jefe de gobierno de la ciudad, el de 2008 fue una joida bárbara. Que yo dije, que no dije, que debatan los tres principales, que la Giudici tiene cosas para decir, que a los del PO no los juna nadie, Que Cristina le prohibió a Filmus ir a TN, que TN no es el ámbito adecuado, que la Universidad es una cagada y que la papiparula.
Los candidatos son una lágrima, no jodamos. No nos rompan las pelotas con esos espectáculos copiados de la tele yanky donde tipas y tipos con discursos aprendidos de memoria se muestran politicamente correctos y no se salen de sus papeles ni a palos.
No tenemos tradición de debatir, nos chupa un huevo debatir, el que va a adelante jamás se dignará a compartir ni cinco minutos con gente que no junta votos ni en la asociación de fomento del barrio y los perdedores claman por un segundo de cámara aunque sea en El kairos del padre Farinello o en los programas de venta teléfonicas.
Así que basta de hacerse los demócratas forzando debates que van contra nuestra más arraigadas tradiciones. Nadie cambia de opinión por un show de televisión, ningún candidato tiene nada tan importante para decir que no pueda decir en sus spots, carteles u hombres sandwich.
Todos sabemos por quien vamos a votar y por quien no. No nos jodan con pelotudeces.

Esto es una pintada!



las campañas son iguales en todos lados

A quien le choreaste los afiches?

Al PRO no le da la cabeza ni para su propia campaña electoral y se la choreó a un partido de Portugal, país que además está aplicando las recetas que alguna vez aplicamos en nuestro país y que tuvieron el éxito del que todos fuimos testigos en 2001



Si, vamos a seguir hasta el 10 de Julio tratando de que si algún lector no se dio cuenta de que el PRO apesta se avive antes de que vuelvan a ganar en esta puta ciudad.

28 de junio de 2011

Nos vamos a la B?

Lejos de extrañar en la B si River aguanta un poco lo va a ver llegar a Boca. Ahí están sus dos contrataciones de estos días: El flaco Schiavi, que viene a retirarse a Boca pero ya habría pedido que no le regalen el arco que defendió tanto en los años que jugó para los xeneixes y el arquero Hilario Navarro que tiene las rodillas peor que Riquelme. Eso sí, los dos o tres partidos que te juega en el campeonato se ataja todo.




Lo que le espera a River según La redó

La redó es el mejor sitio dedicado al fútbol y preparó un informe para neofitos en la divisional B.

Los riverplatenses sin sentido del humor ó sin ánimos de divertirse mejor no sigan adelante. para el resto del mundo levanté este informe devastador sobre lo que le espera a River y a sus hinchas.


Introducción al Nacional B para riverplatenses

Consumado el acto es nuestro deber llevar al sufrido hincha riverplatense una serie de consejos y conocimientos que le brinden tranquilidad y sapiencia en esta nueva etapa.

- Asumir el descenso. No sos de Primera. No estás en Primera. Tus partidos no salen por el FPT y te auspicia La Nueva Seguros.

- Con la camiseta no se le gana a nadie. Millones de hinchas de los equipos “de primera” descendidos dan cuenta y fe que en realidad es al revés, los rivales te quieren ganar por tu camiseta.

- Con la historia no se le gana a nadie. “Somo’ Rive’, papá, Deportivo Merlo no esssissste”, es verdad que no hay comparación histórica posible, pero para Merlo (y muchos otros) los dos partidos contra el ex-Millonario van a ser los más importante de su historia, y los van a jugar como tales, porque les Lamela chupa un huevo la historia, los pergaminos, el hall y el buffet la confitería.

- En el ascenso son todos doblecamiseta y van a hinchar por nosotros. Gran error, si bien hay mucho dobecamiseteo en algunos equipos chicos del GBA y en muchos del interior, pensar que la mayoría del doblecamiseteo es pro gallina es no sólo mojar el piso sino quitarse los sabañones.

- Vamos a copar en todos lados. Malas noticias, plumífero amigo, en el ascenso no hay visitantes, ergo, lo único q vas a copar va a ser la casa de tu cuñado para ver El Nacional. A quien se le ocurra hacer la gran me pago una platea y voy camuflado deberá tener en cuenta que en las plateas del ascenso la gente se conoce de memoria, que esta gente lo reconocerá como foráneo y volverá a su hogar cagado a trompadas, sin haber visto el partido y con una citación judicial por burlar la ley.

- Nos ganaron con dos centros del orto. ¡Mirá lo que es ese potrero! ¡Así no se puede jugar! Sí, así se puede jugar, y así se juega. La mitad de los campos de juego de la BN son cortos y no demasiado anchos, a esto se suma que la gramilla no es UEFA-approved, por lo que los partidos suelen ser ganados por quien mejor juega largo y mejor usa la pelota parada.

