Un hombre pudo ocasionar una tragedia durante los festejos del resultado electoral del Frente de Izquierda. Plazademayo.com lo encontró. Había sido detenido con una escopeta, municiones y cuchillos y padece desórdenes mentales.
Quedaban muy pocos a las dos y media de la madrugada en la esquina de Piedras y Venezuela, en el barrio porteño de San Telmo. Pocos, pero entusiastas. Habían estado festejando los resultados electorales del Frente de Izquierda desde las ocho de la noche ya que allí, en el local central del Partido Obrero en la ciudad, se había instalado el búnker de la alianza trotskista que había superado el piso que se requería para participar de los comicios de octubre. Los militantes del frente habían cantado, saltado y hecho flamear banderas rojas al ritmo de los bombos que incluso marcaron el ritmo a las estrofas de “La internacional”. No todos los días la izquierda festeja resultados electorales, así que unos cuantos estiraron el festejo. Entonces, algunos lo vieron.
Era un hombre joven, rubio, de piel pálida, vestido con ropa de fajina y, entre las manos, una escopeta. Una presencia inquietante: su aspecto era parecido al de Rambo en sus mejores tiempos.
“Cuando lo vi, me causó sorpresa –cuenta un militante del Partido Obrero-. Me acerqué y noté que la escopeta era en realidad una imitación hecha con caños. Entonces pensé q era un loco inofensivo.” El hombre permanecía quieto y se le notaban marcas de sangre en el rostro. “El tipo venia abollado, tenia sangre en la cara y la mirada perdida, tenía una especie de sonrisa idiota –continua su relato el militante-. Lo miré bien y vi que tenía cuchillos de verdad y cartuchos rojos de perdigones, que es el color que tienen las balas de plomo. La imitación de la escopeta en realidad era una tumbera. Me alarmé. En ese momento nos miramos con algunos compañeros y nos empezamos a arremolinar alrededor de él. El tipo se sentó en el piso y sacó un cuchillo de esos de combate y empezó a castigar a una caja de cartón. Entonces un compañero le pisó el arma, otro lo agarró del cuello, llamamos a la policía que estaba cortando el tránsito en la esquina y se lo llevaron”.
El hombre vestido de militar fue apresado y la policía halló en su poder una escopeta tumbera, 21 cartuchos de escopeta calibre 12, un cuchillo de color negro con hoja de 25 centímetros, un cuchillo de lanzar con hoja de 10 centímetros, un cortaplumas multifunción, una tobillera porta navaja, una funda de chaleco táctico, un correaje táctico, un porta cargador de tela y una funda de cuchillo color verde. Estaba bien preparado para el combate. Pudo decir su nacionalidad y su nombre antes de ser llevado a la comisaría. Era ucraniano. Se llama Vitaliy Zhukovskyy.

Plazademayo.com encontró a Zhukovskyy en su hogar del barrio de San Telmo, a pocos metros de la sede del Partido Obrero. “Quiero pedir disculpas por lo que pasó –dice a este cronista en un castellano fluido-. Estoy en tratamiento con pastillas y ese día tomé alcohol y me perturbé”. El ucraniano tiene 29 años y llegó a la Argentina hace 12 años. Trabaja en Sistemas y es hincha de Boca Juniors. Está casado y tiene dos hijos, de ocho y tres años. Vive en un departamento en un edificio sencillo, de características populares. Zhukovskyy tiene un ojo morado.
–¿Qué pasó esa noche?
–Yo participé del ejército en Ucrania. Tengo problemas emocionales, estoy en tratamiento. Por eso tomo pastillas. No sé por qué ese día tomé alcohol acá en casa, con unos amigos. Tomé cerveza y después whisky. Se agrupó mucha gente con banderas rojas, con bombos. Eso me puso paranoico.
–¿A qué le temía?
–En Ucrania la pasamos mal con el comunismo. Yo era chico pero tengo recuerdos y cosas que le pasaron a mi familia. Mi papá murió porque desarrolló una enfermedad al ser enviado a Chernobyl. El esposo de una prima fue a la guerra de Afganistán y volvió minusválido. Mi abuelo contaba que la mitad de sus hermanos murieron en la hambruna artificial del año treinta. Se ve que todo eso se combinó y al ver las banderas rojas me dio un ataque. Sentí pánico y me volví loco.
–¿Qué pensó?
–No recuerdo bien. Sé que subí a la terraza y vigilaba la manifestación. Mi esposa me contó que yo decía: “Ya van a venir, ya van a venir”, que pensaba que iban a entrar por nosotros. En la terraza armé la escopeta.
–Dicen que lo vieron golpeado, ¿tuvo algún incidente de pugilato antes?
–No, estaba en la terraza, me debo haber caído y golpeado, no recuerdo.
–Pero qué iba a hacer, ¿iba a tirar contra los manifestantes? Usted tenía balas de plomo.
–No recuerdo qué pasó. No tengo la intención de tirar contra nadie. Las balas las tengo porque antes yo tenía permiso de portación de armas. Ya no. Me quedaron las balas. No sé qué pasó, no sé. Sólo tengo recuerdos de cuando ya estaba en la comisaría. Estuve encerrado en una celda muchas horas hasta que vino el médico forense a revisarme. La pasé muy mal.
–Pudo haber ocurrido una tragedia.
–Sí, sí. Estoy muy arrepentido y pido disculpas. No sé qué pasó. No voy a tomar nunca más alcohol.
–Los manifestantes eran trotskistas, que se opusieron al stalinismo en la propia Unión Soviética.
–Trotsky lideró la entrada del ejército a Ucrania también. Pero no sé. No sé si son marxistas, leninistas o qué. Vi las banderas rojas y se ve que me alteré. Quiero pedir disculpas. No tengo la intención de lastimar a nadie. Estoy en tratamiento, no va a volver a pasar. Fue una mala coincidencia de las cosas, no tengo nada contra ellos.
A Vitaliy Zhukovskyy se le inició una causa por “intimidación pública” en el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal número 2, a cargo de Marcelo Martínez de Giorgi. El cuerpo médico que lo examinó determinó problemas de salud mental y recomendó su internación, cuestión que evaluará un juzgado civil, ya que fue desafectado del fuero penal.
Pudo haber sido una tragedia. Como aquella que sacudió a Noruega hace poco, cuando un militante ultraderechista acabó con la vida de decenas de jóvenes militantes del laborismo. O como las que suceden cada cierto tiempo en los Estados Unidos, cuando un francotirador dispara sus armas contra la multitud. No pasó, pero pudo haber pasado.
Resulta paradójico que el ucraniano haya identificado a las banderas rojas que flameaban esa noche con la amenaza de los peores momentos del stalinismo. Los trotskistas, que aunaron sus fuerzas en el Frente de Izquierda, fueron masacrados de a miles en la Unión Soviética y León Trotski, su líder histórico, fue asesinado en México por Ramón Mercader, un agente que obedecía una orden directa de Josef Stalin. Una paradoja de la historia, ya que el objetivo estratégico de los trotskistas es el socialismo que, ellos denuncian, Stalin pervirtió creando un sistema que también marcó mentes como las del ucraniano. Los militantes del Frente de Izquierda festejaban los resultados electorales, redujeron a Zhukovskyy y evitaron una posible tragedia. Algunos manifiestan preocupación ya que se preguntan si no es posible que el ucraniano vuelva a tener un brote. El caso está en manos de la justicia.
Diego Rojas
Fuente: blog Plaza de Mayo