- ¡Penal! ¡FUE PENAAAAAL! Desacostumbrate, gallina mía, a que te cobren mancha en cualquier lado, vas a ir a jugar contra Patronato en Paraná y en cada corner le van a hacer una de judo a tus delanteros sin que la vedette de turno cobre nada, y a llorar a la calle Viamonte, anunciate en Secretaría (?).

- ¡Dejá de decir pelotudeces, Ramenzoni! Bienvenido de regreso a las transmisiones de TyC. Si bien son técnicamente mejores que las del FPT, su calidad de relato y comentario es fronteriza. Y si el partido no es transmitido, deberá conformarse con un resumen parcial y tendencioso de dos o tres minutos, tal como ocurría en Fútbol de Primera con los equipos chicos.

- Marcar al 10, o al 8. Marcar. En un universo donde la mediocridad futbolística es muy pareja, no marcar al único distinto del rival es regalar el partido. Claro, a TU jugador distinto también lo van a marcar, con losdistintos anulados volvemos a la pelota parada, el envío largo y el aprovechamiento del error individual.

- Ganar de local. Los puntos que se pierden de local no se recuperan de visitante. Un equipo con ambiciones de ascenso debe ganar al menos 14 de los 19 partidos de local y no perder los otros 5 (totalizando 47 puntos) y rapiñar todo lo que se pueda de visitante. Asumiendo que de visitante se derrote —al menos— a los 4 peores equipos de la divisional y con algún empate robado, se alcanza una base de 60 puntos que permite soñar con algo.

- Los jugadores rivales (a.k.a. “¡Mirá quién nos hizo un gol!”). Los jugadores rivales van a ser todos los jugadores de los que te burlaste en Primera. El que hizo de rebote el gol del honor en un 4-1 con baile en el Monumental, el que se hizo cuatro goles en contra en su primer temporada en Primera, etc. Todos esos descollan en el Nacional. Ejemplos sobran. Los equipos de la BN que quieren pelear algo se esfuerzan por contratar a Satanás Paez, Stang, Campodónico, Carignano, Gigli, Bazán Vera y Armani.

- Si es necesario pelamos billetera, a estos pobrecitos los compramos barato. Empezá a ahorrar, en el run-run del ascenso la cesión (?) de puntos cotiza alrededor de las 200.000 unidades monetarias nacionales. Ergo, son pocos los equipos con billetera suficiente para comprar muchos partidos. En la situación económica riverplatense, es más factible que esté dispuesto a vender algún partido que en condiciones de comprar varios.

- Los pibes que “pintan bien”. “Ja, se me ríen las pelotas”, diría el inefable Magú. En la BN existen dos tipos de jugadores: “los horribles” y “los que rinden”. Si tus “promesas” andan flojas de carácter o no le ves pasta, mandalos a préstamo (sin cargo y sin opción) a cualquier equipo de Primera que quiera foguearlos. Los que en la BN “pintan bien” siguen su carrera en Comunicaciones, San Telmo o Flandria.

- Que se vayan todos. Que no vuelva nadie. Un descenso implica errores y fracasos de todos los que están y estuvieron, que no vuelvan, ya demostraron su (in)capacidad.

- Sumar muchos puntos. Porque el Nacional es un torneo horriblemente duro y competitivo y arrancás peleando para no irte a la B Metro.

Próxima entrega: Teatro de Operaciones – Núñez 2011/12


27 de junio de 2011

Obvio!

El título de la película era intrigante: Agentes secretos contra guante verde. Si uno busca un poco aparece como: Guante verde.
La película no pertenece a la serie famosa de los super agentes, Tiburón, delfín y mojarrita. Su año de realización es 1974 pero (ohhh!) no tuvo estreno comercial. Cuando uno se mete en el reparto descubre, después de una serie de nombres más o menos reconocibles, lista que incluye al legendario Raúl Ricuti (chiva, chiva), que aparece la explicación del asunto. JR cantor de bailanta, cuya característica física más evidente es tener una gamba más corta que la otra aparece en el reparto. Pensábamos programarla en el MALBA. Creo que se va a quedar afuera.

Bienvenido Belgrano de Cba











Tampoco nos vamos a pasar la vida llorando no?


Esta es la gata Noelia una belleza hincha de los piratas, por suerte Córdoba tiene algo más que cuartetazos y el humor de Luis Juez.






26 de junio de 2011





Soplando en el viento , por Mariana Enriquez

La única vez que vi a Clarence Clemons en carne y hueso fue en 1988, River Plate, festival de Amnesty. Tenía 13 años y me había llevado una amiga de mi madre fanática de Sting. Recuerdo haberme aburrido bastante hasta que apareció la E Street Band y descubrí el rock. Era tarde y yo tenía frío pero me acuerdo de haber quedado boquiabierta con “I’m On Fire” y de preguntar ansiosamente cuál era el título de esa canción a dúo con Sting (era “The River”). Y es asombroso cuánto me acuerdo del hombre enorme con anteojos negros, boina de pantera negra, aretes largos de metal plateado y un sobretodo que se sacó para quedarse en chaleco, también negro. No recuerdo en qué tema hizo el solo de saxo, espiando la setlist de esa noche sospecho que fue en “Born To Run”. Nunca había sentido algo así. La canción ya alcanzaba por sí sola alturas de emoción tensa, de euforia triste, algo inexplicable para quien no haya visto en vivo a Springsteen y la E Street Band. Y entonces entraba el saxo y llevaba la canción incluso más lejos, a un sitio épico, vasto, libre. Ese saxo tenor era Clarence Clemons. Murió la semana pasada a los 69 años: hacía 39 que estaba con la E-Street Band. Springsteen publicó un comunicado austero y sentido. ¿Qué se puede decir cuando se muere el alma de tu banda? Se apoyaba en Clarence incluso literalmente, como en la tapa del mejor disco que hicieron juntos, Born to Run. Ahí están tres de los mejores solos de Clarence, el de “Thunder Road”, el del tema del título y el de “Jungleland”, el más esperado en vivo, que fue grabado en dieciséis horas hasta alcanzar la perfección. Era el nexo entre un rockero blanco de Nueva Jersey y el soul negro, el arma secreta de ese sonido tan vital que a veces resulta enloquecedor. En los últimos años la presencia de Clemons se fue diluyendo en los discos, pero en vivo era el pilar, el más aplaudido, el adorado: ¡un saxofonista!

El saxo de Clarence traduce lo que dice Springsteen. O lo que tocaba. En “Badlands” le dobla la apuesta al solo de guitarra y lo empequeñece tanto que es necesario volver a la canción con susurros; en “Thunder Road” está clarísimo que Mary y su chico nunca se van a ir de ese pueblo de perdedores si no los ayuda el saxo de Clarence, que los despide y les da la bienvenida; en “Bobby Jean” está lleno de urgencia y ternura para que la chica perdida escuche en la radio esa canción que la busca y la saluda. Springsteen lo sabía. Escribió en su mensaje tras la muerte de Clarence: “Con él, mi gran amigo, mi compañero, mi banda y yo pudimos contar una historia con mucha más profundidad de la que nos brindaba sólo la música”. La leyenda cuenta que en 1970 Clarence fue a ver a la E Street Band. Esa noche llovía y cuando abrió la puerta del local donde tocaban, se desprendió y él se quedó ahí parado, con el picaporte en la mano y la tormenta a sus espaldas. Así llamó la atención del grupo. Escuchó un par de canciones y le preguntó a Springsteen si podía ser su saxofonista. Dicen que, desde esa primera noche, se entendían con sólo mirarse. Clemons sólo dejó la banda cuando Springsteen se lo pidió, entre 1989 y 1999, años en los que Bruce decidió un cambio de aire. El error fue enmendado con The Rising, un gran disco y un gran solo en “Waitin’ on a Sunny Day”, una de las canciones pop más lindas jamás escritas.

Lo llamaban The Big Man o The Big C; lo quería todo el mundo. Tuvo cinco esposas y cuatro hijos. Tocó con Aretha Franklin, Zucchero, Joe Cocker, Twisted Sister, Roy Orbison, Ringo Starr y Lady Gaga, que lo adoraba y lo invitó para su disco Born This Way y su canción y video “The Edge of Glory”, donde toca sentado en una escalera, todo de negro, con sus largas rastas. Actuó en The Wire repitiendo un papel que hizo en la vida real, el de coordinador terapéutico de jóvenes en riesgo –de eso trabajaba cuando empezó a tocar en bandas de Jersey, antes de Springsteen–.

Nunca volví a ver a la E Street Band. No volveré a verla. La E Street Band ya no existe. Puede haber suplentes para un saxofonista, pero no para el alma.


Radar- Página 12


Sin palabras

(...) Cohesión ideológica y mando único son sus consignas . En los ratos libres, él y el entorno de la Presidenta analizan la crisis de River, un escándalo providencial que, en lo inmediato, ha servido para neutralizar las propiedades corrosivas del caso Schoklender y relegar las denuncias en el INADI a un tranquilizador segundo plano. Sin embargo, el problema no tiene una sola cara . El kirchnerismo está seguro de que, si el equipo de J.J. López desciende a la “B”, una nube de malhumor envolverá a una amplia franja de la población y el malestar nunca es un buen aliado de los oficialismos en campaña electoral. Alertada del peligro, Cristina Fernández habría comenzado a buscar una fórmula que saque a los millonarios de la calle de la amargura . Suena delirante, pero ninguna fuente consultada se atreve a negar de plano esa posibilidad.

Susana Viau -

Desde las Madres hasta la caída de River- 26/06/11

Él es Zanini y esto que leyeron es el final de la nota de Susana Viau en Clarín.
Yo creo que realmente el gobierno no debió permitir que River se fuera a la B pero también tengo claro que con un equipo que noi mete goles es difícil lograr algo así.



Tropa propia

Cristina tenía dos opciones, jugar con tropa propia y profundizar o demostrar la existencia de algo llamado Kirchnerismo ó hacer la clásica ingeniería política de siempre que concluye en el armado de listas donde todo el mundo queda contento.
No es fácil guiarse si uno lee a los columnistas de los diarios tradicionales que los sábados y los domingos nos regalan su sabiduría política.
Desde que el matrimonio Kirchner llegó a la casa rosada estos "especialistas" han dicho:
- Que Kirchner sería el chirolita de Duhalde, no sucedió.
- Que Cristina gobernaba desde las sombras mientras Néstor fue presidente.
- Que ella era una pobre mujer movida cual marioneta por el gran titiritero Néstor cuando ella ganó la presidencia
- Que ella viuda no sabría como moverse
- Que ella abusa de la imagen de la viudez
- Que ella no se iba a presentar.
_ Que los candidatos a vice eran Capitanich y Abal Medina
En una palabra no pegaron una y a todo eso hay que agregarle que junto a Carrió y otros vaticinadores desde mediados del mandato de Néstor anuncian hecatombes que no se producen.
La presidenta demostró que tiene más cintura que el resto y que lejos de jugar sobre seguro apostó a la renovación, nada de caballeros feudales, de punteros barriales ni de apellidos clásicos del peronismo. Es una jugada arriesgada basada, supongo, en cierto sentido común que dice que si una va a competir por algo es mejor hacerlo con ideas propias y gente que las interprete y las siga que armar un rejuntado del que después te sale un Cobos con un martes 13.

De los editorialistas del domingo leo en La nación lo que Morales Sola dice:
Cristina Kirchner cometió en las últimas horas la audacia política más grande que haya perpetrado el audaz kirchnerismo: echó al peronismo de sus principales ofertas electorales .Amado Boudou y Gabriel Mariotto , colocados en los probables segundos lugares más importantes de la política argentina, son, con todo, sólo síntomas de una colonización mucho más amplia por parte del kirchnerismo de cargos y territorios que antes estaban reservados al peronismo.
No creo que lo de la colonización escrito por el máximo intérprete de la embajada nortamericana sea una crítica. Y por otro lado insinuar que Mariotto no es peronista es toda una osadía.

En fin, hasta acá ningún partido confió en los afiliados para armar sus candidaturas así que lo de Cristina no fue algo tan fuera de la norma. Algún día los partidos, todos los partidos, harán internas.

Ahora sólo queda que la gente se exprese en las urnas.


25 de junio de 2011

Bill Hiks en acción

Sobre el tabaco, el faso y otras cosas

- Me doy cuenta ahora de que fumo sólo por una simple razón, y es por rencor. Los odio a ustedes no-fumadores. Los odio con todo mi pequeño negro corazón de mierda. Ustedes ofensivos, creídos,pequeños soretes protestones. Mi mayor miedo es que si dejo de fumar, voy a volverme uno de ustedes... No me malentiendan. Tengo algo que decirles a los no fumadores sobre un hecho que ustdes no conocen y sobre el que yo creo que es mi deber informar en todo momento.
Están listos?
Todos los días mueren no fumadores.
Disfruten de la velada.

- Ellos mienten sobre la marihuana, dicen que fumar porro te desmotiva. Mentira! Cuando estás de la cabeza podés hacer cualquier cosa que haces normalmente, e igual de bien. Lo que pasa es que te das cuenta de que no vale el puto esfuerzo. Hay una diferencia.

- Si ustedes no creen que las drogas han hecho cosas buenas por nosotros entonces vayan a sus casas y quemen todos sus discos todos sus casetes y todos sus CDs porque , saben como estaban todos y cada uno de esos artistas que hicieron música brillante y enriquecieron nuestras vidas? Recontra - colocados de drogas. Los Beatles estaban tan colocados que hasta dejaron que Ringo cantara algunas canciones...

- "Estamos prediendo la guerra contra las drogas" . Entienden lo que eso implica? Se está combatiendo una guerra y la gente con drogas la está ganando!. Que es lo que eso les dice sobre las drogas? Que debe haber gente muy viva y creativa de ese lado: están ganado una guerra. y están recontra- drogados!

Bioll Hicks

Hace 33 años vivíamos días de júbilo

Escuchen el tonito de Videla, y eso que era la fiesta de todos!


24 de junio de 2011

Woody Allen: 'Ni idea de qué es Twitter'


Uno de los grandes maestros del cine, Woody Allen, ha dejado ver su lado menos tecnológico. El director neoyorquino no sabe lo que es Twitter, sigue escribiendo con máquina de escribir y tiene una página web que nunca ha visto ni sabe cómo funciona.

Woody Allen ha asegurado que es una persona a la que no le gustan los dispositivos tecnológicos. Sigue escribiendo todos sus guiones con máquina de escribir puesto que asegura que no posee ningún tipo de procesador de textos. "No tengo un procesador de texto; no soy una persona a la que le gusten los dispositivos tecnológicos", asegura.

Algo parecido ocurre con las redes sociales. El director de 'Desmontando a Harry' asegura no conocer la red de microblog Twitter aunque sí conoce la existencia de la red social más grande del mundo, Facebook, porque vio la película 'La red social'. "¿Twitter? No tengo ni idea de lo que es Twitter. Pero Facebook lo conozco, porque vi la película y me gustó".

El director neoyorquino llega mucho más allá en cuanto a su faceta 'no tecnológica'. Tiene una página web, www.woodyallen.com, la cual no conoce y en la que no ha participado. "Tengo una página web, que no he visto en mi vida y no tengo ni idea de cómo funciona o cuál es su objetivo porque unas personas lo hicieron para mí", asegura.

Por último, el director neoyorquino tampoco ha oído hablar del mundo de los iPods ni de los iPads. Allen posee un teléfono móvil con el que sólo hace y recibe llamadas. "No lo uso para otra cosa. No tengo, ¿cómo lo llaman, mensajes de texto?".

"¿Ha visto las personas mayores que tapan muchos de los botones del televisor con cinta adhesiva para no equivocarse?, ¿para no apretar esos botones? Así sólo pueden encenderlo y apagarlo. Yo soy exactamente así, siempre que haya sólo dos botones que apretar, puedo hacerlo", concluye.

Chau!





Patrick Bateman: Do you like Phil Collins? I've been a big Genesis fan ever since the release of their 1980 album, Duke. Before that, I really didn't understand any of their work. Too artsy, too intellectual. It was on Duke where, uh, Phil Collins' presence became more apparent. I think Invisible Touch was the group's undisputed masterpiece. It's an epic meditation on intangibility. At the same time, it deepens and enriches the meaning of the preceding three albums. Christy, take off your robe. Listen to the brilliant ensemble playing of Banks, Collins and Rutherford. You can practically hear every nuance of every instrument. Sabrina, remove your dress. In terms of lyrical craftsmanship, the sheer songwriting, this album hits a new peak of professionalism. Sabrina, why don't you, uh, dance a little. Take the lyrics to Land of Confusion. In this song, Phil Collins addresses the problems of abusive political authority. In Too Deep is the most moving pop song of the 1980s, about monogamy and commitment. The song is extremely uplifting. Their lyrics are as positive and affirmative as, uh, anything I've heard in rock. Christy, get down on your knees so Sabrina can see your ass. Phil Collins' solo career seems to be more commercial and therefore more satisfying, in a narrower way. Especially songs like In the Air Tonight and, uh, Against All Odds. Sabrina, don't just stare at it, eat it. But I also think Phil Collins works best within the confines of the group, than as a solo artist, and I stress the word artist. This is Sussudio, a great, great song, a personal favorite.

Un Martes

Esta noche hay una fiesta de gala en el Puck Building con motivo de una nueva generación informatizada de aparatos para remar profesionales, y después de jugar al squash con Frederick Dibble, tomo unas copas en Harry's con Jamie Conway, Kevin Wynn y Jason Gladwin, y nos subimos a la limusina que ha alquilado Kevin para esta noche y nos dirigimos a la parte alta de la ciudad. Yo llevo un chaleco de jacquard de Kilgour, French &Stanbury comprado en Barney's, una pajarita de seda de Saks, zapatos sin cordones de charol de Baker-Benjes, gemelos antiguos de diamante de Kentshire Galleries y un abrigo de lana gris bordeado de seda con mangas ranglán y una chaqueta de Luciano Soprani. Una cartera de avestruz de Bosca contiene cuatrocientos dólares en metálico en el bolsillo de atrás de mis pantalones negros de lana. En lugar de mi Rolex, llevo un reloj de oro de catorce quilates de H.Stern.

Paseo sin objetivo por la sala de baile del primer piso del Puck Building, aburrido, bebiendo mal champán (¿podría ser un Bollinger?) en una copa alargada de plástico y tomando trocitos de kiwi, cada uno con un poco de chèvre por encima, con la vaga intención de conseguir cocaína. En lugar de encontrarme con alguien que conozca a un traficante, me tropiezo con Courtney junto a la escalera. Lleva una túnica de seda, algodón y tul con pantalones de encaje con lentejuelas, parece tensa y me advierte que me mantenga lejos de Luis. Alude que sospecha algo. Una orquesta toca malas versiones de viejos éxitos de la Motown de los años sesenta.

-¿Como qué? - pregunto, paseando la vista por la sala -.¿Que dos y dos hacen cuatro? ¿Que en secreto tú eres Nancy Reagan?

- No comas con él la semana que viene en el Yale Club - dice ella, sonriéndole a un fotógrafo cuyo flash nos ciega momentáneamente.

- Esta noche tienes un aspecto...voluptuoso - digo, tocándole el cuello y recorriendo su barbilla con el dedo hasta que alcanzo el labio inferior.

- No estoy bromeando Patrick. - Sonríe y saluda con la mano a Luis, que está bailando desganadamente con Jennifer Morgan. él lleva una chaqueta de esmoquin de algodón y un chaleco de seda de cuadros escoceses, todo de Hugo Boss, una corbata de lazo de Saks y un pañuelo de bolsillo de Paul Stuart. Devuelve el saludo. Yo levanto el pulgar.

- Valiente carapijo - susurra tristemente Courtney para sí misma.

- Oye, me marcho - digo, terminando el champán -. ¿Por qué no bailas con el... que siempre deja un espacio de seguridad?

- ¿Adónde vas?- pregunta ella, agarrándome del brazo.

- Courtney, no me apetece experimentar otra de tus... explosiones sentimentales - le digo- Además los canapés son una mierda.

- ¿Adónde vas?- vuelve a preguntar -. Detalles mister Bateman.

- ¿Por qué te interesa tanto?

- Porque me gusta saber esas cosas - dice -. No habrás quedado con Evelyn, ¿verdad?

- Podría ser - miento.

- Patrick - dice Courtney -. No me dejes aquí. No quiero que te vayas.

- Tengo que devolver unos vídeos - vuelvo a mentir, dándole mi copa de champán, justo cuando nos deslumbra otro flash de una cámara. Me alejo.

La orquesta encadena con una ruidosa versión de "Life in the Fast Lane" y me pongo a buscar tías buenas con la vista. Charles Simpson - o alguien que se le parece especialmente: pelo peinado hacia atrás, tirantes, gafas Oliver Peoples - me estrecha la mano, grita:

- ¿Qué tal, William? - y me dice que me reúna con un grupo de personas que incluye a Alexandra Craig, en el Nell's a eso de las medianoche. Le aprieto brevemente el hombro y le digo que no faltaré.

Una vez fuera, fumando un puro y contemplando el cielo, distingo a Red Thompson, que sale del Puck Building con su séquito - Jamie Conway, Kevin Wynn, Marcus Halberstam, pero ninguna chica - y me invita a que me una a ellos para cenar, y aunque sospecho que tienen drogas, no me apetece pensar la noche con ellos y decido no acompañarles a ese bistró salvadoreño, especialmente porque no tienen mesa reservada y puede que no la consigan. Me despido de ellos con la mano, luego atravieso el Houston, evitando otras limusinas que dejan la fiesta, y me dirijo hacia la parte alta de la ciudad. Voy andando por Broadway y me detengo en un cajoro automático donde saco otros cien dólares, sintiéndome mejor al tener quinientos en al cartera.

Me sorprendo atravesando a pie la zona de anticuarios de debajo de la calle Catorce. Se me ha parado el reloj, de modo que no estoy seguro de la hora que es, aunque probablemente sean las diez y media o así. Pasan unos tíos negros ofreciendo crack o entradas robadas para una fiesta en el Palladium. Paso junto a un quiosco, una tintorería, una iglesia, un restaurante. Las calles están desiertas; el único ruido que rompe el silencio es el de un taxi ocasional que se dirige hacia Union Square. Pasa una pareja de maricones esqueléticos mientras estoy en una cabina telefónica escuchando los mensajes de mi contestador, al tiempo que contemplo mi reflejo en el escaparate de un anticuario. Uno de ellos me silba, el otro se ríe: un sonido agudo, moribundo, terrible. Un arrugado programa de Les Misérables yace en la acera destrozada, manchada de orina. Una farola se funde. Alguien con un abrigo de Jean-Paul Gaultier mea en una calleja. El vapor se alza desde el asfalto, ondula y se evapora. Bolsas de basura congelada se alinean en los bordillos. La luna, pálida y baja, cuelga por encima del Chrysler Building. Del West Village llega la sirena de una ambulancia, el viento la recoge y luego su eco se desvanece.

El vagabundo, un negro, está tumbado a la puerta de una tienda de antigüedades abandonada de la calle Doce, encima de una reja abierta y rodeado de bolsas de basura y un carrito de la compra de Gristede's cargado con lo que supongo que son sus pertenencias personales: periódicos, botellas, latas de aluminio. Un cartel escrito a mano sujeto a la parte delantera del carrito dice:" ESTOY HAMBRIENTO Y NO TENGO CASA POR FAVOR AYÚDENME". Un perro, un chucho pequeño, de pelo corto muy delgado, está tumbado junto a él, con la correa sujeta al carrito de la compra. No me fijo en el perro la primera vez que paso por delante. Sólo después de haber dado la vuelta a la manzana y volver, lo distingo tumbado encima de una pila de periódicos, custodiando al vagabundo, con un collar que lleva sujeta una placa metálica excesivamente grande para él, que dice GIZMO. El perro alza la vista hacia mí, moviendo su delgado y patético rabo y, cuando le ofrezco mi mano enguantada, la chupa, hambriento. La pestilencia de algo así como alcohol barato mezclado con excrementos se alza como una nube pesada, invisible, y tengo que contener la respiración antes de acostumbrarme a ella. El vagabundo se despierta, abre los ojos, bosteza, y enseña unos dientes muy sucios entre unos labios púrpura agrietados.

Tiene unos cuarenta años, es corpulento, y cuando intenta sentarse puedo distinguir con más claridad sus rasgos a la luz de la farola: barba de unos cuantos días, papada, una nariz colorada con gruesas venas marrones. Lleva puesto una especie de traje de poliéster de un verde lima muy chillón con unos pantalones vaqueros de Sergio Valente muy gastados por encima (la última moda de los sin casa de esta temporada), junto a un jersey de cuello en pico a rayas naranjas y marrones manchado de algo que podría ser vino de borgoña. Parece muy borracho - a no ser que esté loco o sea retrasado mental -. No es capaz de enfocarme con los ojos cuando me detengo delante de él, tapando la luz de la farola. Me arrodillo.

- Hola - digo, tendiéndole la mano, la que ha chupado el perro -. Pat Bateman.

El vagabundo me mira, jadeando debido al esfuerzo que tiene que hacer para sentarse. No me estrecha la mano.

- ¿Necesita dinero? - le pregunto amablemente -. ¿Y algo de comer?

El vagabundo asiente con la cabeza y se echa a llorar, agradecido.

Busco en el bolsillo y saco un billete de diez dólares, luego cambio de idea y sujeto uno de cinco.

- Es lo que necesita, ¿verdad?

El vagabundo vuelve a asentir con la cabeza y aparta la vista, y después de aclararse la voz, dice tranquilamente:

- Tengo mucha hambre.

- Además hace frío - digo yo -. ¿No es así?

- Tengo mucha hambre.- Tose una vez, dos, tres, luego aparta la vista, avergonzado.

- ¿Por qué no trabaja? - le pregunto, con el billete en la mano, pero lejos del alcance del vagabundo -. Si tiene mucha hambre, ¿por qué no trabaja?

Respira, tiembla y entre sollozos admite:

- Me quedé sin trabajo...

-¿Por qué?- pregunto, auténticamente interesado -. Bebía usted mucho, ¿verdad? ¿Fue por eso por que se quedó sin trabajo? Era una broma. No, de verdad..., ¿bebía usted en el trabajo?

- Se encoge de hombros, entre sollozos, y dice ahogadamente:

- Me echaron. Me pusieron en la calle.

Lo acepto, asintiendo con la cabeza.

- Vaya por Dios, eso está muy mal.

- Tengo mucha hambre - dice, y se pone a llorar con más fuerza. Su perro, esa cosa que se le llama Gizmo, se pone a gemir.

- ¿Por qué no consigue otro?- pregunto -. ¿Por qué no consigue otro trabajo?

- No estoy... - Tose, temblando de un modo terrible, incapaz de terminar la frase.

- ¿No está usted qué? - pregunto suavemente -. ¿Cualificado para otro?

- Tengo hambre - susurra.

- Ya lo sé, ya lo sé - digo -. Vaya, parece usted un disco rayado. Estoy tratando de ayudarle... - Mi impaciencia aumenta.

- Tengo hambre - repite.

- Oiga. ¿Cree usted que está bien pedirle dinero a la gente que trabaja? ¿A quien tiene trabajo?

Se le contrae la cara y dice entrecortadamente, con una voz ronca:

- ¿Qué puedo hacer?

- Oiga - digo -, ¿Cómo se llama?

- Al - contesta.

- Más alto - digo -. Venga.

- Al - repite, un poco más alto.

- Tiene que conseguir un trabajo, Al - le digo seriamente -. Tiene usted una actitud muy negativa. Eso es lo que le impide conseguirlo. Debe mostrarse decidido. Yo le ayudaré.

- Es usted tan amable, señor. Es usted tan amable. Es usted un hombre muy amable - balbucea -. Se lo aseguro.

- Chist - susurro -. Está bien. - Me pongo a acariciar al perro.

- Por favor - dice, cogiéndome de la muñeca -. No sé qué hacer. Tengo tanto frío.

- ¿Se da usted cuenta de lo mal que huele? - susurro, dándole un golpecito en la cara -. Apesta. Dios mío...

- No consigo... - Se ahoga, traga saliva -. No consigo encontrar sitio donde vivir.

- Apesta - le repitió -. Apesta usted a...mierda. - Sigo acariciando al perro, cuyos ojos se abren mucho y se humedecen de agradecimiento -. ¿Sabe una cosa? Maldita sea, Al..., míreme y deje de llorar como un marica - grito. Mi enfado aumenta, luego se aplaca y cierro los ojos, llevándome la mano a la nariz para tapármela, luego suspiro -. Al..., lo siento. Lo que pasa es que..., no sé. No tengo nada en común con usted.

El vagabundo no escucha. Llora con tal fuerza que es incapaz de responder de modo coherente. Vuelvo a guardarme lentamente el billete en el bolsillo de mi chaqueta Luciano Soprani y dejo de acariciar al perro con la otra mano, que me meto al bolsillo. El vagabundo deja de sollozar bruscamente y se sienta, buscando con la vista el billete de cinco dólares o, supongo, su botella de Thunderbird. Adelanto una mano y le vuelvo a tocar la cara suavemente, con compasión y susurro:

- ¿Sabes que eres un jodido perdedor?

Él empieza a asentir, desesperado, y yo saco un largo y delgado cuchillo con hoja de sierra y, con mucho cuidado para no matarle, le hundo aproximadamente un centímetro de la hoja en el ojo derecho, empujando con el mango y sacándole la retina.

El vagabundo está demasiado sorprendido para decir nada. Se limita a abrir la boca, aturdido, y se lleva lentamente una mano sucia y con unos guantes sin dedos a la cara. Le bajo los pantalones de un tirón y, a la luz de los faros de un taxi que pasa, distingo sus blandos y negros muslos, con un sarpullido asqueroso debido a que se mea constantemente con los pantalones puestos. El hedor a mierda me llega inmediatamente a la cara y, respirando por la boca, me agacho y le apuñalo en el estómago, sin hundir demasiado el cuchillo, por encima de la densa mata de vello púbico. Esto parece que le deja un tanto sobrio, e instintivamente trata de protegerse con las manos, mientras el perro se pone a aullar, de un modo furioso de verdad, pero no me ataca. Sigo dándole puñaladas al vagabundo, ahora entre los dedos, en el dorso de las manos. El ojo le cuelga de la cuenca y le oscila por delante de la cara, y él sigue parpadeando, lo que hace que lo que le queda dentro de la herida suelte una especia de yema de huevo roja. Le agarro por la cabeza con una mano, se la echo hacia atrás y con el pulgar y el índice le sujeto el otro ojo, se lo mantengo abierto y meto la punta del cuchillo en la cuenca, rompiendo primero la membrana protectora, de modo que la cuenca se le llena de sangre. Luego le corto el globo ocular... y él empieza a gritar cuando le corto la nariz en dos, lo que hace que la sangre me salpique un poco. También el perro, Gizmo, que parpadea al caerle la sangre en los ojos. Deslizo rápidamente la hoja por la cara del mendigo, abriéndole el músculo por encima de la mejilla. Todavía arrodillado, le tiro una moneda de veinticinco centavos a la cara que brilla debido a la sangre y tiene las dos cuencas vaciadas y llenas de coágulos de sangre, y lo que queda de sus ojos balanceándosele literalmente por encima de sus labios que gritan. Le susurro tranquilamente:

- Ahí tienes venticinco centavos. Cómprate un chicle, jodido negro asqueroso.

Luego me vuelvo al perro que ladra, y cuando me levanto se dispone a echárseme encima, enseñando los dientes, pero le doy un tajo en los huesos de las patas traseras y cae de lado aullando de dolor, mientras alza las patas delanteras en el aire. No puedo sino echarme a reír y me complazco en la escena, divertido por el espectáculo. Cuando distingo a un taxi que se acerca, me alejo lentamente de allí.

Después, dos manzanas hacia el oeste, me noto temerario, feroz, excitado, como si hubiera hecho ejercicio y las endorfinas me inundaran el sistema nervioso, o como si acabara de meterme la primera línea de cocaína, dado la primera calada a un buen puro, tomado el primer trago de Cristal. Me muero de hambre y necesito comer algo, pero no quiero pasar por Nell's, aunque podría ir andando, e Indochine me parece un sitio poco adecuado para tomar un trago para celebrarlo. De modo que decido ir a un sitio al que podría ir Al, el McDonalds's de Union Square. Pido batido de vainilla ("Extra-espeso", advierto al que sirve, que se limita a mover la cabeza y volverse hacia la máquina) y lo llego a la mesa de delante, donde probablemente se sentaría Al, con la chaqueta y las mangas del abrigo ligeramente salpicadas de sangre. Dos camareras del Cat Club entran detrás de mí y se sientan en una mesa enfrente de la mía; las dos sonríen, coqueteando. Yo hago como que no me doy cuenta y las ignoro. Una vieja con pinta de loca, arrugada, que fuma un pitillo tras otro, está sentada cerca de nosotros, asintiendo al vacío. Pasa un coche de policía, y después de dos batidos mi excitación se va aplacando lentamente. Me noto terriblemente aburrido, cansado; la noche me parece terriblemente depresiva y empiezo a maldecirme por no haber ido a ese bistró salvadoreño con Reed Thompson y los demás. Las dos chicas siguen mirando, aún interesadas. Yo echo una ojeada a mi reloj. Uno de los mexicanos que trabajan detrás del mostrador me observa fijamente mientras fuma un pitillo, y parece interesado en las manchas de la chaqueta Soprani de un modo que sugiere que va a decir algo sobre ellas, pero entra un cliente, uno de los negros que han tratado de venderme crack antes, y tiene que atenderle. De modo que el mexicano deja su pitillo, y es lo único que hace.


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